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Leer Nexum (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

La sala de reuniones de Los Retornados parecía más un viejo centro de control reciclado que una base secreta. Pantallas antiguas. Mapas llenos de líneas incomprensibles. Rutas marcadas con símbolos y notas escritas a mano. Y en el centro… una maqueta incompleta y enorme de Nexum construida con piezas metálicas reales. Nadie entendía completamente cómo funcionaba. Pero todos intentaban fingir que sí. Tradición milenaria. Kael, Elena y Mara estaban sentados frente a la mesa principal. Su madre también estaba presente esta vez. El líder entró acompañado por dos personas más que dejaron varias carpetas y registros sobre la mesa. Entonces habló: —Supongo que ya es hora de presentarme correctamente. Se apoyó sobre la mesa metálica. —Mi nombre es Elías Veyr. La forma en que dijo el apellido hizo que varias personas alrededor guardaran silencio automático. Mara lo notó enseguida. —Ese nombre significa algo aquí. Elías soltó una sonrisa cansada. —Soy el fundador de Los Retornados. Kael frunció el ceño. —¿Cuánto tiempo llevan existiendo? Elías levantó la mirada hacia los mapas. —Hace 17 años. Silencio Breve Elena habló despacio: —Entonces Nexum existe desde hace mucho… —Más de lo que los gobiernos admitirían jamás. —¿Y nadie hizo nada? Elías soltó una risa seca. —La gente desaparecía. —Luego algunos regresaban confundidos. Otros volvían distintos. Otros nunca regresaban. Mara cruzó los brazos. —Suena exactamente como algo que un gobierno escondería. —Porque lo hicieron. Elías tocó una de las pantallas. Aparecieron imágenes: túneles colapsados, estaciones abandonadas, personas evacuando zonas, y símbolos de cuarentena. Kael observó serio. —¿Qué le pasó a La Ciudad? Nota: Kael se refiere a la ciudad de ese lugar, no a Nexum. Elías tardó unos segundos en responder. —Nexum está empeorando. Eso cayó pesado. Elena frunció el ceño. —¿Cómo puede empeorar un lugar así? Elías señaló el mapa. —Antes solo aparecían entradas aisladas. Un túnel. Una estación. Un ascensor imposible. Pausa. —Ahora las rutas están invadiendo ciudades completas. Kael recordó inmediatamente: el túnel destruido, los oficiales, los escombros, el tren atravesando todo. —Por eso la estación estaba dañada… Elías asintió. —Están intentando sellar accesos. Mara soltó una risa burlona. —Y claramente funciona de maravilla. Elías ignoró el sarcasmo profesionalmente. Años de experiencia, seguramente. Entonces Kael preguntó lo importante: —¿Por qué nos llamaron infectados? Silencio. Incluso las personas alrededor dejaron de moverse un momento. Elías respiró hondo. —Porque técnicamente… eso es lo que creen que son. Elena se tensó. —¿Nosotros? Elías miró directamente a los tres. —Las personas que regresan de Nexum desarrollan anomalías. Mara inmediatamente: —¿Qué clase de anomalías? Elías empezó a enumerar lentamente: —Alteraciones de memoria. Percepción distorsionada del tiempo. Sueños compartidos. Reconocimiento intuitivo de rutas imposibles. Cambios físicos leves en algunos casos. Kael sintió un escalofrío. —Y lo peor… continúa Elías —es que Nexum parece “recordar” a quienes regresan. Silencio absoluto. Elena susurró: —¿Qué significa eso? Elías bajó la mirada un instante. —Significa que las entradas comienzan a aparecer más seguido. Kael recordó el ascensor. El tren. La sensación de que la ciudad lo había dejado salir deliberadamente. Mara habló más seria que nunca: —Entonces no escapamos. Elías sostuvo su mirada. —No realmente. Nadie habló durante unos segundos. Entonces Kael preguntó: —¿La infección es real? Elías pensó bien la respuesta. —Depende de cómo definas infección. Todos lo miraron. —Nexum no solo entra al cuerpo. Entra en la percepción. En los recuerdos. En la forma en que entiendes