Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 215 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
En cuanto la Espada Asesina de la Fidelidad desvió a Sombra Gélida a un lado, la púa en la mano izquierda de Sun Feiyang salió disparado hacia el pecho de su enemigo enmascarado.
Envuelto en un espeso qi negro, la púa cortó el aire en silencio, pero los elogios que Ding Songyan había escuchado se transformaron de golpe en insultos y maldiciones, apuñalando su mente con extrema viciosidad.
El Perforador de Palabras Maliciosas se había llamado originalmente el Perforador de Actos Malvados. Cuanto más numerosos y atroces fueran los actos acumulados por quien lo empuñara, mayor era su poder. Más tarde, un Maestro del Camino del Mal Acumulado incorporó a esa arte el viento mundano del ridículo y la calumnia. Si bien los actos perversos aún podían otorgarle la capacidad de traspasar defensas y ahuyentar calamidades, ahora las palabras maliciosas también herían la mente y el espíritu del oponente. Desde entonces, se le conocía como el Perforador de Palabras Maliciosas.
Al ver que el atacante con la máscara de Muchacho Dorado se volvía visiblemente rígido y lento, el Mal sin Medida Sun Feiyang experimentó un destello de deleite.
Sin embargo, justo en ese instante, notó algo extraño en los ojos de su rival.
Una luz fría resplandeció de pronto. La punta cristalina de la espada que la Espada Asesina de la Fidelidad había desviado comenzó a crecer más y más, hasta llenar la visión de Sun Feiyang en un abrir y cerrar de ojos.
La consciencia de Sun Feiyang se nubló por completo.
\*\*\*
Vio a un héroe errante con las cuatro extremidades amputadas, arrastrándose hacia él mientras su rostro reflejaba una absoluta súplica.
Sun Feiyang sonrió con salvajismo, saboreando el momento, y apuntó el Perforador de Palabras Maliciosas hacia la esposa embarazada del héroe. A su alrededor yacían los cuerpos de personas torturadas hasta la muerte.
Con la lengua cortada, el héroe ni siquiera podía rogar por clemencia; solo atinaba a arrastrarse hacia su esposa y su hijo por nacer, esperando morir a su lado.
Sun Feiyang estaba a punto de abrirle el vientre a la mujer cuando, de pronto, se quedó paralizado.
Un viento lo bastante helado como para congelar todas las cosas barrió el mundo. El tiempo mismo se ralentizó hasta detenerse casi por completo.
Una figura apareció ante Sun Feiyang.
Dándole la espalda, la figura se erguía como si fuera una sola entidad con el cielo y la tierra, semejante a un dios o a un demonio.
Apenas capaz de moverse, Sun Feiyang observó cómo la figura se giraba. Llevaba una máscara con ojos alzados, cejas rectas, frente blanca y rostro dorado.
«¿Un Maestro Supremo?». Sun Feiyang permanecía congelado en el tiempo. Sus pupilas se dilataron, pero solo pudo observar cómo la punta cristalina de la espada se dirigía hacia él.
El terror lo abrumó. Incapaz de resistirse, sintió cómo la punta de la espada se le hundía entre las cejas.
\*\*\*
Sun Feiyang lideraba a un ejército de discípulos del Camino del Mal Acumulado en el asalto a una ciudad.
La contempló desde las alturas y rio sin la menor restricción:
—¡Siete días de saqueo! ¡Sin límites para matar!
Los discípulos vitorearon y se dispersaron en todas direcciones. Pronto, los gritos, las súplicas de clemencia, los lamentos y los sollozos llegaron a oídos de Sun Feiyang, llenándolo de tal regocijo que sintió haber entrado al paraíso.
A algunos los encontraron ocultos en sótanos y los apuñalaron hasta matarlos. Otros entregaron sus riquezas al vislumbrar una pizca de esperanza, solo para ser decapitados en cuanto se daban la vuelta. Hubo quienes ofrecieron sus cuerpos a los demonios herejes para salvar a sus seres queridos, únicamente para verlos morir uno a uno...
Un viento gélido lo barrió todo, congelándolo a su paso. En un instante, la ciudad entera quedó sellada bajo el hielo.
