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Leer Más allá de lo celestial (Novela) Capítulo 2 online gratis en español

Tang Lin mantenía a Liu sujeto contra su pecho con la capa, dejando ambas manos libres para manejar la lanza. El hombre de la manga ensangrentada entrecerró los ojos. —Entonces muere. Su Qi estalló hacia afuera. El aire se volvió pesado. El suelo se hundió bajo sus pies cuando se lanzó hacia Tang Lin. Su mano derecha se cubrió de un resplandor rojizo y se dirigió directamente hacia su garganta. Tang Lin giró el cuerpo. La mano pasó junto a su rostro. Tang Lin lanzó una estocada directa. ¡CLANG! El hombre bloqueó el golpe con el antebrazo, cubierto por una fina capa de Qi, y retrocedió varios pasos. Sus ojos se estrecharon. —Establecimiento de la Fundación... Tang Lin no respondió. Avanzó con la lanza en ambas manos. El arma trazó un arco bajo la lluvia, obligando a su adversario a retroceder mientras levantaba una barrera de Qi. ¡BOOM! La punta de la lanza penetró parcialmente en la barrera. El hombre giró el cuerpo y evitó que le atravesara el pecho. Aun así, una línea de sangre apareció sobre su túnica. Su expresión cambió. —¿Quién eres? —Un viajero. —Los viajeros no suelen intervenir en asuntos de cultivadores. —Hoy sí. El hombre apretó los dientes. La sangre que aún manaba de la herida de su brazo izquierdo comenzó a desprenderse de la tela. Las gotas se elevaron sobre el barro, mezclándose con el agua de lluvia sin llegar a perder su forma. Decenas de gotas flotaron alrededor de su cuerpo. Tang Lin observó el fenómeno. —Dao de sangre. —Al menos sabes reconocerlo. Las gotas se transformaron en agujas. El hombre levantó la mano. —Entonces también deberías saber que estás muerto. Las agujas salieron disparadas. Tang Lin hizo girar la lanza. Una corriente de viento se extendió a su alrededor y desvió la mayoría de los proyectiles. Pero no todos. Una aguja atravesó la corriente. Tang Lin inclinó la cabeza. La aguja pasó junto a su mejilla. Otra se dirigió hacia el bebé. Tang Lin cambió de posición de inmediato. Giró el cuerpo y protegió a Liu Tianshen con el suyo. La aguja le rozó el hombro. Una línea de sangre apareció en la tela. Un gemido del bebé se perdió entre el estruendo de la lluvia. El hombre sonrió. —Así que ese es tu punto débil. Tang Lin bajó la mirada hacia el niño. Liu se removió bajo la capa, inquieto por el ruido, pero no llegó a despertarse del todo. Tang Lin volvió a mirar a su adversario. Su expresión había cambiado. —Te equivocaste. El hombre frunció el ceño. —¿Qué? Tang Lin sostuvo la lanza con una sola mano. —No es mi punto débil. El viento comenzó a levantarse. —Es la razón por la que todavía estás vivo. El cultivador sintió un escalofrío. Tang Lin concentró el Qi en las piernas. Al instante siguiente, su figura se desdibujó entre la lluvia. ¡BOOM! La lanza impactó contra la barrera del hombre. La defensa se deformó con un crujido. El hombre retrocedió. Otro golpe. ¡BOOM! La barrera se agrietó. El cultivador reunió el Qi que le quedaba y lanzó una palma hacia el pecho de Tang Lin. Tang Lin intentó esquivarla, pero su adversario ocultó la verdadera dirección del golpe. La palma alcanzó su costado. ¡THUD! Su cuerpo se deslizó varios metros sobre el barro. El sabor metálico de la sangre apareció en su boca. El hombre aprovechó la oportunidad. Se lanzó hacia el bebé. Tang Lin levantó la cabeza. Por primera vez, su expresión se volvió completamente fría. Clavó la lanza en el suelo. El viento explotó a su alrededor. El hombre apenas alcanzó a levantar los brazos antes de que una fuerza invisible lo golpeara de frente. ¡BOOM! Su cuerpo salió despedido y chocó contra el tronco de un árbol. Tang Lin se incorporó, recuperó la lanza y avanzó antes de que su adversario pudiera ponerse en pie. El cultivador levantó su barrera una vez más. Tang Lin descargó un golpe con el asta. El impacto hizo crujir la defensa y obligó a Zhao a retroceder. