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Leer La Carrera Perfecta (Novela) Capítulo 129 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cuando Ryan miró hacia el abismo violeta, el abismo le devolvió la mirada. Mientras caía en un túnel de luz violeta, el viajero del tiempo presenció ecos distantes formándose a su alrededor. Imágenes destellaron en su mente como imágenes, seguidas de sonido. Recordó algunos de ellos, algunos propios, pero no todos. Ryan recordó el fatídico día en que él y Len encontraron sus elixires y el momento en que todo comenzó. Por un momento, fue Len, bebiendo un elixir en un intento desesperado por curar a un padre enfermo. Al instante siguiente, era una mujer con un sueño, asesinada por un hombre despiadado. Sobrevivió al asesinato de Julie Costa, como víctima y como perpetrador. Se convirtió en un sol viviente, luchando una batalla final por el bien del mundo contra los ejércitos interminables de un Genio loco. Recordó la creación de Plushie, su renacimiento en Mónaco y su primera carrera perfecta. Observó la derrota final de Bloodstream a través de media docena de pares de ojos, obteniendo una perspectiva más amplia. Se convirtió en un sacerdote ansioso por defender al mundo en nombre de Dios, y en el científico sociópata que lo volvió loco. Ryan se convirtió en todas estas personas y más, al vivir estos fragmentos del pasado. El infinito tapiz del tiempo apareció ante el viajero, ofreciéndole mayor comprensión y conocimiento. Durante todo ese tiempo, el doble púrpura de Ryan lo seguía como una sombra, un reflejo. Se acercaba cada vez más al original, pero nunca se fusionó con él. Dos viejos amigos se habían reencontrado, pero aún no era el momento de unirse. Todavía quedaba una tarea por hacer. "Estoy contigo", susurró el doble con la voz de Ryan. Su Elixir Magenta habitaba este espectro, siempre al lado de su compañero humano. "Vamos a darle una paliza". Ryan aterrizó suavemente sobre sus pies y encontró a un Augustus confundido esperándolo. Para el mensajero, el Mundo Púrpura parecía una llanura sin hierba y sin límites, con el suelo púrpura tan liso como un espejo pulido. El cielo era de un violeta más claro, un hermoso vacío sin nubes ni viento. Innumerables esferas flotaban sobre la cabeza de Ryan, unidas por hermosas y deslumbrantes auroras de Flujo Violeta. Las extrañas burbujas reflejaban imágenes de mundos alienígenas que desafiaban la comprensión, de tierras dominadas por dinosaurios, de ciudades humanas y alienígenas. Ryan no pudo contarlos todos, y cada uno mostraba algo diferente. Otro lugar, otro tiempo. Puertas, comprendió el mensajero. Portales a mundos incontables, portales a pasados diferentes, presentes alternativos y futuros posibles. Ryan no pudo evitar maravillarse un instante ante la belleza alienígena de este lugar, ante este universo de posibilidades ilimitadas. La visión lo conmovió profundamente, pues comenzó a comprender la inmensidad del multiverso y lo pequeño que parecía él en comparación. "¿Qué es este lugar?" La luz roja se había apagado en Augustus, dejando solo una estatua de marfil agrietada. Sus ojos miraban fijamente a Ryan, ciegos a la majestuosidad del lugar. "¿Qué has hecho?" —Te traje a mi territorio —respondió el mensajero, dando un paso al frente. De repente, su armadura parecía no pesar más que el aire, y su Elixir Violeta lo seguía como su sombra—. Esto termina aquí. —Lo hará. —Augustus levantó la mano, intentando golpear a Ryan con un rayo divino. Pero, para su sorpresa, ninguna electricidad brotó de sus dedos. El Zeus de la mafia no podía extraer energía del Mundo Rojo. No sin el permiso correspondiente. A diferencia de Ryan, no era más que un intruso, un huésped indeseable en un mundo que servía de segundo hogar al