Leer Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 247 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Capitán... el... dibujo... está... vivo..."
Las palabras de Vendajes le provocaron un escalofrío en la espalda a Charles. Casi instintivamente, arrugó el papel en su mano y lo arrojó por la portilla.
¡Crack!
El cristal del ojo de buey se rompió bajo el impacto del lanzamiento de Charles; el papel arrugado y los fragmentos rotos volaron, pero Charles vislumbró fugazmente un tentáculo negro retorciéndose entre la masa arrugada.
¡Rápido, chicos! ¡Tenemos que irnos de aquí! ¡Ahora mismo!” gritó Charles.
Con un bajo bramido de su cuerno, el narval se alejó rápidamente.
Tobba asomó la cabeza por la portilla redonda y se lamentó: "¿Por qué lo tiraste? Estaba a punto de salir. Eres muy malo al haberlo interrumpido".
Había un dejo de lástima en sus ojos.
Vendajes se levantó y apartó a Tobba de la ventana para evitar que siguiera mirando.
Ese fue un boceto rápido que hice en menos de un minuto. ¿Cómo era posible que se moviera? Charles reflexionó; su rostro estaba sombrío y con una mezcla de confusión e incredulidad.
No podía comprender lo que acababa de ocurrir, pero le hizo comprender una cosa. Finalmente comprendió por qué ninguna biblioteca en ninguna de las islas tenía registros ni ilustraciones de las criaturas submarinas.
Lógicamente hablando, los humanos normalmente documentarían sus encuentros con enemigos para advertir a las generaciones futuras y evitar repetir los mismos peligros.
Había estado pensando que la gente en este paisaje marino albergaba algún tipo de superstición hacia esas entidades submarinas.
Sin embargo, la verdad finalmente cayó en sus manos: la naturaleza extraña de estas criaturas estaba más allá de la comprensión humana, e incluso una documentación simple podía acarrear problemas mortales.
No ver el mal, no oír el mal, no decir nada malo. Charles reiteró mentalmente antes de añadir una regla más a la lista: No registrar el mal.
Esa noche, Charles sufrió de insomnio. Apenas podía dormir. Cada vez que se quedaba dormido, lo despertaba sobresaltado la sensación de ser tocado. En su estado de semidormido, sintió una mirada furtiva observándolo desde el otro lado de la portilla.
Sin embargo, los ratones que estaban de guardia por la noche no informaron de nada anormal.
Finalmente, Charles tuvo que buscar a Laesto para que le diera un medicamento antes de poder conciliar el sueño. Aun así, su estado mental se vio afectado debido a su incapacidad para dormir bien.
A la mañana siguiente, Charles decidió continuar con la exploración submarina. No tenía un buen presentimiento sobre este lugar. Sentía que las cosas se volverían más peligrosas cuanto más tiempo permanecieran allí. En otras palabras, tenía que actuar con rapidez.
Tenía dos objetivos al venir aquí. El primero era encontrar la información sobre la salida a la superficie, y el segundo, encontrar a 319 para extraer el conocimiento que Aaron había implantado en su cerebro.
Aunque su primer objetivo seguía siendo difícil de alcanzar, sentía que el segundo era bastante prometedor. Tobba ya había confirmado la ubicación actual de 319. Ahora Charles solo tenía que bajar y recuperarlo.
Con 319, podría extraer esa información de su mente y descubrir qué experimentos había realizado la Fundación y el motivo de su desaparición. Quizás también podría encontrar pistas sobre el mundo de la superficie y su estado actual.
A pesar de su rostro pálido y enfermizo, Charles se arrastró por el desolado pasillo hacia la cubierta. Justo cuando estaba a una pared de distancia, oyó un débil llanto desde afuera.
¿Subió a bordo una criatura submarina?, pensó Charles mientras sacaba su revólver de carne.
La puerta de la cabina se abrió con un crujido y Charles bajó su arma. El llanto provenía de una figura encorvada en la proa, y Charles lo identificó fácilmente por su distintiva cabellera verde.
"¿Qué pasa?" Charles se acercó.
La figura se giró lentamente. Era el nuevo segundo oficial, Feuerbach. Parecía visiblemente desconsolado, con el rostro cubierto de lágrimas y mucosidad. A pesar de su sollozo incontrolable, sus manos no permanecieron inactivas. Estaba rascando percebes de una tortuga que forcejeaba.
