Leer Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 20 online gratis en español
🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
Día 40 desde el inicio del brote zombi.
La esperanza está tambaleándose.
\*\*\*
"¿Qué sinvergüenza está haciendo esta clase de bromas?"
La cruz colgada en el pasillo de la iglesia aparecía caída o volteada.
"¡Unos niños vinieron diciendo que eran de la iglesia y nos abrieron la puerta, pero de repente nos atacaron!"
"¡Nuestra casa también fue saqueada por completo!"
Los creyentes, con el rostro hinchado por los golpes, se quejaban del ataque de una banda de delincuentes juveniles. Era como si el registro de asistencia se hubiera filtrado.
A veces, incluso un fanático del apocalipsis irrumpía en pleno servicio.
Empujaba zombis atados hacia el interior del santuario y rociaba un líquido rojo, como si estuviera mezclado con sangre de zombi.
"¡He oído que aquí ocurre un milagro! ¡Demuéstrenlo! ¡Demuestren que son los salvadores! ¡Rápido! ¡Detengan a ese zombi y al virus!"
Aquel lunático, que buscaba desesperadamente anticuerpos y una esperanza, fue reducido por la fuerza... o, como ellos decían, "se arrepintió". Sin embargo, los problemas no terminaron ahí.
"Somos la policía. Hemos recibido un aviso sobre actividades ilegales en este lugar..."
Varios agentes de policía llegaron apresuradamente. El pastor respondió con calma, pero fue inútil.
"Estamos cumpliendo todas las normas de cuarentena y aquí no se ha cometido ningún delito. Pueden comprobarlo ustedes mismos."
A medida que la sociedad se derrumbaba y las instituciones del gobierno se desmoronaban, aparecieron policías corruptos.
Los agentes, sin moverse de su sitio, sonrieron con descaro y dijeron con toda tranquilidad:
"Hoy en día, si nos ponemos quisquillosos, cualquier cosa puede convertirse en un delito. Oiga, pastor... ya sabe cómo funciona esto, ¿verdad? Sea razonable."
Los policías se frotaban las manos, insinuando lo que querían.
El pastor, que había estado moviendo los labios como si fuera a responder, terminó cerrando la boca con firmeza.
En su lugar, uno de los ancianos enrojeció de indignación.
"¿Quiénes se creen que son? ¿De qué comisaría vienen?"
"¿Y aunque lo sepan, qué pueden hacer? ¿Agradecimientos? ¿Investigaciones? ¿Sanciones? Todo eso ya no significa nada, ¿verdad?"
Los policías jugueteaban con sus pistolas y sus táseres. En los rostros de algunos se reflejaban emociones complejas. Había policías consumidos por la codicia, otros mezclaban autodesprecio con resignación, y algunos solo deseaban desesperadamente sobrevivir... o vengarse.
No había forma de detener a unos policías que habían perdido por completo la cordura. Los ancianos, que por fin reaccionaron, guardaron silencio.
Al final, el pastor dejó escapar un suspiro.
"¿Cuánto quieren? Nosotros tampoco tenemos mucho dinero. Apenas podemos compartir mascarillas y desinfectante..."
"Justamente eso. Solo un poco de los suministros de cuarentena y de las reservas de comida."
Parecía que la policía de la ciudad también había alcanzado la forma definitiva del saqueo. Ya no les interesaba un dinero que cada vez valía menos, sino los frutos del trabajo ajeno.
Al final, la iglesia tuvo que entregarles varias cajas de mascarillas, desinfectante y fideos instantáneos de corta duración.
"Aquí tienen. Llévenselo."
"Perfecto. Entonces nos retiramos. Pastor, si se mete en algún problema, podemos hacer la vista gorda. Nosotros nos encargaremos de cubrirlo."
Los policías, como si cada uno tuviera sus propios intereses, se marcharon después de intercambiar recursos materiales por favores.
Con una profunda sombra en el rostro, el pastor se frotó la cara varias veces antes de recorrer con la mirada a los ancianos. Era imposible saber si en sus ojos había duda, cansancio o fe.
Parecía observar con atención a los ancianos, que se mostraban indignados o preocupados.
Entonces habló lentamente.
"El mundo ha sido corrompido. Solo quienes mantengan la fe tendrán una oportunidad de sobrevivir. Por supuesto, también debemos prepararnos para proteger nuestra fe de aquellos que han sido manchados por el pecado."
