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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 42 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la voz de la Gran Chamana se percibía su vejez. "Traigan más hojas de bambú". Ante sus órdenes, los demás chamanes inclinaban la cabeza con reverencia y obedecían. Para un goblin, superar los cincuenta años equivalía a una edad en la que morir en cualquier momento no resultaría extraño. El rostro de la Gran Chamana estaba cubierto de profundas arrugas esculpidas por el tiempo. Los tatuajes grabados en su rostro y por todo su cuerpo constituían el auténtico símbolo de la Gran Chamana. Incluso la tinta de aquellos tatuajes se había vuelto borrosa y desvaída con los años. Sin embargo, su voz aún albergaba vigor, y sus movimientos conservaban una firme disciplina. La Gran Chamana había pasado la noche entera en vela asistiendo a Nanaruk. La evolución era tanto una bendición como una maldición concedida a los monstruos. Al evolucionar, un monstruo prolongaba su esperanza de vida y se volvía aún más fuerte. No obstante, la evolución no le era concedida a cualquiera; habiendo completado ya la suya en el pasado, la Gran Chamana no tardaría en afrontar una muerte ineludible. Aun así, no sentía miedo ni consideraba vana su existencia. Porque ante sus ojos... ... yacía el porvenir de toda su raza. Empapando un paño en agua fría, limpió con parsimonia el brazo de Nanaruk. La joven jefa estaba superando el atroz tormento del proceso evolutivo. La humedad que tocaba su piel se evaporaba al instante. La fiebre abrasadora y ardiente seguía sin disiparse. Pero era indudable que había mejorado. La noche anterior, cada vez que le pasaba el paño, la piel se le desprendía como si mudara una costra. ¿Y cómo lucía ahora? Parecía una mujer humana de piel ligeramente rojiza. Era suave y, al mismo tiempo, parecía resistente como el caucho. Al recibir la luz del sol, su tez centelleaba como si estuviera salpicada de virutas de oro. Nanaruk siempre había sido esbelta y de porte estilizado, pero ahora había crecido aún más. Seguramente ya era tan alta como un elfo común. Su cabello había crecido tanto en cuestión de un solo día que caía en largas ondas. 'Si los demás goblins se pararan a su lado, parecerían niños'. Pero eso era mucho mejor. Nanaruk se convertiría en la soberana de su raza. Y una soberana debía ostentar una presencia imponente ante los ojos de cualquiera. "... Gran Chamana". Nanaruk abrió los ojos. Sus largas pestañas temblaron levemente. "Ha despertado". "¿Cuánto tiempo he...? Ah". Al intentar incorporarse, Nanaruk se tambaleó y volvió a recostarse. "Descanse un poco más. Su cuerpo aún no parece estar en condiciones". "No... Si yo no estoy presente ahora...". "Descanse. Yo me ocuparé de los asuntos menores. Además, de ahora en adelante le ruego que prescinda del tratamiento honorífico hacia mí". "¿Eh? ¿Cómo podría hacer eso?". Incluso cuando Nanaruk todavía usaba pañales, la Gran Chamana ya era una anciana respetable y la líder espiritual de la tribu. "Usted ya no es una simple jefa, mi señora Nanaruk". "¿Entonces...?". "Es la Gran Jefa, o más bien, nuestra reina". "¿Una reina...?". Nanaruk esbozó una sonrisa amarga. No agitó las manos con desconcierto ni se mostró avergonzada. "Así que ha terminado siendo así". Rey Hobgoblin. Había evolucionado al estadio posterior al hobgoblin. Y comprendía con creces el deber que recaía sobre ella como miembro de una especie superior. "Se acostumbrará con el tiempo". "¿Dónde está... Ulu-ululu?". "Todavía no ha salido de la mazmorra". Nanaruk asintió. La Gran Chamana se puso de pie. "Pronto vendrán los jóvenes a atenderla. Por favor, descanse". Hizo una reverencia con solemne cortesía y se retiró. Resultaba difícil descifrar la expresión en el arrugado rostro de la Gran Chamana. En su cabeza no dejaba de dar vueltas el nombre de aquella serpiente. 'Ulu-ululu'. Aquella serpiente había salvado a la Tribu Runga. Krok había sido un rey tiránico y feroz. No era madera de auténtico líder, pero la serpiente sagrada se había deshecho de semejante impostor. Ahora, todos los goblins de Runga veneraban al dios serpiente. Sin embargo, aquí radicaba una sorprendente verdad. Un secreto que nadie se atrevería jamás a sospechar. '¿De dónde habrá salido realmente esa serpiente?'