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Leer Nexum (Novela) Capítulo 111 online gratis en español

Todos los involucrados ya estaban preparados. Había llegado el día en que la Espiral Oceánica tocaría tierra en el continente Myr. Durante horas, su trayectoria había permanecido inalterable. No aceleraba ni disminuía su avance. Simplemente continuaba acercándose a la costa, arrastrando consigo una masa de agua imposible de medir y una vibración que comenzaba a sentirse mucho antes de que la propia espiral llegara. Las costas habían sido evacuadas. Las últimas ciudades cercanas al litoral permanecían vacías, con sus calles desiertas y las estructuras de contención activadas. Entonces llegó la primera señal. La corriente vibratoria de la espiral alcanzó tierra antes que el agua. El aire cambió. Las ondas sonoras comenzaron a deformarse y los sistemas de comunicación perdieron estabilidad. Las estructuras metálicas vibraron con una frecuencia extraña, como si algo invisible estuviera atravesándolas. Los animales que no habían podido ser evacuados fueron los primeros en sufrir las consecuencias. Algunos se desplomaron sin siquiera tener tiempo de reaccionar. Las aves perdieron el control en pleno vuelo y comenzaron a caer desde el cielo. Después, el suelo tembló. El mar comenzó a retirarse de la costa. Kilómetros de agua desaparecieron frente a las playas, dejando expuesto el fondo marino. Todos los que observaban desde las zonas seguras entendieron lo que significaba. No era una retirada. Era la preparación para el primer tsunami. Y no sería el último. La primera muralla de agua apareció en el horizonte. Las barreras de contención se activaron al mismo tiempo. Gigantescas estructuras reforzadas emergieron del suelo y comenzaron a absorber el impacto. El tsunami golpeó. El estruendo se escuchó a kilómetros de distancia. Durante unos segundos, las barreras resistieron. Después llegaron las siguientes olas. Una tras otra. Cada impacto debilitaba las estructuras hasta que algunas comenzaron a fracturarse. El agua terminó superándolas y avanzó varios kilómetros tierra adentro, arrastrando vehículos, árboles, restos de edificios y todo aquello que encontraba a su paso. Pero no estaba sola. Entre las enormes masas de agua comenzaron a aparecer criaturas. Bestias acuáticas de formas imposibles fueron lanzadas contra tierra junto con las olas. Algunas parecían animales marinos gigantescos, mientras que otras habían desarrollado cuerpos capaces de desplazarse sobre superficies sólidas. Las más inquietantes eran aquellas que parecían humanoides. Tenían extremidades articuladas, torsos mecánicos y cabezas inspiradas en distintas especies acuáticas. Algunas caminaban sobre dos piernas. Otras utilizaban cuatro o seis extremidades para avanzar con una velocidad sorprendente. No tardaron en adaptarse. Sus cuerpos mecánicos cambiaban de configuración al entrar en contacto con el terreno, desplegando estructuras que les permitían moverse con mayor facilidad sobre tierra firme. Las ciudades costeras comenzaron a caer. Edificios enteros fueron inundados. Carreteras desaparecieron bajo el agua. Algunas estructuras resistieron, otras simplemente fueron arrancadas de sus cimientos. Y entonces, después de horas de oleaje, el mar comenzó a retroceder. El último tsunami pasó. Durante unos instantes solo quedó el ruido de las alarmas, el agua escurriendo entre las calles y los restos de las construcciones destruidas. Las fuerzas desplegadas en Myr observaron el terreno. Del otro lado de las zonas inundadas, las criaturas comenzaban a reunirse. Miles de ellas. No habían llegado por accidente. Habían seguido a la Espiral Oceánica. Las armas comenzaron a cargarse. Los sistemas defensivos se activaron. Las primeras criaturas levantaron la cabeza. Y entonces avanzaron. La batalla comenzó. El silencio duró apenas unos segundos. Después, Myr abrió fuego. Desde las posiciones defensivas comenzaron a avanzar los primeros