Leer La Verdad Del Universo (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
…
Toc, toc, toc.
Era imposible ver lo que pasaba afuera por la ventana, un velo de espesa niebla combinada con una fuerte lluvia roja oscurecía el mundo.
Maldita sea con esa alarma, juro por la Dama que si otra vez está sonando más temprano de lo que debería la voy a vender y comprar una mecánica y más barata... Una mujer murmuró a la vez que se levantaba de su cama e intentaba apagar la alarma, pero, justo entonces se quedó paralizada. Su alarma no había sonado todavía.
Toc, Toc, Toc.
¿No ha sonado? Su mente se volvió confusa al ver la hora que marcaba, 3:23. De alguna manera, la sentía... familiar.
TOC, TOC, TOC.
Ah, me la debí haber imaginado... Con este pensamiento, se volvió a dormir.
Bip. Bip. Bip.
¿Qué? Se volvió a levantar, esta vez su alarma sí estaba sonando.
3:23... justo a la hora que quería, por fin esta alarma sirvió para algo.
Se levantó de su cama y caminó en dirección a la puerta después de apagar su alarma. Una vez en la sala, se cuestionó si debía prepararse un té o salir a comer en la calle.
Pero ese pensamiento fue interrumpido por una sensación, sus pies, se sentían pesados, como si estuvieran pegados al suelo. Su mirada se desvió hacia abajo, un charco de líquido rojo se esparcía por todo el suelo, luego se desvió a su fuente. La puerta principal. La mujer no reaccionó, solo caminó hacia la entrada. Su mano tembló antes de alcanzar la manija, pero aún así, la abrió.
Una persona estaba parada enfrente de la puerta. Un agujero grotesco atravesaba todo su pecho dejando ver la niebla y la lluvia detrás. Pero también le hacía falta algo más. La cabeza. Y entonces siguieron los gritos.
—¡XXXXX!
La mujer cayó de espaldas, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo.
—¡¡XXXXX!!
Sangre se derramaba sin cesar del cuerpo del hombre inundando poco a poco todo a su alrededor.
—¡¡XXXXX!!
Los gritos se hacían cada vez más fuertes al ritmo del crecimiento del mar de sangre.
—¡¡XXXXX!!
Los gritos sonaban familiares...
—¡¡¡TOKIO!!!
Al final, eran los de su mejor amigo.
—¡¡NECESITAS XXXXXXXXX!! ¡¡SON LAS XXXXX!! …
Eso fue lo último que escuchó, y lo último que vio fue el reloj de la sala, 3:24. Entonces, el mundo se ahogó en el color rojo de la sangre.
…
Tonos naranjados y rosas iluminaban una ciudad bulliciosa, una joven caminaba con prisa entre los transeúntes, su larga cabellera con mechones rojos la hacían destacar.
Observaba a cada persona que veía con recelo. Parecía lista para correr de su mayor depredador en cualquier momento.
Doblando en una esquina cerrada, chocó de lleno con una persona especialmente alta. Rubia. Ojos de diferente color.
—Ah, disculpe.
—Son las siete.
Ella lo vio confundida.
—¿Perdón?
El hombre frunció el ceño.
—Que te fijes por donde caminas, niña. ¿Acaso todos los jóvenes de hoy en día están tan sordos?
Se alejó negando con la cabeza. Ella simplemente se quedó ahí, aturdida. Volteó hacia el gran reloj en la distancia, 5:23. Pero justo en ese momento una voz la sacó de sus pensamientos.
—¿Tokio? ¿Qué estás haciendo aquí?
Ella se estremeció antes de voltear lentamente a la fuente de la voz. Una mujer, ya entrada en sus treinta, la veía con clara sospecha en su mirada. Vestía ropa informal.
—M-madre Isabel, y-yo simplemente pedí permiso para dar un paseo —soltó una risa nerviosa—, ya sabe. Para respirar aire fresco.
La Madre Isabel la vio con ojos entrecerrados. Tras un silencio, dijo:
—Ajá, bueno. Entonces, ¿no te molestará que le llame a la Hermana XXXX para preguntarle, cierto?
Tokio abrió su boca pero al final simplemente bajó la cabeza. La Madre Isabel solo negó con la cabeza.
—Sí, lo supuse. Vamos, yo te llevaré de regreso —suspirando, continuó—. Solo recuerda que me viniste a ayudar con algo extraoficial, ¿de acuerdo?
Tokio levantó la cabeza, sus ojos abriéndose de par en par.
