Leer Mago Infinito (Novela) Capítulo 87 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
—Entonces, ¿qué me pides que haga exactamente? ¿Qué más da si admito que me han lavado el cerebro?
"Si lo haces... tanto tú como Arin seréis absueltos."
Canis se quedó paralizado, con la expresión vacía. Había seguido a Arcane para rescatar a un criminal del Infierno y había puesto en peligro la vida de cientos de magos en el proceso. Incluso si no hubiera sido el cerebro, proclamar su inocencia parecía completamente absurdo.
"Inocentes... ¿nosotros?"
—Sí, si admites que te han lavado el cerebro. La Asociación Mágica se está centrando en ese aspecto ahora mismo.
Si admitía haber sufrido un lavado de cerebro, lo liberarían. Libre. Tanto él como Arin podrían vivir una nueva vida como si nada hubiera pasado.
Canis sintió que se le iba la sangre del rostro. Lo que más le perturbaba no era la idea de admitirlo, sino la lógica de la Asociación. ¿Por qué se esforzaban por liberar a criminales cuando deberían estar haciendo todo lo posible por atraparlos?
"Ah, y una cosa más", dijo Sakiri, hojeando una carpeta como si de repente recordara algo. Quizás sí que acababa de recordarlo, pero siempre era difícil interpretarla.
La abogada personal de Arcane nos envió una carta oficial. Solicitó el anonimato, pero el documento está completamente notariado. Aquí están los registros de sus bienes, su testamento y su herencia.
"¿Su... voluntad?"
Sakiri deslizó los papeles sobre la mesa sin decir otra palabra.
Canis los recogió con manos temblorosas. El testamento de Arcane era sorprendentemente sencillo. Escrito con su caligrafía sencilla y familiar, enumeraba los asuntos que se tratarían después de su muerte.
Una línea destacó:
[Documento] Todos los activos transferidos a Canis
Maestro...
Canis nunca creyó que Arcane fuera bondadoso. No esperaba gestos secretos de afecto o cariño. Arcane era un hombre que actuaba con absoluta convicción y nunca fingía lo contrario.
Aun así, esto demostrará algo: a Arcane puede que no le importaran las vidas de sus discípulos, pero sí consideraba a Canis su único y verdadero estudiante.
Canis continuó hojeando los documentos, revisando un inventario detallado de activos: bienes raíces, incluidas varias mazmorras, equipo mágico, artefactos raros, hierbas caras y una enorme suma en el banco.
Uno, diez, cien, mil...
Contó los dígitos al final.
4.8 mil millones de oro...
Incluso para un mago maestro que vivió más de 150 años, la cantidad era asombrosa. Y, sin embargo, nada de esto tenía sentido. En un momento, lo declaraban inocente, y al siguiente, ¿le decían que había heredado 4.800 millones de oro?
Sakiri se rascó la cabeza con una mirada tímida.
—En realidad, hay una trampa. La razón por la que Arcane te lo dejó todo, Canis, probablemente es porque te veía como su discípulo. Pero para la Asociación Mágica, eso parece sospechoso, como una forma de lavado de cerebro. Te dan una identidad falsa, un ego falso.
Ella hizo una pausa.
En su opinión, Arcane te manipuló. Por eso están dispuestos a dejarte ir. Porque, de lo contrario, no pueden justificar que cometas actos tan terribles. Pero si te dejan ir...
—...entonces no soy realmente su discípulo y no puedo heredar nada —terminó Canis por ella.
Sakiri dio su primera sonrisa amable, pero no había nada suave detrás de ella.
Exactamente. Arcane dejó su patrimonio a Canis, que tenía el cerebro lavado. No al verdadero. Así que, técnicamente, el dinero ya no te pertenece. Se convierte en propiedad ilegal y será confiscado por la Asociación. Aun así, me gustaría saber tu opinión antes de que eso suceda.
Ella deslizó un documento final sobre la mesa.
Si admites que te han lavado el cerebro, serás absuelto. Solo te queda firmar esto.
Canis se quedó mirando el papel.
Un memorando de renuncia.
Si lo firmaba, sería reconocido oficialmente como víctima, utilizado por Arcane. Sería inocente... pero la herencia iría a la Asociación.
Al final, la Asociación eligió los 4.800 millones de oro en lugar de la justicia para dos jóvenes criminales.
—Puedo darte más tiempo —dijo Sakiri—, pero retrasarlo podría perjudicar tu juicio. Puede parecer que te resistes. Y, sinceramente, ¿no tiene sentido? Claro que te lavaron el cerebro. Si no, ¿cómo pudieron tú y Arin hacer lo que hicieron?
Canis sintió que su mente se entumecía. No temía morir en batalla. Pero aquí, le decían que ni siquiera era culpable. Que todas sus decisiones no eran suyas.
Este lugar... no es diferente de Radum.
El mundo exterior no era un santuario cálido. Era solo otro campo de batalla, uno donde el poder se disfrazaba con la justicia.
Mientras dudaba, Sakiri se levantó y se estiró.
Tómate tu tiempo. Quizás una hora...
"Yo firmaré."
Sakiri hizo una pausa a mitad del movimiento, luego sonrió y volvió a sentarse.
"Buena elección. Aquí..."
Ella le entregó un bolígrafo. Con movimientos mecánicos, Canis garabateó su nombre en la línea.
El sonido del bolígrafo rascando el papel llenó el silencio.
Sakiri recuperó el documento y asintió con satisfacción.
"Felicidades. Estás libre. De verdad, esto salió bien. Si hubieras contratado a un abogado, las cosas se habrían complicado".
¿Abogado? Ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Quizás debería haber...
No. Sakiri no mentía. Si la Asociación hubiera querido que hubiera justicia, no habrían solicitado una exención.
"¿Y ahora qué?"
