Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 23 online gratis en español
Empezó a hacerlo a propósito, y eso ya le parecía raro de por sí.
Cada vez que encontraban algo nuevo —un insecto quieto sobre una hoja, un pequeño animal escondido bajo una piedra, cualquier cosa que se dejara tocar sin salir corriendo—, Sevrin se detenía, extendía la mano, y esperaba.
—Vamos a ver qué eres —murmuraba, casi siempre, más por costumbre que porque esperara una respuesta.
Ella lo seguía de cerca en esos momentos, posada en una rama baja o en su propio hombro, observando con más atención de la que dedicaba a cualquier otra cosa.
El primero fue un insecto alargado, de un verde tan intenso que casi dolía mirarlo, quieto sobre una hoja ancha cerca del camino. Sevrin acercó un dedo, despacio, y lo apoyó sobre el lomo brillante del bicho.
Nada.
Ningún tirón. Ninguna corriente subiéndole por el brazo. El insecto ni siquiera pareció notar el contacto, y siguió inmóvil sobre la hoja, como una piedra pintada de verde.
—Nada —dijo Sevrin, retirando el dedo—. Ni siquiera un poco.
Ella ladeó la cabeza, como si aquello también le pareciera raro a ella, aunque no tuviera forma de saber si de verdad lo era.
El segundo fue distinto. Un pequeño reptil de patas cortas y piel escamosa, gris con motas azules, que encontraron tomando sol sobre una roca plana. Se dejó tocar sin huir, quizás demasiado adormilado por el calor para que le importara.
Esta vez sí hubo algo. Muy poco: apenas un cosquilleo tenue en la yema de los dedos, como el roce de una tela áspera, ahí y desaparecido casi al mismo tiempo.
Sevrin se quedó esperando que se hiciera más claro. No pasó.
—Casi nada —dijo, más para sí mismo que para ella—. Pero no es exactamente lo mismo que el bicho verde. Hay diferencia.
Entonces no es un sí o un no, pensó. Es una escala. Y todavía no entiendo qué la mueve.
El tercero fue el que le hizo cambiar de idea sobre todo el experimento.
Lo encontraron al atardecer, medio escondido bajo unas raíces salientes: algo parecido a un tejón grande, de pelaje oscuro y hocico alargado, aparentemente dormido, la respiración lenta y pesada.
Sevrin dudó un momento antes de acercarse. Algo en la forma en que dormía —demasiado quieto, casi rígido— debería haberle dado motivos para no tocarlo. No los tuvo en cuenta.
Ella se tensó en su hombro. Las alas quietas. Un aviso.
Apoyó la mano sobre el lomo del animal.
El dolor le subió por el brazo como una descarga, agudo, ardiente, y Sevrin retiró la mano de golpe con un grito ahogado.
—¡Joder!
Se sujetó la muñeca con la otra mano, la piel enrojecida donde había tocado al animal, aunque no hubiera ninguna marca visible, ningún corte, nada que explicara el dolor real que todavía le recorría el brazo.
El animal, sorprendido por el grito, se despertó de golpe, los ojos pequeños abriéndose, y salió corriendo torpemente hacia la maleza sin llegar a mirar siquiera hacia ellos.
Sevrin se quedó sentado en el suelo, la mano todavía apretada contra el pecho, respirando con dificultad.
—¿Qué mierda fue eso? —preguntó, sin dirigirse a nadie en particular, la voz todavía temblando un poco.
Ella voló hasta él, se posó en su rodilla, y miró la mano con una preocupación que Sevrin reconoció de inmediato, la misma que había tenido después de la pelea con el felino.
—Estoy bien —dijo, aunque no sonara del todo convencido—. Solo... dolió. Mucho.
Se quedó pensando, el dolor ya bajando a un ardor manejable, mientras se frotaba la muñeca.
El bicho verde: nada. El lagarto: casi nada. Y esto: dolor de verdad.
No tenía ningún patrón claro que le sirviera. El tejón no parecía más grande ni más fuerte que la criatura tranquila de días atrás. No tenía ningún aspecto especial, ninguna señal visible de que fuera distinto a cualquier otro animal del bosque.
Pero algo en él había rechazado el contacto, con la misma fuerza con que el bicho verde lo había ignorado del todo.
—No puedo simplemente tocar cualquier cosa —dijo, en voz alta, casi como si necesitara escucharlo para creérselo—. Algunas cosas hacen algo. Otras no. Y yo no controlo cuáles.
Eso, por algún motivo, lo inquietó más que el dolor mismo.
Se puso de pie, se sacudió la tierra de los pantalones, y siguió caminando con la mano todavía un poco entumecida, decidido, por esa tarde al menos, a no tocar nada más que no fuera estrictamente necesario.

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Estás leyendo el capítulo 23 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 24 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.