Leer No Poseo Nada (Novela) Capítulo 400 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
¿Qué debo hacer?
Scarlett contuvo la respiración y observó la situación. Por más que lo intentó, no pudo decidir cómo juzgar ni cómo actuar correctamente. ¿Acaso existe una respuesta correcta?
Scarlett apretó y aflojó las manos. Estaban empapadas de sudor dentro de los guantes. Sus hombros y piernas temblaban de miedo, una sensación que Scarlett conocía demasiado bien.
—¿Vas a quedarte ahí parada mirando? —preguntó Geniella.
Scarlett tragó saliva con dificultad. ¿Se había dado cuenta? Claro que sí.
¿Qué debo hacer?
Scarlett se mordió el labio inferior. Baek Sogo se retorcía en el suelo, con un agujero en el estómago. Geniella rió y vertió elixir en la herida. Burbujas espumosas brotaron de la herida que antes había estado sangrando a borbotones.
Era una escena que Scarlett no había imaginado. Y que no quería imaginar.
Seguía pensando que era más fácil de lo esperado. Liches, caballeros de la muerte, goblins. No fue difícil acabar con ellos. En parte porque estaba bien preparada y en parte porque el avance del enemigo no era formidable. Aunque llevó tiempo, aniquilarlos no fue un gran problema.
La interrupción de la comunicación con Teresa la había preparado para esta situación. Sin embargo, no se la había imaginado tan terrible.
Scarlett miró a Lee Sungmin. Espinas le atravesaban las extremidades. Uno de sus globos oculares, reventado por una espina roja, colgaba de su órbita izquierda.
Scarlett se agarró los hombros temblorosos.
¿Cambiaría algo si me uniera a la situación?
Ese pensamiento le cruzó la mente. Confiaba en sus habilidades, pero no era tan arrogante como para intentar lo imposible. Pensándolo con calma, Scarlett sabía que unirse a la lucha no cambiaría la situación. Lo máximo que podría hacer sería morir con ellos para que no se sintieran solos en su partida.
“No me importa si te quedas ahí mirando. Podría ser interesante”, susurró Geniella, moviendo la mano.
Baek Sogo, envuelta en magia roja, flotaba en el aire. Era humana. A diferencia de Lee Sungmin o Geniella, ella no podía regenerar sus heridas al instante. El rostro de Baek Sogo palideció de dolor. Aunque el elixir estaba regenerando la herida, era lento.
“¡Suéltame…!”
Aun así, Baek Sogo se movió. Abrió los brazos de par en par, intentando escapar de la sujeción de Geniella.
Geniella se rió.
¡CRAC!
La fuerza mágica que Geniella desató rompió los brazos de Baek Sogo. Baek Sogo apretó los dientes y reprimió sus gritos.
“¡Detente…!”
Lee Sungmin giró el cuerpo y gritó.
¡Crunch, cra-crack!
Se liberó a la fuerza de las púas mágicas que le habían atravesado las extremidades. Sus huesos se rompieron, sus músculos se desgarraron y sus extremidades quedaron destrozadas. El dolor sacudió su mente, pero no gritó. El problema era la tensión mental, no el dolor físico.
La mano de Geniella apretó la garganta de Baek Sogo.
Tras liberarse de las ataduras, Lee Sungmin se arrastró por el suelo como un insecto. Apoyándose en el brazo que se regeneró primero y luego pateando el suelo con la pierna que se regeneró después, se lanzó hacia adelante aullando como una bestia.
“Me gusta ese sonido”, rió Geniella levemente, asintiendo, sin mirar atrás mientras blandía su magia carmesí.
Atravesando la magia que se aproximaba con sus manos desnudas, Lee Sungmin apuntó a la espalda de Geniella.
Los ojos de Baek Sogo, agarrado por el cuello, se encontraron con los de Lee Sungmin.
“Deberías haberte quedado quieto”, se burló Geniella, manipulando su magia.
