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Leer Nexum (Novela) Capítulo 70 online gratis en español

La última tarea fue, curiosamente, una de las que menos ganas tenía de hacer. Kael caminaba con Mara y Elena junto a varios funcionarios de la Ciudad hacia un laboratorio donde habían trasladado el cuerpo de Rainer para analizarlo. —Sigue muerto, ¿verdad? —preguntó por tercera vez. —Sí. —¿Completamente muerto? —Sí. —¿Seguro? El funcionario lo miró. —Derretiste la mitad de sus implantes internos. —Eso no responde mi pregunta. El hombre suspiró. —No va a levantarse. Kael siguió caminando. —Eso mismo diría alguien antes de que se levantara. Cuando llegaron al cuerpo, Mara y Elena decidieron quedarse unos pasos atrás. Ninguna quería admitirlo, pero después de ver pelear a Rainer tampoco les entusiasmaba demasiado acercarse. Kael activó el escaneo del identificador. Una luz recorrió el cuerpo. Datos biométricos. Implantes. Arquitectura neuronal. Configuraciones militares. Modificaciones energéticas. Toda la información comenzó a almacenarse. El identificador emitió un sonido. Transmisión completada. Momentos después cuando iba caminando con las chicas, el identificador estaba recibiendo una llamada entrante. —Datos recibidos. Excelente trabajo. El identificador proyectaba la imagen de Aleksei. Detrás de él se veía un enorme jardín. Fuentes. Árboles. Mesas. Y demasiadas mujeres. Demasiadas. Kael ni siquiera quiso contar. —Los datos de Rainer serán útiles —explicaba Aleksei—. Con esto podremos seguir mejor los movimientos de la Faxxion Umbral. De pronto una chica apareció detrás de él. —¿Es Kael? Otra se acercó. —¡Si! ¡Es Kael! Una tercera prácticamente se coló delante de la cámara. —¡Kael! Hace tiempo que no te vemos. Mara parpadeó. Elena parpadeó. Kael se quedó inmóvil. —Hola —saludó otra. —¿Ya comiste? —¿Sigues vivo? —¿Cuándo vienes a visitarnos? —Mira, sigue igual de serio. —Qué adorable. Kael se enfrió instantáneamente. Como si hubiera activado un modo de emergencia. —Buenos días. Su voz fue completamente neutra. Profesional. Fría. Sin emoción. Sin reacción. Sin nada. Una estatua habría mostrado más entusiasmo. Las chicas del otro lado quedaron fascinadas. —¡Míralo! —Sigue siendo igual. —Qué elegante. —Es tan educado. —Me encanta cuando responde así de frío. —Parece un noble ofendido. Kael comenzó a arrepentirse de existir. Mara observó en silencio. Elena también. Ambas muy calladas. Demasiado calladas. Lo cual era peor. Mucho peor. Aleksei finalmente suspiró. —Apartense. —Sólo queríamos saludar. —Están interrumpiendo. —Pero Kael es lindo. —Fuera. —Qué amargado. —Kael es más amable. —Porque Kael no tiene un harén que administrar. Finalmente Aleksei logró expulsarlas de la conversación. La imagen volvió a la normalidad. —Mis disculpas. —No pasa nada. —Sí pasa. —También. —Continuemos. Terminaron de hablar sobre Rainer. Sobre los datos. Sobre la investigación. Y finalmente la llamada terminó. Silencio. Mucho silencio. Demasiado silencio. Kael guardó el identificador. —Bueno... Mala elección de palabra. Mara lo miró. Elena también. —¿Quiénes eran esas? —preguntó Elena. Kael sintió peligro. —Personas. —Muy específico —dijo Mara. —Mujeres —corrigió Elena. —Personas mujeres. —Peor respuesta —dijo Mara. Kael comenzó a sospechar que estaba entrando en una trampa. —Son parte del harén de Aleksei. —Ajá. —Ajá —repitió Elena. El silencio regresó. Kael no entendía por qué. —¿Y por qué te saludaban así? —Porque me conocen. —Ajá. —¿Qué significa "ajá"? —Significa que sigo escuchando. —Eso no me tranquiliza. Mara cruzó los brazos. —¿Y por qué preguntaban cuándo ibas a visitarlas? —Porque estuve allí una vez. —Ajá. —Otra vez con el ajá. —¿Te parece normal? —preguntó Elena. —Para Aleksei sí. —No pregunté por Aleksei. Kael comenzó a sentirse extrañamente incómodo. Como si hubiera hecho algo malo. —No tengo ninguna relación con ellas. —Pero te conocen. —Sí. —Y te saludan cariñosamente. —Sí. —Y te invitan a visitarlas. —Sí. —Interesante. —No es interesante. —Lo es. Mara estaba observándolo seriamente. —¿Y cuántas son exactamente? —No lo sé. —¿No las contaste? —¿Por qué las contaría? —Porque cualquier persona normal las habría contado. —Yo estaba ocupado sobreviviendo. —Conveniente excusa. —¡Porque es verdad! Elena apoyó la barbilla en una mano. —Curioso. —¿Qué? —Nunca habías mencionado a esas chicas. —Porque no eran importantes para la