contingentes de usuarios IBT. Miles de soldados descendieron sobre las zonas inundadas utilizando armaduras biomecánicas diseñadas específicamente para combatir en terrenos hostiles. Algunos corrían sobre el agua mediante propulsores instalados en las piernas. Otros utilizaban sistemas magnéticos para desplazarse por las estructuras metálicas que habían quedado expuestas. Los IBT se activaban uno tras otro. Los cuerpos humanos comenzaron a transformarse. Placas de protección cubrieron torsos y extremidades. Brazos mecánicos se desplegaron sobre los hombros. Visores tácticos proyectaron información directamente sobre los ojos de los soldados. —¡Contacto! Una criatura emergió del agua. Tres cañones de energía dispararon al mismo tiempo. El impacto atravesó su torso y la lanzó contra un edificio. Antes de que pudiera levantarse, seis soldados IBT cayeron sobre ella. Una descarga conjunta terminó de destruirla. Pero detrás apareció otra. Y después otra. Y cientos más. La línea defensiva comenzó a disparar. Los vehículos blindados entraron en combate. No eran simples tanques. Grandes vehículos anfibios avanzaban entre las calles inundadas utilizando enormes sistemas de propulsión que les permitían desplazarse tanto sobre el pavimento como sobre varios metros de agua. Algunos parecían enormes depredadores mecánicos, con estructuras bajas y aerodinámicas capaces de alcanzar velocidades absurdas incluso sobre terrenos destruidos. Sus ruedas podían replegarse. Sus sistemas inferiores se transformaban en turbinas. Y sus blindajes cambiaban de configuración según el tipo de impacto recibido. Un vehículo pasó a toda velocidad entre dos edificios parcialmente sumergidos. —Objetivo adquirido. La parte superior del blindado se abrió. Cuatro cañones electromagnéticos emergieron. Dispararon. Los proyectiles atravesaron el aire dejando estelas luminosas y pulverizaron a una bestia que se encontraba a más de trescientos metros. Otro vehículo avanzó por una avenida convertida en río. Dos torretas giraron simultáneamente. Una lanzó misiles inteligentes. La otra disparó ráfagas de energía comprimida. Las explosiones iluminaron la superficie del agua. Pero las criaturas aprendían. Una bestia saltó desde el agua y cayó sobre un vehículo. Sus garras atravesaron el blindaje como si fuera una lámina de plástico. El vehículo volcó. La criatura levantó una de sus extremidades. Un soldado IBT apareció detrás de ella. Su brazo derecho se transformó en una hoja energética. Golpeó. La cabeza de la criatura salió despedida. El cuerpo permaneció de pie durante dos segundos. Después cayó. —¡No bajen la guardia! Porque aquella no era la misma especie de bestias que habían enfrentado durante la misión del Argos. Estas habían cambiado. Habían evolucionado. Una criatura de aspecto similar a un felino marino abrió la mandíbula. Dentro de su boca no había dientes. Había una estructura circular. La energía comenzó a concentrarse. Un instante después disparó. Un torrente de agua comprimida atravesó el aire como un rayo. El haz cortó un vehículo blindado por la mitad. El metal comenzó a separarse limpiamente. Ni siquiera parecía un impacto. Parecía que alguien hubiera pasado una cuchilla invisible por el vehículo. —¡Arma de presión extrema! ¡Repito, arma de presión extrema! Otra criatura levantó el torso. Decenas de pequeños pinchos metálicos aparecieron entre sus placas. Disparó. Los proyectiles atravesaron el campo de batalla a velocidades hipersónicas. Tres soldados cayeron antes de que sus sistemas defensivos pudieran reaccionar. Los médicos de campo corrieron hacia ellos. —¡Tenemos heridos! Los médicos utilizaban exoesqueletos ligeros para moverse entre los escombros. Sus equipos desplegaban brazos mecánicos capaces de suturar tejidos, inyectar compuestos regenerativos y estabilizar órganos dañados. Uno de ellos se arrodilló junto a un soldado. —Pulso débil. El médico colocó ambas manos sobre el pecho del herido. El equipo IBT médico