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Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 700 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Neo los miró desde arriba y, sin previo aviso, apretó con más fuerza la fuerza que los rodeaba. La gravedad aumentaba como un peso sofocante, presionando contra el aire, el suelo y los mismos huesos de aquellos atrapados en ella. Jack se tambaleó inmediatamente. Los demás” Amelia, Layla y Félix” aún podían soportar la presión. Sus rodillas se doblaron ligeramente al prepararse, pero Jack sintió todo el impacto. La fuerza aplastante que recaía sobre él era mucho mayor, como si Neo lo hubiera elegido a él específicamente. Jack se desplomó sobre una rodilla. Su rostro se contrajo de dolor, y antes de que pudiera siquiera respirar, el peso aumentó de nuevo. Los huesos crujieron levemente y la sangre brotó de sus labios. Murió bajo la presión antes de revivir en el cuerpo de otro no muerto. Neo lo vio todo. Cada vez que Jack revivía, la mano invisible de Neo se cerraba con más fuerza, volviéndolo a destrozar. "Detener-" Amelia gritó, pero su voz se quebró bajo la fuerza de la gravedad. Le temblaban los labios mientras intentaba dar un paso adelante. Su cuerpo se resistía a la carga invisible que la oprimía. Layla apretó los dientes. Ella había llegado para ayudar a Jack, pero no podía acercarse a él debido a la creciente gravedad. Sus ojos miraron a Jack con preocupación. Félix simplemente apretó los puños y bajó la cabeza, soportando la fuerza sin decir una palabra. Jack volvió a la vida, tosiendo. Su pecho se elevó levemente antes de volver a colapsar hacia adentro bajo el aplastante control de Neo. Entonces, de repente, el espacio que había sobre ellos se abrió de luz. Un rayo dorado surgió de la nada. Los rayos fueron tan masivos que podrían haber cubierto todo el Sistema Solar. Se deslizaron a través del Vacío, desgarrando dimensiones. Cada rayo dorado vibraba con un poder aterrador. Neo se detuvo. Una presencia familiar rozó sus sentidos. Junto a ella llegó otra presencia desconocida, pero poderosa. La presencia desconocida le arrebató el pequeño sistema solar de la mano con un tirón telequinético. Dos figuras aparecieron frente a él. El primero era un hombre de cabello dorado y penetrantes ojos dorados. Su expresión era fría como la escarcha. Su ropa era blanca. Llevaba un largo abrigo bordado con motivos dorados que ondeaba a su alrededor como un manto de autoridad. Neo lo reconoció casi al instante. Detrás de él había una mujer diferente a todas las demás allí presentes. Su belleza era impactante, pero lo que más llamaba la atención eran los cuernos que se curvaban elegantemente desde su cabeza, semejantes a astas. Ella irradiaba fuerza, un aura que presionaba a Neo como pocas veces lo habían hecho. En sus manos reposaba el diminuto sistema solar. 'Arthur... Él está en la Etapa 5. Y ella está... en la Etapa 6, y es bastante fuerte incluso entre los dioses de la Etapa 6.' El sistema solar se expandió en sus manos, creciendo rápidamente hasta que dejó de ser la frágil miniatura que él había sostenido. Sus ojos ignoraron por completo a Neo. Cayeron sobre Jack. "¡Jacobo!" Su voz se quebró por la urgencia mientras se precipitaba hacia adelante. Se agachó a su lado, acunando su rostro con manos temblorosas. Su sangre tiñó instantáneamente las palmas de sus manos. De su anillo espacial sacó varias pociones, las destapó con movimientos rápidos antes de presionarlas contra sus labios. Jack tragó saliva con dificultad. El resplandor de las pociones comenzó a regenerar la carne. Ella lo miró con clara preocupación, apartándole mechones de cabello empapados de sangre de la frente. Le temblaban las manos mientras lo sostenía. Layla finalmente exhaló, sintiendo un gran alivio. Su mirada permaneció fija en