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Leer Nexum (Novela) Capítulo 26 online gratis en español

Kael empezó a caminar de vuelta con los Corredores, pero su cabeza ya no estaba en la carga, ni en las rutas, ni siquiera en las bestias que acababan de destruir. La coordenada seguía ahí, como una marca caliente en su memoria. Un barrio. Un chico que se parecía a él. Y algo que no encajaba del todo. Se acercó a uno de los Corredores mientras avanzaban entre restos metálicos. —Oye… ¿hay algún portal activo en La Franja? Algo que siga trayendo cosas de fuera. El hombre lo miró de reojo sin dejar de caminar. —No. Directo. Demasiado seguro. —¿Seguro? —Lo sellaron hace años —añadió otro—. Lo que ves aquí es lo que quedó de la guerra. El primero escupió al suelo. —Bestias viejas. Sistemas rotos. Basura que nunca se terminó de limpiar. Kael frunció el ceño. —Entonces no vienen cosas nuevas. —No desde el cierre —respondió el veterano—. Si algo aparece ahora… es porque ya estaba aquí o porque algunas de las de aquí se contaminaron con materiales de Nexum. Kael miró alrededor. Estructuras torcidas. Metales incrustados en concreto. Animales alterados moviéndose entre sombras. “Ya estaba aquí" y “Contaminadas” Esas palabras no lo tranquilizó. Pero las guardó igual. Mientras cargaban los últimos contenedores, Kael volvió a pensar en los encuentros que había tenido dentro de Nexum. El gigante El ascensor y la criatura que casi lo destroza. Las cosas que lo habían empujado contra paredes como si fuera una molestia. Antes… le habrían roto algo. Sin duda. Ahora no. Se tocó el hombro ligeramente mientras caminaba. El entrenamiento de los Corredores no lo había vuelto invencible. Pero sí lo había cambiado. Mejor equilibrio. Más lectura del entorno. Menos pánico. Más decisión. Kael soltó una pequeña exhalación por la nariz. —Si me encuentro al gigante ahora… —murmuró para sí presumiendo. No terminó la frase. Pero la idea estaba clara. No lo tendría fácil. Ni él. Ni Nexum. Uno de los Corredores lo escuchó y levantó una ceja. —¿Hablas solo ahora? Kael encogió los hombros. —Estaba motivándome. —Intenta motivarte sin morir primero. Kael sonrió apenas. —No prometo nada. Y siguieron avanzando. Pero por primera vez, Kael no se sentía solo alguien reaccionando a Nexum. Sino alguien que empezaba a medirla. Y eso, en un lugar como La Franja… era el tipo de pensamiento que podía salvarte la vida. O arruinarte la siguiente. La noche en La Franja no era realmente noche. Era una versión apagada del día, como si alguien hubiera bajado el brillo del mundo y olvidado volver a subirlo. Las estructuras metálicas seguían ahí, enormes y torcidas, reflejando luces intermitentes de los equipos de Los Corredores. El aire olía a metal y desierto. Kael ayudaba con el conteo. Contenedores abiertos. Listas proyectadas en dispositivos portátiles. Piezas clasificadas con precisión casi obsesiva. Y aun así, su mente no estaba del todo ahí. “Hoy solo eran metales que se movían.” La frase le rondaba la cabeza mientras marcaba números en el registro. No sangre. No personas. Solo máquinas, animales. Había corrido sobre ellas, saltado entre ellas, destruido sus puntos débiles sin dudar. Demasiado fácil. Demasiado limpio. Y eso era lo que lo incomodaba. —Te estás quedando atrás con el conteo —dijo uno de los Corredores sin mirarlo. Kael parpadeó. —Estoy aquí. —Sí, pero no estás aquí. Kael no respondió de inmediato. Siguió marcando. Más lejos, otro grupo revisaba carne almacenada en compartimentos refrigerados improvisados. Animales de La Franja. Todo tenía un propósito. Todo era útil. Todo era sobrevivencia. Kael dejó el dispositivo un segundo. Miró sus manos. No temblaban. Eso era lo extraño. Se acercó al borde del campamento, donde las luces no alcanzaban del todo. La oscuridad de La Franja no era total. Siempre había algún reflejo metálico devolviendo fragmentos del mundo. Pensó en cómo había reaccionado antes. No había dudado. Había atacado. Había sobrevivido. Pero la pregunta no era eso. La pregunta era otra. “¿Qué pasa cuando ya no sea una máquina?” —Estás muy callado hoy —dijo una voz detrás. Uno de los Corredores más veteranos. Kael no se giró de inmediato. —Estoy pensando. —Eso es peligroso aquí. Kael soltó una risa corta, sin humor. —Hoy fue la primera vez que peleé de verdad. El Corredor lo