Leer Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 79 online gratis en español
🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Héctor blandió su espada.
El sabor metálico de la sangre se mezclaba con el hedor de las bestias. La boca del lobo estaba partida por la mitad, pero se negaba a morir. En cambio, puso los ojos en blanco e intentó clavar los dientes en la piel de Héctor.
El peligro acechaba, pero Héctor no tenía fuerzas para esquivar.
"¡Héctor!" La voz de Basil cortó el caos mientras se lanzaba hacia adelante, embistiendo al lobo con tanta fuerza que lo hizo caer. El impacto partió el cráneo de la bestia, esparciendo una niebla sangrienta y asquerosa sobre la cara de Héctor.
"¿Estás bien?" preguntó Basil, con la voz teñida de preocupación.
Héctor logró asentir levemente, demasiado agotado para hablar. Se apartó el cabello enmarañado de sangre y escaneó el campo de batalla. La manada se había debilitado, solo quedaban unos diez lobos. Ya no atacaban, solo observaban, como evaluando la situación.
¿Se han dado cuenta de mi condición? se preguntó Héctor.
Debe parecer lo suficientemente lamentable como para que incluso estas bestias lo noten. Había perdido la cuenta de cuántos había abatido, pero una cosa estaba clara. Su cuerpo estaba al límite, y ninguna fuerza de voluntad podía superar el aplastante cansancio.
"Héctor Badniker", llamó una voz.
Incluso sin levantar la vista, Héctor sabía quién era. Charon seguía posado en los árboles, observando el caos abajo.
"¿Aceptarás mi oferta ahora?" preguntó Charon.
¿De qué estaba hablando? Puntos.
Charon se había ofrecido a ayudar a Héctor a cambio de sus puntos. Tenía el poder de cumplir su promesa. Después de todo, ese tipo pesado era un genio.
Héctor soltó una risa amarga. Había pasado toda su vida huyendo de esa palabra odiosa: genio. Pero ahora, en sus últimos momentos, le había alcanzado.
A Héctor le horrorizaban los genios.
\*\*\*
La primera espada que Héctor llevó fue una hoja de práctica de madera roma, lo suficientemente corta y ligera para que la blandiera un niño. Sin embargo, en el momento en que la agarró, algo se sintió correcto. Era como si la espada se hubiera fundido con su mano. Simplemente sostenerla le llenaba de propósito, y sin dudarlo, la balanceó.
Aunque sus golpes eran imprudentes, su madre estaba satisfecha. "¡Héctor es un genio de la esgrima!"
A Héctor le llamaron un genio antes incluso de entender lo que significaba esa palabra. El elogio le emocionaba, y lo que había empezado como mera diversión pronto se convirtió en motivo de orgullo. La esgrima ya no solo le entretenía, alimentaba su autoestima.
Blandió su espada con aún más entusiasmo, y su madre aplaudió cada vez. Sin embargo, la esgrima no era una actividad trivial, especialmente no en la familia Badniker. Cuando Héctor cumplió seis años, no tenía uno, sino doce instructores de esgrima.
"Honestamente, quería reclutar al Maestro de la Espada, pero no se deja convencer por el dinero. Aun así, estos instructores son muy solicitados por otras familias", explicó su madre.
Héctor adoraba a su madre. Cuando ella le fijó con sus penetrantes ojos azules y habló, él aceptó sus palabras sin cuestionar.
"Puedes hacerlo, ¿verdad?" preguntó.
El Héctor de seis años asintió. "Sí"
Desde ese día, Héctor dejó de pelear con sus compañeros ni con muñecos de paja.
"¡Sigues faltándote! ¡Muévelo cien veces más!" ladró un instructor.
"¿Esto es todo lo que puede reunir la línea de sangre Badniker?" provocó otro.
"Joven maestro Héctor, su hombro derecho está expuesto", corrigió uno.
El entrenamiento era implacable. Se formaron ampollas en las manos blandas del niño, y moretones cubrieron su cuerpo, sin oportunidad de desaparecer.
"¿Cómo está Héctor?" preguntó su madre a uno de los instructores.
"Para ser sincero, su talento no es excepcional. Sin embargo, su perseverancia es notable", respondió el instructor.
"Eso no es suficiente. Héctor debe de ser un genio", insistió su madre.
"¿Señora?"
"Ayúdale a crear su propia esgrima"
"¿Qué significa eso—?"
"¿No lo entiendes? Aconséjale sobre la destreza con la espada que va a crear. El creador debe ser mi hijo, Héctor Badniker"
Así, Héctor fue aclamado como un genio, uno de los tres hijos más destacados de la familia Badniker.
Pero no lo era.
En realidad, Héctor simplemente disfrutaba blandiendo su espada. No quería decepcionar las expectativas de su madre, pero solo era un poco más listo que sus compañeros. Era simplemente una persona corriente.