Jack, pero a diferencia de la diosa femenina de la Etapa 6, ella vaciló. La culpa brilló en sus ojos, impidiéndole acercarse a él. Apretó los puños y se quedó donde estaba. La atención de Amelia se desvió hacia el hombre rubio” Arthur” y luego hacia Neo, a quien Arthur también observaba. “¿Quién eres?” preguntó Arthur. Neo ignoró a Arthur. Su mirada permaneció fija en el Dios del Escenario 6 que atendía a Jack. Su rostro se ensombreció, y cuando finalmente habló, su voz fue más fría de lo que pretendía. "Jack, ¿qué es esto?" La mujer giró la cabeza bruscamente hacia Neo. Fury le desfiguró el rostro. “¡Cómo te atreves a lastimar a Jack!” siseó. Su voz temblaba de rabia. “¡Cómo te atreves! ¡Te mataré! ¡Te destrozaré las entrañas y te daré una muerte dolorosa! Se puso de pie lentamente. Su aura comenzó a expandirse. Neo sostuvo su mirada. Sus emociones se intensificaron hasta igualar las de ella. El ambiente se cargó de tensión. Arthur se preparó para actuar al primer signo de violencia. Amelia levantó la mano, preparándose instintivamente. Layla retrocedió, dividida entre el estado de Jack y la inminente batalla. Neo no retrocedió, y la mujer de la Etapa 6 tampoco vaciló. El espacio entre ellos palpitaba con una intención asesina. Justo cuando el enfrentamiento parecía inevitable, una nueva voz se abrió paso entre la tormenta que se avecinaba. "Muy bien, ya basta." Una presencia se teletransportó entre Neo y los demás. Un hombre dio una palmada, cuyo sonido resonó de forma extraña, y luego sonrió como si acabara de entrar en una habitación llena de niños que se peleaban. “Con esto debería bastar” dijo, mirándolos a todos con despreocupación. “Deberían dejar de pelear ya. Amelia frunció el ceño al oír las palabras del recién llegado. “Percival... ¿qué estás haciendo?” Él solo sonrió en respuesta. Se giró para mirar a Neo. “Tardaste mucho en volver a casa” resonó la voz de Percival en la mente de Neo. Neo se endureció. ¿Percival lo reconoció? No se lo esperaba. Percival ignoró su sorpresa. Se volvió de Neo hacia el resto de ellos, hablando ahora en voz alta. “Es mi amigo” anunció Percival. “Le pedí que se convirtiera en aliado de la Tierra. Aceptó, pero solo con la condición de que la Tierra demostrara ser lo suficientemente fuerte como para merecer nuestra alianza. Por eso atacó. Quería poner a prueba nuestra fuerza, y lo hizo con mi aprobación. “¿Qué?” Los ojos de Amelia se abrieron de par en par. Antes de que pudiera decir nada más, la voz furiosa de Ilyana resonó en el aire. La Diosa de la Etapa 6 irradiaba pura intención asesina al dar un paso al frente. ¡Cállate! ¿Quién se cree que es para atacar un planeta bajo mi protección? ¿Y cómo se atreve a ponerle la mano encima a Jack? Su mirada se clavó en Neo, y el peso de su intención la oprimió como una montaña. "Te mataré. Te mataré de una forma tan dolorosa que lamentarás cada momento de tu vida que te llevó a tomar esta decisión." Levantó la mano, con los dedos extendidos, y el aire tembló alrededor de su palma. "Oh, gran espíritu de”" “Él es un Rompecielos” la voz de Percival interrumpió la de ella con claridad. Las palabras impactaron como un martillo. El mundo pareció congelarse. Rompecielos. Todos allí sabían lo que significaba. Seres sublimes que se encontraban en la cima de la existencia, temidos y venerados a partes iguales. Los Rompecielos actualmente activos se habían unido a la Alianza y a los Soles Olvidados, o estaban siendo perseguidos. Y sin embargo, allí estaba uno, de pie frente a ellos abiertamente. Como si no temiera a la Alianza o a los Soles Olvidados. Las miradas del grupo se dirigieron a Ilyana, cuya expresión se contrajo por la sorpresa. Evidentemente, no reconoció a Neo. Lo cual significaba una cosa: era un Rompecielos desconocido. ¿Cómo llegó un Rompecielos oculto a la Etapa 5? "Tú..." La