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Leer La maldicion de seguir viva (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
Llegué al apartamento casi corriendo, con la bolsa apretada contra el pecho. Por arriba se le asomaba la tapa de la botella grande, y las pequeñas chocaban entre ellas a cada paso.
Abrí y cerré detrás de mí. Todo estaba a oscuras, y así lo dejé. Puse la bolsa en mi cuarto, encima del escritorio. Después fui a la cocina, saqué del bloque de madera el cuchillo más grueso, el de cortar carne, y volví al cuarto con él pegado a la pierna, como si alguien pudiera verme, sabiendo que no había nadie en casa más que yo.
Cerré con llave y me senté en la cama.
Agarré el cuchillo con las dos manos. Me temblaban tanto que la punta no se quedaba quieta, y por más que apreté, no hubo manera de afirmarlo. Lo bajé hasta las rodillas y me quedé mirándolo.
Ya lo había intentado otras veces. Siempre me pasaba lo mismo: las manos me fallaban antes que el resto, y terminaba guardando el cuchillo otra vez en la cocina, en su ranura, como si nada. La única idea útil que se me había ocurrido era emborracharme hasta poder hacerlo.
Solté el aire y miré la bolsa.
Saqué la botella grande, le quité la tapa y tomé directo, sin respirar, hasta que me ardió la garganta y tuve que parar a toser. Puse música en el celular, a todo lo que daba, y seguí tomando. Me sentaba, me paraba, volvía a sentarme. Toqué otra vez el botón del volumen aunque ya no subía más.
En algún momento la botella grande se acabó y abrí las pequeñas. Esas las tomé más rápido, porque ya no me sabían a nada.
Terminé atravesada en la cama, con la cabeza y un brazo colgando por el borde y las manos vacías. El cuchillo estaba al lado, sobre la sábana, donde lo había dejado.
Giré la cabeza hacia él y comencé a llorar.
Quería verlos otra vez. A mi mamá y a mi papá. Una vez, nada más.
Pateé el colchón. Le grité algo a la pared, la música se lo tragó entero y me levanté con una fuerza que me había faltado toda la noche. El cuarto se fue para un lado y yo para el otro; tropecé con una de las botellas vacías y tuve que agarrarme de la cama para no irme al piso.
Agarré el cuchillo al revés, con la izquierda.
Lloraba de rabia. Alcé la mano y me lo clavé en el cuello.
Entró detrás de la oreja. El mareo me torció el brazo y la hoja siguió hacia abajo, rasgando, y yo ya no pude pararla.
El dolor me carcomió entera. Durante unos segundos el aire no me entraba por ningún lado. Caí, me retorcí en el piso y me apreté la herida con las dos manos, y lo único que salía de mí era un ruido mojado, sin voz.
La música seguía a todo volumen.
Lo último que vi fue la sangre en el piso, mucha más de la que pensé que tenía.
◆ ◆ ◆
A veces la humanidad tiende a pensar que lo que hay después de la vida es hermoso, o incluso algo sádico. ¿Qué ocurriría si lo que hay después de una vida fuera el reflejo de lo que uno necesita para seguir aferrado a esta?
Por dentro, Claire sentía el cuerpo cada vez más raro, hasta el punto de creer que todo era un sueño. Después pensó que estaba muerta, claro, y con eso le llegó todo lo que viene pegado a cualquier religión, de la mano de un Dios bueno que la estaría esperando.
La realidad no pudo golpearla más duro.
En alguna parte de una región menos avanzada que el mundo de Claire, un rayo de luz cayó con tanta fuerza que el pasto de alrededor comenzó a carbonizarse y se fue poniendo negro y gris. Unas aves salieron de los árboles tratando de escaparle a ese rayo tan grueso.
El rayo fue perdiendo brillo hasta desaparecer, y dejó ver a Claire entera: estaba acostada boca arriba, sin nada de ropa, en un descampado rodeado de árboles y a la vista de cualquiera. Detrás de ellos había lo que parecía un pueblo poco avanzado.
Tenía la nariz afilada, la cara demasiado cuidada y el pelo castaño y brillante, largo hasta la cadera y regado sobre el pasto. El cuerpo era envidiable, con una figura que cualquier mujer quisiera tener, por lo menos cualquiera con tres dedos de frente. Desde detrás de la oreja le bajaba una cicatriz por el cuello.
El cielo era inmenso, y por todos lados había valles y bosques densos, una vista que valía la pena. El sol era una esfera hueca, como una estrella a la que se estuviera tragando un agujero negro, con partículas que le daban vueltas alrededor. Lo que hacía de luna eran siete esferas pequeñas que giraban entre ellas sin tocarse, lo bastante despacio para que nadie lo notara a la primera. Ese lugar, sin ninguna duda, era de otro mundo.
Claire abrió los ojos. Eran de un azul tan claro que fácilmente se confundirían con los de un husky puro.
¿Qué pasó? Hasta pensarlo me cansaba.
Estaba en el cielo. Por lo menos eso quise creer: el paisaje me golpeó la cara de lo hermoso que era, y por dentro me latía esa corazonada.
Me sentía como si me hubiera pasado por encima un maldito bus, o un tractor a toda velocidad, y no quería moverme. Cerré los ojos y los volví a abrir varias veces, para confirmar lo obvio: me había muerto. Eso me puso triste, pero tenía que aceptarlo. Lo había logrado.
Me llevé la mano al cuello, detrás de la oreja, donde había entrado el cuchillo. En lugar de la herida tenía una cicatriz dura y abultada que bajaba desde ahí, y no me dolía nada.
Intenté levantarme despacio. Logré sentarme, y solo después de un rato me di cuenta de que estaba desnuda y de que en ese lugar hacía bastante frío. Me dio pena, pero miré para un lado y para el otro y lo dejé pasar. Pensé que seguramente me tocaba encontrar el camino a los cielos. Quería darme ánimos, porque no tenía ninguna experiencia con esto, y nunca había leído la Biblia ni ningún texto sagrado que resumiera lo que viene después de la vida.
Me paré del todo, y al ver bien el entorno noté que estaba dentro de un círculo de pasto verde. Afuera, el pasto era gris, y en él había algo que parecía carbón encendido.
Después miré mejor alrededor, y por último hacia arriba. El sol no se comportaba como el sol que yo conocía: estaba hueco, con cosas dándole vueltas. Primero pensé que era algo ficticio, como de película, pero mientras más lo miraba, más se me tensaba la cara. ¿Eso podía ser un sol? Ahí me di cuenta de que quizás, y solo quizás, esto no era el cielo que nos contaban en las historias de niños.

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La maldicion de seguir viva (Novela)
Capítulo 2
La maldicion de seguir viva (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de La maldicion de seguir viva (Novela), un novela. Claire Nowak se quitó la vida a los diecinueve años. Despertó cerca de un pueblo recién vaciado, en un mundo que no conoce y entre lenguas que no entiende. Quería dejarlo todo. Desde que sus padres murieron, cuando… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026. La maldicion de seguir viva (Novela) tiene 2 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.