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, Tang Lin giró la lanza y golpeó de nuevo. La barrera se quebró. El extremo del arma alcanzó el pecho de Zhao y lo obligó a caer de rodillas. Tosió sangre e intentó levantarse, pero sus piernas no respondieron. Tang Lin colocó la punta de la lanza frente a su garganta. —Se acabó. Zhao respiró con dificultad. —¿Por qué...? —Porque ya no puedes ganar. Zhao soltó una risa débil. —¿Crees que los otros te dejarán marcharte? Hay nueve más. Si saben lo que hiciste, te buscarán. Tang Lin miró hacia Mui. El resplandor de las llamas todavía podía verse entre los árboles. —No pienso quedarme aquí para averiguarlo. La sonrisa de Zhao desapareció. Su mano se deslizó hacia el interior de la túnica. Tang Lin lo vio. —No te muevas. Zhao no obedeció. Su mano emergió con un cuchillo corto, recubierto de Qi rojizo. Aunque apenas podía mantenerse de rodillas, todavía intentaba atacar. Tang Lin no volvió a dudar. La lanza se movió una última vez. La punta atravesó el pecho de Zhao. Su cuerpo se tensó antes de quedar inmóvil, con el cuchillo todavía entre los dedos. El resplandor rojizo que lo rodeaba se extinguió poco a poco. Tang Lin retiró el arma. No sintió satisfacción ni remordimiento. Zhao había tenido la oportunidad de detenerse y había elegido atacar de nuevo. No iba a arriesgar la vida de Liu por darle una segunda oportunidad. Miró al bebé, que se había quedado tranquilo bajo la capa. —No pienso permitir que nadie te convierta en una presa. Tang Lin guardó la lanza. No podía quedarse mucho tiempo. Los otros cultivadores habían sentido las perturbaciones de Qi y podían llegar en cualquier momento. Sus perseguidores también podían estar acercándose a Mui. Sobrevivir seguía siendo lo más importante. Y ahora tenía a alguien más a quien proteger. Dentro de Mui, los otros nueve cultivadores sintieron la perturbación. Uno de ellos levantó la cabeza. —¿Qué fue eso? Una segunda sacudida de Qi atravesó el bosque. El hombre palideció. —Alguien está luchando con Zhao. —¿Quién? —No lo sé. Otro cultivador cerró los ojos y extendió su percepción espiritual. La respuesta llegó unos segundos después. —Un cultivador del Establecimiento de la Fundación. Todos guardaron silencio. —¿Estás seguro? —No puedo determinar el nivel exacto. Pero esa presión no pertenece a un mortal ni a un cultivador de Refinamiento de Qi. El hombre de mayor edad miró hacia el bosque. Una tercera perturbación atravesó la oscuridad. Después, el rastro de Qi de Zhao comenzó a debilitarse. Nadie habló durante unos instantes. —¿Podemos ayudarlo? —preguntó uno de ellos. El mayor lo miró con frialdad. —Apenas nos hemos recuperado. Si nos enfrentamos a alguien del Establecimiento de la Fundación, podríamos morir antes de dar un segundo golpe. —Pero Zhao... —Si sigue vivo, tendrá que escapar por su cuenta. El cultivador volvió la mirada hacia las montañas. La ruptura del colgante ya había dejado al descubierto sus presencias. Sus perseguidores podían estar siguiendo el rastro en aquel mismo instante. Regresar al bosque significaba exponerse a un enemigo cuya fuerza desconocían. Quedarse en Mui podía permitir que sus perseguidores los alcanzaran antes de que recuperaran sus fuerzas. No tenían ninguna garantía de rescatar a Zhao. Tampoco tenían motivos para sacrificar sus propias vidas por él. —Nos vamos —ordenó el mayor. Ninguno protestó. Abandonaron Mui antes del amanecer, llevándose únicamente lo que habían conseguido recuperar y dejando atrás los cuerpos de sus víctimas. Cuando la lluvia comenzó a apagar las últimas llamas, los nueve supervivientes ya estaban lejos de la aldea. Zhao no volvería a alcanzarlos. Tang Lin volvió junto al árbol donde yacía la mujer. La lluvia había lavado parte de la sangre de su ropa. Se agachó y le cerró los ojos. —Descansa. Apartó de su rostro un mechón empapado y permaneció en silencio durante unos instantes. No podía enterrarla allí sin arriesgarse a que alguien los encontrara. Tampoco podía quedarse hasta