\*\*\*
El Señor de Sangre de Hierro, Delac C. Badniker, estaba emparentado con Héctor por sangre, pero ambos se conocieron por primera vez cuando su hijo tenía doce años.
Se decía que la Espada Posimagen era invención de Héctor, pero en realidad, los doce espadachines asignados para entrenarle la habían creado.
Cuando Héctor demostró la técnica ante el Señor de Sangre de Hierro, la ejecutó a la perfección. Sin embargo, al inclinar la cabeza al final de la actuación, una inexplicable sensación de vergüenza le invadió.
"¿Quién creó esta esgrima?" preguntó el Señor de Sangre de Hierro.
La madre de Héctor dio un paso adelante. "Por supuesto que es Héctor—"
"Para", interrumpió el Señor de Sangre de Hierro, con la mirada fija en Héctor. "Señora, no le estaba preguntando a usted"
Su lengua pareció anudarse, dejándole sin palabras.
Una mano suave pero firme se posó en su hombro, la de su madre. "¿Héctor? Debes responderle. El jefe de familia te está hablando"
Héctor tragó saliva con dificultad.
"Yo... Yo lo creé", tartamudeó, con la voz temblorosa.
Su madre intervino rápidamente: "Sí, debe de estar nervioso delante de ti, cabeza de familia."
La mirada del Señor de Sangre de Hierro no vaciló. "¿De verdad lo creaste?"
En ese momento, Héctor se dio cuenta de que su padre lo había descubierto. No había pruebas que lo demostraran, pero estaba seguro. Su padre sabía que él no había creado la esgrima y que no era un verdadero genio.
El rostro de Héctor se encendió de vergüenza. Era la primera vez que sentía tal emoción. Sus labios temblaban de miedo. Incluso a su corta edad, Héctor ya había oído suficiente de la fría y temible reputación del Señor de Sangre de Hierro. No era el tipo de hombre que aceptaría a un mentiroso como su hijo.
"Entonces hazlo verdaderamente tuyo", comentó el Señor de Sangre de Hierro.
Ante esas palabras, Héctor levantó la cabeza. Por primera vez, miró directamente a los ojos del Señor de Sangre de Hierro. Como los suyos, los ojos morados de su padre eran fríos, una mirada helada que igualaba la reputación del hombre. Sin embargo, en su interior, Héctor percibió un leve calor.
"¡Héctor! ¡Dioses, el jefe de familia te ha reconocido!" lloró su madre.
"¡Bien hecho, joven maestro Héctor!"
"¡Enhorabuena!"
"¡Un genio! ¡Mi hijo es un genio!"
Las voces de su madre y de los instructores se difuminaban en el fondo. Solo las últimas palabras del Señor de Sangre de Hierro resonaron en la mente de Héctor, ardiendo en su corazón como una tormenta.
"Hazlo realmente tuyo"
\*\*\*
Desde ese día, Héctor se dedicó por completo a su esgrima. Redujo el descanso, las comidas y el sueño, minimizó sus interacciones con sus compañeros y pasó cada momento libre practicando. Su objetivo era claro: hacerse más fuerte, perfeccionar su esgrima y ganarse la aprobación de su padre.
Con el tiempo, la actitud de quienes le rodeaban cambió.
"La destreza con la espada del joven maestro Héctor se refina cada día"
"Como era de esperar, es la línea de sangre del jefe de familia"
Los instructores de esgrima reconocieron su progreso, y el personal de la casa le trató con un respeto renovado. Incluso su familia materna se erguía con orgullo.
Sin embargo, lo que más agradaba a Héctor era la creciente frecuencia de la atención de su padre, ahora dos o tres veces al año.
Un día, su padre lo convocó al quinto piso. Héctor se sintió abrumado de alegría, sintiendo que iba a flotar lejos. Después de todo, pocos de sus hermanos tenían acceso a este lugar.
¡Padre me ha aprobado!
La quinta planta, aunque claramente parte de la casa principal, se transformó ante los ojos de Héctor en una playa bañada por el atardecer. Su padre permanecía de pie sobre la arena escarlata, esperando.
"Héctor"
"Sí, padre"
"Algún día, mataré a los reyes demonio", declaró el Señor de Sangre de Hierro.
Héctor se estremeció. Entendía el peso de esas palabras.
"Sé que no puedo hacerlo solo. Es un sueño que ni siquiera nuestro antepasado, el gran héroe Hada Negra Kuset, pudo lograr", continuó el Señor de Sangre de Hierro.
Héctor permaneció en silencio.
"Pero puedo tener éxito si tengo a alguien a quien luchar a mi lado. Por eso te traje a este mundo"
La admisión de que sus hijos habían nacido por necesidad sonaba demasiado directa para que un padre la dijera, pero Héctor no sintió sorpresa ni tristeza.
"Quiero que luches a mi lado algún día."
