Leer Nexum (Novela) Capítulo 25 online gratis en español
Kael descubre que la vida de Corredor no es heroísmo constante. La mayoría del tiempo es trabajo pesado, rutina y supervivencia logística. Eso hace que cuando llega la acción… se sienta especial y necesaria, no ruido permanente.
La Franja no era como Kael la había imaginado.
No todo eran persecuciones, anomalías imposibles o enormes criaturas mecánicas saliendo de la oscuridad.
La mayor parte del tiempo…
Era trabajo.
Desguazar restos metálicos. Revisar estructuras colapsadas. Clasificar piezas reutilizables. Cargar baterías viejas. Cazar animales para conseguir carne.
Sudor.
Óxido.
Polvo.
Kael arrastró una caja llena de piezas hasta el transporte improvisado del equipo.
—Esto es mucho menos emocionante de lo que esperaba.
Uno de los Corredores soltó una risa.
—¿Esperabas aventuras?
—Esperaba correr más.
—Eso es porque todavía no te dispararon.
Kael observó las enormes estructuras inclinadas de La Franja.
Pasarelas rotas.
Tuberías suspendidas.
Vagones atravesados entre edificios.
Todo parecía pedir movimiento.
Altura.
Velocidad.
Su cuerpo casi sentía necesidad física de empezar a escalar algo.
Extrañaba el parkour.
Extrañaba esa sensación de riesgo controlado.
La adrenalina.
Horas después, el grupo encontró otro pequeño equipo cerca de una vieja estación destruida.
Contrabandistas.
Se notaba enseguida.
Armas mal cuidadas. Mochilas sobrecargadas. Miradas desconfiadas.
Los Corredores se tensaron ligeramente, pero nadie apuntó primero.
Un hombre del otro grupo observó a Kael varios segundos.
Demasiados segundos.
Se acercó con cautela
—Espera…
Kael frunció el ceño.
El hombre entrecerró los ojos.
—No… olvídalo.
—¿Qué?
El contrabandista soltó una pequeña risa incómoda.
—Te pareces a alguien que conocí hace años. Un muchacho que hacía parkour por donde vivía.
Kael sintió un pequeño golpe en el pecho.
—¿Parkour?
—Sí. Estaba loco. Se trepaba por cualquier cosa.
Kael dio un paso adelante.
—¿Qué pasó con él?
—Ni idea. Dejó de aparecer.
El hombre se encogió de hombros.
—Aunque ahora que te veo bien… sí se parecen bastante. Lo que por supuesto eres esbelto comparado con aquel muchacho delgado.
Kael intentó mantener la calma.
—¿Dónde era ese barrio?
El contrabandista lo observó con más cuidado ahora.
Demasiado cuidado.
—¿Por qué quieres saber?
Kael dudó apenas un segundo.
Error.
El hombre lo notó.
Y en La Franja, la gente aprendía rápido a desconfiar de cualquier duda.
—No doy información así como así, chico.
El ambiente cambió apenas.
Los Corredores ya estaban atentos.
Entonces ocurrió.
Un sonido metálico seco atravesó la estación.
CLANK.
CLANK.
CLANK.
Todos voltearon.
Pequeñas bestias mecánicas emergían desde debajo de un vagón destruido.
Cuatro patas.
Cuerpos compactos cubiertos de placas negras.
Ojos blancos brillando entre grietas metálicas.
—¡Mierda! —gritó alguien.
Las criaturas se lanzaron hacia el grupo de contrabandistas.
Todo explotó en movimiento.
Disparos.
Gritos.
Metal chocando contra concreto.
Y por primera vez desde que había llegado a La Franja…
Kael sonrió.
Corrió.
Subió por una pared inclinada usando restos de tuberías como apoyo y saltó hacia una de las criaturas.
La bestia giró demasiado tarde.
Kael cayó sobre ella clavando uno de los cuchillos especiales entre las placas del cuello. No tardaba mucho en encontrar sus puntos débiles.