Incapaz de moverse, Sun Feiyang vio descender una figura desde el cielo, como un dios o un demonio.
«¿Un Maestro Supremo?». Sus ojos reflejaron una máscara de ojos alzados, cejas rectas, frente blanca y rostro dorado, seguida por el avance de una punta de espada cristalina.
El filo se hundió entre sus cejas sin encontrar la menor resistencia.
\*\*\*
Sun Feiyang adoptó a un niño y pasó veinte años entrenándolo hasta convertirlo en un luchador formidable. Entonces, le dijo al muchacho quienes habían destruido a su familia y lo habían dejado huérfano.
Solo después de que su hijo adoptivo torturó hasta la muerte a cada enemigo, Sun Feiyang le reveló la verdad con una sonrisa: su familia nunca había sido destruida; él lo había secuestrado. Los enemigos a los que había matado eran en realidad sus propios parientes, quienes lo habían extrañado profundamente y jamás habían dejado de buscarlo a lo largo de todos esos años.
Su hijo adoptivo se derrumbó ante él, sucumbiendo a la desviación de qi y perdiendo todo su poder marcial. Sun Feiyang lo mantuvo con vida deliberadamente para regocijarse con su sufrimiento.
Mientras Sun Feiyang admiraba su obra, notó cómo enormes copos de nieve, semejantes a plumas, comenzaban a flotar desde el cielo.
Era pleno verano, en el mes de junio, y aun así un viento que calaba hasta los huesos irrumpió en el lugar, congelándolo en su sitio.
De nuevo contempló a aquella figura, a la vez divina y demoníaca, portando la máscara de ojos alzados, cejas rectas, frente blanca y rostro dorado.
«¿Un Maestro Supremo?». No era más que una hormiga, incapaz siquiera de patalear, mientras la punta cristalina de la espada crecía ante sus ojos.
Con un suave impacto sordo, la punta de la espada se le hundió entre las cejas.
\*\*\*
El pánico se disparó por todo el cuerpo de Sun Feiyang cuando despertó de golpe.
Una vez más, vio aquella máscara: ojos alzados, cejas rectas, frente blanca y rostro dorado.
Su corazón casi se detuvo. Era como si la pesadilla que lo había atormentado a lo largo de tres vidas lo hubiera perseguido hasta la realidad.
Para su alivio, su Espada Asesina de la Fidelidad ya había desviado la hoja de cristal de hielo, haciéndola pasar junto a su cuerpo en lugar de perforarle la frente.
«¿Una espada de pesadillas?». Sun Feiyang no logró identificar el arte exacta, pero sus muchos años en el jianghu le habían otorgado una vasta experiencia. En un instante, comprendió a grandes rasgos lo que había sucedido.
Al ver su movimiento desbaratado por la Espada Asesina de la Fidelidad, el atacante solo había podido proyectar su intención de espada a distancia para arrastrarlo hacia pesadillas de sus vidas pasadas. Al no poder superar el instinto de supervivencia de Sun Feiyang, el golpe en su lugar había creado la falsa impresión de invencibilidad, casi como la de un Maestro Supremo, sembrando una debilidad temporal en su mente.
Para los Grandes Maestros del Reino del Dharma perfeccionado, las contiendas del espíritu y los choques mentales constituían una parte vital del combate. Si un oponente hallaba y explotaba una debilidad mental, la derrota solía ser inevitable.
Sun Feiyang sabía que sus heridas no habían sanado del todo y que se había infligido aún más daño al destruir una de sus propias artes. Si perdía, ni siquiera le quedaría la opción de escapar con vida. Se forzó a concentrarse, despertando su faceta más feroz para combatir el pánico involuntario que surgía cada vez que veía esa máscara blanca y dorada de ojos alzados y cejas rectas.
Con un rugido grave, desató la Espada Asesina de la Fidelidad y el Perforador de Palabras Maliciosas. Una mano desbarataba los movimientos de su enemigo, interrumpiéndolos o desviándolos, mientras la otra perturbaba su mente y su espíritu. Sun Feiyang presionó el ataque, intentando definir la pelea o abrirse una ruta de escape antes de que el intruso pudiera explotar su vulnerabilidad mental.