viajero del tiempo. "Esto es una encrucijada, pero no puedes romper la cerradura", dijo Ryan, mientras la oscuridad se extendía por su piel. "Mientras yo..." Un Flujo Negro brotó de su corazón, de su alma, quemando la armadura de Saturno y envolviendo todo su cuerpo en un manto de oscuridad. Ryan se convirtió en una sombra con un reflejo púrpura, un agujero negro con forma humana. Un vacío viviente. La Armadura Saturno nunca había sido más que un amplificador, ayudando a Ryan a enfocar su conexión personal con el Mundo Negro. Pero ¿aquí, en este lugar? ¿En esta encrucijada entre el espacio y el tiempo? "¡Yo soy la puerta y la llave!" Ryan podía recurrir a todo el Flujo Negro que quisiera. La mitad de su visión se oscureció, mientras las energías paradójicas consumían su ojo izquierdo herido. El mensajero acortó la distancia con su adversario en un instante, disolviéndose el espacio entre ellos como si ya no existiera. El sorprendido Augustus levantó instintivamente el brazo izquierdo para protegerse la cabeza, y Ryan le asestó un puñetazo de oscuridad sólida. Sus dedos sombríos cortaron la adamantina como si fuera mantequilla. Los ojos de Augustus se abrieron de par en par, conmocionado, al ver que su antebrazo caía al suelo morado, dejando un muñón. Su carne y sangre se habían calcificado, volviéndose tan sólidas e indestructibles como la piel exterior. Pero los nervios de Lightning Butt seguían funcionando correctamente, a juzgar por su rugido de dolor. Se aferró al muñón con la mano que le quedaba, con los ojos abiertos de par en par, llenos de rabia y horror. Ryan se habría alegrado si su estado actual no le doliera tanto como a Augustus. Sintió que la piel se le desprendía, devorada por el Flujo Negro. Sus piernas y sus brazos empezaron a parpadear como sombras a la luz del sol. Si seguía así, ascendería como una sombra viviente... o dejaría de existir. "Ríndete", le ordenó el mensajero a Augustus. Él no escuchó. "Fui elegido." La locura y la arrogancia abrumaron a Augustus, y su miedo a la muerte dio paso a una furia asesina y decidida. Incapaz de abatir a Ryan con un rayo, levantó el puño derecho en un movimiento de golpe. Los ojos de Lightning Butt carecían de todo pensamiento racional; su odio había superado su instinto de supervivencia. Su mente simplemente no podía aceptar la derrota. "¡Fui elegido por el Destino!" Ryan levantó una mano, con su doble púrpura siguiendo su movimiento, y destrozó el brazo derecho de Augustus a la altura del codo con un golpe rápido. El brazo cercenado se unió a su gemelo en el suelo púrpura, y el dolor hizo caer a Lightning Butt de rodillas. Había perdido las mismas manos con las que una vez aplastó la cabeza de Julie Costa. Llamémoslo karma. Mientras su doble púrpura observaba los portales sobre ellos, Ryan bajó la vista hacia su enemigo. Sin el halo eléctrico que lo rodeaba, las arrugas de Augustus, ya fueran naturales o grietas de la batalla, quedaron expuestas a la vista de todos. La perfecta estatua olímpica se había degradado, y sus lisas capas exteriores ahora parecían un parabrisas roto. Aunque no derramó sangre, casi no había un solo punto en el cuerpo del jefe de la mafia sin una grieta, un cráter con forma de mano o carne metálica expuesta. Ryan observó el rostro de este todopoderoso Genoma, y parecía tan viejo, tan asustado bajo la fanfarronería. El rostro que Augustus se había esforzado tanto por ocultar al mundo no era el de un dios, sino el de un anciano débil y amargado. Alguien tan temeroso de su propia muerte, que había asesinado a miles para evitarla. Debajo de toda la crueldad y el brillo del poder divino, Augusto no era más que un pequeño y mezquino malhechor, digno sólo de desprecio. "¡Ríndete!" gritó Ryan, con la voz cada vez más grave mientras