Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 747 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El Orbe de Destrucción de Laplace golpeó el muro marino creado por Amelia, explotando con un estruendo ensordecedor.
El vapor y la niebla llenaron por completo el Mundo Completo de Amelia.
La explosión se desvaneció lentamente.
Cuando la niebla se disipó, Laplace estaba de pie con una expresión de molestia en el rostro.
Arthur había regresado junto a Percival, sosteniendo el cuerpo de Felix.
—Eso fue… sorprendente —dijo Laplace en voz baja.
Sus ojos no estaban puestos en Amelia ni en Arthur.
Estaban en Percival.
—Manipulaste su Destino y lo protegiste del Destino de la Muerte —dijo Laplace, con un tono ahora curioso—. Una habilidad tan poderosa… me recuerda a ese bastardo, “Yo”.
Entrecerró los ojos, estudiando con más atención la existencia de Percival.
—Espera. Ahora que miro más de cerca…
—Eso es suficiente, Laplace —la voz de Kaelus, uno de los Dragones Ancestrales, resonó desde lo alto.
Laplace se detuvo y miró hacia arriba.
Chasqueó la lengua con irritación.
—No eres nada divertido, Kaelus.
—No estamos aquí para divertirnos.
Laplace suspiró, estirando el cuello como si toda la situación lo aburriera.
—Está bien, está bien. Siempre arruinas la parte divertida.
Amelia y los demás permanecieron en silencio, observando su intercambio.
La nariz de Percival sangraba abundantemente, y sus ojos se habían vuelto completamente blancos.
Parecía ciego, pero no era solo eso.
Su cuerpo temblaba de manera incontrolable.
Vomito sangre.
Amelia se agachó a su lado, intentando curarlo mientras también trabajaba en revivir a Felix, pero sus habilidades no estaban funcionando.
Por más que lo intentaba, las heridas de Percival no se cerraban.
Arthur ya estaba curado, aunque su respiración era agitada.
El sudor le corría por las sienes mientras se obligaba a ponerse de pie.
—Cuida de ambos —dijo Arthur, con la voz débil pero firme—. Y aléjense. Voy a usar mi Singularidad.
Los ojos de Amelia se abrieron de par en par.
—Arthur, eso es demasiado peligroso. No puedes...
—No tenemos otra opción —dijo Arthur con firmeza. Su tono no dejaba espacio para discutir.
Se volvió hacia Laplace.
—Singularidad.
En ese instante, la conciencia de Arthur se desconectó de su cuerpo.
Sintió como si su sentido del yo fuera arrancado, flotando sin peso hacia la nada.
Cuando volvió a abrir los ojos, estaba de pie en un vacío negro.
Bajo él se extendía un vasto mar de llamas blancas, cada una parpadeando con vida.
Mar de Toda la Conciencia.
—Estás aquí —dijo una voz serena.
Arthur giró la cabeza y la vio acercarse: la Bruja de la Avaricia.
Ella flotó hacia él.
Ya había estado allí antes, así que su presencia no lo sorprendió.
—Así que —dijo, cruzándose de brazos— usaste tu Singularidad a pesar de mis advertencias.
Su voz llevaba un leve matiz de diversión.
—Está bien. Adelante, pero recuerda las reglas. Si encarnas a alguien mucho más fuerte que tú, te perderás para siempre.
Arthur asintió lentamente.
O, mejor dicho, lo hizo su forma actual.
No era más que una llama blanca flotando en ese mar infinito, parte de la vasta red de conciencia que conectaba a todos los seres vivos.
Comenzó a desplazarse por ella, buscando.
La Singularidad de Arthur era \[Yo\] —la Singularidad del Yo.
Cuando se activaba, rompía la ley que separaba las identidades individuales.
Le permitía encarnar a alguien más que estuviera conectado a él —su llama de vida— dentro del Mar de Toda la Conciencia.
—Necesito encarnar a alguien poderoso —murmuró, recorriendo con la mirada la extensión resplandeciente bajo él.
Había incontables llamas, cada una representando un alma, una persona, un ser.
Entonces, lo vio.
Una espada gigantesca hecha de fuego blanco.
Estaba agrietada y se veía… cansada, como si estuviera a punto de desmoronarse en cualquier momento.
Y, aun así, la espada seguía erguida con orgullo, como si nada pudiera hacerla doblarse o romperse.
Supo de inmediato a quién pertenecía.
Neo.
Arthur se acercó, extendiendo la mano hacia ella, pero una fuerza poderosa lo empujó hacia atrás.
Era imposible aproximarse.
A diferencia de las otras llamas que estaban conectadas, el llama de vida de Neo —su esencia— se mantenía solo, aislado e inalcanzable.