Feuerbach se secó las lágrimas y los mocos con la manga. Su voz sonaba ahogada al responder: “No es nada, capitán. Solo... estoy de luto por Kevin...”.
Charles repasó mentalmente los nombres de la tripulación del Narwhale; no había nadie llamado Kevin.
"¿Kevin? ¿Te refieres al tiburón que desapareció?"
Feuerbach asintió vigorosamente con los ojos inyectados en sangre. "Capitán, ya sabe... De todos los tiburones, Kevin fue el que más tiempo me acompañó, pero ahora...
Feuerbach se derrumbó y gritó en voz alta antes de poder terminar su frase.
Charles se quedó desconcertado. Feuerbach siempre le había parecido indiferente ante casi todo, pero acababa de descubrir una nueva faceta de él: sentía un profundo apego por sus tiburones.
A Feuerbach no le importaba si Charles estaba dispuesto a escucharlo o no. Continuó abriéndose a Charles entre sollozos y narró cada pequeño detalle e historia que compartió con su tiburón, Kevin.
Contó cómo Kevin lo había protegido en las profundidades del mar, cómo el tiburón se acurrucaba juguetonamente en sus brazos y cómo usaba tiernamente un pequeño cepillo para limpiar la garganta de Kevin o para hurgarle sus afilados dientes.
"Basta, basta", intervino Charles finalmente. Ahora entendía el mensaje subyacente de Feuerbach: se resistía a volver a poner a sus tiburones en peligro.
"Preparad a vuestros tiburones. No hay discusión sobre esto."
Feuerbach se quedó atónito y en silencio. Tras unos segundos, por fin pudo reaccionar y protestó: “Capitán, incluso después de eso, ¿aún quiere que mis tiburones arriesguen sus vidas?”.
Charles ni siquiera lo miró y se dio la vuelta para prepararse para la inmersión. Feuerbach insistió en unirse al Narval desde el principio. Ya que estaba allí, debía ser consciente de los sacrificios que tenía que hacer.
Aunque reacio, Feuerbach sabía que debía obedecer las órdenes del capitán. A regañadientes, preparó a sus tiburones. Al mismo tiempo, no olvidó abrazarlos y quejarse de la dureza de Charles.
Laesto le entregó a Charles una píldora de hierbas redonda y negra.
Ya lo has hecho una vez. Y como aún no te has recuperado, te aconsejo que no te quedes bajo el agua mucho tiempo.
"Voy a ir rápido. Solo voy a recuperar un objeto", respondió Charles.
"Y cuando salgas a la superficie, recuerda hacer una pausa para evitar el síndrome de descompresión", le recordó Laesto una vez más.
“Entendido.” La voz de Charles quedó amortiguada por su traje de cuero.
Laesto soltó una mueca de desaprobación. “Nunca he confiado en nada de lo que dijiste. Creo que primero debería preparar la medicación para tu tratamiento”.
Dicho esto, giró sobre sus talones y cojeó hacia la cabaña.
"Tobba, ¿en qué puerta está el 319?" Charles se giró hacia Tobba, que sostenía un montón de ratones de colores.
"Puerta 7. La última vez que la vi, estaba detrás de la Puerta 7."
Masticando la amarga píldora, Charles se dirigió al borde del barco.
Tras el incidente anterior, la tripulación estaba evidentemente ansiosa por la segunda inmersión de su capitán. Sin embargo, solo pudieron apoyarlo en silencio, ya que no podían brindarle mucha ayuda.
Las aguas gélidas envolvieron a Charles una vez más. Saludó con el pulgar hacia Lily, encaramada en la barandilla del barco, antes de sumergirse en las profundidades del océano bajo la guía de los tiburones rojos.
El mar estaba frío como siempre, y la oscuridad era el único color que pintaba la visión de Charles y Feuerbach mientras descendían en silencio hacia su destino.

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Estás leyendo el capítulo 247 de Paisaje Marino Envuelto (Novela), un novela. En lo más profundo de la superficie terrestre, se esconde un desconcertante paisaje marino subterráneo, un archipiélago bañado en una negrura tenebrosa donde reinan el suspense y el horror. Aquí yacen extrañas islas y… Este capítulo tiene publicado el 11 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Paisaje Marino Envuelto (Novela) tiene 1149 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.