comenzó a trabajar. —Estabilizando. Una descarga recorrió el cuerpo del soldado. El pulso regresó. —Siguiente. No había tiempo para descansar. Porque la siguiente oleada ya estaba llegando. Una criatura cuadrúpeda salió del agua. Su cuerpo medía casi diez metros. Cada una de sus patas terminaba en una estructura semejante a una cuchilla. Corrió. Los edificios vibraron. Un grupo de soldados abrió fuego. La criatura atravesó las ráfagas. Una de sus garras golpeó el suelo. El impacto produjo una onda de choque que lanzó a varios soldados por los aires. Otro soldado intentó atacarla desde arriba. La criatura giró. Su mandíbula se abrió. Las fauces comenzaron a girar. El sonido recordó al de una trituradora industrial. El soldado apenas consiguió activar su escudo. La criatura mordió. El escudo se partió. —¡Retirada! Una figura apareció frente a ellos. Aleksei Voronin. Su IBN estaba activo. Dominio Evolutivo: Génesis. El ataque llegó. Aleksei lo recibió. Durante una fracción de segundo, su cuerpo pareció analizarlo. Después cambió. La estructura de su IBN se reorganizó. Una nueva defensa apareció sobre su brazo. La mandíbula de la criatura chocó contra ella. Aleksei no retrocedió. —Entendido. Su brazo se transformó. La energía acumulada se concentró en una sola descarga. Golpeó. La criatura salió despedida y atravesó dos estructuras. Aleksei avanzó tras ella. Pero no podía hacer eso con todas. Su habilidad podía adaptarse. Podía encontrar respuestas. Podía generar contraataques. Pero no podía convertir aquel campo de batalla entero en una extensión de su dominio. Cada adaptación exigía recursos. Cada enemigo representaba un problema diferente. Y las bestias eran demasiadas. A varios kilómetros de allí, Mira Caelúm observaba el caos. Su poder psíquico se extendió. Pero las criaturas no reaccionaron. No había mente orgánica que pudiera dominar. Los cerebros mecánicos de aquellas bestias no funcionaban como los de los seres vivos. Mira lo comprendió. —No puedo entrar en ellas. Entonces cambió de estrategia. Una criatura gigantesca avanzó hacia una línea de soldados. Mira levantó una mano. El suelo explotó. Fragmentos de concreto, metal y vehículos destruidos fueron arrancados de la superficie. Todo comenzó a elevarse. La criatura levantó la cabeza. Mira cerró el puño. Los restos salieron disparados. El impacto fue brutal. La criatura cayó. Antes de que pudiera levantarse, Mira comprimió el espacio a su alrededor mediante una presión psíquica invisible. El cuerpo metálico comenzó a deformarse. Las placas se doblaron. Las extremidades quedaron atrapadas contra el suelo. Mira extendió ambas manos. La presión aumentó. El pavimento se hundió. Y la criatura dejó de moverse. —Siguiente. A cientos de metros, otro grupo estaba a punto de ser destruido. Entonces apareció Seraphine. Su IBN despertó. Eir. La energía comenzó a expandirse desde su cuerpo. No era una explosión. Era una red. Una especie de campo luminoso se extendió por el campo de batalla, conectándose con los soldados heridos. Las heridas comenzaron a cerrarse. Huesos fracturados volvieron a su posición. Tejidos desgarrados comenzaron a regenerarse. Sangrados internos se detuvieron. Soldados que segundos antes parecían muertos volvieron a respirar. —¡Está funcionando! Un médico miró sus instrumentos. Las señales vitales comenzaron a estabilizarse una tras otra. Seraphine respiró profundamente. Su poder no estaba devolviendo la vida a los muertos. Estaba evitando que los vivos cruzaran esa frontera. Y aquello hacía una diferencia monstruosa. Un soldado que había recibido un impacto directo se levantó. Otro, con el brazo destrozado, volvió a empuñar su arma. Los médicos comenzaron a avanzar con mayor seguridad. Por primera vez desde que comenzó la batalla, las líneas humanas dejaron de retroceder. Parecía un ejército que no podía morir. Pero no lo era. Seraphine comenzó a temblar. Su respiración se volvió más pesada. Una gota de sangre apareció en su