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Leer Leaving My World Behind (Novela) Capítulo 123 online gratis en español

\- Lo que el amanecer iluminó fue una imagen que ningún dios debería haber visto jamás. Hombres regados por el suelo como si algo los hubiera devorado a medias, con partes de sí mismos ausentes, arrancadas. Mujeres con los cuellos abiertos, sus cuerpos desnudos, con las marcas inconfundibles de haber sido ultrajadas. La habitación olía a cobre y a silencio. Ese silencio espeso que solo existe cuando todo lo que podía respirar ya dejó de hacerlo. Pero eso no fue lo peor. Lo peor lo encontró en su propia cama. Se acercó despacio, como si una parte de él ya supiera lo que había debajo de las sábanas y quisiera retrasar ese momento todo lo posible. Las apartó con manos que temblaban sin que él se lo ordenara, y ahí estaban: dos de sus hermanas. Con los mismos signos. Las mismas heridas. El mismo silencio final en sus rostros. Salió corriendo. No como un dios. Como algo roto que solo quiere escapar de sí mismo. Pero afuera no había escapatoria. Los cuerpos continuaban por el pasillo, por las escaleras de la gran pirámide, tiñendo cada peldaño de un rojo oscuro que el sol de la mañana hacía brillar como si fuera algo sagrado. Como si el mundo entero hubiera decidido que eso era normal. Que eso era correcto. Dicen que fue ahí donde se detuvo. Que sus piernas simplemente no pudieron más y cayó de rodillas en medio de aquel horror que él mismo había fabricado. Y entonces lloró. No como lloran los hombres, en silencio y con vergüenza. Lloró como solo puede llorar un dios: con todo, con el pecho abierto, con alaridos que hicieron retumbar el cielo y la tierra. Su pesar fue tan grande, tan genuino, que el cielo no tuvo más remedio que acompañarlo. Lágrimas plateadas cayeron desde lo alto, porque él era el dios de la lluvia y el agua, y hasta el cielo obedece al dolor cuando es suficientemente real. Esa misma tarde, sin decirle nada a nadie, se quitó las joyas. Los ropajes. Todo lo que lo hacía ver como lo que era: un gobernante, un dios, alguien digno de ser seguido. Lo dejó caer al suelo como si fueran piedras. Se cubrió con lo primero que encontró, telas viejas y gastadas, y fue a la orilla. Tomó árboles. Maderos. Todo lo que pudo reunir. Y construyó un barco con las manos que habían hecho todo aquello, porque era lo único que le quedaba por hacer. Fue entonces cuando llegaron los humanos. No llegaron con miedo. No llegaron con odio ni con antorchas ni con piedras. Llegaron preocupados, con los ojos cargados de una confusión sincera que al dios le resultó más extraña que cualquier otra cosa que hubiera visto esa mañana. "¿Acaso no me temen?"preguntó, y su voz salió ronca, quebrada, autoritaria solo por costumbre "¿No me odian? He cometido algo imperdonable y aún así aquí están." Los humanos se miraron entre sí. Uno de ellos, finalmente, dio un paso al frente. "No lo entendemos, mi señor. Usted no ha cometido ningún acto atroz." El dios tembló. "¿Qué están diciendo?... Esas mujeres, esos hombres, yo los... yo les..." El hombre sonrió. Con una naturalidad que heló algo dentro del dios que ya creía no tener más nada que helar. "¿Eso? Pensamos que era lo que usted quería. Usted nos ha dado todo, mi señor, y nosotros solo buscábamos una manera de devolverle algo. Un tributo. Estoy seguro de que esos hombres y mujeres estuvieron más que felices de haber servido así." El silencio que siguió fue distinto a todos los anteriores. No fue el silencio de los muertos. Fue el silencio de alguien que acaba de entender, de verdad, la dimensión de su fracaso. No los había guiado. No les había enseñado nada. Había estado ahí, entre ellos, dándoles todo lo material que un dios puede dar, y jamás había llenado lo que más importaba: sus corazones. No les había enseñado que ciertas cosas no eran tributos, eran crímenes. Que ni siquiera un dios estaba por encima de eso. Que lo que le habían hecho a esas personas era un horror, no una ofrenda. Y ellos no lo sabían. Sonreían sin saberlo. Eso fue lo que lo destruyó por completo. Dio la vuelta en silencio. Empujó el barco hacia el océano sin voltear, aunque escuchaba todo: los ruegos, los llantos, los nombres que le gritaban pidiéndole que no los dejara. Siguió empujando. Siguió caminando dentro del agua hasta que sus pies ya no tocaron fondo, y entonces simplemente navegó. Se prometió algo en ese momento. Sin palabras, sin testigos. Solo él y el peso de lo que cargaba. Que volvería. Que cuando lo hiciera sería distinto, más sabio, más digno de la confianza que ellos le habían entregado sin condiciones. Y que esta vez sí los guiaría bien. El sol se hundía en el horizonte cuando la figura del dios se hizo pequeña y luego desapareció, tragada por la luz y por el mar. Detrás de él, el llanto de su pueblo se mezcló con la lluvia que él mismo había convocado sin querer, porque el cielo todavía lloraba con él. No sabía, mientras se alejaba, que nunca más volvería a verlos. Fin del capítulo. Próximo capítulo: El dios que lloró, parte 2.
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Estás leyendo el capítulo 123 de Leaving My World Behind (Novela), un novela. Desde siempre ha existido la incógnita de si el ser humano es malo por naturaleza o si es la sociedad quien lo corrompe. En esta historia conoceremos a Morgan, un joven bondadoso y de gran corazón, amante de los… Este capítulo tiene publicado el 2 de julio de 2026. Leaving My World Behind (Novela) tiene 127 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.