"Ah, sí. Cuanto mayores sean las pruebas, más debemos demostrar nuestra fe."
Los ancianos respondieron apresuradamente. Naturalmente, yo también me uní a ellos. Asentí con devoción, mirando únicamente al pastor.
"Seguiré las enseñanzas del pastor."
El mundo se había vuelto realmente aterrador. Delincuentes sin escrúpulos, lunáticos que rociaban sangre de zombi, policías convertidos en bandas de extorsionadores. Y, sobre todo, la desconfianza y la traición.
Era una época verdaderamente difícil para seguir con vida.
\*\*\*
La reunión comenzó. Estaban presentes el pastor, los seis ancianos y yo, el responsable de seguridad. De las ocho personas reunidas, dos éramos traidores, y el pastor parecía haber comprendido la situación.
El pastor habló desde el estrado.
"Parece que alguien está atacando deliberadamente a la iglesia. Incluso podría haber un traidor entre nosotros."
Por mucho que lo pensara, era demasiado extraño que todas esas pruebas llegaran una tras otra de esa manera, así que concluyó que alguien actuaba con mala intención. Era una buena deducción y, al mismo tiempo, una advertencia sutil.
"Eso no puede ser."
"¿Está diciendo que hay un incrédulo entre nosotros?"
Los ancianos se miraron unos a otros con los ojos muy abiertos. Aunque les costaba creerlo, ya estaban buscando a alguien de quien sospechar.
Se oyó el crujido sólido comenzando a romperse. Sospecha, desconfianza y vigilancia. Una vez que esos sentimientos echan raíces, separan a las personas igual que una cuña parte una roca.
Primero surgieron las sospechas lógicas.
"Las personas que fueron atacadas dijeron que los agresores mencionaron el nombre de la iglesia... ¡El registro de asistencia! ¿Quién filtró el registro de asistencia?"
"Pero mucha gente tiene acceso a él."
"¿Y si fue la policía? ¿O ese loco?"
Como no había pruebas para identificar al culpable, pronto aparecieron las sospechas emocionales.
"Anciano Park. ¿No era usted un ladrón?"
"¿Cuándo me arrepentí? Y aunque antes fuera un ladrón, jamás haría algo así. De hecho, el que me resulta sospechoso es usted."
El anciano que había sido ladrón entrecerró los ojos y empezó a lanzar acusaciones en todas direcciones.
"Usted... usted maldijo al pastor, ¿no es cierto?"
"Eso fue hace mucho..."
"¿Y por qué este evangelista siempre se lleva mal con el pastor? Yo mismo lo escuché maldecirlo. Y usted también, anciano. Más de una vez demostró que su fe en el pastor era débil."
"¿Desde cuándo empezó a decir semejantes tonterías...?"
Las relaciones personales, los viejos conflictos y la historia que yo desconocía comenzaron a salir a la luz.
Se me erizó la piel. Solo éramos dos los traidores: el anciano ladrón y yo. Y, aun así, toda la iglesia se estaba desmoronando.
'Dije que bastaba con sembrar el caos’
El diccionario lo define como destruir por completo los bienes de una familia, provocar una gran conmoción y desorden o, en sentido figurado, saquear las pertenencias ajenas.
Y todo ese caos... había sido provocado únicamente por dos personas.
Fue entonces cuando varias miradas cargadas de sospecha también se dirigieron hacia mí.
"Diacónico Kwon... ¿no habrá sido usted?"
"No sé qué clase de persona era en realidad. ¿De verdad era discípulo del profesor? Ni siquiera comprobé sus credenciales académicas."
Era lo natural. En una situación así, el primer sospechoso siempre sería el recién llegado. Por supuesto, yo no tenía ningún diploma que demostrara mi formación.
Recordé rápidamente los principios básicos de manipulación psicológica que había aprendido viendo las transmisiones del profesor. Igual que él, debía utilizar la lógica, las emociones y la autoridad para transmitir ideas apocalípticas de forma convincente.
"Ancianos, entiendo que sospechen de mí. Soy la última persona en unirse a la iglesia. Pero ¿por qué haría algo así? ¿Qué ganaría con ello?"
Con una lógica bien construida y una voz cargada de la injusticia con la que cualquiera podría identificarse.