nariz. Eir tenía límites. Cada cuerpo regenerado consumía parte de sus reservas. Cada herida grave exigía una cantidad enorme de energía. Y había miles de soldados. No podía mantener aquel ritmo indefinidamente. —Seraphine —dijo uno de los operadores—. Tus niveles están cayendo. Ella miró el campo de batalla. Decenas de explosiones iluminaban el horizonte. Las bestias seguían llegando. —Todavía puedo mantenerlo. —Si continúas... —Lo sé. Volvió a extender las manos. La energía de Eir volvió a expandirse. Los soldados volvieron a levantarse. Y la batalla continuó. Se había convertido en un caos difícil de distinguir. El agua cubría buena parte de las calles. El humo se mezclaba con la niebla salina y las vibraciones de la Espiral Oceánica hacían temblar constantemente las estructuras. No había aeronaves. Ningún vehículo podía despegar. La corriente vibratoria que envolvía la espiral hacía imposible mantener algo en el aire durante más de unos segundos. Los sistemas de propulsión perdían estabilidad y cualquier intento de elevarse terminaba en una caída. Todo debía hacerse desde tierra. O desde el agua. Y allí estaban ellos. Mira, Aleksei y Seraphine avanzaban juntos entre los restos de una avenida. Una criatura de aspecto anfibio salió del agua con un rugido metálico. Aleksei la recibió. Su IBN se adaptó al primer ataque y una estructura defensiva apareció sobre su brazo. La criatura lanzó una descarga de agua comprimida. Aleksei la bloqueó. —Eso estuvo cerca. —Te estás oxidando —comentó Mira. —No literalmente. —Todavía. Seraphine soltó una pequeña risa mientras cerraba una herida en el hombro de un soldado que acababa de pasar junto a ellos. La criatura volvió a atacar. Mira levantó la mano. Una presión invisible aplastó una de sus extremidades contra el suelo. Aleksei aprovechó la apertura. Su brazo cambió de forma. Un filo energético atravesó las placas de la criatura. El monstruo cayó. —Una menos —dijo Seraphine. Aleksei miró alrededor. No parecía impresionado. —Solo quedan unas cuantas miles. Mira observó las criaturas que seguían emergiendo del agua. —Qué optimista. Una explosión sacudió la avenida. Los tres se agacharon instintivamente. Un grupo de soldados IBT había conseguido derribar otra bestia, aunque habían necesitado seis usuarios para hacerlo. La criatura había atravesado dos vehículos blindados antes de caer. Mira observó la escena durante unos segundos. —Habría sido diferente con Kael. Seraphine giró hacia ella. —Lo imagino. Mira asintió. —Kael puede controlar las bestias mecánicas de Nexum. Seraphine miró hacia las criaturas que avanzaban entre las calles inundadas. —¿Todas? —No sé si todas. Pero consiguió controlar al gusano acuático por poco tiempo. Aleksei intervino mientras desviaba un proyectil metálico que pasó junto a ellos. —No es exactamente control. Mira lo miró. —¿Y qué es? —Interacción con sus sistemas. El Protocolo de su IBN puede interferir directamente con la arquitectura tecnológica de Nexum. Seraphine terminó de curar al soldado. —Entonces podría hacer que algunas de estas criaturas dejaran de atacarnos. —Y tabién que estuvieran de nuestro lado —respondió Aleksei. Una criatura apareció detrás de ellos. Mira ni siquiera se giró. Extendió una mano. El monstruo salió despedido lateralmente y atravesó una pared. —Pero Kael no está aquí. Hubo un breve silencio. Aleksei miró hacia el horizonte. —No. Seraphine observó las criaturas. —Entonces tendremos que arreglárnoslas. Mira sonrió ligeramente. —Eso hacemos siempre. Un estruendo interrumpió la conversación. Una criatura gigantesca emergió del agua. Su cuerpo parecía una mezcla entre mantarraya, depredador marino y máquina industrial. Las placas de su espalda se abrieron. Múltiples cañones comenzaron a cargarse. Aleksei suspiró. —Esta es nuestra. Mira flexionó los dedos. —¿Nuestra? —Sí. Seraphine se colocó detrás de ellos. —¿Y yo qué hago? Aleksei la miró. —Evitas que muramos. —Qué tarea tan modesta. Mira sonrió. —Cuando