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Leer La Ceniza Primordial (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
Nadie recordaba haber visto llorar a Caín.
Ni siquiera el día en que enterraron a su padre.
El Valle de Cuervos había amanecido cubierto de ceniza aquella mañana. No era extraño. Allí la ceniza formaba parte del paisaje del mismo modo que las montañas, los techos inclinados o el viento frío que se metía por las rendijas de las casas durante el invierno. Pero aquel día parecía haber caído más de lo habitual.
Se pegaba a la ropa.
A las pestañas.
A la tierra recién removida.
Caín tenía cuatro años y permanecía de pie frente al montículo donde habían enterrado a Silas.
Llevaba un abrigo demasiado grande que alguien había conseguido para él. Las mangas le cubrían parcialmente las manos. No parecía tener frío.
Tampoco parecía entender por qué todos los demás estaban llorando.
Su madre llevaba horas sin dejar de hacerlo.
Los vecinos se acercaban por turnos para sostenerla, ofrecerle agua, decirle cosas que Caín no escuchaba. Los Vessen habían llevado comida. Una mujer del clan Orlow había rezado durante casi una hora. El viejo del Templo Gris había dicho que Silas había sido un buen hombre.
Caín miraba la tierra.
No comprendía por qué su padre tenía que estar ahí abajo.
Pero tampoco comprendía por qué aquello debía cambiar algo.
Silas estaba muerto.
Eso era todo.
Años después, Caín recordaría aquella mañana con una precisión que le resultaría incómoda.
No recordaría las palabras.
Recordaría el silencio entre ellas.
Once años después, seguía sin llorar.
—Otra vez perdiendo el tiempo mirando el cielo.
Caín levantó ligeramente la cabeza.
Deimos Vessen estaba apoyado contra el marco podrido de la puerta del granero. Era dos años mayor que él y tenía esa sonrisa torcida que utilizaba cuando quería empezar una pelea sin ser el primero en admitirlo.
Fobos estaba detrás.
Como siempre.
Más pequeño, más delgado y mucho menos seguro de sí mismo que su hermano.
—¿Buscas algo ahí arriba? —preguntó Deimos—. ¿O simplemente no tienes nada mejor que hacer?
Caín miró las nubes.
El cielo tenía el color habitual del Valle: gris oscuro, bajo, pesado. Parecía que las nubes hubieran aprendido a quedarse quietas.
—La diferencia entre el ruido y el silencio.
Deimos frunció el ceño.
—¿Qué?
Caín lo miró.
—Tú eres el ruido.
Los muchachos que acompañaban a Deimos soltaron una carcajada.
Fobos también, aunque se tapó la boca demasiado tarde.
La sonrisa de Deimos desapareció.
Dio dos pasos hacia él.
—Un día de estos alguien te va a enseñar modales, huérfano.
Caín no retrocedió.
—Puede ser hoy.
Deimos cerró los puños.
Caín esperó.
No porque fuera valiente.
Eso habría implicado sentir algo.
Esperaba porque no encontraba ninguna razón para hacer otra cosa.
Deimos sostuvo su mirada durante varios segundos.
Luego escupió al suelo.
—Estás enfermo.
Se marchó con los demás.
Fobos tardó un instante más en seguirlo.
Caín volvió a mirar el cielo.
No sabía que aquella ausencia tenía un nombre.
No sabía que había algo extraño en el hecho de que una amenaza no produjera miedo, ni que una provocación no despertara rabia, ni que ganar una discusión no le produjera satisfacción.
Para él, simplemente era así.
Las cosas ocurrían.
Él las observaba.
Y después seguía adelante.
⸻
Su madre lo esperaba en la puerta de la casa.
Tenía harina en las manos.
—Otra vez con los Vessen.
No era una pregunta.
—No pasó nada.
Ella lo observó.
—Nunca pasa nada contigo.
Caín se quitó el abrigo y lo dejó sobre la silla.
—Eso debería ser bueno.
Su madre no respondió.
Entró detrás de él y se sentó frente a la mesa.
Había preparado sopa de raíz.
Caín empezó a comer.
Durante un rato solo se escuchó la cuchara contra el cuenco.
—Mañana es la Vigilia de los Doce Años —dijo ella.
Caín levantó los ojos.
—Ya pasé la mía.
—Lo sé.
—Entonces…
—Quiero que vayas.
Él dejó la cuchara.
—¿Por qué?
Su madre tardó en responder.
—Porque quiero que un Vidente vuelva a mirarte.
Caín bajó la vista hacia la sopa.
—Ya saben que no tengo Voluntad.
—Quizá.
—Nunca ardió nada en mí.
—Quizá —repitió ella.
Caín la miró.
Su madre tenía los ojos cansados.
—Tu padre tampoco parecía tenerla.
Aquello sí hizo que Caín se detuviera.
Ella apartó la mirada.
—Y aun así…
No terminó.
No hacía falta.
Todo el Valle recordaba cómo había muerto Silas.
No en una batalla.
No por una enfermedad.
Había comenzado a deteriorarse lentamente. Primero fueron pequeños olvidos. Después perdió el apetito. Luego dejó de reconocer algunos lugares del Valle en los que había vivido toda su vida.
Al final, los médicos no encontraron nada que pudieran tratar.
Su cuerpo seguía ahí.
Pero algo dentro de él parecía haberse retirado antes.
Caín terminó la sopa.
—Está bien.
Su madre lo miró.
—¿Irás?
—Sí.
Ella asintió.
Caín recogió el cuenco.
Al salir, vio que la ceniza comenzaba a caer otra vez.
Una capa fina cubrió el alféizar.
Caín extendió un dedo y dibujó una línea sobre ella.
Después la borró con la palma.
No supo por qué lo había hecho.

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La Ceniza Primordial (Novela)
Capítulo 2
La Ceniza Primordial (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de La Ceniza Primordial (Novela), un novela. En un mundo donde las **Resonancias** determinan el poder y la identidad de quienes las poseen, existe una anomalía que las antiguas órdenes aprendieron a temer: la **Ceniza Primordial**, una fuerza capaz de alterar… Este capítulo tiene publicado el 10 de agosto de 2026. La Ceniza Primordial (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.