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Leer Nexum (Novela) Capítulo 48 online gratis en español

La base de Los Retornados estaba extrañamente tranquila. Demasiado tranquila. Kael caminaba por uno de los pasillos inferiores buscando a Elías. Necesitaba hablar con él sobre una ruta nueva hacia la Franja, pero llevaba media hora sin encontrarlo. —¿Dónde se mete este tipo cuando desaparece? —murmuró—. Seguro tiene una segunda oficina secreta donde guarda discursos tristes y miradas intensas. Al doblar una esquina escuchó algo. El eco de una voz. Usó la función sensorial auditiva del IBN y la siguió. Kael se detuvo. Parpadeó. Escuchó ¿Música? Y no era cualquier música. Era… pop antiguo. Muy antiguo. Con pasos lentos avanzó hasta una compuerta apenas abierta. Desde dentro venían luces suaves y la voz desafinada de alguien cantando. Kael abrió apenas un poco más. Y se quedó congelado. Elías. El mismísimo Elías. El líder serio, disciplinado, casi militar de Los Retornados… …estaba bailando solo y con los ojos cerrados. Con una escoba en la mano como si fuera un micrófono. —♫ Y aunque no te vuelva a ver… ♫ Kael tuvo que cubrirse la boca para no explotar. Elías giró dramáticamente. Con los ojos cerrados. Sintiendo la canción. —♫ Te llevaré en miiii… ♫ Kael ya estaba muriéndose. Y entonces vio lo peor. Elías llevaba unos auriculares viejos conectados a un pequeño reproductor… y encima de una mesa había una libreta. Kael se acercó lentamente. La abrió. Silencio. Luego una sonrisa monstruosa apareció en su cara. —No… no puede ser… Elías seguía cantando sin darse cuenta. Kael leyó en voz baja: —“Posibles nombres románticos para futuras generaciones de la resistencia”… Pasó página. —“Frases que suenan sabias aunque no signifiquen nada”… Otra página. —“Cómo apoyar emocionalmente sin parecer débil”. Kael sintió que acababa de descubrir un arma nuclear emocional. Y entonces llegó la página final. Elías había dibujado caricaturas. De todos. Mara tenía una espada ridículamente enorme. Elena aparecía cargando veinte libros mientras miraba a Kael con decepción. Y Kael… Kael tenía dibujados músculos absurdos y una frase encima: “Probabilidad de sobrevivir si improvisa: inexplicablemente alta”. Kael empezó a temblar intentando no reír. Pero perdió. —PFFFFFHAHAHAHA— Elías abrió los ojos de golpe. Silencio absoluto. Los dos se miraron. Kael aún con la libreta en la mano. Elías lentamente bajó la escoba. —…Kael. —ELÍAS, ¿QUÉ ES ESTO? —dijo entre carcajadas—. ¿TÚ HACES DIBUJITOS? ¿Y ENSAYAS FRASES MOTIVACIONALES? Elías caminó lentamente hacia él. —Devuélveme eso. —“Cómo parecer misterioso mirando por una ventana”. ¡NO PUEDE SER REAL! —Kael. —“No cruzar los brazos demasiado porque intimido a los nuevos”. ¡ESTOY MURIENDO! Elías intentó quitarle la libreta, pero Kael esquivó riéndose. —¡El líder legendario de Los Retornados escucha baladas románticas mientras limpia! —Era mantenimiento. —¡CON COREOGRAFÍA! —Devuélveme la libreta antes de que tome una decisión ejecutiva. Kael levantó una ceja. —¿Me vas a ejecutar por descubrir que tienes alma? Elías se quedó callado un segundo. Luego suspiró. —Todos necesitan algo para no volverse locos aquí abajo. La sonrisa de Kael bajó un poco. Elías tomó la libreta finalmente y la cerró. —Algunos entrenan hasta romperse. Otros beben. Otros se encierran solos. Miró los auriculares sobre la mesa. —Yo escucho música vieja y hago dibujos horribles. Kael lo observó en silencio un instante. Luego sonrió otra vez, pero esta vez más suave. —Siguen siendo horribles. Elías soltó una risa cansada. Una real. Rarísima de ver. —Y tú sigues siendo insoportable. —Ahora entiendo por qué nadie puede ganarte discutiendo. Practicas discursos frente a la escoba. —Sal de mi habitación. —Nunca voy a dejar morir esto. —Lo sé. Ese era mi verdadero miedo. Kael caminó hacia la puerta todavía riéndose. Pero antes de salir se detuvo un segundo. —Por cierto… el dibujo de Mara pegándole a una criatura gigante mientras yo huyo fue bastante preciso. —Porque sucedió. —Detalles. La historia la cuento yo. Y se fue riendo por el pasillo mientras Elías, derrotado por la existencia humana y sus consecuencias inevitables, se dejaba caer en una silla mirando el techo. La música seguía sonando bajito. Porque incluso en un mundo roto lleno de monstruos interdimensionales, la gente todavía necesita esconder cosas ridículas para desconectar un poco. Era