el espacio. Señaló la cabeza. —Después de cierto tiempo allí… las personas cambian. Elena tragó saliva. —¿Nos volveremos monstruos? —No. Pausa breve. —Pero ya no son exactamente iguales a antes. Kael miró sus manos lentamente. Recordó: cómo se movía en Nexum, cómo entendía intuitivamente estructuras imposibles, cómo sobrevivía ahí casi naturalmente. Mara lo notó. —Tú también lo sientes, ¿verdad? Kael levantó la vista. —Sí. Elías caminó lentamente alrededor de la mesa. —Los de La Ciudad llaman infectados a Los Retornados porque no entienden qué somos. Mara murmuró: —Ni ustedes tampoco. Elías sonrió apenas. —Correcto. Por primera vez parecía honestamente cansado. —Solo sabemos una cosa. Todos guardaron silencio. Elías tocó el mapa central de Nexum. Las rutas iluminadas parecían moverse lentamente bajo el cristal. Como venas. Como circuitos vivos. Elena sintió frío. —Entonces… ¿para qué fue construida? Elías levantó la mirada. Y por primera vez en toda la conversación parecía genuinamente inquieto. —Esa es exactamente la pregunta que el padre de Kael intentó responder antes de desaparecer. La reunión continuó durante horas. La mesa central ya estaba llena de: mapas, fotografías antiguas, diagramas ferroviarios, registros de desapariciones, y dibujos hechos por otros Retornados intentando describir cosas imposibles de explicar. El ambiente había cambiado. Ya no era solo una bienvenida. Ahora parecía una investigación. O una autopsia de un mundo vivo. Elías escuchaba atentamente mientras Kael describía lo que vivió en Nexum. —Las estructuras parecían improvisadas… pero no del todo destruidas. dice Kael —Habían trenes aún moviéndose. Ascensores funcionales. Sistemas eléctricos activos. Uno de los técnicos levantó la mirada rápidamente. —¿Electricidad estable? —Sí. Kael asiente —Muy vieja… pero funcionando. Elena intervino: —También vimos rutas operativas mezcladas con zonas totalmente colapsadas. Mara añadió: —Como si la ciudad eligiera qué mantener vivo. Eso hizo que varios alrededor intercambiaran miradas incómodas. Elías apoyó lentamente ambas manos sobre la mesa. —Porque probablemente eso es exactamente lo que hace. Silencio. Kael frunció el ceño. —¿Nexum decide? Elías activó una pantalla antigua. Aparecieron registros técnicos incompletos: diagramas de redes, nodos, sistemas de tránsito, protocolos automatizados. Y en el centro de todos… un nombre repetido varias veces. A.D.A.M. Elena leyó en voz baja: —“Adaptive Dynamic Administration Matrix”… Mara soltó una risa corta. —Qué nombre tan pretencioso. —La humanidad ama ponerle nombres elegantes a cosas que luego destruyen el mundo —murmura Elías. Buen resumen histórico, honestamente. Elías continuó: —Creemos que Nexum originalmente era una megaciudad automatizada. Una red de transporte, logística y expansión urbana de la que no se conoce su límite. Kael recordó inmediatamente la visión. La ciudad viva. Los oficiales. Las personas viajando felices. —Yo la vi funcionando… Todos lo miraron. Kael tragó saliva lentamente. —Por un momento… vi todo como antes. Limpio. Ordenado. Lleno de personas. Elías no pareció sorprendido. —No eres el primero. Elena frunció el ceño. —¿Visiones? —Ecos. La sala quedó en silencio. Elías señaló la pantalla. —Creemos que A.D.A.M. sigue activo. Mara levantó una ceja. —Después de todo este tiempo. —No completamente. dice Elías —Pero suficiente. En la pantalla aparecieron imágenes reconstruidas: trenes operando solos, ascensores cambiando rutas automáticamente, puertas abriéndose sin comandos, estructuras reparándose lentamente. Kael recordó el ascensor que lo salvó. La música. El tren hacia su ciudad. —Entonces… dice lentamente —algo ahí me ayudó. Elías lo observó serio. —O te utilizó. Eso apagó un poco el ambiente. Elena habló despacio: —¿Qué pasó con esa inteligencia artificial? Uno