Ding Songyan no retrajo su espada para defenderse. Desplazando los pies, dejó que Sombra Gélida siguiera la fuerza desviadora de la espada teñida de sangre y describiera un círculo hacia el cuello de Sun Feiyang desde un costado.
Esta vez no se contuvo en absoluto, desplegando todo lo que había aprendido.
Su Reino del Caos le permitía percibir con claridad cada cambio en los músculos de Sun Feiyang y en el qi verdadero de su superficie corporal, lo que le facilitaba predecir las respuestas del principal Enviado del Mal. Al mismo tiempo, entró en el estado del Corazón Celestial, percibiendo cada alteración en el qi del vacío que los rodeaba.
Solo respaldado por ambas habilidades podía llevar la Espada del Camino Unificado hasta el límite de sus capacidades actuales.
La espada de Ding Songyan silbó a través de una ráfaga de golpes: tajos, barridos, cortes, latigazos ascendentes, adherencias y desviaciones. No había variaciones innecesarias, solo los movimientos más básicos; era un ataque puro, desprovisto de defensa.
Bajo esa ofensiva implacable, Sun Feiyang rompió en un sudor frío, algo que rara vez le ocurría.
Su Espada Asesina de la Fidelidad parecía haber dejado de funcionar.
Jamás se había topado con algo semejante.
Si intentaba desbaratar las variaciones que seguían a un movimiento recurriendo a la Fidelidad, se encontraba con que no había ninguna: cada ataque era completamente directo. Su oponente esperaba a que él respondiera y cortara la fidelidad del movimiento antes de lanzar uno nuevo, siempre dirigido hacia una abertura.
Si intentaba desbaratar el movimiento en sí usando la Fidelidad, todos y cada uno de los ataques del enemigo efectivamente fallaban en dar en el blanco; sin embargo, su rival cambiaba al siguiente movimiento con una velocidad extraordinaria, fluyendo de uno a otro sin la menor interrupción.
Más aún, a lo largo de toda esa ráfaga, la espada cristalina nunca había chocado ni una sola vez contra su Espada Asesina de la Fidelidad ni contra el Perforador de Palabras Maliciosas. Sin contacto físico, la Espada Asesina de la Fidelidad no podía desbaratar por completo los movimientos ni sus variaciones, así como sus actos malvados tampoco podían corroer la hoja.
Sombras de espadas se cruzaban y recruzaban por la cámara, de apenas doce metros de ancho. Las perlas luminosas perdieron intensidad y todo se sumió en una profunda penumbra.
Torrentes de qi negro ilusorio se alzaron como sombras demoníacas mostrando colmillos y garras.
Aquellos actos malvados de Sun Feiyang se unieron a los ocho vientos mundanos para asaltar la mente y el espíritu de Ding Songyan, buscando llenarlo de repulsión, pavor, ira, duda y pánico, e intentar despertar la malicia oculta en su corazón.
No obstante, la Intención de Espada de la Luz de Vela ya ardía en el mar de consciencia de Ding Songyan. Su cálida luz amarilla resplandecía en las profundidades, bloqueando a los demonios del exterior y disolviendo el mal que intentaba cobrarse forma en su interior.
El qi negro, las palabras maliciosas y los actos perversos continuaban excavando hacia su mar de consciencia, solo para disolverse ante el tenue resplandor amarillo. Semejantes a polillas, buscaban sofocar la llama de la vela a través de la pura acumulación de número.
La influencia que el Arte Divino del Mal Acumulado ejercía sobre el entorno resultaba inútil contra él.
Incluso en pleno fragor de la batalla, Ding Songyan no pudo evitar maravillarse para sus adentros:
«Con razón llaman a las artes de la Secta Noche-Brillante la perdición de demonios y herejes».
En espacios cerrados, el alcance limitado de su Reino del Caos apenas constituía una desventaja. Aunque habría podido disolver el qi negro ilusorio que lo rodeaba, no podía evitar que los ocho vientos mundanos asaltaran su mente; por ello, confió únicamente en la Intención de Espada de la Luz de Vela, manteniendo esa habilidad oculta ante Sun Feiyang para guardarse un factor sorpresa en el momento crucial.