Algo cálido e indescriptible se extendió por Héctor, llenando todo su cuerpo. Fuera cual fuera la razón, el hecho de que su padre le necesitara llenaba a Héctor de alegría.
La ambición del Señor de Sangre de Hierro pronto se convirtió en la de Héctor. Sería nada menos que un sueño hecho realidad estar junto a su padre en el campo de batalla, un lugar donde su padre le necesitaba.
Puedo hacerlo.
Héctor ahora se veía a sí mismo como un genio. Su destreza con la espada mejoraba cada día y estaba seguro de superar a sus compañeros. Creía que podía soportar el peso de las expectativas de su padre. Pero entonces, se encontró con un verdadero genio.
"Pensar que la distancia sería tan grande"
"Como era de esperar, solo Heero puede ser el sucesor del jefe de familia"
"¡Shh...! La señora puede oír"
Héctor perdió un combate de entrenamiento contra su hermano mayor en cuestión de segundos. La derrota dolió, pero las palabras de Heero dolieron aún más.
"Qué extraño. ¿Por qué Padre pone sus esperanzas en alguien tan corriente como tú?"
La palabra que Héctor creía haber dejado le volvió de golpe, más clara y opresiva que nunca, genio y ordinario.
En ese momento, supo que su vida sería para siempre una persecución entre ambos.
\*\*\*
Héctor despreciaba a los genios. Detestaba a quienes se burlaban del trabajo duro en nombre del talento. Lo reconocía como un sentimiento de inferioridad, pero ¿y qué? ¿Qué podía hacer al respecto?
"Me niego", declaró Héctor.
Si abandonaba esta mentalidad, dejaría de ser Héctor Badniker.
Charon ladeó la cabeza. "Vas a morir"
"Lo sé"
"¿Y sin embargo te niegas? ¿Vale tu orgullo más que tu vida? No lo entiendo"
Quizás el orgullo de alguien de abajo era invisible para un genio arrogante. Además, Héctor no tenía intención de morir allí.
Todavía hay una oportunidad, pensó Héctor.
Mientras los lobos vigilaban la situación, él había recuperado algo de fuerzas. Rápidamente expuso su plan.
"Basil"
"¿Sí?"
"Voy a crear una apertura. Úsala para escapar", instruyó Héctor.
Con la reducción del número de lobos, era posible. Su cerco se había debilitado.
La cara de Basil palideció. "¿Y tú qué, Héctor?"
"Te seguiré... quizás. Es más difícil luchar mientras proteges", respondió.
"Puedo aportar mi parte", protestó Basil.
"No presumas. Estás al borde del colapso"
"Pero—"
"Te lo dije al principio. En esta prueba, debes obedecer a tu líder sin cuestionar"
Héctor sintió una oleada de gratitud hacia Basil. Incluso en momentos de crisis, el hombre nunca le había presionado para que renunciara a sus puntos. Héctor no sabía por qué. Quizá Basil fue demasiado amable para expresar sus pensamientos.
Sin embargo, Héctor percibió que era respeto por su frágil orgullo. Si era así, Héctor le debía a Basil respetar la vida de este discípulo héroe.
"Entendido"
En ese momento, Héctor olvidó la gravedad de la situación y estalló en carcajadas.
¿Los enanos lloran así? se preguntó, mirando el rostro de Basil surcado por lágrimas, que parecía casi cómico.
Héctor dijo: "Basil, ser héroe no te va bien. Si sobrevives, considera un camino diferente"
"En realidad, siempre he soñado con ser cervecero", admitió Basil.
"¿De verdad? He oído que la cerveza artesanal enana es un producto de lujo"
"Es tan obvio que no hace falta decirlo. La próxima vez te invito a un poco"
Charon, que había estado observando en silencio su intercambio, finalmente volvió a hablar. "Héctor, ¿De verdad vas a morir por puntos?"
"No se trata de los puntos. Soy un Badniker", afirmó Héctor.
"¿Qué significa eso?"
"Los Badnikers no tratan con basura"
Esas palabras no salieron de Héctor.
Un fuerte estruendo resonó cuando algo cayó del cielo, un lobo, empapado de sangre como si hubiera sido aplastado por una roca.
La figura responsable estaba ante ellos. Su rostro era tan irritante como el de Charon, pero en ese momento era la imagen más bienvenida que Héctor podía imaginar.
Héctor no pudo evitar reírse.
Luan miró a Héctor y sonrió. "¿No es así, hermano Héctor?"

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Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 79
Estás leyendo el capítulo 79 de Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela), un novela. Luan Badniker, el hijo menor de una de las Grandes Familias. Sin embargo... ¿Su número de bendiciones fue cero? El fracaso del Señor de Sangre de Hierro. El perdedor de los Badnikers. Buscó un lugar para morir para… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Segador. Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) tiene 204 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.