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Leer MALDITAS PERSONALIDADES (Novela) Capítulo 27 online gratis en español

🏴 Grupo: Heiss✍️ Traducción: Heiss
Los pájaros cantaban y los insectos revoloteaban cerca de la maleza; la luz del sol se filtraba por los árboles. Sin la intención de dejar que la luz me siguiera molestando, decidí levantarme, pero para mi sorpresa, mi cuerpo no se movía. O más bien no quería moverme; estaba tan adolorido que costaba darme la vuelta. Tenía mucha hambre y sed; no podía decirlo con facilidad, pero tan solo las raciones que tomé ayer eran claramente insuficientes; necesitaba levantarme a hacer el desayuno. Mirando al lado, vi una figura delicada que descansaba durmiendo plácidamente. La luz del sol no tocaba su cara, pero sí sus hombros desnudos. Su cabello rubio blanco esparcido en el suelo daba una naturalidad desconcertante en su forma de dormir. Por un momento quedé mirándola sin pensar en nada, como cuando una computadora queda formateada y necesita arrancar sus programas primarios para poder entrar en función. Por alguna razón, esa vista dio tranquilidad después de tanto tiempo corriendo por la cuerda floja, no caminando; todo era un caos, y no se me permitía dudar, solo correr hacia adelante y no caer en el intento. Los párpados se movieron al sentir una brisa fría que pasó por el lugar, haciendo que ella involuntariamente se tocara los brazos, intentando tomar la manta térmica. Cuando lo logró, abrió levemente los ojos; allí nuestras miradas se encontraron. Por alguna razón, en el inicio no sentí ningún pánico; su mirada me hacía sentir cómodo de alguna forma. Y como si fuera igual, ella mantuvo la mirada, al principio un poco desconcertada por la persona que la observaba; fueron 3 segundos, tan cortos que ni se sintieron, cuando una repentina sensación de tranquilidad la abordó. Podría ser el calor de la manta térmica que la abrigaba y que compartía con Emily, pero no, no era eso. Se mantuvo la interacción hasta que el brazo de Emily voló de un lado y le pegó en la cara a Cloe, haciendo que el ambiente único se rompiera. Por alguna razón, una risita salió de mi boca, sin saber si ella la había escuchado. Cambié mi mirada hacia arriba y, después de asegurarme de que ya podía mover alguna de mis articulaciones, me levanté. Era hora de comer. \*\*\* Todos estaban cerca de la ya casi extinta fogata; cada uno tomó una bolsa de raciones militares que habíamos traído. Con suerte, el grupo de Caleb había traído sus propias raciones y no tendrían que racionar llegado un caso extremo. La distancia a Junín a pie sería de apenas 1 hora con 45 minutos; para ser 9 kilómetros, era cerca; sin embargo, el problema no era tan simple. No había carreteras, solo denso bosque, humedales por todo lado y el zigzagueante río llamado Cara Paraná. Su longitud era una pizca comparada con el río Putumayo que estaba al lado de Puerto Victoria; no obstante, para nosotros era un obstáculo que interfería mientras bajábamos al sur hasta la aldea. Los hombres del distrito con los que nos encontraríamos nunca llegarían porque irían hasta la única carretera disponible cerca, que era la salida oeste; incluso si la explosión fue enorme, ellos debieron rodearla e ir con sus escuadrones en una misma ruta para encontrarse con los Másters. Había posibilidad de encontrarse con ellos, pero muy baja, y más porque en el momento en que Rudolf y el grupo llegaron a la orilla, el distrito ya se había movilizado hacia el oeste, evitando la zona principal de explosión; entonces, cuando llegaron, no los esperaba ninguna patrulla. Con todos los obstáculos que tenían adelante, llegarían en 3 a 4 horas, mucho más que en un recorrido normal de 9 kilómetros. Una vez que todos tuvieron todo listo, comenzaron la travesía por la selva del amazonas. El mayor reto para Heiss fue informar qué animales eran venenosos al tocarlos y qué caminos debían o no tomar. Podrían arriesgarse a atravesar el río solo si no había avistamiento de caimanes por la zona. El yacaré es un tipo de caimán que habita esas aguas; puede llegar a medir 3 metros. Por ningún motivo Heiss pretendía añadir en su lista pelear con un caimán por su supervivencia. Se podían ver garzas y martinetes, tipos de aves peculiares de la zona, que demostraban que la zona tenía su propio ritmo de vida. El trayecto fue, en su mayor parte, en silencio; nadie habló de más a no ser que Jesús se asustara por alguna serpiente o