Chispas.
La criatura se sacudió violentamente.
Kael usó el impulso para impulsarse hacia arriba justo antes de que otra bestia saltara contra él.
Kael lanzó el cuchillo especial.
Impacto directo en uno de los puntos luminosos del costado.
La máquina cayó rodando. Kael recuperó el arma blanca incrustada en la bestia.
—¡¿Qué demonios hace ese idiota?! —gritó uno de los Corredores.
—¡Parkour, aparentemente! —respondió otro.
Kael corría entre estructuras destruidas como si La Franja también hubiera sido diseñada para él.
Saltó desde una baranda torcida hacia el lomo de otra criatura.
La bestia intentó girar.
Demasiado lenta.
Kael hundió el cuchillo entre dos placas metálicas y al no caer la bestia aún, volvió a atacar dónde mismo y empujó con un pie el cuchillo hundiéndolo mucho más.
Explosión de chispas.
El cuchillo se perdió.
La criatura colapsó.
Respiración agitada.
Adrenalina.
Movimiento.
Finalmente.
Kael volvió a sentirse vivo.
El último grito de la última bestia resonó entre las estructuras.
Silencio.
Las pequeñas bestias mecánicas quedaron inertes, sus cuerpos aún humeando entre el polvo y el metal.
Los Corredores se reorganizaban mientras aseguraban el perímetro. Algunos revisaban heridas. Otros recuperaban piezas útiles de los restos.
Kael respiraba agitado.
La adrenalina aún no se iba.
Se giró lentamente.
El contrabandista seguía allí.
Mirándolo.
Con una expresión distinta a la de antes.
Menos desconfiada.
Más… consciente.
Kael caminó hacia él sin apuro.
Las botas golpeaban el metal del suelo con un sonido seco.
El hombre tragó saliva.
—Nos salvaste.
—Te hice una pregunta —respondió Kael.
Silencio breve.
El contrabandista soltó una risa corta, nerviosa.
—Sigues con eso…
Kael no apartó la mirada.
—Dime dónde es el barrio.
Otro de su grupo quiso intervenir, pero el hombre levantó una mano para detenerlo.
Miró alrededor. Luego volvió a Kael.
Como si hubiera tomado una decisión que no le gustaba, pero aceptaba.
—¿Sabes qué es lo raro? —dijo finalmente.
Kael no respondió.
—Ese chico del que te hablé… también tenía esa mirada. Como si siempre estuviera buscando algo que perdió.
Kael sintió un pequeño vacío en el estómago.
—Dirección —repitió.
El hombre suspiró.
—No doy información así como así.
Kael entrecerró los ojos.
El contrabandista levantó la mano rápidamente.
—Pero te debo la vida.
Se quedó en silencio un segundo.
Luego sacó un pequeño dispositivo doblado, viejo, con marcas de uso.
Lo activó.
Una proyección tenue apareció en el aire.
Coordenadas.
Rutas antiguas.
Fragmentos de un sector fuera de La Franja.
—Esto es lo que queda de los barrios bajos del norte de la Ciudad —dijo—. Antes de que todo esto empezara a cambiar.
Kael observó la imagen sin moverse.
Algo dentro de él se tensó.
Como si una pieza encajara en un lugar que llevaba años vacío sin que él lo supiera.
El contrabandista apagó el dispositivo.
—No es un lugar bonito. Ya no queda casi nada.
Kael guardó la información en silencio.
El hombre dudó un segundo antes de añadir:
—Ese chico… si de verdad eras tú o no… espero que al menos él haya tenido una salida mejor que la de nosotros.
Kael no respondió.
Solo inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias.
No sonaba amable.
Sonaba real.
El contrabandista asintió.
—Y gracias por no dejar que nos mataran aquí.
Kael se dio la vuelta.
Ya no había adrenalina.
Pero sí algo nuevo.
Una dirección.

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Nexum (Novela) Capítulo 25
Estás leyendo el capítulo 25 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 21 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.