Leer Nexum (Novela) Capítulo 113 online gratis en español
La Espiral Oceánica finalmente se detuvo.
Había alcanzado la costa de Myr.
Su movimiento cesó por completo, pero la corriente vibratoria que la rodeaba continuó extendiéndose sobre el continente.
La batalla, sin embargo, no se detuvo.
Los ejércitos humanos seguían luchando entre las ciudades inundadas y las costas destruidas.
Durante un tiempo, parecía que las fuerzas de Myr habían conseguido adaptarse.
Hasta que las bestias comenzaron a cambiar.
Una de las criaturas se detuvo.
Las placas de su espalda se separaron.
Algo comenzó a desplegarse desde su interior.
—¿Qué está haciendo?
Las estructuras se extendieron.
Primero parecieron extremidades.
Después adquirieron forma de alas.
La criatura saltó.
Y voló.
Los soldados levantaron la cabeza.
—¿Desde cuándo pueden hacer eso?
No hubo respuesta.
Otra criatura comenzó a elevarse.
Después otra.
En cuestión de minutos, decenas de bestias abandonaron el terreno.
El campo de batalla cambió completamente.
Los humanos podían combatirlas en tierra.
En el aire, era diferente.
Los usuarios IBT levantaban sus armas y disparaban.
Pero cada proyectil que fallaba tenía que caer en alguna parte.
Y en aquella zona había miles de soldados.
Vehículos.
Edificios.
Unidades médicas.
Otros batallones.
Un disparo perdido podía matar a alguien que ni siquiera estaba participando en el combate.
—¡No disparen hacia arriba sin autorización!
La orden comenzó a transmitirse por todos los canales.
Las criaturas aéreas aprovecharon la situación.
Una descendió sobre un batallón.
Los soldados se dispersaron.
La criatura pasó sobre ellos y lanzó una ráfaga de energía.
Una sección completa de la avenida explotó.
—¡Formación defensiva!
Los soldados intentaron responder.
Pero la criatura ya había ganado altura.
Otro grupo consiguió derribar una.
Una segunda apareció detrás.
Los soldados apenas tuvieron tiempo de verla.
Myr comenzó a perder el control del cielo.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Una transmisión llegó desde el centro de mando.
—Todas las unidades terrestres, mantengan posiciones.
Una pausa.
—No disparen contra objetivos aéreos.
Los soldados se miraron entre sí.
Después alguien añadió:
—Miren al cielo.
Las primeras naves aparecieron entre las nubes.
No podían ser simples aeronaves.
La corriente vibratoria seguía activa.
Sin embargo, aquellas naves no caían.
Se detuvieron.
Suspendidas en el aire.
Completamente inmóviles.
Como enormes estructuras metálicas flotando sobre el campo de batalla.
Las tropas comenzaron a guardar silencio.
Una segunda nave apareció.
Después una tercera.
Y otra.
Las insignias del Gobierno Mundial eran visibles en sus cascos.
—No puede ser...
Un soldado levantó lentamente la cabeza.
—Lo consiguieron.
Las naves habían incorporado dispositivos desarrollados a partir de los estudios realizados por Aleksei sobre las mascotas mecánicas de Kael.
No habían conseguido eliminar la corriente vibratoria.
La estaban contrarrestando con dificultad pero podían hacerlo.
Cada nave generaba alrededor de sí una zona de estabilización capaz de neutralizar las alteraciones de la corriente y mantener sus sistemas de propulsión funcionando.
El cielo que había pertenecido a las bestias acababa de ser disputado.
Las naves abrieron sus compuertas.
Los sistemas de armas comenzaron a desplegarse.
Torretas.
Cañones de energía.
Baterías electromagnéticas.
Sistemas de misiles.
Armas que los vehículos terrestres simplemente no podían transportar.
Un operador recibió la orden.
—Objetivo aéreo adquirido.
La criatura se lanzó sobre la nave.
—Fuego.
El cielo se iluminó.
Un cañón disparó.
El proyectil atravesó la distancia en una fracción de segundo.
La criatura desapareció en una explosión.
Los soldados de tierra observaron.
Entonces llegó otra.
Dos naves giraron.
Sus armas se sincronizaron.
Un haz de energía cruzó el cielo.
La criatura fue cortada en pleno vuelo.
—¡Funcionó!
Los soldados comenzaron a gritar.
Algunos incluso golpearon sus armas contra el suelo celebrando.
La moral cambió en segundos.
Pero el verdadero cambio llegó después.
—Todas las unidades terrestres: retirada inmediata de las zonas de fuego.
Los batallones comenzaron a retroceder.
Los vehículos blindados abandonaron las calles.