. En el fondo, la propia Gran Chamana jamás había creído que aquella criatura fuera un dios. Había sido así desde el mismísimo comienzo. Incluso cuando la serpiente desaparecida volvió a manifestarse. A pesar de haber sido ella misma quien, derramando lágrimas, reconoció ante todos que la serpiente era Ulu-ululu. Era innegable que se trataba de una bestia mágica extraordinaria. Pero sin duda alguna no era el Ulu-ululu de las leyendas orales. Ulu-ululu era negro, colosal como para envolver una montaña entera, y un dios auténtico capaz de comandar relámpagos. ¿Cómo podría esa pequeña serpiente ser Ulu-ululu? En la tribu, el goblin más fuerte se convertía en jefe, y el más sabio asumía el cargo de Gran Chamana. Y la Gran Chamana era sabia. Por esa precisa razón había proclamado que la serpiente era Ulu-ululu, aglutinando bajo una sola fe a unos asustadizos miembros tribales. Había sido una estratagema sumamente eficaz. Sumergida en profundos pensamientos, la Gran Chamana giró la cabeza. Había un gran alboroto entre los integrantes de la tribu. Era un estrépito perceptible incluso para sus oídos entorpecidos por la vejez. Provenía del campamento donde se congregaban los guerreros. Al aproximarse a la zona, la Gran Chamana contuvo el aliento. Kadiram, el hermano menor de la reina, acababa de llegar trayendo a alguien consigo. Kadiram también era un guerrero formidable, pero su rostro estaba rígidamente tenso. A quien traía era a un hada. La Gran Chamana poseía la sabiduría y perspicacia suficientes para percatarse de que no se trataba de un hada ordinaria, sino de una siniestra hada de las sombras. El hada de las sombras se rascó la cabeza. "No parece que esta sea la entrada que conduce a la mazmorra". Era, en efecto, el lugar de descanso de los guerreros. El visitante apoyó una mano en el hombro de Kadiram. "... Hay formas de preguntarle a otro goblin que no seas tú". "En la mazmorra mora Ulu-ululu. ¡Jamás permitiré que entres!". "¿Y qué se supone que es ese tal Ulu-ululu?". Los guerreros se agolparon empuñando sus armas. Sin embargo, el hada de las sombras no parecía experimentar la más mínima tensión. "¿Ni siquiera sabes eso? ¡Es el sagrado dios serpiente!". "¿Un dios serpiente? Supongo que será alguna creencia folclórica suya". "¡Existe de verdad!". 'Kadiram, te has convertido en un guerrero de verdad'. Apretando los dientes, la Gran Chamana hizo una discreta señal con la mano. Siguiendo su indicación, los guerreros alzaron sus armas y tensaron los arcos. "No me interesa en lo más mínimo, así que llévame a la mazmorra o...". "¡Es un intruso! ¡Olvídense de mí y disparen!". Kadiram había guiado al hada hasta el lugar donde se reunían los guerreros estando dispuesto a dar su propia vida. No obstante, a pesar de sus alaridos, los guerreros no se atrevieron a soltar las cuerdas de sus arcos. Temiendo herir a Kadiram, tan solo se aproximaban empuñando sus armas. El hada de las sombras soltó una burla: "Qué valentía la tuya. Pero de nada sirve tener agallas si mueres en vano". Fue en ese preciso instante cuando una sangre escarlata brotó del pecho de Kadiram. No, no era simple sangre. Aquel torrente sanguinolento se movía como una víbora viviente, perforando el cuerpo de Kadiram de parte a parte. Los guerreros hobgoblin enloquecieron de furia y se arrojaron a la carga. "¡Iyaaaa!". "¡Maldito bastardo!". Uno de los guerreros arrastró al desplomado Kadiram, mientras los demás blandían sus armas contra el hada de las sombras. "De verdad que son una molestia". De la manga del abrigo del hada surgió un sable curvado de forma peculiar. Con aquella corta hoja hizo frente a los filos de los guerreros. ¡Clang, clang, clang! Se ignoraba si aquella arma poseía una manufactura milagrosa o si albergaba algún encantamiento arcano. Sin embargo, cada vez que el sable curvado pasaba de largo, las armas de los guerreros se partían con pasmosa facilidad. El hada de las sombras no remató personalmente a los guerreros desarmados. Simplemente alzó ambos brazos con un rápido vaivén. La penumbra en el interior de sus mangas era tan oscura como