el amanecer. Las últimas palabras de la mujer seguían presentes en su mente. Acomodó a Liu contra su pecho, se aseguró de que la capa lo protegiera de la lluvia y se levantó. Antes de marcharse, volvió la mirada hacia ella. No dijo nada más. Después se internó en el bosque. La noche transcurrió bajo una lluvia cada vez más débil. Tang Lin avanzó por el camino sin detenerse. El costado le dolía después del golpe recibido y el hombro seguía ardiendo donde la aguja había rozado su piel. No podía permitirse descansar demasiado pronto. Encontró un cobertizo abandonado antes del amanecer y se refugió allí hasta que la lluvia disminuyó. Liu despertó poco después. Movió lentamente los brazos. Su rostro se arrugó y comenzó a llorar. Tang Lin lo observó. —¿Tienes hambre? El llanto aumentó. Tang Lin revisó su bolsa. Encontró unas frutas secas. Las miró durante unos segundos. Luego miró al niño. —Esto no sirve. El bebé siguió llorando. Tang Lin dejó escapar un suspiro. —Definitivamente tienes hambre. Nunca había imaginado que alimentar a un niño pudiera resultar tan complicado. Durante sus viajes había soportado heridas, noches a la intemperie y largas jornadas sin comer. Sabía reconocer plantas medicinales y encontrar refugio en lugares poco acogedores. Pero nada de eso le enseñaba qué hacer con un bebé hambriento. Lo sostuvo con cuidado, intentando recordar cómo lo había visto acomodarlo su madre. Liu siguió llorando. —Está bien. Encontraremos comida. Tang Lin volvió a cubrirlo y reanudó la marcha. Antes del mediodía encontró una pequeña aldea de varias decenas de casas. Allí consiguió arroz, ropa seca, telas limpias y algunas medicinas para tratar sus propias heridas. Pero lo más urgente seguía siendo alimentar al niño. Después de preguntar, encontró a una mujer que amamantaba a su propio hijo. Tang Lin le explicó que el bebé había perdido a sus padres y le ofreció unas monedas a cambio de ayuda. La mujer aceptó alimentar a Liu y le explicó que necesitaría cuidados constantes. También le mostró cómo envolverlo para protegerlo del frío sin dificultar su respiración. Tang Lin escuchó sin interrumpir. Había enfrentado cultivadores y sobrevivido a situaciones mucho más peligrosas que aquella. Sin embargo, ninguna batalla lo había preparado para cuidar de un recién nacido. Antes de marcharse, compró una manta gruesa y cambió su ropa mojada por una túnica seca. El comerciante que le había vendido las provisiones observó al bebé. —¿Es tu hijo? —No. —¿Entonces? Tang Lin miró a Liu. —Lo encontré. El comerciante entendió que no debía seguir preguntando. Al salir, Tang Lin escuchó a dos hombres hablando cerca de la entrada. —Dicen que atacaron Mui. —¿Bandidos? —Cultivadores. Tang Lin continuó caminando. No miró atrás. No podía cambiar lo que había ocurrido en Mui. Pero podía evitar que aquel niño terminara sufriendo el mismo destino. Pasaron varios días. Tang Lin siguió avanzando hacia el este. Durante el viaje, Liu comenzó a recuperarse. Dormía buena parte del tiempo, aunque se despertaba con regularidad para alimentarse. Tang Lin aprendió a distinguir sus llantos y a reconocer cuándo tenía hambre o simplemente estaba incómodo. Algunas noches encontraba refugio bajo un techo abandonado; otras, dormía sentado contra un árbol, con el niño protegido entre sus brazos y la lanza siempre al alcance de la mano. El viaje habría sido más sencillo si estuviera solo. Pero ya no lo estaba. Una mañana, mientras descansaban bajo un árbol, una hoja cayó lentamente frente a Liu. Los ojos del bebé siguieron el movimiento. Su mano se levantó por reflejo, pero los dedos solo atraparon el aire. Tang Lin tomó la hoja antes de que tocara el suelo. La dejó frente a él. Liu continuó mirándola. Tang Lin soltó una pequeña risa. —Todavía te falta mucho. El niño no entendió. Pero siguió observando la hoja. Tang Lin la dejó sobre su manta. —Niño raro. Liu cerró lentamente los dedos sobre la tela. Por un instante, pareció satisfecho. Tang Lin negó con