voz de Amelia rompió el silencio. Sus ojos se entrecerraron, estudiando con atención el rostro de Neo, como si buscara algo bajo esos rasgos desconocidos. Neo no se movió. La respiración de Amelia se volvió irregular. No reconoció el rostro. Pero..... Una Rompecielos de pelo negro y ojos rojos. Un Rompecielos que conocía sus nombres y parecía reconocerlos. Un Rompecielos que... se llamaba Hargraves. "¿Eres... Neo?" La pregunta pendía entre ellos como una espada. Neo dudó solo un instante antes de soltar la respuesta. "...Sí." La sed de sangre brotó de Amelia como si se hubiera roto una presa. Un enorme círculo mágico carmesí se iluminó detrás de ella. Desde sus profundidades, invocó una lanza de sangre hecha del Mar de Sangre. Se lo arrojó a Neo. Neo se quedó paralizado durante medio instante. El shock de que ella lo atacara tras saber su nombre lo dejó incapaz de defenderse. Percival intervino, invocando un escudo para bloquear la lanza. “¡Muévete, Percival!” gritó Amelia. Su voz se quebró por la furia. “¡O te mataré a ti y a él! "Cálmate, Amelia..." "¿Cálmate?" Su voz temblaba de rabia y dolor. ¡Él mató a mi madre! Sus manos se movieron de nuevo, extrayendo otra arma del Mar de Sangre. Lo lanzó hacia adelante, esta vez con más fuerza. Percival se vio obligado a interceptar de nuevo. Su escudo tembló por el impacto. "Amelia, ya hemos hablado de esto antes. Él no mató a Elizabeth. Ella dio su vida para protegerlo." ¡Cállate! ¡Cállate! ¡No quiero oír otra de tus mentiras! El espacio a su alrededor temblaba bajo la fuerza de su sed de sangre, tan densa que era casi tangible. Una niebla carmesí comenzó a extenderse. El Mar de Sangre parecía manifestarse con toda su fuerza, respondiendo a su furia como una bestia que cobra vida. “Muévete, Percival. Esta es mi última advertencia. ¿Acaso olvidaste quién es? ¿Acaso olvidaste por qué tuvimos que arrastrarnos hasta los Soles Olvidados para protegernos? “¡Por su culpa, la Alianza nos perseguía como a criminales! ¿Acaso olvidaste lo que se sentía, saber que a cada paso que dábamos, a cada respiración que tomábamos, éramos el blanco de los depredadores supremos del universo?” Su voz estaba llena de veneno. ¿Acaso olvidaste cuántos sacrificios tuvimos que hacer por su culpa? Neo sintió una opresión en el pecho. Sus palabras lo atravesaron, más pesadas que cualquier arma que pudiera invocar. Instintivamente giró la cabeza hacia Arthur, como buscando algo, tal vez comprensión o negación. Pero Arthur tenía la mirada baja. Tenía los puños tan apretados que la sangre le manaba de la palma. No miró a Neo. No habló. Su silencio fue respuesta suficiente. Neo abrió la boca, pero no le salieron las palabras. Desvió su mirada hacia Félix. Por un segundo, pensó que tal vez Félix lo defendería. Pero Félix apartó la mirada, igual que Arturo. Tenía la mandíbula apretada y los ojos cerrados, como si recordara los horrores que habían enfrentado en el pasado. Neo se lo tragó. Sus labios se crisparon como si fuera a pedírselo a Layla, como si fuera a recurrir a la única persona que aún podía defenderlo... Pero él mismo se detuvo. Su cuerpo estaba helado. Su corazón latía con una fuerza extraña. No era capaz de mirarla. Si ella también apartaba la mirada, si los ojos de su propia hermana reflejaban el mismo resentimiento... no estaba seguro de poder soportarlo. Se le secó la garganta. Sentía el pecho hueco, como si le hubieran arrancado algo y lo hubieran dejado Vacío. Sentía como si le estuvieran retorciendo el corazón. El dolor de cabeza que había disminuido tras su conversación con Obitus esa misma mañana, ahora volvió a golpearlo con fuerza. Era más agudo e insoportable que antes. Su visión se nubló por un instante, como si el peso de su odio, su ira y la verdad de lo que él les había costado les oprimiera de repente. Aun así, Neo