Los usuarios IBT se alejaron de las áreas abiertas.
Los médicos evacuaron a los heridos.
La batalla terrestre comenzó a despejarse.
Las naves tomaron el control.
Una formación de bestias intentó avanzar.
Las baterías principales dispararon.
El aire se llenó de luz.
Explosiones sucesivas iluminaron las nubes.
Algunas armas parecían atravesar la atmósfera misma.
Los disparos golpeaban el agua, levantando columnas enormes.
Otros atravesaban las criaturas y continuaban hasta desaparecer en el horizonte.
Los humanos observaban desde abajo.
Por primera vez desde que comenzó la invasión, las bestias estaban retrocediendo.
Una nave disparó contra una criatura que intentaba escapar.
El disparo la alcanzó.
La explosión iluminó todo el litoral.
Silencio.
Ya no quedaban criaturas aéreas.
Los batallones terrestres también habían despejado las zonas de combate.
El campo de batalla quedó extrañamente vacío.
Agua.
Ruinas.
Humo.
Metal.
Nada más.
Un comandante observó los monitores.
—Objetivos terrestres: eliminados.
Otro operador comprobó los sensores.
—Objetivos aéreos: eliminados.
La tensión comenzó a disminuir.
Algunos soldados incluso comenzaron a bajar las armas.
Entonces uno de los operadores dejó de hablar.
—Comandante...
—¿Qué ocurre?
—Tenemos algo en el océano.
Las pantallas cambiaron.
Todos los sensores comenzaron a registrar una anomalía gigantesca.
La imagen apareció en el centro de mando.
Sobre el océano, justo encima de la Espiral Oceánica, apareció una estructura.
Una nave.
No.
Era demasiado grande para llamarla simplemente nave.
Su silueta cubría una parte considerable del horizonte.
Una nave nodriza.
Permanecía suspendida sobre la Espiral. Aquella estructura que no habían podido identificar bien cuando la Espiral increment su velocidad.
Los soldados miraron hacia el océano.
Y entonces comprendieron que no estaba sola.
Debajo de ella, emergiendo lentamente del interior de la Espiral, apareció algo mucho más grande.
Primero surgió una parte de su cuerpo.
Después otra.
El agua comenzó a retirarse alrededor de aquella masa gigantesca.
El océano parecía pequeño.
Demasiado pequeño.
La criatura continuó emergiendo.
Era el gusano acuático.
El mismo ser que había atacado al Argos.
Pero ahora podían verlo completo.
O al menos una parte suficiente.
Su cuerpo tenía dimensiones absurdas.
Su tamaño podía compararse con el de una ciudad.
Las naves del Gobierno Mundial permanecieron suspendidas en el aire.
Ninguna disparó.
Los operadores miraban sus pantallas.
Los sensores continuaban aumentando sus valores.
Uno de ellos tragó saliva.
—Señor...
—¿Qué?
—No estamos detectando una criatura.
El comandante frunció el ceño.
—¿Entonces qué estamos detectando?
El operador levantó la mirada.
—Un ecosistema móvil.
Silencio.
La nave nodriza permanecía inmóvil sobre la Espiral.
El gusano levantó lentamente la cabeza.
Su presencia oscureció el horizonte.
Y entonces abrió sus fauces.
La batalla que acababa de terminar parecía, de repente, un simple calentamiento.
A lo lejos, sobre la Espiral Oceánica, la nave nodriza permanecía inmóvil.
Debajo de ella, el gusano acuático seguía parcialmente sumergido, con su enorme cuerpo extendiéndose por el océano como una criatura que pertenecía a otra escala de existencia.
Las fuerzas de Myr observaban desde tierra.
Nadie disparaba.
Entonces la nave nodriza comenzó a cargarse.
No fue un sonido lo que lo anunció.
Fue la luz.
Las estructuras de la nave empezaron a iluminarse desde dentro. Enormes líneas de energía recorrieron su superficie mientras una carga electromagnética comenzaba a concentrarse en su núcleo.
Los sistemas de detección de las naves del Gobierno Mundial empezaron a emitir advertencias.
—¿Qué está acumulando?
—No lo sé.
—¿Potencia?
El operador observó los valores.
Su expresión cambió.
—Demasiada.
La nave nodriza liberó la energía.
Un pulso electromagnético se expandió desde ella.
Al principio parecía una onda invisible.
Después comenzó a atravesar el océano.
Avanzaba hacia Myr.
Los sistemas electrónicos empezaron a fallar antes de que la onda siquiera llegara.
Una nave suspendida en el aire perdió estabilidad.
—¡Tenemos una caída de potencia!
