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Leer MALDITAS PERSONALIDADES (Novela) Capítulo 25 online gratis en español

🏴 Grupo: Heiss✍️ Traducción: Heiss
Rudolf corría con todas sus fuerzas, cargaba el cuerpo de Heiss, miraba en todas las direcciones. Había varias Railgun en el espacio abierto; usaron una para retirar el chip. Ahora las habían encendido y cargado a toda la potencia, quitando el limitador que impedía que se sobrecargaran. Las primeras grietas en el techo habían sido de explosivos que detonaron en las columnas de soporte y puntos débiles de la zona, suficientes para mover la corteza superior donde estaban las tropas y distraerlas por un momento, pero no tan descuidados como para derrumbar toda la infraestructura. Cuando las railgun terminaran de sobrecalentarse, explotarían con todo el armamento dentro; los explosivos volarían todo en un gran radio. Rápidamente subió el cuerpo en un carro de carga; su velocidad máxima era de 80 kilómetros por hora, pero para el lugar al que querían llegar era apenas aceptable esa velocidad. Condujo hasta llegar lejos a la zona sur; era probable que en 1 o 2 minutos se efectuara la explosión. El final del túnel ya se consideraba apartado del cuartel de los traficantes; sin embargo, no sabrían qué tan grande sería la explosión. Justo en ese momento se encontró con los demás en la salida; más allá de su distancia había un pantano enorme en longitud y corto en ancho. Sus tres subordinados corrieron con una bolsa negra para meter los cuerpos cuando dejan este mundo, parecidos a los que usan en las escenas del crimen. “¡Corramos, estamos encima del tiempo!” Entre los cuatro cargaron el cuerpo; Caleb y los demás cargaban diferentes maletas selladas. Estaban en alerta; aún no sabían del todo qué fue la explosión, no tenían toda la información de cómo iban a huir. “¡No se queden parados y corran al pantano ahora!” Inmediatamente corrieron al escuchar a Lucius gritar sobresaltado; apenas habían tenido tiempo de hacer preparativos y ellos solo corrieron de un lado a otro trayendo materiales que pondrían en la maleta. Faltaban 30 metros cuando algo se iluminó a la distancia. “¡NO MIREN, SIGAN CORRIENDO!” Lucius gritó e insistió en que se dieran prisa. La luz se subió aún más a varios metros de altura; en un punto se vio como si se contuviera un momento; no obstante, se expandió a una velocidad aterradora, enviando una onda que se esparció por toda la zona a una velocidad aterradora. En ese momento todos ya estaban en el pantano. “¡SUMERJANSEN!” Sin vacilar, todos se lanzaron al agua sin importar qué hubiera allá abajo; Rudolf cogió el cuerpo y se tiró sin importarle nada más. La onda arrasó la selva circundante, devastando todos los árboles de la región; el radio interno fue incinerado por las llamas que parecían contener vida propia; el resto fue llevado por la explosión. La selva puede que haya amortiguado la onda, pero mucha de ella había sido deforestada por los traficantes, y exponerse a esa ráfaga era pedir ser mandado con Dios; su fuerza o bien podría mandarte a volar o solo la misma empuje podría matarte. Finalmente, como si sintieran que pasaban una eternidad abajo, levantaron las cabezas y salieron del agua, untados de barro y algas. El túnel de salida sur había colapsado. Los árboles altos del pantano parecían sacudidos y un poco doblados, pero no caerían sobre ellos. Se miraron unos a otros a ver si faltaba alguno; Rudolf ya cargaba con el cuerpo de Heiss en su espalda. “Es mejor movernos”, dijo mientras avanzaba con el cuerpo a cuestas. Al llegar a la orilla, dejó el cuerpo con cuidado en el suelo y empezó a abrir la bolsa impermeable. “Tu, la de pelo morado, dame la maleta” “Me llamo Emily” “Como sea, si quieres ayudar, abre la maleta y busca la jeringa llamada Cellaris y la otra llamada Oxia-7” Haciendo lo que dijo con una mueca en la cara, destapó la mochila que estaba forrada en un plástico y le alcanzó la mochila. “Tu, el moreno, en tu bolsa hay un NeonCure Mk-II, sácalo con cuidado” Los del equipo de Caleb no entendían qué estaba haciendo; era un muerto, no podría volver a la vida por más que quisieran. “también tu blanquito, en tu mochila hay un resucitador portátil, sácalo rápido” Todos se movilizaron sacando las cosas; Jesús y Marcus ayudaron a limpiar las heridas de Heiss simultáneamente. Lucius sacaba una aguja con hilo de una de las maletas; varias cosas las cogieron mientras salían por la salida sur; ya sabían dónde estaban, por ende, solo tenían que correr por las cosas rápido. Antes no tuvieron tiempo de ir por ellas por estar instalando las bombas por todo el cuartel. Entonces tuvieron que hacer la búsqueda por las cámaras y recordando dónde