su garganta aparecía y desaparecía. Pero ahora que lo había perdido todo, el orgullo era lo único que le quedaba a Augusto. "¡Un dios no se rinde!" gruñó. Un dios verdadero estaba escuchando y dio a conocer su presencia. Las burbujas del portal se dispersaron, expulsadas por una fuerza cósmica invisible. El suelo liso bajo los pies de Ryan onduló como la superficie de un estanque, y las auroras de Flux brillaron. Una sombra gigantesca cubrió a Ryan y Augustus, obligándolos a alzar la vista hacia el cielo alienígena. El Violeta Supremo descendió de los cielos. Ryan solo había vislumbrado la entidad en el pasado, pero ahora se revelaba en todo su esplendor cósmico. El mensajero la había confundido vagamente con una pirámide invertida, pero al observarla más de cerca, parecía mucho más compleja. La forma geométrica que tenía ante él le habría dado un dolor de cabeza a Euclides, como capas y capas de espacio plegadas en una extraña espiral triangular violeta. Esta forma, esta figura geométrica, no existía, no podía existir en la Tierra. La mente humana de Ryan no pudo procesar del todo lo que veía. Intentó encajarla entre otras formas más clásicas, para cuantificar lo incuantificable... y fracasó. Millones de ojos cubrían este extraño triángulo, orbes negros llenos de espirales galácticas, agujeros negros devoradores, nebulosas y fenómenos cósmicos no descubiertos por los astrónomos humanos. Cada ojo es un universo, comprendió Ryan. Esta cosa era tan colosal que al mensajero le dolía la cabeza solo con mirarla. Incluso el altivo Augustus parecía paralizado por la vista. Los ojos de la entidad miraron a los mortales. Una llamarada solar de Flujo Violeta los envolvió a ambos, disipando el velo de oscuridad que envolvía a Ryan. La luz multiversal del Supremo bañó el cuerpo desnudo del mensajero, despojándolo del dolor, de sus sentidos y de su razón. La voluntad de la deidad anuló la suya y le permitió ver a través de uno de sus ojos. El viajero del tiempo regresó a una época anterior al hombre, anterior a la vida. Presenció cómo la materia de una nebulosa se condensaba mientras una estrella cobraba vida, y cómo se formaban planetas a partir del polvo espacial alrededor de la radiante luz celestial. Un asteroide impactó una roca de magma, y las piedras expulsadas se unieron en una piedra más pequeña que orbitaba eternamente alrededor de su hermana mayor. Los fuegos se enfriaron, permitiendo el surgimiento de continentes, una atmósfera de gases volátiles y vastos océanos. El planeta se enfrió a medida que las bacterias lo colonizaban. Las algas poblaron las profundidades, y las criaturas con patas se atrevieron a caminar sobre la tierra. Los insectos conquistaron los cielos, luego los reptiles la tierra, hasta que otra roca caída del cielo los incendió a todos. Los mamíferos surgieron de las cenizas, creciendo y haciéndose más inteligentes. Un primate dominó el fuego y creó herramientas para conquistar el mundo. Linajes humanos evolucionaron y se unieron, antes de dividirse en innumerables tribus. Algunos erigieron pirámides, otros templos. Reinos surgieron y cayeron, y dos familias recorrieron el camino del tiempo. Una encontró su máximo fruto en un hombre con un sueño de conquista violenta, otra en un niño amante de los videojuegos, ambos enfrascados en una lucha constante. Todo conduce a este momento. “ESTE ES UN SEGUNDO PARA MÍ”. La voz del Supremo era diferente a cualquier sonido que Ryan hubiera escuchado jamás. Era la sutil canción del espacio ondulante, la sinfonía del tiempo. Era indescriptiblemente hermosa, y a la vez sobrecogedora. La voz de una verdadera deidad. Al terminar la unión divina, el dolor de Ryan desapareció, y con él el Flujo Negro. Su piel se sentía fresca bajo el hierro, y una Armadura