las fauces de una bestia. De aquella oscuridad emergieron más de una docena de serpientes carmesíes. Serpientes rojas decapitadas forjadas con pura sangre. A diferencia de la benévola serpiente blanca, aquellas serpientes rojas empalaron sin piedad los cuerpos de los guerreros. ¡Thwack, thwack, crac! Hubo quienes intentaron repelerlas agitando sus espadas rotas, pero las serpientes se deslizaron sobre los filos y acabaron hundiéndose inexorablemente en sus pechos. "¡Kuaaaagh!". "¡Aaagh!". "¡Kkaaaagh!". Los alaridos de agonía resonaron al unísono. En medio de aquel pavoroso coro, la Gran Chamana rugió: "¡Disparen los arcos! ¡Retrocedan y mantengan la distancia!". Los guerreros así lo hicieron. ¡Tzing, tzing, zing! Eran flechas disparadas simultáneamente desde diversos ángulos. Incluso para guerreros sumamente excepcionales, como la propia Nanaruk, desviar una o dos de ellas habría sido su límite. Sin embargo, el hada de las sombras bloqueó diez flechas con pasmosa facilidad. Las serpientes rojas surgidas de sus mangas interceptaron una flecha cada una. "Son insoportables. Seguiré matándolos hasta que me guíen a la mazmorra". El hada de las sombras era un individuo perfectamente capaz de cumplirlo. Guerreros goblin curtidos en mil batallas que habían combatido y vencido a la mismísima Tribu Krok. Uno tras otro, estaban siendo masacrados sin tregua. Eran vidas demasiado valiosas para ser desperdiciadas de semejante manera. La Gran Chamana debía tomar una decisión. ¿Debía conducir a aquel hada homicida ante Ulu-ululu? Estaba a punto de hacerlo. "¡¿Qué clase de maldita canallada es esta...?!". Nanaruk se presentó empuñando su hacha, ni siquiera llevaba puesta la armadura. La Gran Chamana sintió cómo se le aflojaban las piernas. Era el peor escenario imaginable. Nanaruk jamás perdonaría a semejante hada por haber masacrado a sus guerreros. Tal como se esperaba. "¡Aaaaaah!". Nanaruk rugió de pura rabia. A todos los goblins congregados en el lugar se les erizó el vello de pies a cabeza y el corazón les dio un vuelco desbocado. Aquello era el rugido de un rey, la furia de un rey. Nanaruk arrojó el hacha. El arma giratoria no trazó una parábola, sino una línea recta y despiadada. Salió disparada rasgando el aire con ferocidad. ¡Fiuuuush! El ímpetu del hacha al hender el viento resultaba aterrador. Nanaruk había completado una auténtica evolución. Incluso Krok en su mejor momento no habría podido compararse con la Nanaruk de ahora. Por primera vez, el Hada de las Sombras se puso en guardia. Las serpientes de sangre que brotaban de sus mangas se interpusieron para frenar el hacha. ¡Crrraaaac! Una serpiente quedó destrozada. Otra más. Y otra, y otra. Justo cuando once de las doce serpientes habían sido trituradas, el hacha perdió su impulso y se detuvo. Clang. Ah. ¿Acaso había bloqueado incluso un lanzamiento ejecutado con todas las fuerzas de Nanaruk? Por si fuera poco, las serpientes de sangre destrozadas volvieron a aglutinarse, recuperando su forma original en un instante. La desesperación cayó como una losa. "Interesante. ¿Ha nacido un nuevo rey justo después de que Krok muriera?". El hada se acarició la barbilla, impresionado. "Y además, está mucho mejor formado. Lo he decidido". El Hada de las Sombras declaró: "Está bien. Te capturaré y te llevaré conmigo. Me encargaré de criarte como es debido". "Hada de las Sombras". Nanaruk no se amedrentó en lo más mínimo y sonrió enseñando los dientes. Era una mueca cargada de rabia. "Veamos si eres capaz de soltar esa misma basura después de que te abra la cabeza en dos". Nanaruk empuñó otra hacha y cargó al frente. Sin embargo, un sudor frío goteaba por debajo de sus patillas. Su cuerpo aún no se había recuperado del todo. La Gran Chamana apretó los ojos con fuerza, rezando desesperadamente para que Nanaruk saliera ilesa. \* \* \* ¡Ufff, qué bien he dormido! Hacía tiempo que no descansaba tan profundamente. Además, tuve un sueño fantástico. Soñé que iba a un bufé. Incluso dentro del sueño seguía siendo una serpiente, pero después de una eternidad pude saborear comida preparada por manos humanas. Estaba zampándome un plato rebosante de carne cruda fresca y dulce cuando de pronto me asaltó un