Ding Songyan se desplazó con los Pasos para Evitar Calamidades de la Osa Menor. Sombra Gélida cortó el espacio entre la Espada Asesina de la Fidelidad y el Perforador de Palabras Maliciosas, lanzándose hacia los ojos de Sun Feiyang.
Sun Feiyang retrajo su espada para desbaratar el ataque. Ding Songyan presionó la muñeca hacia abajo, dejando que la hoja desviada cayera en un corte descendente dirigido con precisión hacia la mano izquierda que sostenía el Perforador de Palabras Maliciosas.
Sun Feiyang había estado a punto de contraatacar, pero en su lugar se vio obligado a recurrir de nuevo a Tomar Prestado el Viento del Este, deslizándose hacia atrás para salir del alcance del arma.
Ding Songyan no cedió un solo palmo ni ejecutó movimiento defensivo alguno. La luz fría destelló a través de treinta y un ataques consecutivos, cada uno dirigido hacia una abertura, sin que ninguno llegara a tocar la espada teñida de sangre de Sun Feiyang ni la púa envuelta en qi negro.
Al menos en tres ocasiones, Sun Feiyang estuvo a punto de ensartarse él mismo en la punta cristalina de la espada.
Empapado en un sudor frío, el delgado y salvaje Sun Feiyang, semejante a un viejo tigre acorralado, se dio cuenta de pronto de que algo andaba mal.
Lo habían acorralado en una esquina de la cámara, con la espalda casi pegada a la pared. A la izquierda o a la derecha, su oponente parecía haber anticipado cada uno de sus movimientos: la espada lo aguardaba sin importar hacia dónde se inclinara.
Tampoco podía atravesar la pared para escapar; detrás de ese muro no había ningún pasadizo secreto, solo tierra sólida.
La ferocidad afloró en el interior de Sun Feiyang. Unas alas invisibles se desplegaron de golpe a su espalda y comenzó a ascender por el aire.
La cámara tenía apenas cuatro metros de altura. De haber estado en el exterior, ya habría emprendido el vuelo tiempo atrás para atacar a su enemigo desde arriba.
Al verlo elevarse, los labios de Ding Songyan se curvaron levemente bajo la máscara de Muchacho Dorado.
Todos sus ataques de espada anteriores habían tenido la única finalidad de forzar a Sun Feiyang a esa apuesta desesperada: alzar el vuelo en una habitación con el techo tan bajo.
Casi de forma simultánea, el oscuro e indistinto Reino del Caos se manifestó. Con su alcance de veinte metros, envolvió la cámara por completo.
El qi negro ilusorio que llenaba la estancia se disolvió con rapidez, mientras que las alas invisibles de Sun Feiyang se congelaron en el aire, como insectos atrapados en ámbar.
Sin contacto directo, los rasgos innatos del Reino del Caos —Fundir Todas las Cosas en la Unidad y Establecer las Seis Direcciones— tenían un efecto limitado sobre un enemigo en el Reino del Dharma perfeccionado. ¡Pero contra elementos insustanciales creados por aperturas del vacío, como los actos malvados ilusorios o las alas invisibles, funcionaban a la perfección!
Con sus alas invisibles atrapadas por las Seis Direcciones, Sun Feiyang quedó suspendido en el aire durante un instante.
La mirada de Ding Songyan se volvió gélida. Sin vacilar, recurrió al estado del Corazón Celestial para fundirse con el qi que lo rodeaba.
Mientras Sun Feiyang luchaba por liberarse, su consciencia volvió a nublarse.
Esta vez estaba viendo de verdad a la figura de sus pesadillas.
¡Una sola entidad con el cielo y la tierra, semejante a un dios o a un demonio!
Una vez más, sus ojos reflejaron la máscara con sus ojos alzados, cejas rectas, frente blanca y rostro dorado... junto a la espada de cristal de hielo.
La espada se elevó, trayendo consigo un viento gélido que parecía congelarlo todo y ralentizar el paso del tiempo.
Sun Feiyang sintió que realmente había regresado a aquellas pesadillas; la debilidad de su mente quedó al descubierto sin el menor disimulo.