Saturno completamente reparada lo protegía. El ojo cegado por Augustus pudo ver de nuevo, quizás con mayor claridad que nunca. El Supremo no había tenido la misma cortesía con Augustus, quien seguía siendo un ser roto y lisiado. Lightning Butt había entrado en shock, con los ojos abiertos de par en par, y su arrogante desafío había desaparecido. "NO ERES UN DIOS." Él también había visto la visión y la verdad lo destrozó. "NO ERES NADA." Los ojos de Augusto miraban al suelo, vacíos y hundidos. Había formado toda su personalidad, su identidad, en torno a la idea de ser un dios entre los hombres, elegido por el destino para gobernar y conquistar. Había construido su familia, su mundo, en torno a esta ilusión primigenia, arremetiendo con violencia contra todo lo que la contradijera. Pero el Último había disipado su armadura de mentiras con la verdad de su propia insignificancia, quebrándolo por completo. Algo dentro de Augustus se había hecho añicos y nunca volvería. El Supremo no prestó al genoma derrotado más atención que una mosca. En cambio, fijó la mirada en Ryan, aplastando al mensajero bajo el peso de su mirada divina. El mensajero, de doble arrodillamiento púrpura, se arrodilló ante la entidad, sometiendo el Elixir a la entidad mayor. Aunque no se inclinó tanto, Ryan hizo la mayor reverencia posible. Incluso el irreverente mensajero sabía que estaba en presencia de una verdadera deidad, una existencia trascendental tan superior a los humanos como estos a las hormigas. Una entidad de poder insondable, completamente alienígena. —Eres lo Máximo... —comenzó Ryan, pero la entidad lo interrumpió. "YO SOY TODO EL ESPACIO Y EL TIEMPO. YO SOY TODO LO QUE FUE, TODO LO QUE ES, TODO LO QUE SIEMPRE SERÁ. YO ESTOY EN TODAS PARTES Y EN NINGUNA. YO SOY EL QUE SOY." "Así que tú controlas—" "SÍ." "Y ya sabes qué—" "SÉ TODO LO QUE PUEDES DECIR ALGUNA VEZ." —Bueno, ¿podrías fingir que no lo haces? —suplicó el viajero del tiempo tímidamente—. Es molesto que me corten el hilo todo el tiempo. Flujo Violeta se arremolinó instantáneamente ante Ryan y se solidificó. La entidad en la que se fusionó compartía la altura del mensajero, y poco más. La figura vestía una túnica púrpura que parecía tejida con la tela del espacio, una masa espumosa de burbujas que emanaba desde abajo. Ryan no vio ningún rostro bajo la capucha, solo una visión de un cielo nocturno y nebulosas arremolinadas. La criatura no tenía brazos, ni los necesitaba. "¿Te sientes más cómodo con esta forma?", preguntó el nuevo avatar del Supremo, con una voz que era un eco de la de Ryan. Por alguna razón, esa encarnación hablaba en idioma francés. "Mejor", respondió el mensajero, y para su alegría, la entidad no volvió a interrumpirlo. Probablemente sabía lo que el humano iba a decir, pero cortésmente fingió no saberlo. Ryan entonces miró a Augustus, quien seguía con la mirada fija en el suelo, en estado vegetativo. "¿Y él qué?" —No importa. —El avatar del Supremo ni siquiera miró a Augustus, mientras la distancia entre Ryan y el jefe de la mafia, destrozado, se alargaba. Lightning Butt retrocedió hasta desaparecer de la vista—. Ven. El espacio se dobló, y una criatura aterradora emergió de un ángulo en el límite de la visión de Ryan. Un horror del tamaño de un caballo, de piel blanca y cientos de ojos rojos por todo el cuerpo, con tentáculos atrofiados como patas delanteras y otros más grandes como patas traseras. Dos antenas brotaban de su cabeza retorcida y bulbosa, como largas orejas de porcelana. El peluche. O mejor dicho, la entidad que lo había secuestrado. De alguna manera, Ryan no pudo evitar encontrarlo adorable, de una manera grotesca. El mensajero movió una mano acorazada hacia la cabeza del monstruo y le arañó detrás de las orejas. Sus tentáculos se retorcían