Leer Nexum (Novela) Capítulo 82 online gratis en español
El campo de pruebas había quedado casi vacío.
Los ecos de los disparos y las detonaciones se habían apagado hacía rato. Solo quedaban algunos técnicos desmontando equipos y drones de mantenimiento recorriendo la zona.
Mira se colocó una chaqueta ligera mientras revisaba datos flotando en una pantalla holográfica.
—Voy al centro médico. Quiero revisar unas lecturas del IBN.
Aleksei asintió.
—No te rompas.
—Intentaré sobrevivir.
—Excelente.
Mira puso los ojos en blanco y se marchó.
Ahora solo quedaban Kael y Aleksei caminando por una de las plataformas suspendidas del complejo.
—Yo regreso a Arcadia.
—¿Al laboratorio?
—Al laboratorio.
Aleksei sonrió.
—Y a mis chicas.
—Eso también.
—Principalmente eso.
—Lo sospechaba.
Aleksei parecía completamente incapaz de sentirse avergonzado por nada.
—Por cierto, preguntaron por ti.
Kael ya sabía hacia dónde iba la conversación.
—Me lo imaginaba.
—Siguen insistiendo en que vuelvas a visitarlas.
—Lo sé.
—Les caes bien.
—Eso es lo que me preocupa.
Aleksei soltó una carcajada.
—Entonces, ¿vienes?
Kael reflexionó unos segundos.
—No por ahora.
—Entendido.
—Tengo demasiado que aprender todavía.
—Respuesta razonable.
Kael cruzó los brazos.
—Pero tampoco digo que nunca.
La sonrisa de Aleksei se amplió.
—Eso les gustará más que un no.
—No prometas nada en mi nombre.
—Nunca hago eso.
Kael lo miró.
Aleksei lo miró.
Los dos sabían perfectamente que era mentira.
—Eres terrible.
—Y aun así aquí estamos.
Continuaron caminando.
Después de unos segundos Aleksei pareció recordar algo.
—Cierto.
—¿Qué?
—Deberías empezar las prácticas de pilotaje.
—¿Pilotaje?
—Sí.
—¿Por qué?
Aleksei lo observó con genuina sorpresa.
—Porque tienes una nave asignada.
Kael se detuvo.
—¿Tengo qué?
—Una nave.
—Nadie me dijo eso.
—Supuse que lo sabías.
—Claramente no lo sabía.
Aleksei comenzó a reír.
—Tu cara vale cada segundo de esta conversación.
Kael se pasó una mano por el rostro.
—Técnicamente pertenece al Gobierno.
—Ajá.
—Pero está asignada a ti.
—Ajá.
—Y puedes usarla.
Kael permaneció en silencio.
Toda su vida reciente había consistido en correr por pasillos abandonados, trenes imposibles, techos metálicos y ruinas de Nexum.
Ahora alguien acababa de informarle casualmente que tenía una nave espacial asignada.
Como si fuera lo más normal del mundo.
—Esto cada vez se vuelve más absurdo.
—Bienvenido al Gobierno Mundial.
—¿Y qué tipo de nave es?
—Una rápida.
—Muy descriptivo.
—Gracias.
—Te odio un poco.
—Lo superarás.
Aleksei señaló uno de los edificios cercanos.
—Empieza con los simuladores.
—Nunca he pilotado nada.
—Precisamente por eso.
—Suena peligroso.
—Lo sería si te dejaran entrar directamente en una nave real.
—Eso no me tranquiliza.
—Los simuladores son excelentes.
—¿Y si me estrello?
—Te estrellarás.
—Gracias por la confianza.
—Todos se estrellan al principio.
Kael suspiró.
—Maravilloso.
Aleksei sonrió.
—Tienes buenos reflejos. Aprenderás rápido.
Continuaron caminando algunos metros más.
Entonces Aleksei se detuvo.
Miró a Kael de arriba abajo.
Kael ya conocía esa mirada.
Nunca anunciaba nada bueno.
—¿Qué?
—Y necesitas ropa nueva.
—¿Qué tiene esta?
—Todo.
Kael bajó la vista.