"Bueno, eres libre de irte."
"¿No hay procedimientos de liberación?"
"Ninguno. Simplemente sal."
Era como ver a un vendedor ambulante siendo expulsado del porche de alguien. Canis lo comprendió: Sakiri no los veía como personas. Todo este proceso había durado dos horas, y todo por un solo motivo: recuperar la fortuna de Arcane.
Peor que la humillación era la impotencia. Ahora comprendía la fuerza del hombre que se atrevió a desafiar el continente solo.
Canis se enderezó, con una determinación cada vez más firme. Era un mago de batalla. Y ahora, no tenía nada que perder.
"Oye", llamó mientras Sakiri se acercaba a la puerta.
"¿Dijiste algo?"
"Eres un mago, ¿verdad?"
"¿Hm? Se podría decir que sí. Todos en la Asociación lo somos."
"¿Qué rango?"
"Oficial de 5º grado."
Así que ese es el nivel de sus investigadores. Un mago certificado de quinto grado.
"No me detendré aquí", dijo Canis. "Todavía no he terminado".
"Así debe ser. Bien. Entonces vete."
"Algún día... te haré mi subordinado."
Sakiri se detuvo con la mano en el pomo de la puerta. Se giró, sonriendo levemente.
—Entonces más te vale estudiar mucho. Este puesto no es fácil de conseguir, ¿sabes? Pero si ese día llega...
Ella puso una mano sobre su corazón.
"Te deseo lo mejor."
Canis no respondió. Simplemente la vio irse, dándose cuenta de su pragmatismo frío. Agachar la cabeza no costaba nada. Y nadie sabía qué le deparaba el futuro.
Una vez que Sakiri se fue, Arin se volvió hacia él con una sonrisa.
"Bueno, tomaste la decisión correcta."
"En serio... el mundo está lleno de gente fuerte."
Canis sonrió levemente. Un nuevo fuego se despertó en su pecho: la misma sensación que sintió cuando conoció a Arcane.
"Hagámonos más fuertes, Arin."
"Sí..." susurró ella.
Arin miró fijamente la puerta por la que Sakiri había salido. «Canis volverá aquí algún día», pensó. «Este no es el fin para ellos. Y si es cierto, entonces yo también puedo seguir adelante».
Tras salir de la sala de investigación, Sakiri se dirigió directamente a la oficina del inspector. Considerando la envergadura del caso, la resolución fue sorprendentemente sencilla. La muerte de Arcane había simplificado las cosas. No hubo complicaciones legales, y la admisión de culpabilidad de Alpheas había sido crucial para resolverlo todo.
La oficina del inspector era una habitación lujosa con relucientes suelos de mármol. De pie junto a la ventana, con las manos entrelazadas a la espalda, se encontraba un hombre conocido como el Inspector de Hierro, una leyenda de la División de Inspección 3.
"Inspector General, aquí están los documentos del acuerdo del caso", dijo Sakiri.
"Déjalos en el escritorio."
Dejó la carpeta, con la intención de irse como siempre. Pero esta vez, la curiosidad la venció. Dudó en la puerta y luego se dio la vuelta.
"¿Está realmente cerrado el caso Alpheas?"
¿Por qué lo preguntas? ¿Crees que alguien de arriba intervendrá?
Una suspensión de seis meses parece leve. Pero no ha habido ninguna reacción negativa. Si esto hubiera ocurrido hace 40 años, considerando que no hubo intención de causar daño y que los 4.800 millones de oro se convirtieron en joyas... tal vez sí sea una resolución justa.
—Entonces ¿por qué cuestionarlo?
Su respuesta confirmó lo que Sakiri sospechaba. Chasqueó la lengua, frustrada. No había querido decir tanto, pero ahora que lo había hecho, retractarse solo empeoraría las cosas.
"Me preguntaba... si la expiación tenía algo que ver con eso".
El inspector permaneció en silencio un buen rato. Luego, lentamente, se giró para mirarla.
—Sentí lástima por Alpheas —dijo al fin—. Pero los sentimientos personales nunca deciden el castigo de un criminal.
"Entendido. Hablé fuera de lugar. Me disculpo."
"Adelante. Puedes retirarte."
Sintiéndose incómodo, Sakiri hizo una reverencia y salió rápidamente de la oficina. El hombre podía ser una fuerza implacable contra los criminales, pero dentro de la Sociedad, era solo un mago más, sujeto a la autoridad de sus superiores.
Tras un momento, el inspector abrió el expediente que ella había dejado. Leyó el informe con atención, tomó una pluma estilográfica y la pasó por encima de la línea de aprobación. Los recuerdos inundaron su mente: décadas. Ya era un anciano, con el pelo canoso, pero aún sentía en la mandíbula el dolor del puñetazo que recibió en casa de Alpheas hacía tantos años.
"Caramba... Debería haber traído un regalo", murmuró.
No había visitado a Alpheas desde aquel incidente con Erina. El orgullo lo había mantenido alejado, reticente a admitir su derrota. Pero durante los últimos 40 años, la teoría cuántica de fotones había avanzado y revolucionado el mundo. Incluso ahora, seguía evolucionando. Era innegable que gran parte de ese progreso se debía al ingenio de Alpheas.
"Ja... considera esto un regalo tardío. El Círculo Dorado te pertenece ahora."
Con esto, el inspector firmó el documento.
Ardiano Sarov.

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Estás leyendo el capítulo 87 de Mago Infinito (Novela), un novela. ¡Esta es la historia de un niño que sueña con alcanzar la infinidad como ser humano! Encontrado abandonado en un establo, Shirone es hijo de un cazador y un campesino de pura cepa. A pesar de las dificultades, es un… Este capítulo tiene publicado el 21 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mago Infinito (Novela) tiene 279 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.