de placer, y sus ojos rojos se tornaron azules. "Gracias, amigo", dijo Ryan. El horror sobrenatural respondió con un sonido que bien podría pasar por el llanto de un gato estrangulado. "De todo corazón". La calamidad sobrenatural le había dado muchos sustos al viajero del tiempo, pero al final, había sido un amigo leal desde el primer día. Ryan podía verlo ahora. "¿Siempre fue esa tu verdadera forma?", preguntó el mensajero mientras el peluche movía sus tentáculos. La sombra de la criatura había cambiado hacía unas cuantas vueltas. "Es la forma que eligió", dijo el Supremo. El mensajero notó de repente que su voz, aunque resonaba con la de Ryan, carecía de entonación emocional. La criatura imitaba el habla humana como un loro, entendiendo las palabras, pero no la música. "Debe volver a sus funciones ahora". De repente, Ryan se dio cuenta de que el tiempo del peluche en la Tierra había sido el equivalente a unas vacaciones. ¡No es de extrañar que haya pasado su tiempo sembrando caos y destrucción! "Tengo tantas preguntas", confesó Ryan. "Tengo respuestas", respondió el Último. —Gracias. —Ryan dudaba que mucha gente pudiera presumir de recibir una audiencia de un Dios Exterior, o algo parecido—. Me has guiado durante un tiempo. Primero a través de Eugène-Henry, luego a través de los mensajes de Cronoradio. Ante todo, te lo agradezco. La deidad no se molestó en responder. Se sentía distante, físicamente presente, pero tampoco allí. "¿Estaba esto predeterminado?", preguntó Ryan, vacilante. "¿Hiciste que este momento fuera inevitable?" Esta vez, el Supremo respondió: «Yo hice posible este momento. Tú lo hiciste inevitable». Burbujas flotaban bajo la ropa de la entidad y crecían hasta alcanzar el tamaño de pelotas de tenis. Al examinarlas con más atención, Ryan notó que aparecían imágenes en su superficie. "Podrías haber tomado estos caminos." El Supremo miró una burbuja que mostraba a Ryan saliendo de Nueva Roma, pero diferente. El traje de cachemira del mensajero se había convertido en harapos, mientras que sus ojos se habían vuelto azules y morados. La expresión malévola de este doppelganger heló hasta los huesos al Ryan original, especialmente cuando notó pájaros y nubes congelados en el tiempo sobre los edificios de Nueva Roma. "En esta posibilidad, te arriesgas y tomas un segundo Elixir, solo para convertirte en la pesadilla de tu especie", explicó el Supremo, mientras el doble morado de Ryan apartaba la mirada avergonzado. "Como el Detener el Reloj, conviertes la colmena humana de Nueva Roma en una bola de nieve, antes de continuar y arruinar millones de vidas". "¿Está pasando esto ahora mismo?", preguntó Ryan horrorizado, mientras el peluche ronroneaba contra su pierna. "¿En otra realidad?" "No", respondió el Supremo para alivio del mensajero. "Como observador, eres una singularidad espacio-temporal. En parte, por eso tu pareja no puede predecirte." El mensajero frunció el ceño tras su casco. "¿Un observador?" El Supremo ignoró la pregunta. Otra burbuja apareció frente a Ryan, mostrándolo a él y a Livia enfrascados en un feroz tiroteo sobre las ruinas en llamas de la villa del Monte Augusto. «En esta posibilidad extinguida, nunca confías en tu pareja actual y comienzas una guerra con ella por el control de tu línea temporal. Cada bucle se vuelve peor que el anterior». Ryan se quedó mirando esto por un rato, antes de distraerse con otro, que mostraba al mensajero golpeando el pecho de Augustus y su mano saliendo por el otro lado. "En esta, derrotas a su creador", explicó el Supremo, "y aunque ella no te combate, vuestro vínculo se rompe. Abandonas la colmena humana de Nueva Roma y regresas a tu peregrinar, solo". El peluche señaló otra burbuja, lo que hizo que Ryan arqueara una ceja. Mostraba al mensajero