Seguía usando ropa muy parecida a la que utilizaba con los Retornados.
Práctica. Resistente. Funcional.
—Me gusta esta ropa.
—Lo sé.
—Entonces no entiendo el problema.
—Porque ya no estás con Los Retornados.
Kael guardó silencio.
Aleksei continuó.
—Eso no significa olvidarlos.
—Lo sé.
—Ni dejar de ser quien eres.
—Lo sé.
—Pero significa aceptar dónde estás ahora.
Kael observó el horizonte artificial de la gigantesca ciudad.
Torres interminables.
Puentes suspendidos.
Tráfico aéreo cruzando entre nubes sintéticas.
Un mundo completamente diferente al de la base.
—Supongo que tienes razón.
—Por supuesto que la tengo.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Aleksei le dio una palmada en el hombro.
—Consigue algo decente.
—¿Qué significa "decente" exactamente?
—Algo que no haga pensar a los guardias que escapaste de una operación militar.
—Eso elimina la mitad de mi armario.
—Excelente comienzo.
Kael negó con la cabeza mientras seguían caminando.
Una nave propia.
Simuladores de vuelo.
Nuevas responsabilidades.
Nueva ropa.
Por primera vez desde que había llegado al Gobierno Mundial, comprendió que aquello no era una visita temporal.
Estaba empezando una nueva etapa de su vida.
Y, para su desgracia, esa nueva etapa aparentemente incluía aprender a vestirse como una persona civilizada. Algo que, según Aleksei, podía ser incluso más difícil que aprender a pilotar una nave. Y considerando la capacidad histórica de Kael para meterse en problemas, no era una comparación especialmente tranquilizadora.
—Espera.
Aleksei ya estaba caminando hacia su transporte cuando Kael volvió a llamarlo.
—¿Dónde está exactamente esa nave?
—Revisa el menú de activos asignados en el menú holográfico de tu identificador.
Kael revisó y vio una tercera entrada que no tenía antes en los activos.
INTERCEPTOR CLASE ESPECTRO ES-7 NOMBRE: RAPTOR
Estado: Operativo
Propietario: Gobierno Mundial
Usuario asignado: Kael
Ubicación: Hangar 42-C
Kael parpadeó.
—Resulta que sí existe.
—Te dije que existía.
—Pensé que estabas bromeando.
—Jamás bromearía sobre vehículos extremadamente caros.
—Eso sí me preocupa.
Aleksei sonrió.
—Ve a verla.
—¿Y tú?
—Arcadia no se dirige sola.
A lo lejos una elegante nave negra descendió hasta una plataforma.
—Además, tengo científicos que supervisar.
—¿Y chicas que visitar?
—Principalmente chicas que visitar.
—Lo suponía.
Aleksei hizo un saludo despreocupado antes de subir a bordo.
Los motores se iluminaron.
Un instante después la nave ascendió hacia las alturas de la Ciudad, desapareciendo entre el tráfico aéreo que se dirigía hacia Arcadia.
Kael observó cómo se alejaba.
Luego miró nuevamente la ubicación marcada en su identificador y entre las opciones del auto que tiene en los activos tocó una opción de traslado y la activó. Al cabo de varios minutos, el auto de la imagen, estaba estacionado cerca de él haciéndole señales.
Caminó hasta el auto que abrió la puerta del conductor automáticamente y se subió a él. Estaba en modo Autónomo total. Un indicador se visualizó en el exterior del auto mostrando el modo de conducción para que las autoridades de tránsito no lo detuvieran. Solo le habló al auto diciéndole la dirección del hangar donde estaba la nave e iba automáticamente hacia allá.
—Necesito también la licencia para manejar esto. No voy a estar todo el tiempo en modo automático. Me preocupa que esto no me lleve a donde quiero.
El Hangar 42-C era enorme.
Filas y filas de aeronaves descansaban en plataformas elevadas.
Algunas parecían transportes de carga.
Otras eran claramente militares.
Varias eran tan grandes que podían albergar edificios enteros en su interior.
Kael llegó a la recepción.
Un operario revisó su identificador.
Su actitud cambió inmediatamente.