—M-madre, yo... no, usted. Sí usted dice eso, la Hermana XXXX tendrá algo con que culparla cuando sea el juicio. —su voz detonaba incredulidad y culpa.
Sonriendo amargamente le respondió.
—No sé de qué me estás hablando. Ahora, vamos, sí no, se nos hará más tarde.
En algún momento de su camino de regreso al orfanato, las sombras se volvieron más largas y profundas, comenzaban a reinar el mundo. Aunque el reloj a lo lejos seguía marcando la misma hora.
El recorrido fue silencioso, hasta que Isabel lo rompió.
—Y, ¿por qué te escapaste? ¿Tan mal te tratan en mi ausencia? —sonrió débilmente.
No respondió inmediatamente, pero al final dijo:
—… el problema no es con ustedes, o por lo menos lo saben ocultar muy bien —suspiró—. Pero no es así con los otros niños, esas miradas, esos murmullos... son agotadores. Pareciera que todos están en tu contra —la miró de reojo—. Lo peor es ser acusada y excluida, por algo que tu no puedes controlar —se detuvo en un espejo, su mirada fija en el reflejo de sus ojos carmesí—. No es como que te den a elegir al nacer, ¿sabes?
Ninguna de las dos siguió con la conversación, siguieron caminando en silencio hasta el orfanato.
Finalmente llegaron ya entrada la noche, su bienvenida no fue para nada agradable, aunque gracias a la Madre Isabel, sí fue menos desagradable. Lo único que quería Tokio era irse a su cama a descansar, y así lo hizo.
La luna brillaba en su máxima expresión esta noche, tal vez presagiando algo.
Toc. Toc. Toc.
Tokio se sentó en su cama aturdida todavía, no esperaba visitas nocturnas, no que ella supiera. Sin embargo, algo le decía que abrir esa puerta era de suma importancia, así que lo hizo. El reloj cerca de la puerta marcaba las 5:24.
Afuera la esperaba... su mejor amigo.
—Vaya XXXX, ¿Qué haces... ? —se congeló. Su expresión horrorizada— Tú. ¿Quién eres?
El silencio que siguió fue ensordecedor, roto por ella misma.
—Vaya XXXX, te tardaste. Pasa.
Ella se alejó con una sonrisa, dejando pasar a su mejor amigo.
—¿Para qué viniste?
—…
—Ah, ya veo, sí, lo haré cuando pueda.
Volteó de nuevo a la puerta, pero él ya no estaba. La calidez de un líquido rojo la impregnó en sus pies descalzos, su mirada se desplazó hacia abajo, hacia el charco. El techo detrás suyo se reflejó nítidamente. Él estaba colgado del techo, y escrito en letras rojas se podía observar dos preguntas, que a su vez fue lo último que ella apreció antes de caer al frío abrazo de la oscuridad.
¿Ya XXXXXXXXXXX?...
¿Ya son las XXXXX?...
…
El tono rojo envolvía al mundo, una joven caminaba sin rumbo por una ciudad desierta. Su mirada estaba perdida, sus pasos pesados. Girando en una esquina especialmente cerrada, se detuvo en seco. Volteó hacia la distancia, la aguja larga del gran reloj giraba rápidamente. Marcaba las 5:45 y subiendo.
La joven se estremeció y volteó lentamente hacia un edificio cercano. Nada.
Bajó la mirada al suelo y siguió caminando hasta encontrarse con un espejo gigante incrustado en una edificación. Se quedó observando a su reflejo, a sus ojos carmesí. Una lenta resolución ardió en su reflejo antes de seguir adelante. Su mirada era firme, decidida.
Ya era entrada la noche cuando ella llegó al orfanato, la lluvia cubría en un velo rojo al mundo. Alguien estaba esperándola en la entrada. Un hombre, ella lo ignoró, siguió caminando a su habitación.
—¿Ya XXXXXXXXXX? —una voz le habló en el oído.
Lo ignoró, fue a uno de los tocadores que tenía en la habitación, sacó una libreta y lápiz de ahí. Y comenzó a escribir. La voz en su oído leía el escrito con diversión.
—Necesitas despertar... Son las siete... —se detuvo un momento— ¿Ya despertaste?... ¿Ya son las siete?...
La voz comenzó a reír... y chillar. Y entre sus chillidos, volvió a hablar.
—¿Ya despertaste? ¿Ya son las siete... Tokio?
Su voz fue lo último que este mundo escuchó antes de caer en la oscuridad.
...
