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Leer No soy ese tipo de talento (Novela) Capítulo 80 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mientras el Emperador esbozaba una sonrisa burlona, Ardal se acercó con paso ligero, rebuscó entre los documentos apilados, sacó un fajo, hojeó algunas páginas y luego tomó una pluma. Revisó los detalles en el acto y dejó escapar un suspiro significativo. "Haa... Tres cerámicas reales..." Trazó dos líneas tajantes sobre el recuento de cerámica real, escribió un nuevo 3 y devolvió el informe a su sitio, refunfuñando. Primero la sala de conferencias, y ahora esto: ¡romper valiosas piezas de cerámica, nada menos! El emperador se autodenominaba tirano, pero incluso él siempre se había fijado ciertos límites y actuaba en consecuencia. Últimamente, sin embargo, se comportaba de forma extraña. Las preguntas que se habían ido acumulando a medida que él cometía actos que el emperador Ardal sabía que jamás habría hecho, se mezclaron recientemente con una insatisfacción que se acumulaba rápidamente y comenzaron a salir a la luz una tras otra. ¿Se da cuenta, Su Majestad, de que últimamente se comporta de forma extraña? En este momento crítico, se distrae en cada instante libre. A veces se vuelve excesivamente sensible. Cuando observo lo que está mirando, solo veo el vacío. Es como si... De repente, los movimientos de Ardal se detuvieron. En el extraño silencio, sus pupilas se dilataron y la mano, que se había quedado suspendida en el aire, tembló violentamente. Giró la cabeza y miró fijamente al Emperador. Ya fuera que el Emperador lo estuviera retando a que lo dijera o que planeara fingir ignorancia hasta dar con la respuesta correcta, el Emperador permaneció en silencio. "......Como si estuvieras viendo cosas." "........" Al no obtener respuesta, Ardal llegó a una conclusión. Y supo de dónde provenía. "No llamaste a un médico, ¿verdad?" La culpa, con la máscara de la responsabilidad. "No." "Ja...." Olvidando todo lo que se consideraba mala educación, Ardal se llevó una mano a la frente. Ardal no podía comprender al Emperador. Eduardo Desert era el ser humano más inexplicable de entre todas las personas que conocía. Sí, humano. Una palabra tan inapropiada para un emperador que se desempeñaba a la perfección en el combate, en el papeleo e incluso en la vida cotidiana... la reflexionó profundamente y luego esbozó una sonrisa amarga. Al final, él también era humano. "¿Sigues siendo capaz de distinguir entre amigo y enemigo?" "Por ahora." "Sí. Sin duda alguna. En el momento en que Su Majestad pierda ese discernimiento y blanda su espada contra sus aliados, la autoridad imperial será reemplazada." Quería decir que él mismo tomaría la iniciativa para reemplazar al Emperador. El Emperador comprendió perfectamente el significado, pero guardó silencio. Porque sabía que, para Ardal, la máxima prioridad era el Imperio. Entre toda esta gente llena de nada más que avaricia, ¿acaso no era bueno tener al menos a alguien como este? "¿Están al tanto Su Alteza el Príncipe Heredero y Su Alteza la Princesa Imperial?" "El príncipe heredero lo sabe." "Entonces es muy probable que Su Alteza la Princesa Imperial también lo sepa. ¿No se le solicitó que se sometiera a un examen? ...No." Por supuesto que sí. Tuvo que cambiar la pregunta. "¿Su Majestad sigue sin tener intención de someterse a un examen?" "No lo creo. Es más, Canciller." Como si ya no quisiera hablar del tema, el Emperador cambió de conversación con firmeza. Ardal, a punto de decir algo, se quedó callado ante la siguiente acción del Emperador. Más precisamente, porque el Emperador señaló un punto en el mapa. "Como ya sabéis por haber asistido a la reunión, el próximo adversario en la guerra ya está decidido: el Reino de Srahan. Tengo la intención de atacar primero esta región, así que aquí tenéis los documentos que resumen sus características..." "¿Hablas en serio?" La expresión desapareció del rostro de Ardal. Interrumpido a mitad de la frase, el Emperador alzó la cabeza. Sus miradas se cruzaron en el silencio. Esos espléndidos ojos dorados, como los de una bestia, mantenían una voluntad feroz como siempre y ardían con intensidad, ofreciendo su propia alma como combustible. Ardal, que lo había estado observando en silencio, entreabrió lentamente los labios y rompió el silencio. "Aunque tu estado no sea bueno." "Ese es el dominio de la mente, no el del cuerpo, ¿no es así?" "La mente afecta inevitablemente al cuerpo." Al igual que todos los demás nobles, Ardal no estaba contento con esta guerra. Una cosa era el Reino de Ireon, pero ¿era realmente necesario hostigar a otros reinos y causar problemas innecesarios? Claro, teniendo en cuenta que el objetivo del Emperador era la conquista continental, probablemente tales cosas ni siquiera se le pasaron por la cabeza... Sobre todo, a Ardal le disgustaba la razón por la que el Emperador se había propuesto conquistar el continente en primer lugar. Así pues, cuando