—Usuario autorizado confirmado.
—Suena importante.
—Porque lo es.
—No me acostumbro.
—Lo hará.
El hombre activó un comunicador.
—Llévenlo al Interceptor ES-7.
Dos técnicos aparecieron poco después.
—Por aquí.
Kael los siguió.
Atravesaron varios niveles.
Pasaron por ascensores industriales.
Corredores de mantenimiento.
Plataformas suspendidas.
Y finalmente llegaron.
Kael se quedó inmóvil.
—...Vaya.
La nave descansaba sola en una plataforma elevada.
Era hermosa.
Y aterradora.
Su diseño parecía una mezcla imposible entre un ave de presa y una hoja afilada.
El fuselaje principal era alargado y agresivo.
Azul con detalles plateados que recorrían la estructura como circuitos luminosos.
Las alas tenían una geometría variable capaz de adaptarse a distintas velocidades. Ahora las tenía en una posición similar a la de un Halcón cuando va en picada.
No era una nave construida para intimidar.
Era una nave construida para alcanzar algo y destruirlo antes de que pudiera reaccionar.
Uno de los técnicos sonrió.
—Primera impresión habitual.
—Parece peligrosa.
—Lo es.
—Perfecto.
Los técnicos intercambiaron una mirada.
—Definitivamente es usuario IBN.
Kael rodeó lentamente la nave.
Los cinco motores traseros estaban integrados dentro de la estructura para reducir resistencia. Uno principal en el centro, dos secundarios y dos hipersónicos.
No había piezas innecesarias.
Todo tenía una función.
Todo parecía diseñado para velocidad.
—¿Qué clase de nave es exactamente?
Uno de los técnicos comenzó la explicación.
—Interceptor táctico de largo alcance.
—¿Interceptor?
—Su función principal es reconocimiento, persecución y combate rápido.
El otro técnico continuó.
—A diferencia de la mayoría de las naves de su tamaño, posee un núcleo energético miniaturizado.
Kael levantó una ceja.
—¿Un núcleo?
—Correcto.
—¿Como los que usan las instalaciones del Gobierno?
—Basado en la misma tecnología.
Kael volvió a mirar la nave.
—Eso explica lo cara que puede ser.
—No quiere saber cuánto cuesta.
—Prefiero no saberlo.
—Excelente decisión.
Los técnicos continuaron.
—Mientras que el reactor permite mantener velocidades extremas durante largos periodos sin necesidad de repostaje convencional. El núcleo energético alimenta el sistema de armamento. Los escudos. Los sistemas de emergencia y el soporte vital. En ocasiones puede usarse para los motores pero con menos potencia.
Kael silbó.
—Todo eso en esta cosa.
—Esta cosa cuesta más que algunas colonias pequeñas.
—Definitivamente no quiero saber el precio.
Llegaron hasta la parte frontal.
Un panel holográfico apareció mostrando las especificaciones.
INTERCEPTOR CLASE ESPECTRO ES-7
Longitud: 34.7 metros.
Tripulación estándar: 1 piloto. 1 copiloto
Capacidad adicional: 8 pasajeros.
Velocidad atmosférica máxima: Clasificada
Velocidad orbital: Clasificada.
Núcleo energético de alta densidad.
IA táctica integrada.
Blindaje adaptativo.
Escudos energéticos.
Sistemas furtivos.
Asistencia avanzada de combate.
Kael leyó la información varias veces.
Luego señaló otra sección.
—¿Armamento?
Los técnicos sonrieron.
Esa era la pregunta favorita de todos.
—Dos cañones de energía variable. Un láser de precisión. Un rifle de plasma. Lanzadores de microproyectiles inteligentes. Sistema de pulsos electromagnéticos. Y una configuración especial para usuarios IBN.
—¿Qué significa eso?
Uno de ellos señaló una sección lateral.
—Puedes canalizar energía directamente al núcleo para amplificar ciertas capacidades de la nave durante operaciones específicas.
Kael parpadeó.
—Eso suena ridículamente peligroso.
—Porque lo es.
—Me gusta.
—Eso también es habitual.
Kael terminó de rodear la nave.