observó en silencio. Kael continuó. —Pero no eran personas. Solo… cosas. El hombre asintió lentamente, como si ya hubiera escuchado ese pensamiento muchas veces en otros. —Y te preocupa lo que harás cuando no sean…cosas. Kael no respondió. Porque sí. El Corredor se apoyó en una estructura metálica. —Escucha bien. Cuando estás en peligro no te preguntas eso antes de tiempo. Kael lo miró por fin. —¿Y cuándo es el tiempo? —Cuando ya no tengas opción. Silencio. El viento cruzó entre los restos de la ciudad como un suspiro mecánico. Kael volvió a mirar sus manos. Luego al campamento. A los Corredores trabajando. A la carne, los metales, los registros. La vida organizada dentro del caos. “Si algún día llego a tener la vida de alguien en mis manos…” No terminó la frase en su cabeza. Solo la dejó ahí. Como algo que todavía no necesitaba respuesta. Pero que Nexum, tarde o temprano… iba a obligarlo a resolver. La noche ya estaba pesada cuando Kael se quedó unos pasos atrás del grupo principal. No era el momento oficial para hablar de nada personal. Pero La Franja no era precisamente un lugar donde uno esperara “momentos oficiales” para decisiones importantes. Se acercó al Corredor que lideraba al grupo. El hombre revisaba un mapa desplegado sobre una superficie metálica, iluminado por una luz portátil que parpadeaba de vez en cuando. Kael dudó un segundo. Luego habló. —Tengo algo. El líder no levantó la vista. —Si es otra pieza mal contada, mañana lo arreglas. —No. Ahora sí lo miró. Kael sacó el dispositivo con las coordenadas. La proyección apareció entre ambos. —Encontré esto hoy. Una dirección. El Corredor la observó en silencio. Más tiempo del necesario. —Eso no es de La Franja —dijo al fin. —Lo sé. Silencio. El viento pasó entre las estructuras cercanas. El líder cerró el mapa lentamente. —¿De dónde lo sacaste? Kael dudó. Solo un instante. Pero suficiente. —De un contrabandista. El hombre exhaló por la nariz. —Siempre empiezan así los problemas. Kael guardó el dispositivo. —Podría ser… mi antiguo hogar. El Corredor lo miró con una expresión más seria ahora. No sorpresa. Evaluación. —¿Estás seguro? —No. Honestidad simple. Eso pareció gustarle menos. El silencio se extendió un momento. Luego Kael hizo la pregunta que realmente venía detrás de todo. —¿Hay alguna forma de entrar a La Ciudad sin ser detectado? La reacción fue inmediata. No violenta. Peor. Cansada. El líder Corredor dejó el mapa sobre la mesa. —Eso no es una pregunta que se haga por curiosidad. —No es curiosidad. Kael sostuvo la mirada. —Es una posibilidad. El líder lo observó como si estuviera decidiendo cuánto decirle sin arruinarlo todo. —La Ciudad no es La Franja. —Ya lo sé. —No, no lo sabes —respondió el hombre, seco—. La Franja te mata si te equivocas. La Ciudad te borra antes de que te des cuenta. Kael frunció el ceño. —¿Entonces no se puede? El Corredor se giró ligeramente, mirando hacia la oscuridad exterior. —Se puede entrar. Pausa. —Pero no como Corredor. Kael esperó. El hombre bajó la voz. —Hay rutas antiguas. Conductos de mantenimiento. Restos de transporte que conectan sectores viejos con la periferia. Pero casi todos están vigilados o colapsados. Kael apretó el dispositivo en su mano. —¿Y sin ser visto? El líder lo miró de nuevo. Esta vez más directo. —Si entras sin ser visto… es porque alguien decidió que no vales la pena ser visto. Silencio. Kael entendió el subtexto. —La Ciudad no solo observa. Filtra. El Corredor volvió al mapa. —No tomes decisiones rápidas con eso. Kael no respondió de inmediato. —No puedo ignorarlo. El hombre asintió lentamente, como si esa respuesta ya la hubiera escuchado antes en otros rostros. —Nadie que entra a La Franja por primera vez deja de buscar algo. Pausa. —Pero no todos sobreviven lo suficiente para encontrarlo. Kael guardó el dispositivo otra vez. Pero esta vez no lo sintió como una pista. Lo sintió como un peso. Y mientras volvía al campamento, con las luces parpadeando sobre el metal húmedo, entendió algo incómodo: La Franja le había dado una dirección. Pero La Ciudad… podía darle una respuesta. o cerrarle el camino para siempre.
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Nexum (Novela) Capítulo 26

Estás leyendo el capítulo 26 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 21 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.