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Leer La Verdad Del Universo (Novela) Capítulo 7 online gratis en español

Sede CAS, Tercer piso. Tokio se quedó ahí, quieta, paralizada. Martin no sabia si esa frase suya había conectado con algo muy profundamente enterrado dentro de ella. Solo la observó con rastros de compresión en su cara. —¿Estás bien? Ella finalmente salió de su ensueño. Respondió sin emoción: —Ah, si, solo me recordó a la Rup... Él la interrumpió —La Ruptura de hace quince años, ¿no? —suspiró— No hace falta que me cuentes tu vida, ni mucho menos tus penurias. Realmente no me importan, todos perdimos algo esa vez —por primera vez desde que se conocieron, él bajó la voz. Casi un susurro—. Pase... pasamos por alto un error fatal. —solo fue un momento pero su voz alcanzaba a denotar... culpa. Sin embargo fue solo eso, un momento. Instantes después volvió a su expresión calmada y sonriente. —Pero pasado, pasado es. Ella lo observó con una expresión confundida que pasó a sorpresa por la siguiente acción de Martin. Él la tomó por el brazo, aunque ella no sabía cuando había ocurrido eso. ¿Qué rayos...? No pudo terminar su pensamiento porque una fracción de segundo después, ya no estaba en el pasillo. Se encontraba en una de las habitaciones, su mente pareció procesar este evento más rápido de lo habitual, pero se sentía como si solo fuera posible por una ayuda externa. Un segundo después pareció volver a la normalidad, sin embargo, solo en ese pequeño instante de claridad le sirvió para notar algo extraño. Mis emociones están... —¿Todo bien? Use un Tejido para aclarar tu mente un momento —pareció haber visto su expresión confusa y perpleja—. No quería que vomitaras en mi cuarto. —¿Este es tu cuarto? Espera, ¿Tejido?¿Qué es eso? —Si, es mi cuarto, y lo segundo —le sonrió—, lo descubrirás pronto. A ella no le gustó el tono que él uso, pero tampoco podía quejarse mucho. Martin fue directo a un tocador, solo hasta ese momento ella le presto atención al nuevo lugar en el que estaba. Era una habitación completamente diferente a las otras. Un armario de madera -muy lujoso, siendo esta madera natural y no sintética-, el tocador al que él se dirigía, una cama muy amplia, y justo enfrente de la cama había una pantalla gigantesca prendida, enseñando una ciudad como si simulara una ventana. —¡¿Esa es Ciudad Cuadro Plateado?! —casi gritó por la sorpresa. —Claro. —Y ¿Por qué...? —se detuvo, pareció llegar a una realización— ¿Eres de Ciudad Cuadro Plateado? Él se volvió y levantó una ceja. —Si, ¿tu también eres de ahí? —Ah, sí, nací ahí, aunque a los seis años me trasladaron para otra ciudad, luego a otra, y así hasta que finalmente llegue hasta aquí. Él solo asintió. —Una maravillosa ciudad, de verdad. Bueno —diciendo esto se volvió al tocador y tomó un teléfono de uno de los cajones—, empecemos con lo realmente interesante. Y ahora, pensándolo mejor, el área de entramiento sería una mejor lugar para mostrártelo en lugar de solo decírtelo. Tokio parpadeó. —Entonces... ¿subimos para nada? De un paso Martin apareció en frente suyo, sonrió. —Sí. Y un momento después, estaban otra vez en el área de entrenamiento. Ughh Solo pudo taparse la boca con las dos manos, tratando con todas sus fuerzas no sacar toda la comida que había comido en la mañana. —Oh, perdón. Parece que se me olvido ayudarte con eso —su sonrisa parecía haberse ensanchado—. Bueno, en realidad no, simplemente no quise hacerlo. No es como que me importe el área de entrenamiento, ¿sabes? Maldito s... ugghh Después de maldecirlo en silencio unos momentos, por fin recupero la compostura y se pudo erguir por completo. Martin sacó un dispositivo un tanto extraño, después de presionar unos botones, el suelo del área de entrenamiento se movió y retorció. Una silla salió del suelo y varias paredes aparecieron enfrente de la silla en medio del enorme área. —Bien, vamos a comenzar ya. Primero —volteó hacía la entrada del área de entrenamiento—, tú, vete. No eres necesario aquí y solo me pones de nervios. Tokio volteó lo más rápido que pudo hacía la entrada. Nada, no había nada, solo una ligera presencia, casi imperceptible, pero a la vez familiar. Sin embargo, se quedó sin palabras cuando una figura sonriente se delineó en la entrada, piel azul, ojos del mismo color. Frey. —T-tú... —se quedó quieta, viéndolo con los ojos muy abiertos. —Hola, Tokio. Veo que sí seguiste mi consejo —apartó su vista de ella para mirar al gigante al lado suyo—. No recuerdo que tengas la autorización para simplemente descartarme así. Tokio desplazaba su mirada de uno a otro, cada vez más confundida. —…Puede que tengas razón —respondió Martin tras un momento de silencio—, pero sí te voy a decir esto. Lo que voy a hacer va a necesitarla en sus mejores condiciones mentales y emocionales, así