araña. También tenía la paranoia de que había pirañas en estas aguas por la cantidad de películas que veía, pero tuve que aclararle que en estos lugares no habitaban. Finalmente, tras 3 horas y media de una larga caminata entre humedales, el río y los pantanos, divisaron las casas y fogatas de la aldea Era momento de descansar realmente. \*\*\* Cuando Heiss llegó a la aldea, muchos de los aldeanos lo tomaron con mucha precaución; ya habían sido amenazados en el pasado por el narcotráfico, y no querían en su lugar a gente peligrosa. Pero al ver que en su mayoría éramos jóvenes y que las armas que portábamos no las usábamos para amenazarlos, cambiaron de actitud. Eso y, claro, el dinero que les dimos por permitirnos quedarnos en una de sus cabañas, no era ni de lejos un lujo, pero todos estábamos contentos con no tener que dormir en el suelo. Cada uno estaba agotado, y usaríamos ese día para quedarnos y tomar fuerzas antes de pedir un transporte que nos llevara hasta puerto victoria. \*\*\* No podíamos bañarnos, y el tiempo que usáramos para nosotros mismos era cuestión de cada uno, y aun así todos hicimos pereza en la cabaña. La única forma era esperar el transporte que llegaría mañana para poder viajar. Algunos del grupo de Caleb exploraron la aldea en busca de lo que podrían comer para el almuerzo o por simple curiosidad al no conocer prácticamente nada de la cultura de los aldeanos, algunos indígenas y otros simples campesinos. Por mi parte, me quedé observando la estructura del techo, hecha en paja; no había nada más. Ya había dormido toda la mañana y aún no me quitaba la sensación de cansancio. Pese a todo lo pasado, el calor ganó la batalla y decidí mantenerme consciente y moverme para que las cobijas no se pegaran con el sudor de mi espalda. El ventilador no funcionaba y por un segundo sentí el desespero de las noches en las que no podía lavarme cuando me torturaban; era simplemente calor en su máxima expresión. En Colombia no existen las 4 estaciones, solo invierno y verano; estábamos en octubre, cerca de Halloween, más cerca de noviembre, que es conocido como temporada de lluvias, y aun así el calor no bajaba ni un grado. En ese momento llegaron las chicas al campamento con platos hechos de barro; encima venían pescados grandes y de aspecto muy agradable. En cuestión de segundos, la cabaña se llenó de olor a pescado asado, lo que hizo más impregnante el calor. “Comamos afuera, aquí hace mucho calor”, dijo Emily mientras nos decía a todos que salieran de la cabaña. Cada uno se levantó con un letargo; cabe señalar que todo lo estábamos pagando con el dinero recogido por los narcos, entonces estábamos más que felices por tener una experiencia diferente que la de comer raciones militares enlatadas como todo el tiempo que duramos ahí. Más tiempo para Lucius y compañía, que llevaban cierto tiempo trabajando para los traficantes. Nos sentamos en círculo y cada uno cogió una cerveza que habían traído; por mi parte, pedí agua, no porque fuera un cobarde, sino porque simplemente había renunciado a la cerveza por una promesa hecha en el distrito. De todas formas, tener esas bebidas aquí no era tan sencillo; los costos debían ser altos para traer tales cosas al Amazonas. Si no fuera porque varios conocemos los precios, bien podrían robarnos como a muchos extranjeros que vienen y pagan una millonada sin saber lo que compran. “Los habitantes de aquí dijeron que se llama Dorado, es un pescado famoso en la zona” Lo conocía porque aprendí de muchos tipos de peces; no era un pasatiempo exactamente, uno tendría que saber qué podría comer en la selva cuando era desplegado, así fuera aquí o en varias partes del mundo, pero de alguna forma se volvió una manera recreativa de pasar el tiempo en los largos viajes de avión que hacíamos de un lado a otro. Este pescado era una fuente muy valiosa de alimento; sin recatarme un poco y con el hambre aún sonando en mi estómago, cogí los cubiertos de plástico y comencé a comer. La cara de todos fue cómica, sus ojos se abrieron de par en par, la tierna carne que salía fácil cuando uno la pinchaba, el sabor ahumado y de hierbas caseras, el sabor de limón y cilantro y cebolla impregnaba enormemente el pescado. Me sumergí en la comida y deseé estar en esa posición para siempre; cuando acabé, miré a los demás que aún estaban terminando. De entre ellas, Jesús peleaba con las espinas del pescado; le costaba retirar el esqueleto para darle la