arrow_back

Leer Nexum (Novela) Capítulo 49 online gratis en español

La sala común de Los Retornados estaba irreconocible. Luces recicladas colgaban del techo. Habían conectado viejos altavoces encontrados en una expedición y alguien había pintado en una tela: “NOCHE DE KARAOKE. PROHIBIDO LLORAR MÁS DE 3 VECES.” Elena estaba riéndose mientras revisaba una lista de canciones improvisada. —¿Quién escribió “baladas depresivas para mirar el techo”? Desde el fondo alguien señaló a Elías inmediatamente. Elías ni siquiera levantó la cabeza de su vaso. —Traidores. Después de varios intentos terribles de karaoke, incluyendo: Un mecánico que cantaba como si estuviera peleando físicamente contra cada nota. Elena olvidando media letra y reemplazándola con “lalalala”. Mara negándose a cantar… hasta que alguien descubrió que sí tenía buena voz y eso la molestó más que cualquier insulto. Kael estaba sentado sobre una caja metálica afinando una guitarra vieja. —No entiendo cómo haces eso —dijo Elena observándolo—. Juraría que hace dos semanas confundías una cuerda con cable eléctrico. —Sigo haciéndolo a veces. Kael tocó un par de notas. No perfectas. Pero fluidas. Naturales. Mara lo observó con el ceño fruncido. —¿Quién te enseñó? Kael dejó de mover los dedos un instante. Silencio corto. —No lo sé. Eso hizo que ambas levantaran la mirada. Kael volvió a tocar, más despacio esta vez. Una melodía suave comenzó a llenar el lugar. Simple. Improvisada. Pero extrañamente bonita. Y entonces pasó algo raro. Kael cambió de acordes sin pensar. Como si las manos recordaran solas. Su expresión divertida desapareció un poco. —…Mis dedos saben a dónde ir antes que yo. Elena lo miró sorprendida. —¿Memoria muscular? —Supongo. Kael soltó una pequeña risa incómoda. —Tal vez ya sabía antes de Nexum. Mara cruzó los brazos. —Eso significaría que partes de ustedes siguen ahí. Debajo de la pérdida de memoria. —Y de ti también. Kael asintió lentamente. Luego una sonrisa volvió a aparecerle. La peligrosa. La que siempre terminaba creando problemas. —Eso significa algo importante. Elena se tensó un poco. —Cuando dices eso normalmente alguien termina herido. —Tenemos que probar cosas aleatorias. Mara entrecerró los ojos. —…Explícate. Kael señaló la guitarra. —Quizás todos sabemos hacer cosas que olvidamos. Solo hay que tropezarse con ellas. Elena parpadeó. —¿Quieres que intentemos descubrir habilidades ocultas al azar? —Exacto. Mara ya parecía arrepentirse de existir cerca de él. Cinco minutos después el desastre había comenzado. Elena tomó la guitarra primero. —Quizás yo también sé tocar… RASC. El sonido fue tan horrible que varios Retornados voltearon alarmados. Uno incluso gritó desde el fondo: —¡¿QUIÉN ESTÁ MURIENDO?! Elena se quedó inmóvil. —…Creo que maté una nota musical. Kael estaba doblado de risa. —No, no, sigue. Quizás desbloqueas recuerdos de guerra psicológica. Ella intentó otra vez. PEEEENNNNGGG. Mara hizo una mueca. —Eso definitivamente es un crimen. Elena le lanzó una mirada asesina. —Tu turno entonces. Mara tomó la guitarra como si fuera un enemigo táctico. La observó. La giró. —¿Dónde está el seguro? Kael casi se cae de la silla riéndose. —¡NO ES UN RIFLE! Mara ignoró la humillación pública y trató de tocar una cuerda. TOONK. Silencio. Luego otra. TONK. Más silencio. Kael la miró fijamente. —Tocas guitarra como si estuvieras interrogándola. —No confío en este objeto. —Es madera con cuerdas. —Exacto. Sospechoso. Elena ya estaba riéndose también. Kael les arrebató la guitarra. —Escuchen. La teoría sigue viva. Solo necesitan intentar más cosas. Y ese comentario destruyó la paz de la base por completo. Porque durante los días siguientes: Elena intentó abrir cerraduras creyendo que quizá había sido ladrona profesional. Terminó encerrándose en un baño durante cuarenta minutos. Mara probó cocinar “por si acaso”. Nadie supo qué era la sustancia negra resultante, pero un mecánico juró que podía usarla como combustible. Kael intentó pilotar un viejo dron convencido de que “algo dentro de él” despertaría. El dron atravesó una ventana. Elena trató de imitar los movimientos de pelea de Mara. Se torció un tobillo. Mara intentó meditar. Amenazó a tres personas por respirar fuerte. Kael quiso probar si sabía cantar realmente. No sabía. En absoluto. Los Retornados votaron democráticamente para prohibirle ciertas notas altas. Esa noche, agotados después