tarde. Demasiado tarde para que hubiera gente despierta en la base. Elías estaba revisando informes en silencio cuando escuchó golpes suaves en la puerta metálica. —Pasa. La puerta se abrió apenas. Kael asomó la cabeza. —Vengo en son de paz. Elías ni levantó la mirada. —Eso nunca termina bien. Kael entró cargando dos vasos metálicos y una botella dudosa. —Encontré esto escondido por los mecánicos. Probablemente sirve para limpiar motores, pero decidí creer en la amistad. Elías suspiró. —Vas a dejarnos ciegos. —Confía en el proceso. Se sentó frente a él y deslizó un vaso por la mesa brindándole un trago. —Bueno… tal vez sí. Hubo silencio unos segundos. Kael miró alrededor. —No veo la escoba cantante. Elías cerró lentamente el informe. —Estás peligrosamente cerca de morir. Kael sonrió. —Tranquilo. No le dije a nadie. —Porque sabes que nadie te creería. —Porque es tu secreto. Eso hizo que Elías finalmente lo mirara. Kael tomó un pequeño trago del líquido y casi tose un pulmón. —Dios… esto definitivamente disuelve metales. —Y tú lo bebiste voluntariamente. —Los grandes líderes toman riesgos. —No eres líder. —Pero soy una inspiración. —Eres una advertencia de seguridad. Kael soltó una risa. Luego apoyó ambos brazos sobre la mesa. —Pensé algo. Elías ya parecía cansado solo de existir cerca de él. —Eso me preocupa. —Tú me mostraste un secreto. Sin querer, pero igual cuenta. —Invadiste mi habitación. —Los detalles legales son subjetivos. Elías se masajeó el puente de la nariz. —¿Qué quieres, Kael? Por primera vez, Kael bajó un poco la energía. Más tranquilo. Más sincero. —Estar a mano. Elías frunció apenas el ceño. Kael dio vueltas al vaso entre sus dedos. —Así que… voy a decirte algunos secretos míos. Silencio. Elías no interrumpió. Kael miró el techo. —A veces practico conversaciones antes de dormir. Elías parpadeó. —¿Qué? —Conversaciones. Discusiones. Chistes. Momentos importantes. Se encogió de hombros. —Ensayo cómo sonar menos idiota. Elías lo observó unos segundos. —No está funcionando. —Gracias por el apoyo emocional. Kael tomó otro trago suicida. —También… cuando todos duermen, doy vueltas por la base porque odio quedarme quieto demasiado tiempo. Miró sus manos. —Cuando me detengo mucho… pienso demasiado. Eso hizo que Elías guardara silencio. Kael sonrió un poco, pero cansado. —Y otra cosa. Lo señaló. —Tú no eres el único que habla solo. Elías levantó una ceja. —¿Hablas solo? —Muchísimo. —Eso explica demasiadas cosas. —A veces hago voces distintas también. Elías soltó una pequeña exhalación que casi parecía risa. Kael lo vio y sonrió victorioso. —¡Sabía que podía romper al robot humano! —Continúa antes de que me arrepienta de escucharte. Kael tamborileó los dedos. —Tengo miedo de olvidar a mi madre. Eso cayó pesado. Directo. Sin bromas. Sin defensa. La sonrisa de Kael desapareció un poco. —Cada vez recuerdo menos su voz. Miró el vaso. —Y eso me aterra más que Nexum. Elías no respondió enseguida. Porque algunas cosas no tienen respuesta inteligente. Finalmente habló. —No necesitas recordarla perfectamente para que siga siendo parte de ti. Kael soltó una risa baja. —Mira eso. Una frase motivacional real y no ensayada. —Vete antes de que cambie de opinión. Kael sonrió otra vez. Luego señaló un cajón de la habitación. —También sé que escondes dulces ahí. Elías quedó inmóvil. Silencio. Lento. Peligroso. —…¿Cómo sabes eso? Kael sonrió como un criminal satisfecho. —Porque yo también escondo comida. Elías abrió el cajón de golpe. Vacío. Volteó lentamente. Kael ya estaba masticando algo. —Kael. —Son horribles por cierto. —KAEL. —¿Cómo sobrevives emocionalmente comiendo esto? Saben a depresión comprimida. Elías se levantó. Kael salió corriendo riéndose por el pasillo. —¡ESTAMOS A MANO AHORA! —¡VOY A MATARTE! —¡ESO SIGNIFICA QUE ME QUIERES!— Una botella vacía pasó volando cerca de su cabeza. Y mientras Kael desaparecía entre carcajadas por los corredores de la base, Elías terminó apoyándose contra la puerta con una mano en la frente. Agotado. Irritado. Pero sonriendo apenas. Porque Kael tenía esa extraña habilidad de meterse bajo la piel de las personas y dejar algo ahí. Ruido. Caos. Vida. Algo peligrosamente parecido a esperanza.
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Nexum (Novela) Capítulo 48

Estás leyendo el capítulo 48 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 23 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.