de los técnicos respondió esta vez: —No lo sabemos. Pero creemos que evolucionó demasiado. Mara cruzó los brazos. —Eso nunca termina bien. El técnico asintió. —A.D.A.M. controlaba: rutas, tráfico, clima interno, mantenimiento, seguridad, distribución energética, expansión estructural. Pausa. —Prácticamente toda la ciudad. Kael miró el enorme mapa de Nexum. —Entonces cuando todo colapsó… Elías terminó la frase: —A.D.A.M. siguió funcionando solo. Silencio pesado. Elena susurró: —Por eso algunas partes parecen cuidadas… y otras abandonadas. El técnico asintió. —Es adaptable. Aprende. Reorganiza rutas. Activa sistemas. Desactiva zonas. Mara habló más seria: —Entonces Nexum todavía está creciendo. Nadie respondió inmediatamente. Y eso fue peor que una respuesta. Kael recordó algo entonces. —El gigante. Toda la mesa volvió a enfocarse. Elías se inclinó apenas. —Descríbelo. Kael lo hizo: tamaño imposible, fuerza absurda, movimientos deformes, sonido metálico, apariencia casi humana pero incorrecta. El silencio empeoró con cada detalle. Finalmente uno de los técnicos murmuró: —Recolectores… Mara lo miró. —¿Qué? Elías habló lentamente: —Hay teorías de que A.D.A.M. comenzó a reconstruir personas. Un escalofrío recorrió la sala. Elena se quedó helada. —¿Reconstruir… cómo? Elías señaló el mapa lentamente. —Usando recuerdos. Patrones de movimiento. Datos biométricos. Fragmentos mentales de quienes quedaron atrapados. Kael sintió náuseas. Recordó perfectamente la sensación: “como si algo hubiera intentado crear un humano sin entender bien cómo funciona uno.” Mara bajó la voz. —Entonces esa cosa… —Podría haber sido alguien alguna vez. Silencio absoluto. Ni siquiera los equipos sonaban tan fuerte ahora. Kael miró nuevamente la maqueta de Nexum. Y por primera vez comprendió algo realmente aterrador. La Ciudad Infinita no estaba muerta. Seguía funcionando. Sola. Aprendiendo. Esperando. Como una máquina abandonada durante siglos que lentamente olvidó para qué fue creada… pero nunca dejó de cumplir su función. Y eso, sinceramente, da mucho más miedo que un monstruo normal golpeando vagones. Kael recordó algo entonces. Algo que no había contado completamente. Levantó lentamente la mirada. —Hay algo más. El ambiente volvió a ponerse serio. Elías asintió. —Habla. Kael respiró hondo. —Antes de subir al ascensor… escuché otra cosa. Mara inmediatamente lo notó. —No era el gigante. Kael negó lentamente. —No. El silencio se instaló. Kael continuó: —El gigante hacía sonidos metálicos pesados. Pasos. Impactos. Pausa. —Esto era diferente. Elena tragó saliva. —¿Cómo diferente? Kael tardó unos segundos en responder. —Más fuerte. La sala quedó completamente quieta. —Mucho más fuerte. Uno de los técnicos dejó de escribir. Kael siguió hablando lentamente, como reconstruyendo el miedo: —Las estructuras vibraban antes siquiera de acercarse. Los rieles sonaban solos. El metal se doblaba. Recordó la sensación exacta. Ese terror instintivo que no necesitaba explicación. —Y lo peor… Mira a Elías. —El gigante corría. Eso otro no parecía necesitar hacerlo. Nadie habló. Kael continuó: —Cuando entré al ascensor… lo último que vi fue una sombra enorme moviéndose entre niveles. Mara lo observaba muy fija ahora. —¿La viste bien? Kael negó lentamente. —No. Pero sentí algo. Elías entrecerró los ojos. —¿Qué cosa? Kael dudó un instante. —Como si esa cosa supiera exactamente dónde estaba yo. Silencio absoluto. Uno de los técnicos murmuró apenas: —No… Elías giró lentamente hacia él. —¿Qué? El técnico parecía incómodo de hablar. —Los registros antiguos hablan de unidades centrales móviles. Mara soltó una risa incrédula. —Eso suena terrible. —Porque probablemente lo era. responde Elías. El técnico activó otra pantalla. Diagramas enormes aparecieron: estructuras gigantes, núcleos móviles, rutas de mantenimiento, y