vuelta. Acercándome, le di una mano enseñándole cómo debía hacerlo para no desbaratarlo. “Gracias, jefe” Personalidad #4: “No hay de qué, solo asegúrate de memorizarlo para la próxima” “¿La próxima?”, la cara de Jesús se descompuso ante la idea de volver a padecer lo mismo otra vez. Todos soltaron una carcajada ante las ya muertas esperanzas de Jesús. Cuando acabe, levante la cabeza para mirar a los demás. Ya habían acabado; Ethan se tocaba el estómago en señal de que no podía más. Caleb hacía señal con la mano hacia Emily a ver si podía pedir más. Emily se embriagaba con la cerveza amarga, diciendo algo como “No es de mi agrado, pero no está mal”. Y Cloe era la única que estaba tomando un refresco de gaseosa en lugar de cerveza; se encontraba contenta de algún modo viendo la reacción de Emily y hablando con ella. Parecía que Emily era muy conversadora; Cloe solo la escuchaba en silencio, asintiendo de vez en cuando. En ese instante, sintió que alguien la observaba y se volvió a mirar quién era; al encontrarse con mi mirada, por alguna razón sentí una picazón extraña, cambié de lugar y dejé de verla. Me sentía algo raro, no como antes cuando nos levantamos; era….¿timidez?, mirando el plato de barro; mi expresión cambió al recordar algo. {¿No la superas, verdad?}, dijo #10 ‘No’, era difícil continuar cada vez que recordaba cómo ella me trataba en el pasado. Por un momento se me pasó por la cabeza el intento de conseguir una pareja estable en el futuro, y sin esperar, sus recuerdos antes de irse a esa misión en Camboya me golpeaban como un martillo en la sien de mi cabeza. Dejando los platos en una bolsa y tirando los cubiertos, agradecí por la comida y decidí dar una vuelta por el lugar; no quería estar deprimido enfrente de ellos. Sin que Heiss se diera cuenta, una mirada de ojos azul pálido, tan pálidos que parecía que fueran casi translúcidos o grises, dependía del ángulo de la luz en que los miraras; lo siguió hasta no verlo más a la vuelta de una choza. En ese momento Emily le habló: “Oye, Cloe, ¿me estás escuchando?”, con la mirada aún perdida en su última posición y con los ojos con un poco de disgusto, se dio la vuelta y la miro, “si”, fue la respuesta que dio, todo mientras una mano suya involuntariamente apretaba el suelo donde estaba sentada. \*\*\* Pasó el día y llegó la noche. Después de conseguir alguna información de Puerto Victoria, volvía a la cabaña cuando escuché un sonido de un televisor. Asomándome a la casa de una persona, me di cuenta de que era una tienda, esas en las que viven las personas y al mismo tiempo venden mercancías para sobrevivir. “¿Desea algo?”, fue la señora de la tienda, una mujer de edad mayor, quien me ofreció algo de mi gusto del local. Mirando entre los objetos, me di cuenta de que tenían cigarrillos; pedí uno. Agradecí y me despedí, me acomodé en un tronco afuera de la cabaña, tomé un encendedor y prendí el cigarro. Lo dejé a un lado de mí mientras se consumía. “¿Fumas?” Me voltee hacia quien me hablaba; era la misma chica con la que había coincidido miradas. Personalidad #4: “Yo no, pero para un amigo tal vez sí”. Lo prendía como tradición, decía que todo mal que dañe el cuerpo es malo; aun así, prendía uno cada mes, recordándonos que siempre había algo que nos dañaba, que era solo parte de las elecciones que hacíamos. Nunca lo vi fumar uno. “¿Es así?, qué bueno” Se sentó al lado y contemplamos la noche oscura, llena de estrellas que en las ciudades no se podrían contemplar. Ninguno dijo una palabra más en toda la noche; nos quedamos hasta que el cigarrillo se consumió y, como si entendiéramos, cada uno se fue a su cama a descansar. Antes de caer dormido, dije unas palabras en mi mente: ‘¿Cuándo fue la última vez que me sentí así de cómodo con alguien?’ Sin más, caí dormido. A la mañana siguiente conseguimos transporte y emprendimos viaje hacia Puerto Victoria.
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MALDITAS PERSONALIDADES (Novela) Capítulo 27

Estás leyendo el capítulo 27 de MALDITAS PERSONALIDADES (Novela), un novela. En un mundo paralelo creado por un Dios que abandonó su mundo, estamos en el año 2044. Heiss y Kalika, nombres inventados con pasados traumáticos, sin padres de los que guarden buenos recuerdos y con supuestas nuevas… Este capítulo tiene publicado el 15 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Heiss. MALDITAS PERSONALIDADES (Novela) tiene 55 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.