confirmó que el estado del Emperador era delicado, esperaba en secreto que, aunque el plan no se cancelara, la guerra al menos se pospondría. "Entonces, señor rector, ¿me está pidiendo que anule un plan que ya ha sido aprobado en una reunión?" "......Sin embargo." Sabía que eso sería una falta de respeto hacia los nobles que asistieron a la reunión. Pero aún así. "Esto es una locura." Una voz rígida y dura brotó de él. El Emperador controlaba una parte significativamente grande del poderío militar del Imperio. Había una razón para decir que el primer héroe de facto del Imperio era el Emperador. El Emperador era el más fuerte entre aquellos que poseían un Fragmento de Héroe. Sin embargo, insistía en seguir adelante con la guerra a pesar de que su estado —siendo él un activo fundamental tanto como comandante como guerrero— no era bueno. La guerra era algo peligroso donde innumerables vidas podían desvanecerse en un instante con un solo paso en falso. ¿Qué ocurriría si la condición del Emperador empeorara, provocando que perdiera la razón y diera órdenes erróneas, o que blandiera su espada sin distinguir entre amigo y enemigo? "Lo sé." "¡Entonces, ¿por qué demonios...?" "Bien...." Como absorta en sus pensamientos, la mirada dorada se apagó suavemente. Sus largas pestañas proyectaban profundas sombras. El Emperador, que había estado observando en silencio los fragmentos de cerámica rota en el suelo, pronto esbozó una leve sonrisa y miró al Canciller. Una voz inescrutable surgió suavemente. "Un loco está a punto de hacer una locura, ¿acaso necesita una razón?" ¡Estallido! Ante el estruendo que siguió, el Emperador, que había estado riendo con languidez, borró inmediatamente su sonrisa. Sus ojos dorados se posaron en la mano que había golpeado el escritorio, para luego alzarse de nuevo y fijarse en su dueño. Mirando fijamente el rostro del Canciller, tenso como si estuviera a punto de estallar, el Emperador preguntó en voz baja. "¿Qué significa esto, Canciller?" "Si vas a enloquecer, enloquécete en silencio. Si quieres morir, vete a morir a un lugar tranquilo en lugar de sacrificar a ciudadanos imperiales inocentes. Si quieres autolesionarte, no involucres al Imperio en ello; ¡mejor descuartízate tu propio cuerpo!" Al final, explotó. Un escalofrío recorrió los ojos del Emperador, pero Ardal, completamente intrépido, estalló en cólera sin reservas y profirió todas las palabras que había estado conteniendo. Estaba enfadado, porque sabía cuál era el objetivo del Emperador y porque se preocupaba por el Imperio más que nadie. «Su Majestad sabe perfectamente que los soldados sacrificados en la guerra también son ciudadanos imperiales. Sin embargo, ¿por qué insiste en continuar la guerra? ¿Acaso cumplir con su responsabilidad tras la muerte es el fin de todo? ¿Por qué descarta la opción de no librar la guerra en absoluto? ¿Por qué deben sacrificarse ciudadanos imperiales y explotarse el Imperio para sus objetivos personales? ¡¿Por qué demonios?!» "Canciller." "Responsabilidad, de acuerdo. Es algo que todo ser humano debe asumir. Pero... ¿por qué?" ¿Creías que la principal prioridad del Emperador era la «responsabilidad»? No. El Emperador priorizaba la responsabilidad, pero no era su principal prioridad. Si el Emperador realmente consideraba la responsabilidad como su máxima prioridad, "¿Acaso tu responsabilidad hacia algo más es mayor que tu responsabilidad hacia los ciudadanos imperiales y el Imperio?" Él habría priorizado al Imperio y a sus ciudadanos por encima de su responsabilidad hacia sus hermanos muertos. Para él, la primera prioridad era... 'Culpa.' Podría decirse que la responsabilidad ocupaba un segundo lugar, sin un primer lugar. En primer lugar, la "culpa" era algo que ni siquiera podía incluirse en la lista. El emperador priorizaba la culpa, bajo el pretexto de la responsabilidad. Al final, él también era solo un ser humano débil, dominado por la culpa. "Canciller." "........" Ardal no respondió. El Emperador, que lo había estado observando jadear en silencio, pronto habló despacio, saboreando cada palabra una por una. "¿Qué es lo que he dicho?" "......Ja." La conversación había dado un giro completo y había concluido así al final. Era imposible saber si esas palabras significaban: «Somos el Imperio, así que no descuidaremos al Imperio. Por lo tanto, no se preocupen», o simplemente: «Somos el Imperio, así que cállense y hagan lo que se les dice». Pero, en cualquier caso, la conclusión era la misma. Como el Emperador lo quiso. Ardal, que había estado mirando fijamente al Emperador en silencio, rebuscó entre los archivos de documentos guardados en la estantería, sacó uno de ellos, lo colocó sobre el escritorio y lo deslizó hacia un lado. "......Ya lo preparé. Las características de la región que Su Majestad mencionó." "........" "¿Crees que solo he observado a Su Majestad durante uno o dos días? Esperaba al menos esto." Qué juicio emitiría, qué ruta tomaría si tuviera que declarar