pensamiento. Pensándolo bien, ¿acaso la carne cruda no era mi menú de todos los días? En el preciso instante en que me surgió esa duda, me desperté. Qué lástima, también debería haberme comido las gachas de calabaza y el kimbap. A propósito, mis platillos favoritos en un bufé siempre han sido la carne cruda, las gachas de calabaza, el kimbap y los pasteles de arroz. Dejando de lado la carne cruda, cada vez que llenaba mi plato con las otras tres cosas, la gente solía regañarme diciendo que era el tipo de persona que jamás debería pisar un bufé. "¡¿Ya despertaste?!". La voz de Pellerian me devolvió a la realidad. "Jo, jo, jo, por fin abres los ojos. ¿Y bien, cómo te sientes?". ¿Que cómo me siento...? ¡Ah! Esta evolución no había aumentado el tamaño de mi cuerpo. El número de cuernos tampoco se había incrementado. Al revisar mi estado físico, dejé escapar un suspiro de alivio. '¡Menos mal! ¡Todavía sigo siendo blanco!'. "¡Miras tonterías como el color! ¡Eso no tiene la menor relevancia!". '¡Oh!'. El color de mi cuerpo no había cambiado. Sin embargo, su tonalidad y brillo eran indudablemente distintos. Haciendo honor al apelativo de "Cristal", mis escamas habían experimentado una transformación colosal. En realidad, las escamas de una serpiente son parte de su tejido cutáneo. Se forman cuando la cubierta externa, es decir, la epidermis, se endurece y queratiniza. Así ocurre con la gran mayoría de los reptiles. Y mis escamas no eran la excepción. Aunque la forma o la dureza varían según la especie, salvo por algunas variedades extraordinarias, las escamas de una serpiente no suelen ser demasiado duras. Cualquiera que haya tocado una serpiente alguna vez lo sabrá. Por lo general son lisas y, de manera sorprendente, moderadamente flexibles y blandas al tacto. '¡Se han vuelto durísimas!'. Me refería a las escamas. Mis escamas actuales no se parecían en nada a las de una serpiente común. Cada una de ellas era sólida, impecablemente pulida y brillaba como una piedra preciosa. Al observarlas con más detenimiento, más que blancas parecían casi translúcidas. Al recibir el impacto de la luz, la dispersaban sutilmente en una variedad de matices. Eran auténtico cristal. "¡Parecen exactamente escamas de carpa!". 'Ni que fueran escamas de dragón'. "Bueno, tampoco es como si pudieras compararte con un dragón real". Pellerian definitivamente era de los que carecían de tacto, un tipo puramente racional sin empatía. 'Parecen bastante resistentes'. Me acaricié el cuerpo usando la punta de la cola. 'Vaya, ¿qué es esto? ¿Son más suaves de lo que pensaba?'. De hecho, la textura al tacto parecía haber mejorado bastante. Esta vez probé golpeando el suelo con un latigazo. ¡Clang! ¿Qué fue eso? Al recibir un impacto, resonó un sonido metálico. ¿Eran suaves al acariciarlas despacio, pero se endurecían al instante frente a un golpe seco? Básicamente, eran un material de ensueño. Si una empresa de ciencia de materiales del mundo moderno pudiera ver mis escamas, se le caería la baba de la codicia. Un escalofrío de satisfacción recorrió mi cuerpo. Chrrr-clac. Al tensarme, las escamas vibraron entre sí, produciendo un sonido rasposo y metálico. Vaya, sonaba bastante intimidante. Aunque no me había convertido en una serpiente de cascabel, ahora era capaz de emitir un chasquido distintivo. Revisé la ventana de estado. ────────────── \[Pitón de Cristal de Doble Cuerno - Nv. 1\] \[Alias\] Serpiente Devoradora de Corazones \[Rasgos\] \[Inquebrantable\], \[Perseverancia\], \[Cuerno\], \[Patrones\], \[Escamas\] \[Habilidades\] \[Cuerno Prestado - Nv. 4\]: Mandato del Trueno Celestial Nv. 0, \[Cuerno Trascendente - Nv. 1\], \[Salto Devoracorazones - Nv. 1\]... ────────────── Je, je. El banquete de núcleos mágicos que me di no fue en vano. Mis reservas de maná se habían expandido de una forma descomunal. En comparación con antes, un torrente de energía fácilmente tres veces mayor se arremolinaba dentro de mi cuerpo. Daba la impresión de que ahora por fin podría usar el Mandato del Trueno Celestial, la habilidad de Gunther. Había obtenido una técnica que a simple vista parecía un movimiento definitivo, pero no había sido capaz de utilizarla ni una sola vez hasta ahora. Y por encima de todo... Gracias a la evolución, había conseguido una habilidad nueva. Estaba directamente relacionada con mis escamas. 