conversación. —Ajá. —¡Otra vez no! Mara finalmente soltó una pequeña sonrisa. Muy pequeña. Pero Kael la vio. Y eso confirmó algo. Se estaban divirtiendo. Las dos. A su costa. —Esto es injusto. —Probablemente. —Definitivamente. —Pero es entretenido —admitió Elena. Kael suspiró profundamente. —No hice nada. —Eso dicen todos. —¡Porque no hice nada! Mara y Elena intercambiaron una mirada. Y por alguna razón eso fue mucho más aterrador que cualquier usuario IBT militar. —No nos preocupa. —¿De verdad? —No. —Nada tranquilizador. Las dos sonrieron. Y Kael comprendió que había derrotado bestias mecánicas gigantes. Había sobrevivido a Nexum. Había vencido a Rainer. Pero nada de eso lo había preparado para defenderse de dos chicas haciendo preguntas perfectamente inocentes que de alguna manera lo hacían sentir como un novio atrapado en una situación extremadamente sospechosa. Y lo peor era que ni siquiera sabía exactamente de qué se estaba defendiendo. Eso era lo verdaderamente aterrador. Un día después. La recuperación había terminado. Las investigaciones continuaban. La Ciudad seguía procesando todo lo ocurrido. Y los tres finalmente podían regresar. Pero antes ocurrió algo importante. Muy importante. Muchísimo más importante que derrotar una organización criminal, según Elena. —¡Las compras! Kael cerró los ojos. —Las compras. —Las compras —repitió Mara. —No puedo creer que después de casi morir eso sea lo primero que recuerden. —Porque pagaste todo. —Eso también ayuda. Resultó que todos los objetos, ropa, herramientas, accesorios médicos, equipamiento y demás cosas que habían comprado al llegar seguían almacenados exactamente donde los dejaron. Tras recuperar todo, llegó otra sorpresa. Un regalo del alcalde. Un vehículo todoterreno. Grande. Robusto. Preparado para recorrer largas distancias fuera de la Ciudad. —¿Nos regalaron esto? —preguntó Elena. —Parece que sí. —¿Por destruir una banda criminal? —Y una puerta. —Principalmente la banda criminal. —La puerta también fue memorable. El viaje de regreso comenzó al atardecer. Por primera vez en semanas no estaban caminando. No estaban corriendo. No estaban escapando. No estaban luchando. Simplemente viajaban. Kael conducía. Mara iba en el asiento delantero. Elena detrás rodeada por varias cajas de compras, de ellos y para Los Retornados también. Y detrás de todo eso... reposaba el arma de Rainer. Sujetada con correas especiales. Como una amenaza silenciosa para la estabilidad de la realidad. —No me gusta que siga ahí —dijo Elena. —Está perfectamente segura. —Eso dijiste sobre la puerta. —Y sobre el almacén —añadió Mara. —Y sobre el arma anterior —continuó Elena. Kael decidió ignorarlas. Era más fácil. Durante varios kilómetros sólo disfrutaron del paisaje. Luego comenzaron las bromas. Como siempre. —Tenemos que volver a la Ciudad. Kael casi pisa el freno. —¿Qué? —Volver. —¿Por qué? —Compras. —Ya compraron. —Más compras. —Eso no es una razón. —Es una excelente razón. Mara asintió. —Necesitaré equipamiento nuevo. —Acabas de comprar equipamiento nuevo. —Pero voy a necesitar otros y estos ya están desgastados. —La lógica se está suicidando delante de mí. Elena sonrió. —Y yo quiero revisar archivos médicos. —Eso sí es una razón válida. —Y comprar algunas cosas. —Ahí está el verdadero motivo. Las dos sonrieron. Kael suspiró. Era una conspiración. Definitivamente una conspiración. Entonces Mara señaló hacia atrás. —Por cierto. ¿Qué nombre le vas a poner? —¿A qué? —Al arma. Kael se quedó pensativo. Elena se llevó una mano a la cara. —No le pongas nombre. —Las cosas importantes tienen nombre. —No. —Sí. —No. —Sí. —KAEL. —Todavía estoy pensando. Mara estaba claramente disfrutando aquello demasiado. —Quizás "Destructor de Estaciones Espaciales". —¡NO LE VOY A PONER ESE NOMBRE! —"Deuda Interestelar". —Peor. —"Problema Diplomático". —MARA. Elena ya se estaba riendo. Y para su propia desgracia, Kael también. El vehículo avanzó por el camino mientras el sol comenzaba a ocultarse. Por primera vez desde la misión. Por primera vez desde Rainer. Por primera vez desde los pulsos del IBN. Los tres podían simplemente disfrutar del momento. Las respuestas seguían lejos. El pasado seguía perdido. Nexum seguía esperando. Pero Los Retornados estaban al final del camino. Y esta vez regresaban con más que recursos. Regresaban con pistas. Con nuevas libertades para su gente. Con nuevas preguntas. Y, desgraciadamente para