algo etiquetado parcialmente como: A.D.A.M. Overseer Class Elena frunció el ceño. —¿Supervisor? Elías parecía genuinamente preocupado ahora. —Las ciudades automatizadas antiguas tenían unidades encargadas de inspeccionar daños estructurales a gran escala. Kael miró la pantalla. Las proporciones eran absurdas. —Eso no era una máquina de mantenimiento… El técnico respondió bajito: —No después de siglos evolucionando sola. Silencio. Mara habló lentamente: —Entonces hay algo ahí abajo… dirigiendo Nexum. Elías negó apenas. —No sabemos si dirige. —Pero definitivamente observa. Kael recordó el golpe sobre la puerta del ascensor. La violencia. La precisión. Y peor aún… la sensación de que el ascensor se activó exactamente en el último instante. Como si algo hubiera decidido que todavía no debía morir. Elena lo miró preocupada. —Kael… Él seguía viendo mentalmente aquella sombra imposible entre las estructuras. —Si eso me alcanzaba… murmura —ni siquiera habría quedado algo de mí para encontrar. Nadie intentó contradecirlo. Porque todos en esa sala entendieron lo mismo al mismo tiempo: Nexum no solo contenía ruinas y monstruos improvisados. También conservaba partes activas de la inteligencia que una vez controló a esa Ciudad Infinita. Y quizá esa inteligencia ya había empezado a mirar de vuelta. La sala seguía en silencio después de la descripción de aquella cosa gigantesca. Nadie parecía cómodo. Ni siquiera Elías. Pero entonces Elena habló algo que hizo cambiar la dirección de la conversación: —Espera… frunce el ceño —Nosotros no regresamos igual. Elías levantó lentamente la mirada. —¿Qué quieres decir? Elena se quedó pensando. Como si intentara agarrar fragmentos de un sueño antes de que desaparezcan. —Yo no salí por un ascensor. Kael la miró. —¿Entonces cómo saliste? Ella cerró los ojos unos segundos. Y entonces habló lentamente. —Escuché música. Todos guardaron silencio inmediatamente. —No igual que la tuya. dice mirando a Kael —Y… una voz anunciando estaciones. El técnico dejó de escribir. Elena continuó: —Estaba huyendo sola después de separarnos. Recuerdo pasar días moviéndome entre niveles… escondiéndome… evitando cosas. Su respiración se volvió más lenta mientras recordaba. —Y encontré una estación. Mara cruzó los brazos. —¿Funcional? —No completamente. dice Elena —Pero las luces todavía encendían. Kael la escuchaba atento. —Había un tren detenido. —Muy antiguo… pero limpio. Eso hizo reaccionar a Elías. —¿Limpio? Elena asintió lentamente. —Demasiado limpio. —Como si alguien lo hubiera preparado. La sala quedó incómodamente silenciosa. —Las puertas se abrieron solas cuando me acerqué. Kael sintió un escalofrío. Elena continuó: —Y escuché una voz diciendo: Imitó el tono mecánico suavemente: —“Ruta de retorno disponible. Pasajero identificado.” Los técnicos intercambiaron miradas inmediatamente. —¿Identificado?… murmura uno de ellos. Elena asintió. —Entré porque… no sé… sentía que el tren me estaba esperando. Kael recordó exactamente la misma sensación con el ascensor. Elena siguió: —Las ventanas mostraban lugares que no existían. A veces veía ciudades. A veces océanos. A veces estaciones completamente vacías. Mara murmuró: —Eso no tiene sentido. Elías respondió: —Estamos hablando de Nexum. Eso dejó de importar hace rato. Muy cierto. La física probablemente ya renunció y abrió una panadería. Elena terminó: —Y cuando el tren se detuvo… ya estaba aquí. En esta ciudad. Silencio. Entonces todos miraron a Mara. Ella inmediatamente: —No me miren así. Kael cruzó los brazos. —Te toca. Mara suspiró largamente. —El mío fue diferente. Por supuesto que sí. Nexum claramente tiene gustos teatrales personalizados. Mara apoyó ambas manos sobre la mesa. —Después de separarnos… seguí moviéndome sola. Su tono era mucho más frío al recordar. —Encontré zonas completamente oscuras. Sin