"Yo solo vi esperanza en el pastor e intenté salvar a más personas. El cultivo, la defensa de la iglesia, la preparación ante desastres... Yo solo..."
Finalmente, cerré los ojos e incliné la cabeza ante el pastor. Como mi autoridad no era suficiente, dejé el juicio en sus manos.
"Si el pastor considera que soy una persona sospechosa y no desea que permanezca aquí, me marcharé de inmediato. Pero, por favor, continúen utilizando los métodos que les he enseñado."
Seguramente no me echaría de un momento a otro. Debía de tener cierto interés en conservarme.
Escuché a los ancianos hablar con cierta incomodidad.
"No, diacónico Kwon. No es que sospechemos específicamente de usted... Es solo que ahora desconfiamos de todo."
Pero el pastor permanecía en silencio. Apreté las palmas sudorosas de mis manos. ¿Acaso estaba sospechando de mí?
Por suerte, el pastor decidió posponer la búsqueda del culpable.
"Diacónico Kwon Da-in, por favor, levante la cabeza. Y ustedes, ancianos, tranquilícense. Resolveré este asunto poco a poco."
Bien.
Levanté la cabeza con una mirada esperanzada. Los ancianos también dejaron de discutir. Esperarían el juicio del pastor.
Naturalmente, el pastor intentaría primero resolver el conflicto, advertir al culpable desconocido para disuadirlo y ganar tiempo para reunir más pruebas. Pero era un error de cálculo.
'Esta misma noche lo mataré. ¿Cómo piensan descubrir que fui yo?'
Ahora solo quedaba una tarea.
Matar al pastor, expulsar a los ancianos, ahora consumidos por las sospechas y los conflictos, y tomar el control de la iglesia debilitada.
Y entonces cayó la noche.
\*\*\*
Click—
Inspeccioné el arma. La pistola de la policía que no sabía cómo había llegado a la iglesia, el arma que había tomado prestada del anciano ladrón. Reemplacé las balas de fogueo por munición real.
Después de recordar las medidas de seguridad y las técnicas de disparo, me levanté lentamente de mi asiento.
Hoy era el día de la batalla final.
Ya fuera que el pastor fuera la verdadera esperanza o un futuro zombi, moriría hoy. Tum, tum, mi corazón latía con lentitud. No era la primera vez que mataba a alguien, pero estaba tenso porque el oponente no era alguien fácil de enfrentar.
'Si está durmiendo, quizá ni siquiera tenga que usar el arma.'
Paso a paso, me dirigí hacia la oficina del pastor, donde él se alojaba. Por desgracia, parecía estar despierto, ya que una luz blanca se filtraba por la rendija de la puerta.
Apunté brevemente el cañón del arma hacia la puerta. Si supiera dónde estaba, podría simplemente disparar y acabar con él de inmediato.
Pero entonces escuché una voz. Era el pastor.
"Adelante."
Había notado mi presencia. ¿O quizá había percibido algún tipo de presagio?
Tras dudar por un momento, escondí el arma en el bolsillo de mi sudadera, mientras sostenía ostentosamente un martillo, y abrí la puerta lentamente. Al otro lado, el pastor, sentado frente al escritorio, me observaba fijamente.
La pistola estaba en su mano. Y el chaleco antibalas de la policía cubriendo su cuerpo.
"Así que el traidor eras tú."
Tragué saliva y negué rápidamente con la cabeza. El oponente ya se había preparado para el ataque.
"No, no es eso. Es por la situación reciente..."
"¿A estas horas?"
El pastor soltó una pequeña risa. En efecto, era plena noche. No era el momento de acudir a una consulta. Debí haberme dado la vuelta en cuanto vi la luz encendida.
El pastor, con el dedo sobre el gatillo, me apuntaba con precisión.
"Si había un traidor, pensé que vendría a buscarme. Sin importar la intención, el juego termina cuando me matas."
"..."
Un suspiro escapó de mi interior.
El pastor también conocía los principios básicos de un grupo de saqueadores. La traición y la desconfianza eran elementos fundamentales. Pero fue incluso más lejos. Predijo las acciones del traidor y se preparó para ello.
¿Están atacando la iglesia? Es fácil hacerla colapsar si matan al pastor. ¿Van detrás de los recursos de la iglesia? Es más sencillo si matan al pastor. Convencido de que esa conclusión era correcta, el pastor se utilizó a sí mismo como cebo para esperar el ataque del enemigo.