—¡Compensen!
Las luces se apagaron.
Los motores comenzaron a perder sincronización.
—¡No responde!
La nave descendió varios metros.
Otra sufrió el mismo problema.
Después otra.
El pulso continuó avanzando.
Los vehículos terrestres quedaron inmóviles.
Las armas dejaron de responder.
Los sistemas de comunicación murieron.
Los usuarios IBT comenzaron a sentirlo.
Las armaduras dejaron de reaccionar.
Los visores se apagaron.
Las mejoras biomecánicas quedaron reducidas a simples estructuras metálicas adheridas a los cuerpos de sus usuarios.
Un soldado intentó mover su brazo.
Nada.
—¿Qué demonios...?
Aleksei sintió una vibración atravesar su IBN.
Su cuerpo se tensó.
Mira también la percibió.
Seraphine dio un paso atrás.
Los tres seguían de pie.
Pero no porque el pulso no les afectara.
Los estaba afectando.
Sus IBN simplemente estaban resistiendo.
—Esto no es un EMP normal —dijo Aleksei.
Mira miró sus manos.
—Está intentando apagar cualquier sistema tecnológico.
Seraphine respiró lentamente.
—Entonces nosotros somos los únicos que quedan.
Aleksei observó el campo de batalla.
Todo se había detenido.
Las tropas.
Los vehículos.
Las naves.
Incluso las defensas automáticas.
Solo los tres IBN permanecían activos.
Y entonces el gusano acuático abrió la boca.
El horizonte pareció oscurecerse.
Dentro de sus fauces comenzó a acumularse una enorme concentración de energía.
No parecía un arma convencional.
Era una masa de energía comprimida que deformaba el aire alrededor.
Las estructuras cercanas comenzaron a vibrar.
Mira lo observó.
—Eso no es bueno.
Aleksei calculó rápidamente.
—No.
Seraphine miró a ambos.
—¿Podemos detenerlo?
Aleksei no respondió inmediatamente.
Eso fue suficiente.
Los tres avanzaron.
Se colocaron frente a las fuerzas paralizadas.
Mira extendió ambas manos.
Aleksei activó su IBN al máximo.
Seraphine desplegó Eir.
Tres campos de energía comenzaron a superponerse.
Una barrera apareció delante de ellos.
Primero pequeña.
Después enorme.
Mira reforzó la estructura con su poder psíquico.
Aleksei adaptó la configuración del campo para soportar la energía.
Seraphine comenzó a distribuir su energía sobre ambos.
—No creo que esto aguante —dijo Aleksei.
—Yo tampoco —respondió Mira.
Seraphine miró el gigantesco disparo que estaba a punto de salir.
—Entonces será mejor que alguien tenga una idea.
El Gusano disparó.
La energía salió de sus fauces como una columna gigantesca.
El océano se abrió a su alrededor.
El aire se deformó.
La barrera de los tres IBN recibió el impacto.
El choque produjo una explosión que sacudió toda la costa.
Mira gritó.
Aleksei clavó los pies en el suelo.
Seraphine mantuvo Eir activo.
La barrera comenzó a fracturarse.
—¡No aguanta! —gritó Seraphine.
Mira aumentó la presión.
—¡Lo sé!
Aleksei intentó modificar la estructura.
—¡Necesitamos más tiempo!
La barrera empezó a quebrarse.
Una grieta apareció.
Después otra.
El disparo continuaba avanzando.
Mira apretó los dientes.
—No puedo contenerlo.
Aleksei miró la energía que tenían delante.
Por primera vez, no encontró una adaptación.
No había contraataque posible.
Solo una muerte inminente.
Entonces ocurrió algo.
El espacio frente a ellos se deformó.
No fue una explosión.
No fue tecnología.
Fue una ruptura.
Un círculo oscuro apareció frente a los tres.
El disparo desapareció dentro de él.
Mira abrió los ojos.
Aleksei se quedó inmóvil.
Seraphine apenas tuvo tiempo de reaccionar.
La enorme descarga había sido absorbida.
El portal permaneció abierto.
Al otro lado no había oscuridad.
Había otro lugar.
Otro portal apareció frente a la nave nodriza.
El mismo disparo salió de él.
La energía regresó.
La nave nodriza reaccionó demasiado tarde.
El impacto la alcanzó de frente.
La explosión iluminó el océano.
El Gusano Acuático recibió parte de la descarga y se hundió violentamente.
La nave comenzó a retroceder.
La Espiral Oceánica se agitó.
Durante unos segundos, nadie entendió lo que acababa de ocurrir.
Mira bajó lentamente las manos.
Aleksei observó el portal.