Un pánico intenso lo invadió. El instinto le gritaba que no podía bloquear ese golpe, pero al intentar esquivarlo, se descubrió colgando indefenso en el aire.
Sin embargo, Sun Feiyang era un demonio hereje experimentado. En medio del terror, su faceta más salvaje estalló: retrajo el Perforador de Palabras Maliciosas frente a su pecho, cubriéndolo con la intención negra que alimentaban años de actos perversos acumulados en su cuerpo para intentar bloquear la embestida.
Al mismo tiempo, descartó la Espada Asesina de la Fidelidad. Los actos malvados se concentraron en los dedos índice y medio de su mano derecha, volviéndolos negros como el carbón mientras intentaba asestar a Ding Songyan su Dedo de Oro Fundido a distancia.
Dado que los actos malvados ilusorios fuera de su cuerpo ya se habían disuelto en la unidad, este movimiento resultaba ser visiblemente más débil que el golpe que había empleado contra la Flecha Divina que Dispara al Sol.
La Intención de Espada del Invierno ralentizaba los movimientos de Sun Feiyang, pero él no cayó en un pánico absoluto. La espada cristalina de su enemigo también se desplazaba despacio, atrapada en el mismo efecto de congelación.
Justo entonces, cuatro alas se desplegaron detrás de Ding Songyan.
Una lucía el verde fresco de la primavera, rebosante de vida; otra ostentaba el rojo ardiente del verano, con su calor aún intacto; la tercera brillaba con el dorado del otoño, rica en grano y frutos; y la última exhibía el blanco del invierno más profundo, como una extensión interminable de hielo.
Hasta ese momento había sido el ala blanca del invierno la que había estado aleteando. De pronto, el ala roja del verano tomó el relevo, propagando un calor sofocante.
El viento gélido se desvaneció y un sol dorado y rojizo ardió por toda la cámara.
El qi remanente de la Flecha Divina que Dispara al Sol, que aún persistía en el interior de Sun Feiyang, reaccionó de inmediato. Sus movimientos flaquearon y la totalidad de sus actos malvados quedó suprimida.
Bajo la inundación de luz solar, el qi negro de los actos perversos se revolvió y comenzó a retroceder. La intención congelante dio paso a un viento aullante y abrasador.
Sombra Gélida, que un momento antes avanzaba despacio, aceleró de golpe, veloz como un relámpago en medio de una tormenta de verano.
Antes de que Sun Feiyang pudiera ejecutar el Perforador de Palabras Maliciosas o el Dedo de Oro Fundido, la hoja de cristal de hielo destelló a través del espacio entre ambas manos.
«No, así no fue como sucedió antes...». El pensamiento apenas acababa de cruzar la mente de Sun Feiyang cuando vio la punta cristalina de la espada aproximarse.
¡Zas!
El filo se le hundió entre las cejas.
Su mirada se congeló en la máscara de Muchacho Dorado, ahora a escasa distancia de él.
Ojos alzados, cejas rectas, frente blanca y rostro dorado.
Ding Songyan dejó escapar una risita grave:
—La Espada del Sueño no solo sembró una debilidad en tu mente, sino que también te engañó para que creyeras que te mataría con la Intención de Espada del Invierno. La Flecha Divina que Dispara al Sol te hirió. ¿Cómo no iba a aprovechar el qi remanente de la flecha, con su poder para vencer lo salvaje y lo maligno? Por supuesto que encontraría la manera de hacerlo reaccionar.
Un destello de amarga incredulidad cruzó los ojos de Sun Feiyang. Un jadeo áspero se le escapó de la garganta y cayó del aire, impactando contra el suelo con un golpe sordo.
Sangre oscura continuaba brotando de entre sus cejas.
Unas cuantas gotas de sangre se acumularon rápidamente en la hoja translúcida de Sombra Gélida y cayeron sobre los ojos aún abiertos de Sun Feiyang, tiñéndoselos por completo de rojo.
Hoy, el principal de los diez Enviados del Mal del Camino del Mal Acumulado finalmente rendía cuentas por su mal sin medida.

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La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 215
Estás leyendo el capítulo 215 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 25 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.