Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 55 online gratis en español
El Sinrostro se lanzó hacia él.
No hubo ningún aviso más que ese giro lento de la cabeza inexistente. Un segundo estaba quieto, evaluando, y al siguiente ya cruzaba la distancia entre ellos con una velocidad que no tenía ningún derecho a tener un cuerpo de ese tamaño.
Sevrin apenas reaccionó a tiempo.
Agarró a Tii con una mano, apretándola contra el pecho, y saltó del pilar justo cuando el puño de la criatura lo destrozaba entero, fragmentos de cuarzo explotando en todas direcciones, uno de ellos rozándole la mejilla lo bastante cerca como para dejar un corte fino y ardiente.
Cayó mal, rodando por el suelo, el aire escapándosele de los pulmones, y no se quedó ahí ni un segundo más de lo necesario.
Corrió.
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No tenía ningún plan. No tenía ninguna dirección real, solo el instinto puro de poner distancia entre él y la criatura, esquivando formaciones de cuarzo, saltando escombros, Tii aferrada a su hombro con una fuerza que dejaba marcas.
El Sinrostro lo seguía sin esfuerzo, cada paso suyo cubriendo lo que a Sevrin le costaba diez, la distancia entre ellos cerrándose sin que Sevrin pudiera hacer absolutamente nada para evitarlo.
Llegó a un punto donde el terreno se cerraba: una pared de cuarzo sólido a un lado, un desnivel demasiado profundo para saltar al otro, y detrás, la criatura, ya casi encima.
No había más adónde correr.
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Sevrin se giró.
El corazón le latía tan fuerte que apenas podía escuchar nada más, las manos temblando alrededor de la rama que todavía sostenía, ridícula, inútil, lo único que tenía.
Se plantó, las piernas abiertas, y apuntó la rama hacia el Sinrostro, que se detuvo un instante, la cabeza inexistente inclinándose apenas, como si algo en esa postura le resultara, por primera vez, mínimamente interesante.
Quedaron así, cara a cara —si es que algo sin cara podía tener un "cara a cara"—, el monstruo y el chico con un palo.
«Tengo miedo», pensó Sevrin, la idea clara, honesta, sin ninguna vergüenza esta vez. «Tengo muchísimo miedo. Pero voy a darlo todo en esto.»
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El Sinrostro levantó uno de sus cuatro brazos, el músculo tensándose, preparando un golpe que Sevrin ya sabía, con una certeza fría, que no iba a poder esquivar ni resistir.
Sevrin sintió el Éter responder, reuniéndose desde cada rincón de su cuerpo hacia los brazos, hacia las manos apretadas alrededor de la rama, toda la práctica de los últimos días concentrándose en un solo instante, en un solo golpe que sabía que probablemente no iba a servir de nada, pero que iba a dar de todas formas, con todo lo que tenía.
Cerró los ojos un instante. Apretó la rama.
«Ahora.»
El brazo cayó.
Y en la fracción de segundo antes de que las dos cosas —el golpe y el palo ridículo que Sevrin sostenía— llegaran a encontrarse, algo lo arrancó del lugar exacto donde estaba parado, un tirón brutal que le sacó el aire de los pulmones por segunda vez en un minuto.
El brazo del Sinrostro se estrelló contra el suelo un instante después, justo donde Sevrin había estado parado, y el impacto no se quedó ahí: el cuarzo entero se hizo añicos en una onda expansiva que se propagó en todas direcciones, levantando a Zecoy y a Sevrin —todavía sujetos el uno al otro— y lanzándolos por el aire, dando vueltas, hasta el otro lado del espacio destrozado.
Cayeron entre un montón de escombros, rodando los últimos metros, ella todavía sin soltarlo, hasta detenerse del todo, ella encima de él, el pelo rojo cubierto de polvo blanco, un corte fresco cruzándole una ceja.
—¿Zecoy?
Ella no respondió con palabras.