Tiene tres modos de vuelo:
* Modo Crucero.
* Modo Combate.
* Modo Hipervelocidad
—Vaya esto puede salir al espacio sin mucha dificultad.
—Sin duda —dijo uno de los técnicos.
Se acercó a la cabina.
La cubierta transparente reflejaba las luces del hangar.
Por primera vez sintió algo extraño.
No era emoción por las armas.
Ni por la velocidad.
Ni siquiera por la tecnología.
Era otra cosa.
Aquello era suyo.
Bueno...
Asignado.
Pero aun así.
Era una responsabilidad.
Una herramienta.
Un paso adelante.
Una prueba de que estaba creciendo.
Que ya no era el chico que corría por Nexum intentando sobrevivir un día más.
Ahora tenía recursos.
Entrenamiento.
Poder.
Y la obligación de utilizarlos correctamente.
Aunque, por supuesto, su primer pensamiento útil duró aproximadamente tres segundos.
Porque inmediatamente imaginó aterrizando frente a la base de los Retornados.
La enorme puerta abriéndose.
Mara observando desde arriba.
Elena gritando algo incomprensible.
Varek sufriendo un infarto al ver cuánto costaba la nave.
Y él descendiendo de la cabina como si aquello fuera completamente normal.
Kael sonrió solo.
—Sí... eso sería increíble.
—¿Decía algo?
—Nada importante.
Mentira.
Era extremadamente importante.
Después observó nuevamente la nave.
—Raptor —dijo Kael el nombre de la nave.
—La mayoría se los cambian. ¿Ya tienes pensado alguno?
Kael negó con la cabeza.
—No.
Miró la elegante silueta negra.
—Me gusta ese.
Porque los nombres importaban.
Y aquella nave iba a acompañarlo durante mucho tiempo.
Los técnicos asintieron.
Kael dio una última mirada al Interceptor.
Luego suspiró.
—Ahora solo falta un detalle.
—¿Cuál?
—Aprender a pilotarla.
Los técnicos se quedaron en silencio.
—¿No tiene licencia?
—No.
—¿Ni una sola hora de vuelo?
—No.
Los dos intercambiaron una mirada preocupada.
—Bueno...Eso cambia bastante el contexto.
Kael sonrió.
—Tranquilos.
—¿Por qué deberíamos estar tranquilos?
—Porque todavía no puedo acercarme a los controles.
Los técnicos parecieron aliviados.
Kael observó nuevamente la nave.
Todavía no podía volarla.
Todavía no tenía licencia.
Todavía le quedaba mucho por aprender.
Pero por primera vez desde que llegó al Gobierno Mundial sintió que estaba construyendo algo propio.
Y si para lograrlo terminaba acumulando una cantidad obscena de deuda gubernamental, entrenamiento imposible y responsabilidades gigantescas... bueno, parecía ser el precio habitual de convertirse en alguien capaz de proteger más personas. Una costumbre molesta del universo: cuanto más fuerte te vuelves, más caro sale el recibo.
Kael subió por la rampa lentamente.
Los sistemas de la nave reaccionaron de inmediato.
Luces suaves se encendieron a su paso.
Paneles holográficos aparecieron en las paredes.
Una voz femenina, calmada y neutral, resonó en el interior.
—Usuario asignado identificado. Bienvenido al Interceptor ES-7.
Kael se detuvo un instante.
—Todavía ni siquiera sé pilotarte.
—Licencia de vuelo no registrada.
—Gracias por recordármelo.
—Es un placer asistirle.
—Esa respuesta me preocupa.
La voz permaneció en silencio.
Kael sonrió levemente y continuó avanzando.
Por dentro la nave era incluso más impresionante.
El compartimento principal era amplio.
Mucho más de lo que había esperado.
Había espacio para diez personas cómodamente.
Asientos modulares.
Mesas tácticas plegables.
Compartimentos para equipamiento.
Módulos médicos.
Almacenamiento para suministros.
Incluso una zona de descanso para viajes largos.
No era solamente una nave de combate.
Era una plataforma de operaciones completa.
Kael comenzó a caminar por los pasillos.