Seraphine respiraba con dificultad.
Entonces una figura apareció frente a ellos.
Caminaba tranquilamente.
Como si acabara de llegar a una batalla completamente distinta.
Su presencia era extraña.
No necesitaba una armadura.
No llevaba un arma.
Solo estaba allí.
Mira lo observó.
Su expresión cambió. Sabían de quién se trataba.
El hombre miró hacia la nave nodriza que comenzaba a alejarse.
Después miró al Gusano Acuático.
—Llegué justo a tiempo.
El desconocido volvió a mirar hacia el océano. Dio un paso.
El espacio detrás de él volvió a distorsionarse.
Un segundo portal comenzó a abrirse.
Entonces, muy lejos de allí...
En las costas de Nareth, Elías Veyr se detuvo.
Estaba en medio de la batalla.
Una criatura acababa de caer frente a él.
Los soldados continuaban disparando.
Darius gritaba órdenes.
Silas y los Corredores combatían unos metros más adelante.
Pero Elías no escuchaba nada.
Se quedó inmóvil.
Su respiración cambió.
Miró hacia el horizonte.
Había sentido algo.
Algo que no había sentido en años.
Una presencia que su cuerpo reconoció antes que su mente.
—No...
Mara lo observó.
—¿Elías?
Él no respondió.
Volvió a mirar hacia el océano.
La sensación permanecía.
Era inconfundible.
No podía ser una coincidencia.
No después de tanto tiempo.
Elías cerró lentamente los puños.
—Es él.
Mara se acercó.
—¿Quién?
Elías tardó unos segundos en responder.
—Mi hermano.
En Myr, la figura seguía frente a los tres IBN.
El hombre finalmente se giró.
Su rostro quedó completamente visible.
Izan Veyr.
El hermano desaparecido de Elías.
El mismo nombre que durante años había pertenecido a las historias incompletas, a los informes sin respuesta y a las preguntas que nadie había conseguido resolver.
Izan miró a Mira, Aleksei y Seraphine.
—Parece que me perdí de bastante.
A lo lejos, la nave nodriza continuaba retirándose.
El Gusano Acuático desapareció bajo las aguas.
Y por primera vez desde que comenzó la invasión, la Espiral Oceánica parecía haber encontrado algo que no había previsto.
Uno de los Retornados había sentido su llegada.
Y ahora, después de tantos años, Izan Veyr había regresado.
El disparo había desaparecido.
La nave nodriza había atravesado nuevamente su portal y desaparecido del cielo.
El Gusano Acuático se hundió en las profundidades del océano, dejando tras de sí una gigantesca depresión en el agua.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
La Espiral Oceánica comenzó a retirarse.
No fue una retirada violenta.
Simplemente comenzó a moverse en dirección contraria a la costa, arrastrando consigo las aguas que había llevado hasta Myr.
Las corrientes vibratorias comenzaron a disminuir.
Los sistemas electrónicos empezaron a recuperar sus funciones.
Las naves volvieron a estabilizarse.
Los usuarios IBT comenzaron a recuperar el control de sus implantes.
En Nareth ocurrió lo mismo.
La Espiral también se alejaba de aquellas costas.
Después de horas de combate, el océano comenzó lentamente a recuperar su apariencia normal.
Pero en Myr había algo que no estaba bien.
Izan Veyr seguía de pie.
Apenas.
Seraphine fue la primera en darse cuenta.
—Está herido.
Izan miró sus propias manos.
Le temblaban.
Su respiración se volvía irregular.
Debajo de su piel aparecían pequeñas líneas de energía que recorrían su cuerpo.
Su IBN estaba activo.
Pero no de una manera normal.
—No es una herida —dijo Aleksei.
Se acercó.
Observó las fluctuaciones del implante.
—Te está consumiendo.
Izan sonrió débilmente.
—Hace tiempo que lo hace.
Mira lo observó con una mezcla difícil de ocultar.
Compasión.
Y resentimiento.
Porque sabía que años atrás casi acaba con el gobierno mundial.
—¿Cuánto tiempo?
—No importa.
—Claro que importa.
Izan no respondió y se desplomó al suelo.
Seraphine ya estaba trabajando.
Activó Eir.
La energía comenzó a rodear el cuerpo de Izan.
Las heridas externas comenzaron a cerrarse.
Pero las líneas de energía bajo su piel no desaparecieron.
Al contrario.
Continuaron extendiéndose.
Seraphine frunció el ceño.
—No.
Aumentó la intensidad.
Eir respondió.
La energía se concentró alrededor del pecho de Izan.
Nada.
Seraphine volvió a intentarlo.
—Vamos...