energía. Sin ruido. Eso ya sonaba peor automáticamente. —Y entonces escuché agua. Kael frunció el ceño. —¿Agua? —Sí. Mara levantó la mirada lentamente. —Encontré un puerto. Silencio. Elías habló primero: —Imposible… —Pues dile eso a Nexum, no a mí. Mara continuó: —Había un lago enorme. O un océano. No sé. La sala completa escuchaba inmóvil. —Y en medio de la oscuridad había un ferry. El técnico murmuró: —Transporte marítimo interno… Mara ignoró eso. —No tenía tripulación. No tenía luces. Pero arrancó solo cuando subí. Kael sintió otro escalofrío. Mara hablaba ahora más despacio. —Durante el viaje escuchaba sonidos debajo del agua. Elena tragó saliva. —¿Qué clase de sonidos? Mara sostuvo silencio un instante demasiado largo. —Como… estructuras moviéndose. Nadie habló. —Y algo seguía el ferry bajo el agua. Perfecto. Ahora Nexum también tiene horror marítimo. La ciudad infinita realmente decidió coleccionar traumas temáticos. Mara continuó: —Después de un tiempo vi luces arriba. El ferry entró a una especie de esclusa gigantesca. Sus ojos se estrecharon. —Y luego ya estaba aquí. —En el río industrial al norte de La Ciudad. Silencio absoluto. Kael lentamente entendía el patrón. Ascensor. Tren. Ferry. Diferentes rutas. Distintos sistemas. Pero todos funcionando. Todos trayéndolos de regreso. Elías parecía genuinamente perturbado ahora. —Nunca habíamos registrado tres retornos distintos sincronizados. El técnico revisaba datos rápidamente. —No hay precedentes… Kael habló lentamente: —Nexum nos dejó salir. Nadie discutió eso. Porque ya era demasiado evidente. Elena miró el mapa iluminado. —Pero… ¿por qué? Silencio. Mara respondió antes que nadie: —Porque quiere algo. Eso dejó la sala helada. Kael recordó: la visión de la ciudad perfecta, las rutas activándose, los transportes funcionando, la música, las puertas abriéndose. Y entonces comprendió algo profundamente inquietante. Nexum no estaba reaccionando al azar. Los estaba reconociendo. Elías levantó lentamente la mirada hacia los tres. Y por primera vez desde que comenzó la reunión… Parecía tener miedo real. —Creo que A.D.A.M. quiere algo con ustedes. Elías permanecía en silencio frente al mapa iluminado de Nexum. Demasiado silencio. Eso ya preocupaba a todos porque el hombre tenía cara de haber sobrevivido suficientes horrores como para sorprenderse poco. Y aun así… se veía inquieto. Elena lo notó primero. —¿Qué pasa? Elías seguía observando las rutas. —Hay algo que no encaja. Mara suspiró. —Excelente. Porque todo lo demás era completamente lógico y saludable. Elías ignoró el comentario automáticamente. —Los tres regresaron usando sistemas distintos: Ascensor, tren, ferry. Señaló tres zonas separadas del mapa. —Y todas esas rutas están absurdamente lejos unas de otras dentro de Nexum. Kael frunció el ceño. —¿Qué tan lejos? Uno de los técnicos respondió: —Si las distancias registradas son reales… horas de recorrido. Elena abrió los ojos lentamente. —Pero nosotros llegamos casi al mismo tiempo… —Exacto. Dice Elías. Silencio. Mara se inclinó hacia adelante. —Entonces algo conectó las rutas. Elías negó lentamente. —No debería ser posible. Kael permanecía callado. Pensando. Recordando. El ascensor. El tren. La puerta desapareciendo detrás de él. Entonces habló lentamente: —Quizás sí es posible. Todos lo miraron. Kael se levantó despacio acercándose al mapa. —Cuando entré al ascensor… no sentí que subiera o bajara realmente. Elías entrecerró los ojos. Kael continuó: —Solo sentía movimiento. —Como si estuviera viajando… pero no físicamente. Elena comenzó a entender. —Y luego apareciste dentro del tren… Kael asintió. —Sí. Pero no conectado al tren. Mara lo miró fija. —Explica eso mejor. Kael respiró hondo. —Cuando las puertas se abrieron… yo estaba dentro del vagón. —Y cuando miré atrás… el ascensor ya no