abrió la boca, intentando hablar de nuevo. Las palabras le llegaron casi con desesperación. Quería decirles que nada de eso había sido deliberado. Que no los había traicionado, que no había abandonado la Tierra por gusto. Lo habían capturado. La Alianza lo había encarcelado. Había estado atrapado, sin poder moverse, sin poder luchar, sin poder regresar. Si supieran eso, tal vez lo entenderían. Tal vez no sabían lo que le había sucedido. Tal vez pensaron que le había dado la espalda a la Tierra. Si supieran que había sido prisionero, verían las cosas de otra manera. Sí. Tenía que ser eso. No lo sabían. Pero tan rápido como las palabras se formaron, Neo cerró la boca. ¿Y si lo supieran? ¿Y si siempre hubieran sabido lo que le había pasado, e incluso entonces lo odiaran por ello? Esa posibilidad le heló la sangre más que sus miradas. Podrían haber vivido quince años, conociendo a innumerables personas y formando innumerables vínculos. Pero para él... eran los amigos que más le importaban. Este lugar era su hogar. Sin importar cuántos recuerdos recuperara, ni cuánto tiempo hubiera vivido, todos ellos ocupaban un lugar especial en su corazón. Comprendió que prefería cargar con su odio suponiendo que lo malinterpretaban, en lugar de confirmar que conocían la verdad y aun así lo despreciaban. Su corazón no pudo soportar esa segunda respuesta. Sus uñas se clavaron en sus palmas, lo suficientemente afiladas como para desgarrar la piel. Su respiración se volvió superficial. Cuanto más tiempo permanecía allí de pie, más pesada se volvía la atmósfera. Le palpitaba el dolor de cabeza, y cada segundo se le hacía insoportable. Quería irse. Estaba a punto de darse la vuelta cuando una presión sagrada emanó de Percival. La fuerza repentina los inundó a todos, chocando frontalmente con la sofocante sed de sangre de Amelia. Neo levantó la cabeza. Los ojos de Percival brillaban con un dorado ígneo. Su presencia irradiaba un calor divino. Su voz resonó con fuerza. "La Tierra de la que hablas habría sido destruida varias veces si no fuera por Neo, que la protegió." El aire vibró con sus palabras. Su aura se volvió más intensa y brillante, llenando el espacio con una autoridad que ardía como un sol. Su ira, que solía ocultar tras una sonrisa tranquila, ahora se desbordaba en cada palabra. ¿Casi provocó la destrucción de la Tierra? ¿Sabes cuántas veces ha muerto para salvar a todos? ¿Para salvarte a ti? "La Era de los Dioses, el Tártaro, los Dioses Exteriores. ¿Sabes cuántas veces ha hecho sacrificios?" El calor se intensificó. Sus ojos dorados se clavaron en Amelia, llameantes de furia. La autoridad en su tono no dejaba lugar a dudas. "Si te atreves a atacarlo de nuevo, entonces yo..." Percival se detuvo de repente. Cerró los ojos con fuerza. Por un instante, el aura opresiva palpitó como si fuera a explotar. Luego retrocedió, retraído hacia su cuerpo como si quedara sellado. Cuando volvió a abrir los ojos, el brillo dorado había desaparecido. Su sonrisa serena volvió a aparecer. “Sunshine” dijo Percival con ligereza, recuperando su tono de voz habitual. “Estamos aquí para detener una pelea, no para provocar una. Fue sutil, pero todos los presentes sabían lo que acababa de suceder. No fue Percival quien habló antes. Era Sunshine, el espíritu del sol eterno. Percival lo había controlado y había tomado el control antes de que la situación se agravara. Volvió a mirar a Amelia, sonriendo. "No quiero que nos peleemos entre nosotros. Pero Sunshine tenía razón. Neo es la única razón por la que la Tierra sigue en pie. No tienes ninguna autoridad ni derecho a atacarlo por lo que pasó con la Alianza." Amelia apretó la mandíbula. Sus nudillos se pusieron blancos al apretar el puño. Ella no respondió, pero su sed de sangre tampoco desapareció. Percival desvió su mirada hacia Ilyana, que seguía