Le dio un golpe en el pecho, con la palma abierta, no muy fuerte, pero cargado de una furia que no dejaba ninguna duda sobre lo que sentía en ese momento.
—¡IDIOTA!
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—¡Oye! —Sevrin se incorporó, todavía aturdido, el corazón sin terminar de calmarse—. ¡Deberías estar agradecida! ¡Vine a salvarte!
—¿A salvarme? —Zecoy se puso de pie, tirando de él para levantarlo también, sin ninguna delicadeza—. ¿Ibas a enfrentar a esa cosa con una rama? ¿Con una RAMA, Sevrin?
—¡Era lo que tenía a mano!
—¡Eres un idiota! —repitió, pero esta vez, en medio de la furia, algo se le escapó, un sonido pequeño, casi una risa, imposible de contener del todo—. Un idiota total. Completo. El idiota más grande que he conocido en toda mi vida, y eso que crecí con Tarek.
Sevrin se quedó mirándola, sin aire todavía, el polvo de cuarzo pegado a la cara, y sintió algo aflojarse en el pecho que no tenía nada que ver con el miedo.
Estaba viva.
Estaba ahí, furiosa, cubierta de polvo, riéndose de él en medio de una pelea que todavía no habían ganado, pero viva, de pie, discutiéndole con la misma energía imposible de siempre.
—Me alegra verte —dijo Sevrin, sin poder evitar la sonrisa que le salió, torpe, aliviada.
Zecoy se detuvo un segundo, la furia bajándole un poco, algo más suave asomando debajo.
—A mí también, idiota —dijo, más bajo—. A mí también.
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No fueron los únicos que lo vieron.
Rehk, todavía envuelto en la nube dorada de su Éter, alcanzó a ver de reojo al chico humano plantándose frente al Sinrostro con un simple palo, y algo que no era exactamente una sonrisa le cruzó la cara desfigurada por la furia del estado salvaje.
—Idiota valiente —gruñó, sin dejar de atacar, la voz apenas audible entre el rugido de la pelea—. De los que sirven.
Celine, esquivando un manotazo suelto de la criatura, alcanzó a ver el momento exacto en que Zecoy sacaba a Sevrin de en medio, y algo parecido a la sorpresa le iluminó la cara un instante, rápidamente reemplazado por una sonrisa torcida, con un filo de picardía que no tenía nada que ver con el peligro que los rodeaba.
—Vaya, vaya —murmuró, para sí misma, sin que nadie más la escuchara—. Así que era por eso.
Doreth, recibiendo el impacto de la onda expansiva de pie, sin caerse, soltó una carcajada corta, casi desquiciada por el cansancio y la adrenalina.
—¡ESO ES, FORASTERO! —gritó, aunque dudaba que Sevrin llegara a escucharlo—. ¡AHORA PELEEN!
Vrass no dijo nada. Solo asintió, una vez, apretando el arco con más fuerza, y disparó otra flecha hacia la boca abierta de la criatura, como si el gesto de Sevrin le hubiera recordado algo que necesitaba recordar.
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El Sinrostro, recompuesto del golpe fallido, ya giraba hacia Sevrin y Zecoy otra vez, el rugido volviendo a llenar el aire, y más allá, Rehk se lanzó de nuevo hacia la criatura, la nube dorada de Éter todavía envolviéndolo entero.
Zecoy sacó sus dos hojas curvas, poniéndose de espaldas contra Sevrin, en guardia.
—Bueno —dijo, la voz ya recuperando el filo de siempre—. Ya que insistes en morir de forma heroica, al menos hazlo a mi lado. Así puedo salvarte de nuevo cuando sea necesario.
Sevrin levantó su rama, todavía ridícula, todavía inútil, pero ahora con algo más sosteniéndola además de sus propias manos temblorosas.
—Trato hecho —dijo.

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La Forma de un Monstruo (Novela)
Capítulo 56
La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 55
Estás leyendo el capítulo 55 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.