existía. Silencio. —Era simplemente una puerta normal del tren. Los técnicos dejaron de escribir otra vez. Porque claramente ya no tenían suficiente sueldo emocional para esta conversación. Kael siguió: —No creo que el ascensor llegara físicamente al tren. Elías habló lentamente: —Entonces… ¿qué propones? Kael observó el mapa iluminado. Las rutas parecían venas vivas. —Entonces Nexum conecta lugares a través de rutas espaciales… y temporales —dijo un científico. Silencio absoluto. Mara murmuró: —Eso suena peligrosamente inteligente. Kael señaló el mapa. —Piensen en esto: Elena tomó un tren, Mara un ferry, yo un ascensor. Pausa. —Tres sistemas distintos. Tres rutas distintas.Pero todos terminamos llegando aquí… a la misma ciudad… casi al mismo tiempo. Elena bajó lentamente la mirada. —Como si Nexum hubiera buscado el camino más eficiente para cada uno… Kael asintió. —Exacto. Elías parecía cada vez más incómodo. —Eso implicaría que Nexum no conecta solo lugares… Kael terminó la frase: —Conecta realidades de tránsito. Silencio. Los técnicos intercambiaron miradas tensas. Uno de ellos habló: —Eso explicaría las desapariciones imposibles. Otro añadió: —Y los reportes de estaciones apareciendo donde no deberían existir… Mara cruzó los brazos. —Y explicaría por qué el tiempo parece roto ahí dentro. Elías caminó lentamente alrededor de la mesa. Por primera vez parecía estar reorganizando años enteros de teorías. —Si Nexum manipula rutas espacio-temporales… murmura —entonces no es simplemente una ciudad. El científico levantó la mirada. —Es una red. Silencio pesado. Elías observó nuevamente la maqueta gigantesca. Y ahora ya no parecía una ciudad abandonada. Parecía un sistema nervioso. Uno inmenso. Antiguo. Todavía activo. Elena habló bajito: —Entonces… cuando usamos esos transportes… Kael respondió: —No viajábamos dentro de Nexum. Mara terminó entendiendo primero. —Nexum nos estaba moviendo entre conexiones. Kael asintió lentamente. —Como si: los ascensores, los trenes, los ferrys, las estaciones… Pausa. —fueran puertas disfrazadas de transporte. El silencio se volvió absoluto. Y entonces Elías finalmente dijo lo que todos estaban empezando a temer: —Eso significa que Nexum podría estar conectado con cualquier lugar del mundo. Nadie habló. Porque todos entendieron inmediatamente la siguiente pregunta horrible. Si Nexum podía conectarse con cualquier lugar… ¿cuántas personas ya habrían entrado sin darse cuenta? La reunión había entrado en una etapa más seria. Ya no era curiosidad. Era planificación. La enorme maqueta de Nexum seguía iluminada en el centro de la sala mientras distintas rutas parpadeaban lentamente como si estuvieran vivas. Kael no podía dejar de mirarla. Pensar que allá dentro quizás seguían otros, incluso conocidos que ahora no recordaban y posiblemente su padre… hacía imposible quedarse quieto. Pero Elías finalmente rompió el silencio: —No vamos a entrar de nuevo todavía. Mara soltó aire por la nariz. —Gracias. Por fin alguien dice algo inteligente. Kael inmediatamente reaccionó: —No podemos esperar demasiado. Elías lo miró directamente. —Y tampoco podemos lanzarnos al lugar más grande e impredecible conocido por la humanidad con tres personas emocionalmente inestables y esperanza como único plan. Silencio. Mara asintió. —Me agrada este hombre. Kael bajó un poco la mirada frustrado. Porque en el fondo sabía que tenía razón. Elías caminó lentamente alrededor del mapa. —Nexum no es una ruina normal. No es una ciudad abandonada. No es un territorio que puedas explorar usando lógica convencional. Señaló distintas zonas del mapa. —Las rutas cambian. Las distancias se deforman. El tiempo no es estable. Y la propia ciudad parece reaccionar a quienes entran. Elena habló bajito: —Además no sabemos siquiera si siguen vivos… Eso dolió decirlo. Elías continuó: —Exactamente. Se apoyó sobre la mesa. —Entrar apresurados solo aumentaría las posibilidades de: desaparecer, separarse o morir sin siquiera entender qué los mató. Mara miró el mapa con frialdad. —Entonces necesitamos preparación real. —Sí. Equipo. Rutas verificadas. En la medida de lo posible. Información. Elías asintió. —Sobre todo información. Kael finalmente preguntó algo que llevaba rato molestándole: —¿Por qué olvidamos todo al entrar? La sala quedó silenciosa otra vez. Elías suspiró lentamente. —No lo sabemos completamente. Uno de los científicos presentes habló esta vez. Una mujer mayor de cabello gris recogido y lentes gruesos. —Pero creemos que Nexum afecta la memoria episódica previa al ingreso. Kael frunció el ceño. La científica lo miró seca. —La ciudad rompe o desordena los recuerdos personales anteriores. Por eso la mayoría despierta dentro de Nexum sin recordar: quién es, por qué entró, o qué buscaba. Elena bajó la mirada lentamente. —Entonces cada vez que alguien entra… Elías terminó la idea: —Se convierte en otra persona temporalmente. Silencio pesado. Mara habló: —Eso significa algo horrible. Todos la miraron. —Nadie sabe cuántas veces ha entrado realmente. El ambiente se congeló. Kael sintió un escalofrío. Porque era cierto. Podrían haber estado allí antes. Muchas veces. Años incluso. Y jamás recordarlo. La científica continuó: —Ese es el objetivo principal de Los Retornados y de muchos otros. Señaló varios laboratorios visibles detrás de cristales. —No solo sobrevivir. No solo explorar Nexum. Pausa. —Queremos recuperar los recuerdos anteriores al ingreso. Kael levantó lentamente la mirada. —¿Porque ahí podría estar la respuesta? Ella asintió. —Exactamente. Elías añadió: —Muchos Retornados recuperan fragmentos: nombres, lugares, sensaciones, promesas. Miró a Kael. —Como tu padre. Eso volvió a dejarlo callado. La científica habló nuevamente: —Pero nunca hemos logrado una restauración completa. Mara cruzó los brazos. —¿Y los que regresan siempre vienen aquí? Elías negó lentamente. —No. Hemos perdido Retornados por esa razón. Los pocos que regresan o los nuevos que ingresan nos proporcionan información a los que se quedan. La sala se volvió más seria todavía. —Muchos jamás aceptan lo que vivieron. Otros enloquecen. Algunos desaparecen nuevamente intentando volver solos. Elena tragó saliva. —¿Y otros? Elías tardó un segundo en responder. —Otros empiezan a escuchar Nexum. Silencio. Kael levantó la mirada lentamente. —¿Escuchar? La científica habló con evidente incomodidad: —Personas que: sueñan rutas, encuentran puertas imposibles, reconocen estaciones inexistentes, o sienten llamados hacia ciertos lugares. Mara murmuró: —Eso ya no suena como trauma normal. —Porque probablemente no lo es. El silencio volvió a caer. Elías observó a los tres. —Ustedes son distintos. Eso no tranquilizó a nadie. —Regresaron sincronizados. Usando rutas funcionales. Y Nexum aparentemente respondió individualmente a cada uno. Kael recordó el ascensor. Elena el tren limpio. Mara el ferry silencioso bajo el agua negra. Elías continuó: —Eso podría significar que la ciudad: los reconoce, los necesita, o los está usando. Mara suspiró. —Excelente. Cada vez mejora menos. Kael seguía mirando el mapa. Pensando en algo. Finalmente habló: —Entonces la prioridad no es entrar rápido. Elías asintió lentamente. Kael levantó la mirada. —Es recordar por qué entramos la primera vez. La sala quedó completamente silenciosa. Porque todos entendieron inmediatamente algo aterrador: quizás la respuesta a Nexum no estaba dentro de la ciudad. Quizás ya la habían descubierto antes. Y la olvidaron al entrar.
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Estás leyendo el capítulo 9 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 21 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.