La distancia era demasiado corta. Era demasiado tarde para evitarlo.
La bendición de Oslo casi se había agotado.
Rubia se liberó de los brazos de Lee Sungmin. No estaba segura de si era el momento adecuado. Pero si no hacía algo ahora, esa temible Reina de los Monstruos los mataría a todos.
“Por favor, que llegue”, pensó Rubia, cerrando los ojos con fuerza.
¡¡¡BOOM!!!
La bendición que la Reina de los Espíritus le había otorgado a Rubia estalló en una luz deslumbrante. El poder de Geniella, desatado a corta distancia, no pudo penetrar la barrera creada por Rubia.
“¡Oh, cielos!”
Los ojos de Geniella se abrieron de par en par por la sorpresa. Jamás había imaginado que un simple espíritu artificial pudiera bloquear su poder.
“¡Vete…!”, gritó Rubia con todas sus fuerzas.
Lee Sungmin, aturdido por la defensa de Rubia, pasó junto a su cuerpo. Una vez más, la punta de la lanza de Lee Sungmin se imbuyó de infinito.
“No…”, murmuró Scarlett en voz baja.
El cuerpo de Lee Sungmin, ahora decapitado, se tambaleó y cayó.
—¿Fui demasiado dura? —Geniella frunció el ceño y murmuró—. Aún no puedes morir.
Geniella arrojó el cuerpo de Baek Sogo al suelo, y la tierra se estremeció.
—¡AHHHHHH! —gritó Oslo.
Escapó del agarre de Geniella, sangrando abundantemente. Sin embargo, su desesperada lucha no cambió la situación. La magia de Geniella atravesó las alas de Oslo, y su cuerpo se desplomó.
—No... no...
Rubia, tendida en el suelo, murmuró aterrorizada.
—¿Estás viva?
El cuerpo decapitado de Lee Sungmin se estremeció en el suelo.
Geniella sonrió con ironía, observando cómo el cuello cercenado burbujeaba.
“Estás vivo”.
Geniella pateó el cuerpo de Lee Sungmin y murmuró:
“No”.
Scarlett bajó la mirada hacia su puño cerrado y murmuró.
Lógicamente, lo correcto era huir. Scarlett sabía que no podía cambiar el rumbo de la situación y no creía que huir estuviera mal. Después de todo, la vida era lo más importante. Sobrevivir era lo primordial, incluso si el mundo se acababa.
Era lo suficientemente mayor como para distinguir entre valentía e imprudencia. Si el mundo se acabara mañana, pensaba que era mejor comerse una manzana que plantar un manzano.
“Esto no puede ser”.
Esto no es racional. Sabes que esto es una muerte de perro. Esto no es valentía; es una locura.
Pero lo que no se puede hacer, no se puede hacer.
No puedo quedarme de brazos cruzados.
Sé que es una tontería, pero…
Scarlett respiró hondo.
Ya que decidiste hacerlo, no te arrepientas. Promételo. Sin remordimientos, sin resentimientos.
“Recibiré la recompensa después”.
Si es que eso es posible…
Scarlett salió de detrás del árbol donde se escondía. Abrazando sus piernas temblorosas, lanzó un hechizo. Fortaleció su espíritu vacilante con magia.
Aun así, el miedo no se disipó.
—Por fin apareces, ¿eh? —Geniella sonrió con sorna, mostrando sus dientes—. Pensé que ya habrías huido. Eres más buena chica de lo que creía. O quizá solo más ingenua.
Scarlett no respondió. Este no era el lugar adecuado. Había grabado círculos mágicos en esta zona, pero la pelea entre Lee Sungmin y Geniella los había destruido todos.
—Eres inútilmente fuerte. Por eso, no puedo tener muchas esperanzas. —No, no te arrepientas. Lo sabías y aun así diste un paso al frente, ¿verdad? ¿Qué creías que podías hacer?
