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Leer La Ceniza Primordial (Novela) Capítulo 2 online gratis en español

El Templo Gris no parecía un templo. Era una construcción de piedra vieja, sin ventanas, levantada en el centro del asentamiento mucho antes de que alguien pudiera recordar quién la había construido. Dentro solo había una sala circular. Allí examinaban a los niños cuando cumplían doce años. La Voluntad, según decían los Videntes, podía sentirse en el cuerpo antes de que una persona aprendiera siquiera a utilizarla. Una vibración alrededor del pecho. Una brasa diminuta escondida bajo la piel. Caín ya había pasado por aquello una vez. No había aparecido nada. A los quince años, su madre lo había llevado de nuevo. El Vidente estaba sentado en el centro de la habitación. Llevaba una máscara de hueso. Caín se sentó frente a él. —Acércate. Lo hizo. El Vidente extendió una mano hacia su pecho. No llegó a tocarlo. Pasaron unos segundos. Luego otros. Caín miró las paredes. El Vidente no se movía. —Respira. Caín respiró. —Otra vez. Lo hizo. El Vidente retiró lentamente la mano. Caín esperó. —¿Y? El hombre no contestó. Se quedó mirando el pecho de Caín. Después sus ojos. —¿Qué eres? Caín parpadeó. —No sé. El Vidente se acercó. —No tienes Voluntad. —Eso ya lo sabía. —No. La voz del hombre había cambiado. Caín lo notó. —No tienes Voluntad —repitió el Vidente—. Eso sería normal. Caín esperó. El hombre tragó saliva. —En ti hay otra cosa. —¿Qué? El Vidente no respondió. Miró otra vez sus ojos. Rojo. Siempre habían sido rojos. Caín estaba acostumbrado a que la gente los mirara demasiado. —¿Te duelen? —No. —¿Alguna vez? —No. El Vidente retrocedió. —¿Tu padre tenía los ojos así? Caín negó con la cabeza. —¿Murió hace once años? —Sí. Algo en el rostro del Vidente se endureció. —¿Cómo murió? —Dejó de estar bien. —Eso no es una respuesta. —Es la única que tengo. El Vidente permaneció inmóvil. Finalmente dijo: —Hay un hueco dentro de ti. Caín frunció ligeramente el ceño. —Todos tenemos cosas que nos faltan. —No hablo de eso. El Vidente se llevó una mano a la máscara. —Esto no debería existir. Por primera vez, Caín sintió curiosidad. —¿Qué es? El hombre no respondió. En lugar de eso, caminó hacia la puerta. —Vete a casa. —¿Eso es todo? —Sí. —¿Por qué? El Vidente abrió la puerta. —Porque todavía no sé si debo decirte lo que vi. Caín permaneció sentado. —¿Y si quiero saberlo? El hombre lo miró. Sus ojos blancos parecían más viejos de repente. —Entonces espero que cuando llegue el momento sigas siendo tú quien quiera saberlo. Cerró la puerta. Caín se quedó solo. No sintió miedo. Pero algo había cambiado. No sabía qué. Solo sabía que, por primera vez en mucho tiempo, alguien había mirado dentro de él y había querido marcharse. ⸻ Esa misma noche, a cientos de kilómetros de distancia, Katherine despertó gritando. La Hermana Ilsabet entró corriendo. —Katherine. Ella estaba sentada en la cama. Tenía el cabello pegado a la frente. —Otra vez. Ilsabet se sentó a su lado. —Cuéntame. Katherine tardó en responder. —Era el mismo lugar. —¿El vacío? Asintió. —Pero esta vez era diferente. —¿Cómo? Katherine miró sus propias manos. —Me vio. Ilsabet guardó silencio. —No era oscuridad —continuó Katherine—. Era algo que estaba detrás de la oscuridad. Como si incluso la oscuridad tuviera que apartarse para dejarle espacio. —¿Y qué hizo? Katherine levantó la mirada. —Dijo mi nombre. —¿Con una voz? —No. Pensó unos segundos. —Existiendo. Ilsabet palideció. Katherine lo notó. —¿Qué sabes? —Nada que deba preocuparte. —Eso no es verdad. Ilsabet se levantó. —Los registros de la Orden de la Memoria mencionan algo parecido. Katherine también se puso de pie. —¿Qué? Ilsabet caminó hasta un armario cerrado con llave. —Cada ciertos siglos aparece una Resonancia que no debería existir. Abrió el armario. Sacó un manuscrito. —La llaman el Vacío. Katherine observó las páginas. —¿Y yo? Ilsabet no respondió inmediatamente. —Tú podrías ser el Eco. —¿El Eco de qué? Ilsabet cerró los ojos. —De él. Katherine sintió que algo frío le recorría la espalda. —¿Quién es él? —No lo sabemos. —Pero sabes que existe. —Creemos que sí. —¿Y qué se supone que debo hacer? Ilsabet la miró. —Recordarlo. Katherine soltó una pequeña risa sin humor. —Eso es conveniente. —Katherine… —Mi propia madre murió cuando yo era niña y ni siquiera puedo recordar su rostro. Miró el manuscrito. —Pero se supone que debo recordar a alguien que todavía no conozco. Ilsabet no tuvo respuesta. Katherine extendió la mano hacia la página. —¿Y si no quiero? La anciana bajó la mirada. —Entonces quizá nadie pueda obligarte. Katherine respiró. —Bien. Cerró el manuscrito. —Porque no pienso aceptar que mi vida ya esté decidida por alguien que todavía no conozco. Aquella noche volvió a soñar. Pero esta vez no se quedó quieta. Cuando el vacío la llamó, Katherine extendió la mano.
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La Ceniza Primordial (Novela) Capítulo 2

Estás leyendo el capítulo 2 de La Ceniza Primordial (Novela), un novela. En un mundo donde las **Resonancias** determinan el poder y la identidad de quienes las poseen, existe una anomalía que las antiguas órdenes aprendieron a temer: la **Ceniza Primordial**, una fuerza capaz de alterar… Este capítulo tiene publicado el 12 de agosto de 2026. La Ceniza Primordial (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.