'Esto es increíble'. Solo con leer el nombre, el corazón me latía con fuerza. Justo cuando pensaba probar la técnica para tantear su efecto... "Es momento de iniciar la transmisión". Pellerian habló en un tono solemne. En la mazmorra anterior había un dispositivo destinado a transmitir los resultados experimentales al propio Pellerian. En este lugar también existía un mecanismo semejante. Pellerian había insistido vehementemente en ponerlo en marcha. Decía que de ese modo podría averiguar qué había sido de su cuerpo principal. 'De acuerdo, hagámoslo'. Con el rostro cargado de tensión, Pellerian me explicó la forma de operar el artilugio. Al parecer, existía la posibilidad de que los elfos detectaran la señal en cuanto fuera transmitida. El plan era salir huyendo inmediatamente después. "¡Ahora!". "Iniciando transmisión". Un zumbido mecánico comenzó a resonar. En el centro del mecanismo había un disco circular. Y sobre él, fragmentos metálicos del tamaño de granos de mijo se desplazaban trazando una misteriosa alineación geométrica. "Al sur... y luego hacia el este... ¿Por qué? ¿Por qué no al norte...?". Pellerian parecía ser capaz de descifrar aquel patrón. Su semblante se fue ensombreciendo a cada segundo. "Cruzando el reino... hacia la Cordillera...". Murmuró algo ininteligible por lo bajo. Luego guardó un silencio sepulcral durante un largo rato. "... Ha muerto". Pellerian dejó escapar un hondo suspiro de desolación. '¿Cómo dice?'. "La señal se dirige hacia la mazmorra de Delfram. Mi cuerpo principal ha muerto. Probablemente". 'Mi cuerpo principal ha muerto. Probablemente'. Sonaba como la frase de apertura de alguna novela existencialista. Iba a intentar consolarlo, pero... ¡Baaaaang! Habría tenido tiempo para hacerlo si una estruendosa explosión no hubiera resonado a la distancia. Los alaridos desgarradores de los goblins se filtraron por la roca. Pellerian y yo nos quedamos atónitos al unísono. '¡¿Esos orejas puntiagudas ya nos alcanzaron?!'. "¡Maldición, ¿cómo demonios nos rastrearon tan rápido?!". Pensamos erróneamente que la Inspectora de la Hoja de Oro nos había localizado. '¡Hay que escapar!'. "¡Llévate todo lo que puedas!". Barrí con todos los núcleos mágicos que quedaban y los arrojé al espacio subespacial. Prioricé los más valiosos y los pocos que no cupieron me los tragué enteros de un bocado. Abrí la compuerta a toda prisa y abandoné la mazmorra. Por el sonido, era evidente que nuestros pobres goblins estaban siendo masacrados por los elfos. Crucé a toda prisa el largo corredor. Empujé la puerta de hierro. Pasé a través de la caverna donde yacía el cadáver de Krok. Repté a toda velocidad por el túnel subterráneo, deslizándome por encima de los cuerpos de varios goblins caídos. Por fin salí al exterior, donde caía la luz del sol. Un hedor punzante a sangre fresca me golpeó el hocico de lleno. El temor que Pellerian y yo compartíamos solo había acertado a medias. Sí había un elfo allí afuera. Sin embargo, se trataba de un único individuo de piel cenicienta, un Hada de las Sombras. Y tenía a Nanaruk atenazada por el cuello. El Hada de las Sombras giró lentamente la cabeza hacia mí. "Vaya, así que de verdad había una serpiente aquí". Nanaruk colgaba inerte de su puño, con un hilo de sangre escurriéndosele por la comisura de los labios, aparentemente muerta. Al menos, ante mis ojos, parecía no tener vida. Ah. El color de la ira pura sin duda tiene que ser el negro. Porque en este preciso instante, mi alma se había teñido de una oscuridad absoluta. Y mis escamas, respondiendo a ese sentir, también se tiñeron del mismo color de mi corazón. Ssshhhhh... Así es como se utiliza. A pesar de ser la primera vez que invocaba la habilidad, su ejecución resultó natural e intuitiva. Esta era la nueva habilidad obtenida a través de la evolución. \[Has activado la habilidad: Escamas Negras - Nv. 1\] 'Solo por un momento, me convertiré en una serpiente negra'. Rayo. \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 42

Estás leyendo el capítulo 42 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.