todos los involucrados, con un arma que había sobrevivido a Kael. Lo que probablemente era una noticia mucho más peligrosa de lo que cualquiera quería admitir. El todoterreno seguía avanzando por los caminos que conectaban la Ciudad con los territorios exteriores. El sol seguía bajando. Por primera vez en mucho tiempo no tenían nada urgente que hacer. Mara observaba el paisaje por la ventana. Elena revisaba algunas de las cosas que había comprado. Sorprendentemente sin destruir nada. Un récord histórico. —Estoy orgullosa de ti —comentó Elena. —¿Por conducir? —Por no chocar. —Todavía. —Mara, no la ayudes. Las dos sonrieron. Entonces Kael metió una mano en uno de los compartimentos del vehículo. —Por cierto. —Esa frase nunca trae nada bueno —dijo Mara. —Tengo algo para ustedes. Las dos lo miraron. Kael sacó dos pequeñas cajas. Las dejó sobre el tablero. Elena fue la primera en tomarlas. —¿Qué es esto? —Ábranlas. Dentro había dos comunicadores holográficos modernos. Compactos. Elegantes. Mucho mejores que cualquier dispositivo que hubieran usado antes. Los ojos de Elena se iluminaron inmediatamente. —¡Kael! Mara intentó mantener la compostura. Intentó. Pero también estaba claramente sorprendida. —¿Compraste estos para nosotras? —Sí. —¿Cuándo? —Mientras ustedes estaban distraídas comprando media Ciudad. —No compramos media Ciudad. —Todavía. Elena ya estaba examinando el suyo con fascinación. —Son increíbles. —Pensé que serían útiles. Kael señaló su propio identificador. —Yo ya tengo este. Así será más fácil comunicarnos. Silencio. Las dos intercambiaron una mirada. Luego otra. Y después otra. Kael comenzó a sospechar. —¿Qué? —Nada. —Definitivamente es algo. Mara sonrió ligeramente. —Sólo pensamos que eres considerado. —Mucho. —Demasiado. Kael entrecerró los ojos. —¿Por qué siento que están pensando algo raro? —Porque estamos pensando algo raro. —Gracias por la honestidad. Elena escondió una sonrisa. —Quizás alguien está intentando mejorar su imagen después de cierta video llamada. —¡No tiene nada que ver! —Claro que no. —Absolutamente nada. —Coincidencia total. Kael golpeó suavemente el volante con la cabeza. —Fue una sola llamada. —Con muchas chicas. —Eran las chicas de Aleksei. —Ajá. —Estoy empezando a odiar esa palabra. Mara soltó una pequeña risa. —Funcionó un poco. —¿Qué funcionó? —El regalo. —No era un soborno. —Nunca dijimos que lo fuera. —Pero lo estaban pensando. —Quizás. —Definitivamente. Kael suspiró derrotado. No había manera de ganar aquella batalla. Elena ya estaba activando su comunicador. Una pequeña interfaz holográfica apareció frente a ella. —Esto es increíble. —Lo sé. —Gracias. Y aquella vez la gratitud fue completamente sincera. Mara también observó el suyo unos segundos. —Gracias, Kael. La respuesta fue más tranquila. Pero igualmente genuina. Por un momento el vehículo quedó en silencio. Un silencio agradable. Hasta que Kael decidió arruinarlo. —Sólo espero que no empiecen a llamarme cada cinco minutos. Las dos levantaron la vista. Lentamente. Con sonrisas sospechosamente parecidas. Kael notó el peligro demasiado tarde. —Cada cinco minutos parece razonable —dijo Elena. —Muy razonable —añadió Mara. —No. —Para emergencias. —No. —Para consultas médicas. —No. —Para avisarte que vimos algo interesante. —No. —Para preguntarte qué estás haciendo. —NO. Elena ya estaba programando contactos. —¿Y si son las tres de la mañana? —Especialmente si son las tres de la mañana. —¡Eso no es una emergencia! —Podría serlo. —¿Cómo? —Todavía no lo sabemos. Mara asintió con total seriedad. —Necesitaremos investigar. —Estoy cometiendo un error terrible. —Demasiado tarde. —Ya los registramos. —¿Qué significa eso? —Que ahora podemos encontrarte fácilmente. Kael miró la carretera. Luego el horizonte. Luego el cielo. Y llegó a una conclusión. Había enfrentado usuarios IBT militares. Había sobrevivido a Rainer. Había estado frente a dos leyendas como Mira Caelúm y Aleksei Voronin Pero entregarles dispositivos para contactarlo directamente quizás había sido la decisión más peligrosa de toda la misión. Y viendo las sonrisas satisfechas de Mara y Elena, sospechaba que ellas acababan de darse cuenta exactamente de lo mismo.
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Nexum (Novela) Capítulo 70

Estás leyendo el capítulo 70 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 27 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.