Arthur apretó los puños.
Intentó seguir buscando, pero cuanto más lo hacía, más desesperación llenaba su pecho.
Ninguna de las otras llama de vida era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a un dragón antiguo. Ni siquiera cerca.
Entonces, escuchó algo, como el crepitar de un rayo a la distancia.
Arthur se giró, entrecerrando los ojos al distinguir una llama que parpadeaba de forma salvaje, como una tormenta.
Palpitaba con poder, cada chispa estallando contra la oscuridad.
Apretó la mandíbula.
Conocía ese Llama de vida.
Lo había conocido toda su vida.
Lo odiaba.
Pero no podía negar su fuerza.
—Maldita sea —susurró Arthur.
No había tiempo para el orgullo ni para la duda. No cuando la vida de todos los demás estaba en juego.
Extendió la mano hacia la llama semejante a un relámpago, dejando que su energía lo devorara por completo.
.………………………
De vuelta en el mundo real, Amelia observaba a Arthur conteniendo la respiración.
Sus ojos permanecían cerrados, pero algo estaba ocurriendo.
Ella podía sentirlo. Su presencia estaba cambiando, transformándose en algo que no le pertenecía.
Laplace frunció el ceño, pero no interrumpió.
Podía decir que Arthur estaba usando algo poderoso, así que esperó en silencio, cruzándose de brazos.
El cuerpo de Arthur comenzó a cambiar.
Su postura se enderezó.
Sus músculos se volvieron más definidos.
Su cabello se tornó de un dorado brillante, y su aura estalló hacia afuera, llenando el aire con una presión divina.
El corazón de Amelia se detuvo.
—¿Qué…? —susurró. Su voz tembló al reconocer la figura frente a ella—. ¿Zeus?
Laplace alzó una ceja.
El hombre frente a ellos abrió los ojos.
Miró a su alrededor con el ceño fruncido.
—¿Hm? —Su voz era profunda y dominante—. ¿Qué está pasando aquí? Estaba peleando contra Neo Hargraves y…
Se detuvo.
Lentamente, bajó la mirada hacia sus propias manos.
Su expresión pasó de la confusión a la comprensión.
—No soy Zeus —dijo en voz baja. Luego entrecerró los ojos—. ¿Qué es esto… clonación?
Amelia se quedó paralizada.
Eso no debía suceder.
Según Arthur, cualquiera a quien encarnara creería ser el original.
Sus recuerdos, poderes y personalidad coincidirían a la perfección.
Entonces, ¿por qué este se dio cuenta de que no era real?
Antes de que pudiera pensar más, Zeus —o más bien, la forma encarnada de Arthur— se movió en un instante.
Su mano salió disparada y se cerró con fuerza alrededor del cuello de Amelia.
Ella jadeó, y su hechizo de curación se quebró.
—¿Quién soy? —exigió Zeus, apretando más su agarre—. ¿Y qué está pasando aquí?
—E-espera… —logró decir Amelia, ahogándose.
—No intentes usar tus poderes, Ser Amado —dijo Zeus con frialdad. La forma en que lo dijo la hizo estremecerse—. Puedo cortar tu conexión con tu Supremo. Ni se te ocurra resistirte.
—¡Es Arthur! —gritó Felix, tosiendo mientras se obligaba a levantarse del suelo, ya revivido—. ¡Usó su Singularidad para encarnarte!
Zeus se volvió hacia él, con relámpagos parpadeando débilmente alrededor de sus hombros.
—Así que es ese niño —murmuró. Su tono estaba cargado de emociones complejas.
Luego miró a Laplace, que seguía de pie en silencio.
—¿Usó su Singularidad solo para derrotar a este dragón?
Felix asintió lentamente.
—S-sí. Esa es la idea.
—Qué insensato —bufó Zeus.
Soltó a Amelia, que cayó hacia atrás, tosiendo.
—Pelea tus propias batallas —dijo simplemente, con una voz que resonaba con energía divina.
Luego se elevó en el aire, que crepitó a su alrededor mientras su cuerpo brillaba con luz.
—¡Espera! —gritó Amelia, extendiendo la mano—. ¡Arthur, detente! ¡Te perderás a ti mismo!
Pero él no miró atrás.
Las nubes sobre el Sitio retumbaron mientras la forma encarnada de Zeus ascendía cada vez más, con relámpagos brotando de sus dedos.
El suelo tembló bajo el peso abrumador de su presencia.
Amelia se quedó allí, sujetándose el cuello.
Se dio cuenta de que “Zeus” planeaba abandonar el Site.

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La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 747
Estás leyendo el capítulo 747 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 10 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.