El sol salía del horizonte, iluminando al mundo en su abrazo.
—Tia Maly. ¿Pol qué tengo que empacal mis cosas? —se escuchó la voz de una niña pequeña. Se escuchaban sus sollozos.
La mujer a su lado suspiró y la abrazó, aunque su voz sonaba suave y calmada, reconfortando a la niña. Su expresión delataba el profundo dolor por el que ella estaba pasando.
—Ya hablamos de esto, Tokio. Los van a trasladar a otra ciudad —la abrazó ligeramente más fuerte—. No tienes que preocuparte, estoy segura que allá habrá muchas personas muy amables y que definitivamente te tratarán de lo mejor.
—P-pelo... ¿pol qué no vienes conmigo, Tia Maly? —sus sollozos se volvieron un poco más fuertes y su voz temblaba— ¿Y-ya no me quieles?
Lágrimas caían desde los ojos de Mary.
—Si, claro que los quiero. Pero lamentablemente no te puedo seguir, no puedo ir a donde irás tú... no aún —la alejó de su cuerpo y la agarro de sus hombros mirándola fijamente—. Pero te prometo que tan pronto todo esto termine, voy a ir a por ti —forzó una sonrisa— ¿Está eso bien?
La niña respondió, pero Mary no la escuchó, distraída por la alarma cercana sonando. La niña se calló un momento después, mirando fijamente la alarma. 6:59. El mundo pareció ondularse, colapsando sobre si mismo, Mary había desaparecido. Dejando un tocador en frente de la niña. Un destello de claridad pasó por sus ojos llorosos antes de acercarse y sacar de él una libreta, al abrirla, leyó... lo que ella misma había escrito... en algún momento.
Una sonrisa retorcida se formó en su rostro. Y entonces susurró.
—Siempre fui yo...
Y el mundo se rompió a su alrededor. Solo un reloj se mantuvo intacto, marcaba las 7.
...
Agh, es realmente brillante...
Ese fue el primer pensamiento que cruzó la mente de Tokio a abrir los ojos nuevamente.
Me... ¿me desmaye? ¿por qué...? ¿por qué estoy llorando?
Se limpió las lágrimas de su rostro, miró a su alrededor confundida y aturdida todavía, dos siluetas vagas se delineaban en su vista, una azulada con dos puntos azul profundo fijados en ella, la segunda; era enorme con dos orbes de diferente color observándola.
—¿...Qué, qué me sucedió?
Frey la observó con sus ojos brillando como faros, antes de atenuarse y suspirar:
—Ah, realmente no se acuerda lo que pasó. Eso es...
La risa sonora de Martin lo interrumpió.
—Bueno, excelente realmente. Te dije que no era tan cruel como para usar ese método tan rustico. Lo mejoré, ahora no te deja secuelas psicológicas.
—Sí, además de ser una excelente prueba no corren riesgo de morir dentro de ella... pero, ¿por qué nunca había escuchado de ella?
—Ah, eso es porque hoy es la primera vez que la pruebo, que irónico ¿no? probando una prueba. Además, debe ser secreto porque era originalmente un Tejido para sellar de la Iglesia, ahora modificado por nadie más que yo —le guiño un ojo a la vez que su sonrisa iluminaba la sala.
Frey se le quedó viendo con la boca abierta por un buen rato.
—Eso es ilegal… —susurró antes de preguntar— ¿es en serio que esta era la primera vez que lo probabas?
—Claro. —respondió naturalmente Martin -ignorando su susurro que claramente había escuchado- antes de levantar una ceja y preguntar.
—¿Por qué?
Frey abrió la boca pero al final no habló y solamente suspiró, dando una mirada a Tokio con lástima. Susurró para sí mismo:
—Entonces... la podrías haber matado.
—¿Dijiste algo?
—¡Oigan! —gritó ella finalmente fuera de su ensoñación— ¿¡Alguien me podría explicar que rayos me pasó!?
Ambos se voltearon a verla, Frey pareció querer decir algo pero Martin simplemente hizo un gesto con la mano. Y el mundo sucumbió a la oscuridad una vez más.
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Estás leyendo el capítulo 8 de La Verdad Del Universo (Novela), un novela. En un mundo donde los demonios son una amenaza conocida y los **Imitadores** son quienes se encargan de proteger a la humanidad, Tokio nunca imaginó que una simple oferta de trabajo cambiaría su vida para siempre. A sus… Este capítulo tiene publicado el 3 de octubre de 2026. La Verdad Del Universo (Novela) tiene 9 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.