la cabeza y volvió a levantarse. El camino todavía era largo. Una semana después de la destrucción de Mui, llegaron a una ciudad. Tang Lin se detuvo frente a las enormes puertas de piedra. Era mucho más grande que Mui. Caravanas entraban y salían. Los mercaderes gritaban sus precios, los guerreros caminaban con armas a la espalda y los guardias vigilaban el tránsito desde ambos lados de la entrada. Entre los mortales podían verse cultivadores. Uno de ellos se elevó por encima de la multitud y aterrizó varios metros más adelante. Los ojos de Liu siguieron el movimiento, muy abiertos. Tang Lin observó al cultivador. Después miró al bebé. —Ya verás cosas mucho más extrañas. Liu no respondió. Solo continuó mirando las figuras que se desplazaban entre las puertas de piedra. Tang Lin ajustó la manta alrededor de su cuerpo y entró en la ciudad. Esa noche, Tang Lin alquiló una habitación pequeña. Después de alimentar al niño y comprobar que estuviera cómodo, lo acostó sobre una manta doblada. Liu dormía profundamente. Tang Lin permaneció junto a la ventana. Observó las luces de la ciudad y pensó en lo que debía hacer. Primero encontraría un lugar seguro para el niño. Después descubriría si tenía talento para la cultivación. Si podía cultivar, lo ayudaría. Si no... Encontraría otra manera. No sabía qué clase de vida le esperaba a Liu Tianshen, pero no permitiría que la falta de talento determinara por sí sola su destino. Mientras pensaba, volvió a sentir aquella extraña sensación. Era débil. Casi imperceptible. Pero procedía del niño. Tang Lin frunció el ceño. Cerró los ojos y extendió ligeramente su percepción espiritual. Nada. Solo el débil Qi vital de un bebé. Abrió los ojos. —Quizá me estoy preocupando demasiado. Se alejó de la ventana y apagó la lámpara. La habitación quedó en silencio. Liu Tianshen dormía. Entonces, en lo profundo de su mente, comenzaron a aparecer imágenes. Una habitación iluminada por una luz blanca. Una mesa. Una taza de café. Un edificio de cristal y acero que se alzaba detrás de una ventana. Las escenas aparecían y desaparecían sin orden. No formaban una historia completa, pero tenían una nitidez extraña, acompañada por una sensación de familiaridad que el niño no podía comprender. Después apareció una pantalla brillante. Una sensación de miedo. Un ruido seco. Un techo blanco. Oscuridad. Las imágenes se desvanecieron. Liu no pudo retenerlas. Su mente era demasiado joven para ordenarlas, y su pequeño cuerpo aún no respondía con precisión a los impulsos que surgían en su conciencia. Solo quedaron fragmentos, separados entre sí por un vacío imposible de atravesar. Por un instante, intentó aferrarse a la imagen del techo blanco. Pero también desapareció. Su cuerpo volvió a relajarse. La respiración se hizo tranquila. Tang Lin se acomodó cerca de la puerta, con la lanza a su lado. No sabía qué había recogido del camino. Tampoco comprendía aquella extraña sensación que a veces percibía al observar al niño. Pero había hecho una promesa. Y pensaba cumplirla. En lo más profundo de la mente de Liu Tianshen, una superficie oscura emergió entre los fragmentos. Sobre ella brillaron filas de símbolos desconocidos, iluminados por una luz tenue. Liu intentó concentrarse, pero no logró comprender lo que veía. La imagen se desvaneció antes de que pudiera retenerla. El niño siguió durmiendo, ajeno a aquello que acababa de aparecer en lo más profundo de su conciencia.
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Más allá de lo celestial (Novela) Capítulo 2

Estás leyendo el capítulo 2 de Más allá de lo celestial (Novela), un novela. Liu Tianshen murió y renació en un mundo de cultivación como un mortal sin nombre, sin clan que lo respalde, sin recursos y sin un linaje poderoso. En un mundo donde la fuerza determina el destino y los débiles apenas… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026. Más allá de lo celestial (Novela) tiene 2 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.