Geniella se acercó lentamente a Scarlett. Lee Sungmin, ahora sin cabeza, seguía convulsionando. Por muy fuertes que fueran sus poderes regenerativos, regenerar una cabeza entera llevaría mucho tiempo.
Baek Sogo luchaba por levantarse del cráter donde había caído su cuerpo. Su esqueleto estaba destrozado y sus órganos dañados. Aun así, logró ponerse de pie y fulminar con la mirada a Geniella.
Un torbellino de emociones la envolvía: miedo, desesperación, arrepentimiento, odio. Solo Geniella sentía una punzada de emoción en medio de aquella vorágine.
El bosque bajo la luna llena era un salón de banquetes con una atmósfera propicia para Geniella.
“¡Ven a por mí, zorra!”, gritó Scarlett, maldiciendo mientras intentaba ahuyentar el miedo y agitaba los brazos extendidos. Runas rojas giraban a su alrededor.
Geniella soltó una carcajada. “¡Hacía tiempo que no oía semejante lenguaje!”. El cuerpo de Geniella se elevó del suelo.
La magia espacial de Scarlett calculó la velocidad de Geniella. No tenía margen para improvisar. Debía contrarrestarla con un cálculo preciso.
“No hay tiempo. No puedo usar un hechizo poderoso”.
Aunque fuera ineficiente, no le quedaba más remedio que atacar directamente con su poder mágico. O recurrir a magia simple.
Scarlett usó Teleportación para aumentar la distancia entre ella y Geniella, calculando continuamente su velocidad. En consecuencia, organizó su poder mágico de inmediato.
Se concentró en lanzar los hechizos más rápidos posibles, transformando grandes cantidades de poder mágico en proyectiles. Añadió capas de escudos para reforzarse.
Miles de proyectiles mágicos se formaron. De haber tenido más tiempo, quizá habría calculado sus patrones de ataque, pero era demasiado pedir.
Miles de proyectiles mágicos surcaron el cielo nocturno. Un único punto de poder mágico concentrado atravesó la magia de Geniella.
Geniella sonrió con malicia al ver cómo los proyectiles mágicos convergían en un solo punto.
¡¡BOOM!!
La mano de Geniella extinguió los proyectiles mágicos de un solo golpe.
“¡Maldita...!”
Era más fuerte de lo que esperaba.
¿Acaso los proyectiles mágicos sencillos no funcionarían? ¿Debería reorganizar la formación mágica para aumentar el poder o dedicar tiempo a preparar un gran hechizo?
No, de cualquier manera, no hay tiempo suficiente.
Geniella ya se acercaba. Scarlett abrió mucho los ojos y concentró toda su magia en el escudo.
Las uñas de Geniella lo hicieron añicos con facilidad.
El impacto hizo que Scarlett escupiera sangre mientras su cuerpo salía disparado hacia atrás, rodando por el suelo.
“¡AAAHHH!”, gritó Baek Sogo mientras se abalanzaba sobre Geniella por la espalda.
“Habla, di algo. Estoy harta de oír solo gritos”.
“Duele…”, murmuró Scarlett, tosiendo sangre mientras caía al suelo.
Aunque había decidido no arrepentirse de sus actos, el remordimiento la invadió.
Geniella se giró para encarar a Baek Sogo, que la atacaba por la espalda. El puño de Baek Sogo apuntaba al pecho de Geniella.
Cuando Geniella atrapó el puño y estaba a punto de romperlo…
¡¡BAM!!
El cuerpo de Geniella cayó rodando por el suelo.
El Dragón Negro no esperó a que dejara de rodar antes de abalanzarse sobre ella a toda velocidad.
—¿Tú también viniste? —El cuerpo de Geniella se incorporó torpemente, impulsada por una oleada de maná rojo—. ¿No debería haber uno más?
El Dragón Negro no respondió.
Teresa no estaba por ninguna parte.
Lee Sungmin yacía decapitado en el suelo, mientras que Oslo, con las alas desgarradas, jadeaba de dolor, atravesada por una lanza de maná.