que hazme un favor y deja de influenciarla —se detuvo un momento. Su mirada se volvió severa—. O lo detendré yo mismo. Una fuerza invisible se extendió por todo el área de entrenamiento, el aire pareció más pesado pero a la vez fluía con el ritmo de la respiración de Martin. Frey entrecerró sus ojos antes de levantar las manos en rendición. —Esta bien, me rindo —bajó las manos—. Bueno, supongo que por lo menos mi prueba la pasó con honores. Su estabilidad mental es superior al promedio, y es capaz de controlar sus emociones, incluso cuando están siendo potenciadas varias veces. Eso es bueno. Un ceño fruncido apareció en la cara de ella. —Me da igual. No me importa como haya salido tu "prueba". Solo no interrumpas —volviéndose a ella, dijo—. Siéntate y ponte cómoda, vas a agradecerlo después. Abrió su boca para decir algo pero él no le dio tiempo. —Haz lo que te digo, después te explicare todo. Ella se sentó, aunque su mirada estaba fija en Frey, confusa. Ahora que aparentemente su mente estaba "liberada" de influencias externas, parecía encontrar algunas de sus acciones y pensamientos un tanto exagerados y finalmente llegó a una conclusión. Él... fue él, el de la presencia familiar... nunca me la imagine... Este y otras piezas finalmente encajaban en su mente, ahora clara. Lanzándole una última mirada, ahora de enojo. Se volvió hacía Martin y le preguntó: —¿Qué... qué tengo que hacer? —Nada. —respondió él naturalmente. —¿Eh? —En serio, nada. Solo quédate quieta. —Entonces, ¿Tú que vas a hacer? —¿Yo? —sonrió descaradamente— Ah, solo te pondré a prueba como se debe. Por primera vez, la expresión de Frey cambió, frunció el ceño y se quedó observando desde lejos un momento antes de hablar con duda. —...Martin, ¿Qué estas haciendo? Martin no respondió inmediatamente, solo puso su mano en la frente de Tokio. —Hago lo que realmente se debe hacer. Tokio se agarro lo más fuerte que pudo a la silla, no sabía qué era lo que Martin estaba haciendo. Pero no podía ser bueno. Respira, respira. No puede ser tan malo, ¿verdad? Eso fue lo último que pensó antes de que una profunda oscuridad invadiera el mundo, sus pensamientos, y su mente. … Bip. Bip. Bip. Era imposible ver lo que pasaba afuera por la ventana, un velo de espesa niebla la cubría por completo. Maldita sea con esa alarma, juro por la Dama que si otra vez está sonando más temprano de lo que debería la voy a vender y comprar una mecánica y más barata... Una mujer murmuró a la vez que se levantaba de su cama y apagaba la alarma. Estúpida alarma, levantándome cuando ni siquiera son las siete de la mañana. Definitivamente te voy a vender más tarde... Pensando en esto, se volvió a acostar. Toc, toc, toc. No habían pasado ni quince minutos desde que maldijo a su estúpida alarma cuando alguien llamó a la puerta. Con un humor terrible, se levantó de su cama. Se puso un abrigo y salió de su habitación. El reloj de la sala marcaba las tres con veinte y tres minutos. Se dirigió con pesados pasos a la puerta y la abrió forzando una sonrisa al... visitante que se encontraba esperando justo afuera. La mujer abrió la boca para hablar, pero el visitante ni siquiera le dio la oportunidad. —¡XXXXXXX XX XXXXXXX! —casi gritó. —Ajá, ¿y a las siete de la mañana me lo vienes a presumir? —¡¡XXXXXXX XX XXXXXXX!! —gritó. —Ajá, ¿y… y a las siete de la mañana me lo vienes a presumir? —XXX, XXXXXXX XXXXXXXX XXX XXXXXXX XXXX XX —¿Y dónde firmo? —XXXXXXXX XXXXX XXX XX XXXXXXXXXXX. XXXX XXXXX, ¿XXX X XXXXX XXXX XXXXXX X XX XXXXXXXXXX? —Está bien, perdón me emocioné demasiado. Pasa. —¿Quieres agua o algo más? —preguntó la mujer mientras caminaban hacia los sillones. —… Volteó a mirarlo al ver que no respondía. Él se había quedado en la puerta, paralizado. Ploc. Una lanza atravesaba el corazón de él. De su punta goteaba sangre incesantemente. Ploc, ploc. La mujer lo vio. No hizo nada. Ploc, ploc, ploc. En todo ese caos, logró escuchar una voz, gritando algo... pero no distinguía que era. —¡XXXX! Glop. El goteo se volvió más rápido. Al igual que los gritos. Cada vez más fuertes. —¡¡XXXX!! Esa voz sonaba familiar... muy familiar. Glop. —¡¡XXXX!! Finalmente la reconoció. Era su propia voz. También reconoció lo que decía... lo que gritaba, era un nombre. —¡¡¡Tiny!!!
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La Verdad Del Universo (Novela) Capítulo 7

Estás leyendo el capítulo 7 de La Verdad Del Universo (Novela), un novela. En un mundo donde los demonios son una amenaza conocida y los **Imitadores** son quienes se encargan de proteger a la humanidad, Tokio nunca imaginó que una simple oferta de trabajo cambiaría su vida para siempre. A sus… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026. La Verdad Del Universo (Novela) tiene 9 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.