terminemos, podrías hacernos inmortales. Seraphine levantó una ceja. —¿Inmortales? —Sí. Ya que puedes curarnos prácticamente de todo. Aleksei asintió con absoluta seriedad. —Sería bastante conveniente. Seraphine los miró a ambos. —No funciona así. —Entonces mejora el IBN. —¿Por qué no lo haces tú? —Porque el mío no cura. Mira intervino: —El mío tampoco. Seraphine negó con la cabeza. —Son dos niños con armas nucleares. —Técnicamente —respondió Aleksei—, tú eres la que puede regenerarnos. —Y técnicamente puedo dejar de hacerlo. Los dos se quedaron callados. Mira la miró. —No harías eso. Seraphine sonrió. —No. La criatura abrió sus fauces. —Pero podría pensarlo. El monstruo disparó. Los tres se separaron. La calle explotó. Mira salió despedida contra un vehículo volcado. Aleksei rodó por el suelo. Seraphine levantó un campo de energía para proteger a varios soldados que estaban detrás de ellos. Mira se incorporó. —Retiro lo dicho. Aleksei se levantó. —¿Qué parte? —Lo de que Seraphine nos haga inmortales. Seraphine lo miró. —Buena decisión. —Me conformo con que no nos deje morir. —Eso sí puedo hacerlo. Mira sonrió. —Entonces tenemos un trato. Volvieron al combate. La criatura era demasiado resistente para un solo usuario. Aleksei recibió el primer ataque. Su IBN se adaptó. Mira inmovilizó una de las extremidades. Seraphine mantuvo a los soldados heridos con vida mientras los tres iban desgastando al monstruo. Finalmente, Aleksei encontró una abertura. —Ahora. Mira concentró toda su fuerza. La criatura quedó comprimida contra el suelo. Aleksei atravesó su núcleo. El cuerpo entero se apagó. Los tres permanecieron unos segundos en silencio. Después Mira miró a Seraphine. —¿Ves? Ya estamos mejorando. —No te emociones. Una transmisión apareció en sus dispositivos. —Escuadrón IBN, situación crítica en el sector norte. Se solicita apoyo inmediato. Aleksei miró a las dos. —Tenemos que separarnos. Mira asintió. —Hay demasiados frentes abiertos. Seraphine miró a ambos. —Intenten no morir. Mira sonrió. —Eso te toca a ti. —No abusen de mi paciencia. Aleksei ajustó su armadura. —Buena suerte. Mira levantó una mano. —A ustedes también. Los tres se separaron. Aleksei avanzó hacia el sector norte acompañado por un batallón de usuarios IBT. Mira tomó otra dirección junto a un grupo de combate especializado. Seraphine permaneció con las unidades médicas y los soldados que necesitaban apoyo. La batalla continuó. En algunos sectores, una sola bestia era suficiente para detener a una unidad completa. Las criaturas más pequeñas podían ser eliminadas con relativa facilidad, aunque muchas parecían existir únicamente como señuelos, exploradores o unidades destinadas a ataques rápidos. Las verdaderamente peligrosas eran otra cosa. Algunas necesitaban tres usuarios IBT. Otras cinco. Las más grandes podían obligar a grupos enteros de soldados a concentrar todo su poder de fuego sobre ellas. Una bestia atravesó un blindado con sus garras. Cinco usuarios IBT atacaron simultáneamente. Uno recibió un golpe y salió disparado. Otro perdió parte de su armadura. Un tercero quedó atrapado entre las mandíbulas de la criatura. Los otros dos continuaron atacando. Finalmente lograron derribarla. Pero apenas cayó, otra apareció detrás. La línea defensiva retrocedió. Y en todos los sectores de Myr se repetía la misma escena. Humanos contra máquinas. Estrategia contra adaptación. Tecnología contra tecnología. Y mientras los batallones luchaban para contener la invasión, la Espiral Oceánica seguía avanzando lentamente. Su corriente vibratoria continuaba alterando el aire. El mar seguía moviéndose a su alrededor. Y ninguna de las fuerzas desplegadas en Myr sabía todavía cuánto tiempo tendrían que resistir. Porque aquello no parecía el final de la invasión. Apenas era su primera línea.
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Nexum (Novela) Capítulo 111

Estás leyendo el capítulo 111 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.