guardaban los equipos médicos; unos estaban entre el armamento, mientras otros estaban en la sala de operaciones. El refugio contaba con una mini sala de operaciones por si alguien salía herido, nada de muy grande, solo equipos necesarios, pero varios habían sido conseguidos para la pronta guerra que se acercaba. Rudolf tomó la jeringa Oxia-7 y se la aplicó directamente en el corazón, retirándola cuando ya la había aplicado; se dispone a hacer masajes cardiacos en la zona. En ese momento ya habían cerrado la herida del cuello y abdomen con el hilo de la manera más rápida posible. El abdomen fue amarrado con gasa y cinta alrededor del costado. Cloe estaba pasmada por la forma en que trabajaban; una parte de ella se sentía disgustada por la idea de jugar con el cuerpo de alguien ya muerto, pero en el fondo una mínima esperanza se encendió, ridícula, sí, y aun así rezaba porque fuera posible, incluso si no tenía a Dios a qué rezarle, solo a la existencia que la escuchara; con eso bastaba. “Tu la pálida, dale respiración boca a boca” Cloe levantó el dedo hacia ella, preguntándose si se refería a ella. “¡Si, tu, rápido!” Sin saber qué hacer, solo hizo lo que le ordenaron. Los demás no sabían si hacer que ese grupo de locos se detuviera, porque, ¿de qué manera puedes traer a alguien de la muerte después de haber sido atravesado por una barra y degollado? ‘Ni Gabriel podría hacer algo en este caso’, fue el pensamiento de Caleb. A pesar de todo, nadie del equipo se movió; tenían una sensación de que ellos sabían lo que estaban haciendo, o al menos era algo que ya habían planeado. Acercándose al cuerpo, Cloe retira la máscara de la cara de Heiss. Un chico de pelo negro opaco, piel seca, lastimada, pálido, rostro casi solemne; era como si aún esperara algo. Miró sus labios rojos que estaban agrietados y un poco azules. Sin vacilar, empezó a hacer respiración boca a boca. Tomando con fuerza las manos, Rudolf siguió presionando su corazón, con esperanza de bombear el medicamento por el corazón. “La NeonCure Mk-II”, acercándose, Ethan, sin que se lo pidieran, empezó a conectar la máquina al pecho de Heiss. Esta era una máquina que salió hace unos años, donde primero manda una descarga al corazón, para luego con los parches dirigir breves espasmos para mover el corazón si no hay respuesta en los 5 primeros segundos. También tiene forma de aguja para inserción fija, pero era mucho más peligroso si no lo hacía un médico experimentado. Por ahora se conformaron con la placa de metal. “¡Despejen!”, todos se retiraron; luego de unos minutos, nada, siguieron con las contracciones y la respiración boca a boca. “¡Despejen!” Una nueva carga se disparó. “¡WAA!”, en un salto, Heiss se reclinó hacia delante de un sobresalto. “Haaa….. haaaaa….haaaa”, respiraciones entrecortadas nacían de sus pulmones, pasaban por la nariz y viceversa, a un ritmo alto, y luego menor. Mirando alrededor, vio a su grupo de escape y a los ya conocidos. En ese momento, Rudolf tomó la jeringa con la cinta que marcaba Cellaris y de un movimiento rápido la clavó en el abdomen, justo al lado de donde lo atravesó la barra. “¡AHHH, MIERDA, ESO DUELE!” La jeringa era necesaria, puesto que necesitaba regenerar sus heridas, en espiral la del abdomen, que tenía unos parches como amortiguación para que no se desangrara; por lo tanto, tenía que actuar rápido. Esa fue una de las indicaciones que le dio Heiss. “¡No podías por lo menos haberme avisado!” El equipo de Caleb quedó impresionado y pasmado; no lo creían posible, pero ahí estaba, de nuevo en la vida como si no hubiera peleado por sobrevivir. La más sorprendida fue Cloe, que sintió como si el aire volviera a ella, además de un alivio, tal vez porque quien la ayudó no murió; quizá era eso. “Si no hubiera actuado, probablemente te irías otra vez de sabático” Rudolf soltó esas palabras con sarcasmo y con una sonrisa de molestar en la cara. Pero antes de dejar que hablara, lo interrumpió. “Bienvenido de nuevo, loco bastardo” Mirando fijamente a Rudolf, la comisura de sus labios se levantó. Personalidad #4: “Claro, no te irías sin mí, desgraciado”
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MALDITAS PERSONALIDADES (Novela) Capítulo 25

Estás leyendo el capítulo 25 de MALDITAS PERSONALIDADES (Novela), un novela. En un mundo paralelo creado por un Dios que abandonó su mundo, estamos en el año 2044. Heiss y Kalika, nombres inventados con pasados traumáticos, sin padres de los que guarden buenos recuerdos y con supuestas nuevas… Este capítulo tiene publicado el 14 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Heiss. MALDITAS PERSONALIDADES (Novela) tiene 55 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.