del caos acumulado, los tres quedaron sentados en el suelo de la sala común. Kael volvió a tocar suavemente la guitarra. Esta vez más tranquilo. Elena apoyó la cabeza en su hombro. —Aunque la mayoría salió terrible… creo que funcionó un poco. Mara asintió lentamente. —Descubrimos cosas. Kael sonrió mirando las cuerdas. —Sí. Sus dedos tocaron otra melodía breve. Melancólica. Familiar de una forma imposible. —Tal vez no recordemos quiénes éramos… Miró a ambas. —…pero algo de esas personas todavía vive aquí. Hubo silencio. Uno cómodo. Hasta que desde el fondo alguien gritó: —¡KAEL, DEVUELVE LA GUITARRA ANTES DE QUE INTENTES CANTAR OTRA VEZ! Kael levantó una mano indignado. —¡UNA VEZ FALLÉ! —¡DOCE! —¡LAS NOTAS ESTABAN MAL HECHAS! Mara soltó una risa baja. Elena también. Y por un rato, en medio del metal, las heridas y el miedo constante de Nexum… parecían simplemente jóvenes intentando encontrarse a sí mismos. Aunque fuera haciendo el ridículo monumentalmente en el proceso. Personas capaces de enfrentar horrores interdimensionales… y aun así perder una batalla contra una guitarra vieja. La tarde había sido tranquila. Demasiado tranquila. Lo cual siempre era sospechoso. Elena caminaba por la base buscando algo que hacer cuando encontró a Kael sentado sobre unas cajas metálicas. Parecía concentrado en algo. Eso también era sospechoso. —¿Qué haces? Kael escondió algo detrás de la espalda. —Nada. —Mentira. —Quizás. —¿Qué tienes ahí? —Nada. —Kael. —Elena. —Kael. —Está bien. Suspiró y sacó el objeto. Era una pequeña placa metálica rectangular. Pulida. Con algunas marcas grabadas a mano. Elena la tomó. —¿Qué es esto? Kael se encogió de hombros. —Un regalo. Elena parpadeó. —¿Para mí? —No. —... —Sí. —Por un segundo me emocioné. —Lo sé. Elena observó la placa. En ella había un dibujo bastante torpe. Muy torpe. Tan torpe que costaba identificarlo. —¿Qué es esto? —Eres tú. —¡¿ESO SOY YO?! —Sí. —Parezco una criatura de Nexum. —Es arte. —Es un crimen. Kael se echó a reír. Ella siguió observando. Debajo del dibujo había una inscripción grabada. "Elena. Profesional en meterse en problemas ajenos." Elena se quedó quieta. Luego leyó la segunda línea. "Y profesional en sacar a otros de ellos." La sonrisa desapareció un poco. Porque entendió inmediatamente. Kael rara vez decía cosas serias de forma directa. Las escondía detrás de bromas. Siempre. —Idiota. —Gracias. —No era un cumplido. —Lo tomo como uno. Elena volvió a mirar la placa. —¿Por qué hiciste esto? Kael se apoyó hacia atrás. —Porque quería. —Respuesta insuficiente. —Porque cuando llegué aquí estaba perdido. Y tu estuviste ahí. Ella bajó la mirada. —Mara también. —Sí. —Elias también. —Sí. —Los Retornados también. —Sí. —Entonces ¿por qué solo yo tengo regalo? Kael sonrió. —Porque los demás me darían miedo si les regalara algo hecho por mí. —Buen punto. —Además... Dudó un instante. —Porque eres familia. Elena se quedó inmóvil. Por una vez. Sin bromas. Sin respuestas rápidas. Simplemente inmóvil. Esas palabras la golpearon fuerte. —Eres horrible diciendo cosas bonitas. —Lo sé. —De verdad horrible. —Lo sé. —Parece que te duele físicamente. —Porque me duele físicamente. Eso rompió la tensión. Elena soltó una risa. Luego guardó la placa. Con mucho más cuidado del que estaba dispuesta a admitir. —La conservaré. —¿Aunque el dibujo sea terrible? —Precisamente porque es terrible. —Eso es ofensivo. —Es merecido. Kael negó con la cabeza. Entonces Elena lo observó durante unos segundos. Y sin previo aviso le dio un fuerte abrazo. —¿Qué haces? —Aceptando mi regalo. —Eso no es parte del protocolo. —Ahora sí. —Inventaste ese protocolo. —Correcto. Kael terminó riéndose. Y por un instante ambos permanecieron así. Simplemente felices. Porque no todos los vínculos importantes son románticos. Algunos son más simples. Más profundos. Más difíciles de explicar. Y mientras Elena se alejaba sosteniendo aquella ridícula placa metálica, Kael pensó que si algún día perdía todos sus recuerdos otra vez... Probablemente seguiría sintiéndose extrañamente tranquilo cerca de ella. Aunque no recordara por qué. Y quizá eso era lo que significaba ser familia.
Nexum (Novela)

Continúa leyendo

Nexum (Novela)

Capítulo 50

Siguiente Capítulo ›

Nexum (Novela) Capítulo 49

Estás leyendo el capítulo 49 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 23 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.