El pastor habló.
"No preguntaré la razón. Hay personas que odian a Jesús, así que alguien común como yo también puede ser atacado. Pero me alegra que hayas sido tú."
"Si el anciano me hubiera traicionado, habría venido con un arma, ¿no?"
Mientras explicaba la razón por la que se alegraba de que fuera yo, el pastor sonrió. Parecía transmitir alivio al ver que la comunicación funcionaba, pero también tristeza porque alguien como yo fuera el culpable.
Además, el anciano ladrón desconocía que yo ya había tomado la decisión de traicionar al pastor y que contaba con el arma que él me había conseguido.
'Necesito una oportunidad para sacar el arma y disparar. O tengo que inutilizar la pistola del pastor. ¿Debería hacer que baje la guardia?'
Mi cabeza daba vueltas. No tenía mucho tiempo. El pastor podía apretar el gatillo en cualquier momento. Observé atentamente sus manos y hablé.
"Pastor, ya que hemos llegado hasta este punto, no ocultaré nada."
"No. Ocúltalo. Los pensamientos de un incrédulo..."
Al escuchar esas palabras, mi brazo se movió por reflejo y, sin pensarlo, actué.
Presioné con el codo el interruptor que estaba junto a la puerta y lancé todo mi cuerpo fuera de la habitación, tropezando mientras salía.
Entonces sonó un leve disparo, seguido de una voz.
"No necesito saberlo."
La iglesia quedó envuelta en la oscuridad.
Apreté los dientes.
¿Me alcanzó? ¿Era una bala de fogueo? ¿O simplemente no lo sentí por la adrenalina?'
No. Lo importante ahora no era mi herida. Era el pastor, que murmuraba mientras buscaba mi ubicación. Tenía que acabar con él ahora. Por suerte, yo también tenía un arma.
'Su cuerpo está protegido por el chaleco antibalas. La cabeza. Tengo que apuntar a la cabeza.'
Conteniendo la respiración, avancé con el mayor silencio posible. Me apoyé contra la pared junto a la puerta.
"¿Crees que puedes escapar? Mis flechas te cubrirán de sangre y mi espada devorará tu carne. La sangre de los caídos y los cautivos, las cabezas de los comandantes enemigos... No hay forma de que escapes."
¡Bum!
Un fuerte disparo resonó. ¿Era una bala no letal? De cualquier forma, el proyectil impactó contra el suelo junto a la puerta, provocando una chispa.
Tum, tum.
Los pasos del pastor se acercaban. Contuve la respiración. Mis manos empapadas en sudor se levantaron aproximadamente a la altura de la cabeza del pastor. Coloqué el dedo sobre el gatillo.
Tum...
En el momento en que el pastor salió por la puerta...
Una voz llegó desde el extremo del pasillo opuesto.
"¡Pastor! ¿Qué ocurre?"
Era Jeon Do-hyeong. Debió escuchar el disparo y correr alarmado hasta allí. Sentí cómo el cuerpo del pastor giraba, y una chispa brilló en la punta de sus dedos cuando disparó.
"¡Ah! ¿Qué? ¿Quién anda ahí? ¡Pastor, ¡¿está bien?! ¿Acaso volvió a aparecer ese lunático de antes...?"
"...¿No era el traidor?"
Debió juzgar que él era igual que yo por haberlo traído conmigo. Era una evaluación bastante razonable.
Solté una pequeña risa y apreté el gatillo.
Las chispas salieron del cañón y vi cómo la parte posterior de la cabeza del pastor pasó frente a mí. En ese breve instante, observé cómo la cabeza del pastor explotaba.
Gracias a la ayuda de mi mano derecha, el despiadado anciano ladrón, había sido una colaboración perfecta: yo como ejecutor, el anciano ladrón como proveedor de armas y Jeon Do-hyeong como distracción.

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Estás leyendo el capítulo 20 de Merodeador Del Apocalipsis (Novela), un novela. Día 1 del brote zombi. Antes de matar a un zombi, maté a una persona. Presenta un protagonista egoísta, antisocial y extremadamente pragmático. En un mundo invadido por zombis, la pregunta no es quién sobrevivirá, sino… Este capítulo tiene publicado el 10 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. Merodeador Del Apocalipsis (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.