Su IBN activó automáticamente las funciones cognitivas.
Información.
Detalles.
Materiales.
Puntos estructurales.
Sistemas energéticos.
Todo empezó a aparecer en su mente.
Como si estuviera estudiando una criatura viva.
Porque, de cierta forma, lo era.
El núcleo energético latía en el centro de la nave como un corazón artificial.
Los sistemas de soporte distribuían energía constantemente.
Las redes internas transportaban información a velocidades absurdas.
Cada componente tenía redundancias.
Cada sistema poseía respaldos.
Era una obra maestra tecnológica.
Kael pasó la mano por una pared metálica.
—Vaya...
Recordó la primera vez que había llegado a la base de los Retornados.
En aquel entonces ni siquiera sabía quién era.
Ahora estaba dentro de una de las naves más avanzadas del Gobierno Mundial.
La diferencia era absurda.
Y también aterradora.
Porque el Gobierno estaba apostando por él.
Invirtiendo recursos.
Entrenamiento.
Tecnología.
Acceso.
Confianza.
Todo eso tenía un precio.
No necesariamente dinero.
Responsabilidad.
Kael llegó finalmente a la cabina.
Se sentó en el asiento principal.
Las pantallas cobraron vida.
Miles de datos aparecieron alrededor.
Mapas.
Sensores.
Estado del reactor.
Armamento.
Comunicaciones.
Navegación.
Por un momento se sintió abrumado.
—¿Cómo se supone que alguien aprende todo esto?
—Programa básico de formación disponible.
—Eso no responde mi pregunta.
—Probabilidad de competencia aceptable tras seiscientas horas de simulación: 87%.
Kael parpadeó.
—¿Seiscientas?
—Estimación conservadora.
—Magnífico.
La voz guardó silencio.
Kael observó los controles.
Luego el enorme parabrisas frontal.
Más allá se extendía el hangar.
Docenas de técnicos.
Naves.
Luces.
Movimiento constante.
Un mundo completamente nuevo.
Y de pronto entendió algo.
No podía permitirse desperdiciar esta oportunidad.
No porque alguien se lo exigiera.
Sino porque había personas contando con él.
El Gobierno Mundial era el primer interesado.
Los Retornados.
Mara.
Elena.
Elias.
Varek.
Incluso Mira y Aleksei.
Todos estaban apostando de alguna forma por su crecimiento.
Kael apoyó ambos brazos sobre el asiento.
Respiró profundamente.
—Bien.
La determinación apareció en su voz.
—Nada de excusas.
Miró los controles.
—Si voy a pilotar esta cosa, voy a hacerlo correctamente.
Se levantó.
No había tiempo para quedarse admirando la nave durante horas.
Bueno, quizá unos minutos más. Seguía siendo una nave increíble y él seguía siendo humano.
Pero después de eso...
Simuladores.
Entrenamiento.
Estudio.
Práctica.
Porque Kael conocía muy bien las consecuencias de cometer errores.
En Nexum, un error podía costarte la vida.
Aquí, un error podía costar millones de créditos, una nave experimental o una misión entera.
Y aunque la idea de aparecer algún día frente a los Retornados pilotando el Interceptor seguía pareciéndole fantástica, sabía que para llegar a ese momento tendría que ganárselo.
No con suerte.
No con talento.
Con trabajo.
Mucho trabajo.
Mientras descendía nuevamente por la rampa, volvió la vista hacia la nave.
Todavía no era realmente suya.
Todavía no podía volarla.
Pero algún día despegarían juntos.
Y cuando eso ocurriera, Kael pensaba asegurarse de estar a la altura de la confianza que habían depositado en él. Porque si algo había aprendido desde que despertó sin memoria desde que regresó de Nexum, era que las oportunidades pueden aparecer por accidente... pero conservarlas requiere esfuerzo. Muchísimo esfuerzo. Y, aparentemente, unas seiscientas horas de simuladores que ya le estaban provocando dolor de cabeza sin haber empezado todavía.

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Nexum (Novela)
Capítulo 83
Nexum (Novela) Capítulo 82
Estás leyendo el capítulo 82 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 2 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.