de pie, protegiendo a Jack. “Y Diosa Ilyana, escucha con atención. Neo no es como los Rompecielos que tú u otros dioses habéis conocido. Es un verdadero Rompecielos. Si intentas matarlo, no solo arriesgarás tu vida. Le costarás a la Tierra y a los Soles Olvidados algo que no podemos permitirnos perder.” Ilyana abrió la boca, con la furia aún reflejada en su rostro, pero antes de que pudiera hablar, Jack le apretó la mano. Ella se detuvo. Sus ojos se clavaron en él. Negó con la cabeza en silencio. Su expresión era serena a pesar de los moretones y la sangre que aún cubría su cuerpo. Lentamente, con su apoyo, se irguió. Sus ojos se volvieron hacia Neo. "¿De verdad eres Neo?" Neo vaciló. No se veía capaz de hablar de inmediato. El silencio se prolongó demasiado, pero finalmente asintió levemente. "...Sí." Los labios de Jack se curvaron en una sonrisa. Se rascó el puente de la nariz con torpeza. "Bienvenido de nuevo." Su voz no denotaba malicia, solo una extraña mezcla de alivio y aceptación. Neo parpadeó. No se lo esperaba. Jack exhaló levemente y añadió: "Y bueno... me imagino por qué querías matarme. Lo siento mucho." “Jack…” comenzó Ilyana. Él levantó ligeramente la mano, deteniéndola. "Ilyana. Esto es entre Neo y yo. Por favor, déjalo pasar." Se mordió el labio con fuerza, con la mirada dividida entre la ira y el autocontrol. Finalmente, giró la cabeza, pero no sin antes lanzarle a Neo una última mirada que contenía todas las advertencias que no podía expresar con palabras. Percival dejó escapar un lento suspiro. Echó un vistazo a todos a su alrededor con esa misma sonrisa despreocupada que siempre lucía, aunque el ambiente seguía tenso. "Ya que parece que todos se han calmado, volvamos a casa y hablemos, ¿de acuerdo?" "Él no pisa la Tierra." La sonrisa permaneció en el rostro de Percival, pero sus ojos se volvieron fríos al encontrarse directamente con la mirada de Amelia. "La Tierra no está gobernada por ti, Amelia. Si no quieres que entre en tu territorio, está bien. Pero no te equivoques pensando que tienes derecho a decirme a quién puedo traer a mi propia casa." Su firmeza no dejaba lugar a dudas. Amelia apretó la mandíbula. Rechinó los dientes audiblemente antes de darse la vuelta. Ella no volvió a hablar con Percival. En cambio, extendió la mano hacia Layla, agarrándola con firmeza. “Vámonos” dijo Amelia. La mirada de Layla seguía fija en Neo. Sus ojos estaban muy abiertos, llenos de una mezcla contradictoria de confusión, esperanza e incredulidad. "Pero, hermana mayor... es hermano mayor..." “Layla” la voz de Amelia se volvió más fría que el hielo al mirarla. “Ni siquiera estaba allí cuando murió Henry. Si de verdad te considerara su hermana, habría venido a verte mientras Henry aún vivía. Layla se quedó paralizada al oír sus palabras. Pero ella habló, aferrándose al frágil hilo de la esperanza. “Hermana mayor, quizá estaba ocupado. Dejó al tío Nyxtharion y a Nullhour… “Layla” dijo Amelia con voz afilada como una cuchilla. “Nos vamos. La niña más pequeña se mordió los labios con tanta fuerza que casi sangraron. Al encontrarse con la mirada fulminante de Amelia, bajó la vista. Ella asintió levemente. "...Bueno." Amelia arrastró a Layla consigo y, juntas, las dos desaparecieron. Arthur dejó escapar un largo suspiro. Miró a Neo por un momento, como si quisiera decir algo, pero no le salieron las palabras. Su expresión era dura, difícil de descifrar, aunque la frialdad daba paso a un atisbo de cansancio. Finalmente, se giró. Sin decir una palabra más, Arthur se teletransportó y regresó a la Tierra. “Neo…” Félix abrió la boca, incapaz de encontrar las palabras.
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La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 700

Estás leyendo el capítulo 700 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.