Baek Sogo apenas podía moverse, y Scarlett también estaba herida.
Geniella soltó una carcajada y lanzó una hoja carmesí. La piel del Dragón Negro, cubierta de escamas negras, desvió el tajo.
—La actuación es buena, pero no eres nada bonita. Pareces una lagartija —se burló Geniella.
El Dragón Negro extendió la mano y agarró el cuello de Geniella.
La mano apretó al instante, aplastándole el cuello y provocando que un chorro de sangre brotara de su cabeza destrozada.
—¿Dónde está el otro? (Nota del traductor: es útil saber que Lloyd sigue vivo en algún lugar). ¿Por qué solo uno?
No preguntó por qué solo uno; lo sabía. Lo había visto antes de venir aquí.
El Dragón Negro recordó al Rey de la Lanza, que murió con una sonrisa de satisfacción.
Incluso en la muerte, ¿qué había para sonreír?
La mitad de su cuerpo había volado por los aires y su cabeza apenas estaba intacta, pero sonreía…
¿Acaso no había dicho que lucharía con el Dios Marcial? ¿Dejó tras de sí tales remordimientos incluso al morir?
¡Te envidio!
¡Zas!
El maná de Geniella perforó el hombro del Dragón Negro. El maná concentrado era lo suficientemente fuerte como para atravesar las escamas del dragón.
El cuerpo del Dragón Negro se tambaleó por un instante, pero siguió avanzando.
El cuerpo de Teresa había desaparecido… ¿Acaso no había dejado ni su cuerpo atrás? ¿O había sobrevivido?
Sus artes marciales destrozaron el maná de Geniella y la presionaron.
Geniella, con el cuerpo desnudo, recibió los golpes del Dragón Negro.
Aunque su cuerpo se desgarraba, el maná de Geniella se abrió paso a través de las grietas en sus artes marciales.
Lloyd miró a Weiss.
—¿Por qué...?
Lo había intentado varias veces. Su vida no era demasiado valiosa.
Lo único que podía resolver la situación era la magia de Weiss.
La magia que había exiliado al inmortal casi rey demonio, Kim Jong-hyun, de este espacio y tiempo...
La magia que Abel había conjurado usando lo que le quedaba de vida y la de su moribundo hermano Caín...
Solo esa magia podía resolver la situación, pero él no podía usarla.
—¿Por qué exactamente...?
Lloyd miró a Weiss con ojos temblorosos.
No era solo la magia de destierro. Ninguna de las magias de Weiss servía.
Hasta ahora habían estado disponibles. Incluso luchando contra el ejército invasor de Caballeros de la Muerte, Liches y monstruos, la magia de Weiss había estado accesible.
Pero, cuando apuntó a Geniella y preparó la magia, Weiss no respondió.
“¿Es este el destino...?”, pensó Lloyd, sujetando a Weiss con fuerza y continuando vertiendo maná en ella.
Weiss seguía sin emitir luz.
Lloyd abrió a Weiss. Las páginas llenas de caracteres estaban desapareciendo.
Alguien estaba impidiendo el uso de la magia de Weiss, borrando la magia contenida en ella.
¿Quién podría hacer tal cosa? ¿El Espíritu Divino? ¿Quién más que un dios podría hacer esto?
“¿Es este realmente... el final?”, murmuró Lloyd con desesperación.

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No Poseo Nada (Novela)
Capítulo 401
No Poseo Nada (Novela) Capítulo 400
Estás leyendo el capítulo 400 de No Poseo Nada (Novela), un novela. Comenzó como un "Sin Clase", sin poseer nada. Sobrevivío 13 años las profundidades de un mundo cruel. Termina muriendo como mercenario de rango C. Logra regresar al pasado con los conocimientos de su primera vida, pero… Este capítulo tiene publicado el 6 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. No Poseo Nada (Novela) tiene 433 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.