El cuerpo de Izan se estremeció.
Una descarga recorrió sus músculos.
Pero el deterioro continuó.
Aleksei observó los datos.
—Seraphine.
Ella no respondió.
—Seraphine.
—Lo sé.
Aumentó todavía más la energía.
Su respiración comenzó a volverse pesada.
Izán abrió los ojos.
—Déjalo.
—No.
—No puedes arreglar esto.
—Eso no lo decides tú.
Seraphine continuó.
Su IBN comenzó a mostrar señales de sobrecarga.
Mira la observaba.
—Seraphine...
—Todavía está vivo.
—Pero...
—Mientras esté vivo, lo intento.
Izan la miró.
—Sabes quién soy.
Seraphine no apartó las manos.
—Sí.
—Sabes lo que hice.
—Sí.
—Entonces sabes que no merezco esto.
Seraphine finalmente levantó la mirada.
—No estoy aquí para decidir quién merece ser curado.
Silencio.
—Soy sanadora —continuó—. Si hay una persona herida delante de mí, la curo.
Izan no respondió.
Seraphine volvió a concentrarse.
Pero el resultado era el mismo.
El cuerpo de Izan había pasado demasiado tiempo siendo destruido desde dentro.
Su IBN no era compatible con él.
No era una simple enfermedad.
No era una lesión.
Era una incompatibilidad progresiva.
El implante estaba consumiendo al usuario para mantenerse activo.
Y había llegado demasiado lejos.
Seraphine sabía que no podia curarlo y sin embargo continuaba.
Estaba agotada.
Mira la miró.
—No puedes curarlo.
Seraphine no decía nada.
—Su cuerpo ya sobrepasó el punto desde el que Eir puede regenerarlo —le dijo Aleksei.
—No significa que vaya a dejarlo morir aquí.
Mira permaneció observándolo.
Durante años había había compartido con Izan Veyr.
Había visto los informes.
Había vivido las historias.
Había visto las consecuencias del ataque que había realizado contra el Gobierno Mundial.
Para ella, Izan era muchas cosas.
Un antiguo compañero.
Un enemigo.
Una amenaza.
Un hombre responsable de decisiones que habían cambiado vidas.
Pero ahora estaba frente a ella.
Débil.
Muriendo.
Y acababa de salvarlos.
Mira dio un paso hacia él.
—Responderás algunas preguntas.
Izan levantó ligeramente la mirada.
—¿Ahora?
—Sí.
Mira activó su habilidad psíquica.
Seraphine reaccionó inmediatamente.
—Mira, no.
—Necesito saber de dónde vino.
—Está demasiado débil.
—Precisamente por eso.
—Podrías empeorar su estado.
Mira la miró.
—Necesitamos información.
—Y él necesita respirar.
Aleksei intervino.
—Mira.
Ella lo miró.
Aleksei permaneció unos segundos en silencio.
—Tiene razón.
Mira bajó ligeramente la mano.
Pero no apartó la mirada de Izan.
—Después hablaremos.
Izan sonrió débilmente.
—Eso parece una amenaza.
—Lo es.
—Me alegra que algunas cosas no hayan cambiado.
Entonces algo se escuchó detrás de ellos.
Pasos.
Lentos.
Tranquilos.
Mira se giró.
Aleksei también.
Seraphine levantó la mirada.
Una figura apareció entre los restos de la costa.
No llevaba uniforme del Gobierno Mundial.
Tampoco pertenecía a las fuerzas de Myr.
Su presencia hizo que varios soldados levantaran sus armas.
Izan lo reconoció.
Su expresión cambió.
La figura continuó caminando.
Kaedryn.
Líder de la Faxxión Umbral.
El hombre se detuvo a pocos metros.
Observó a Izan.
Después miró a los tres IBN.
—Parece que llegué tarde.
Mira inmediatamente se colocó en posición.
—Kaedryn.
Aleksei activó parcialmente su IBN.
—¿Qué haces aquí?
Kaedryn ignoró la pregunta.
Su mirada permaneció sobre Izan.
—Después de tantos años...
Izan apenas pudo levantar la cabeza.
—Tú.
Kaedryn sonrió.
—¿Yo?
El viento atravesó las ruinas.
La Espiral Oceánica continuaba alejándose.
El océano recuperaba lentamente la calma.
Pero en aquella costa acababan de reunirse demasiadas personas con demasiadas cuentas pendientes.
Y ninguna de ellas parecía dispuesta a olvidar el pasado.

Continúa leyendo
Nexum (Novela)
Capítulo 114
Nexum (Novela) Capítulo 113
Estás leyendo el capítulo 113 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.