la guerra. Todo. [Somos el Imperio.] Si cualquier otra persona que no fuera 'Eduardo Desert' hubiera pronunciado esas palabras, Ardal se habría marchado sin piedad, incluso si esa persona hubiera sido quien lo acogió. Por lo general, cualquiera que dijera tal cosa era un tirano sin remedio destinado a quedar registrado para siempre en los libros de historia, y un tirano así jamás podría gobernar una nación adecuadamente. Pero Eduardo Desert era... "Haga lo que le plazca, Su Majestad, sea lo que sea. En cualquier caso, carezco de la capacidad para impedírselo..." Porque, mientras no abandonéis el Imperio, haré la vista gorda ante casi todo. Se tragó en silencio el resto de sus palabras. Como si adivinara sus pensamientos, el Emperador, que había estado hojeando los documentos, levantó la cabeza y lo miró a los ojos. '......Sí.' Lo sabes, ¿verdad? Que si alguna vez renuncias al Imperio, dejarás de ser Emperador en ese momento. Por mi parte, movilizaré todas mis capacidades para cortarte la cabeza y colgarla en la muralla del castillo. Ardal sostuvo la mirada del Emperador por un instante, luego desvió la suya en silencio. Un silencio denso se apoderó del lugar. En este día, el Imperio declaró la guerra a otro reino vecino, y varios reinos, que habían estado observando los movimientos del Imperio con recelo mientras seguía intentando librar la guerra sin que el otro bando hubiera hecho nada particularmente malo, se apresuraron a ponerse en pie de guerra como si se dieran cuenta de algo. Fue el momento que anunció una sangrienta tormenta en todo el continente. * * * Actualmente, había cuatro héroes oficiales en el Imperio. Los tres héroes que surgieron en el contexto de la Guerra de los Ocho Años, y el cuarto héroe que posteriormente fue reconocido por otros actos meritorios. Los tres héroes de la Guerra de los Ocho Años fueron aquellos que sobrevivieron hasta el final entre los incontables que aparecieron, fueron llamados héroes y, finalmente, murieron y fueron olvidados, protegiendo así sus nombres. Por ello, sus logros fueron inmensos. El primer Héroe, con el poderoso respaldo del Emperador desde el comienzo de la guerra, ascendió al puesto de comandante en jefe y dirigió las batallas, El segundo héroe se distinguió desde las primeras etapas de la guerra, abatiendo enemigos sin piedad y amontonando montañas de cadáveres para forjar su fama. y el tercer héroe sirvió como vanguardia desde las primeras etapas hasta las etapas intermedias de la guerra, revelando una brutalidad real que no dejó ni un solo cadáver intacto. Stigma Primiro fue el segundo entre esos héroes. "¿El Reino de Ireon ya se ha rendido?" "Sí." "Si iban a hacer eso, no sé por qué nos provocaron en primer lugar. ¡Malditos canallas!" El disgusto se reflejó en los ojos del hombre vestido con prendas frescas y agradables, algo alejadas de la indumentaria imperial. Era una reacción inevitable para alguien que despreciaba a los débiles. Como si no quisiera malgastar su atención en enemigos derrotados cuyas consecuencias ya estaban resueltas, descruzó las piernas. Dio la vuelta bruscamente a la espada ensangrentada que sostenía, la clavó hacia abajo, apoyó ambas manos en el pomo y levantó la barbilla. Una voz grave resonó a continuación. "Entonces, ¿por qué me ha convocado Su Majestad?" "Él te ordenó que te prepararas para la guerra." "¿Guerra? La guerra aún no ha terminado... No me digas." Los ojos del hombre se abrieron de par en par. Su sorpresa fue breve; como si estuviera asegurándose de algo, torció los labios. "Kuh-hat." "........" "¡Ku-hah-hah-hah-hah!!" Una risa clara y refrescante se extendió por el cielo. Tras reírse así durante un buen rato, el hombre, aún con el rostro sonriente, movió los labios. "Como cabía esperar de Su Majestad." Finalmente. Stigma murmuró para sí mismo con una voz apenas audible y dejó escapar algunas risitas más. Él esperaba que el Emperador no terminara la guerra de esa manera. Los movimientos del Emperador durante la Guerra de los Ocho Años daban la impresión de que desde el principio había tenido en mente la conquista continental. Lo que le complacía no era el avance del emperador hacia la conquista continental en sí mismo. Stigma se regocijaba por el hecho de poder participar en la guerra. Más precisamente, que pudiera ganar méritos. Esta vez seguro. Solicitaría el exterminio de su familia como recompensa por sus logros. Como aquel cabrón de entonces.
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Estás leyendo el capítulo 80 de No soy ese tipo de talento (Novela), un novela. Una persona con talento, respetada por muchos y bienvenida en todas partes... ¡Para nada! ¡Un fanático de la batalla sediento de sangre que no conoce la derrota! Sin embargo, suele ser amable y gentil, además de un gran… Este capítulo tiene publicado el 18 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. No soy ese tipo de talento (Novela) tiene 142 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.