en la cama, rodeado de mujeres desnudas: Fortuna, Jasmine, Yuki, Nora, la Vampira, Cancel... Y Félix. De alguna manera, Félix también estaba aquí. "Espera, ¿ese es el final del harén?", preguntó Ryan con curiosidad. "En esta línea temporal, renuncias a formar vínculos significativos con tus semejantes", explicó el Supremo. "Vives una existencia hastiada de sensaciones sin sentido, mitigando el dolor de tu corazón con placer físico". Ryan notó de repente la ausencia de Len y Livia en esta foto, lo que ilustra la ausencia de algo más profundo que sexo sin sentido. "Debería haber sabido que parecía demasiado bueno para ser verdad", dijo. El Supremo dispersó las burbujas con un pensamiento: «Todas estas son decisiones que podrías haber tomado, o que te habrían sido impuestas si hubieras vacilado en tus esfuerzos. Descartaste o extinguiste estas posibilidades en aras de tu futuro perfecto. Si este momento presente existe, humano, es porque luchaste para que sucediera». "¿Entonces tengo libre albedrío?", preguntó el mensajero, temeroso de la respuesta. "Si hay múltiples caminos posibles, ¿entonces los eventos no están predeterminados?" "El libre albedrío no funciona como la mayoría de los humanos lo entienden", explicó el Supremo. "La línea temporal fluctúa cada vez que una forma de vida toma una decisión. Un gato se enfrenta a un camino bifurcado. Puede tomar la izquierda o la derecha. En ese breve instante, ambas posibilidades coexisten". Ryan se preguntó si ese gato se llamaba Schrödinger o quizás Eugène-Henry. «Hasta que el gato decida». Sí. Después de lo cual, una posibilidad se convierte en verdad y queda grabada en piedra. La historia está escrita. Siempre que se salvaba y se retrocedía el tiempo, la tinta ya estaba seca. Los humanos habían tomado su decisión en una historia anterior, y harían lo mismo en todas las futuras a menos que una fuerza externa interfiriera. Esta es la naturaleza de la causalidad. Esta es la naturaleza del tiempo. Ryan intentó comprender las implicaciones. Personas como Augustus eligieron cometer todos sus crímenes, y personas como Sunshine eligieron ayudar a los demás. El tiempo no invalidó su decisión, pero una vez tomada, no podía cambiar. “Entonces, los humanos tenemos la libertad de elegir”, resumió el humano, “¿pero no de cambiar de opinión?” Podrían escribir la historia de su vida, pero no cambiar el primer borrador. “Los humanos que conociste eligieron ser quienes son”, confirmó el Supremo. “Pero no pueden elegir ser otra persona. Solo quienes existen fuera de la causalidad tienen este privilegio. Seres de dimensiones superiores, como los mensajeros. Aquellos tocados por el Negro rebelde. Y tú.” Ryan recordó su antiguo encuentro con Len, cuando se comparó con un gato de Schrödinger, que existía en múltiples estados a la vez. Sin embargo, a diferencia de este pobre felino sufriente, el mensajero podía decidir en qué estado terminaba. "Entonces... ¿soy una excepción?" Querías deshacer la cadena de causa y efecto para salvar otra vida, así que te concedí el poder de observador. La capacidad de existir tanto en tu realidad inferior como en mi Mundo Púrpura, que trasciende la causalidad. Como puedes interferir con la elección original de una forma de vida, solo tú decides qué posibilidad, qué realidad potencial, se convertirá en la verdadera historia. Solo tú puedes conceder segundas oportunidades a otros. Eres el verdadero amo de tu universo, humano. "Lo siento", se disculpó Ryan, antes de mirar sus manos acorazadas. Habían dejado de existir hacía unos minutos, junto a su ojo izquierdo. "Debió de ser muy difícil limpiar el flujo temporal tras de mí. Probablemente causé muchas paradojas en todos estos bucles". —Mi función es mantener la integridad del flujo temporal —respondió el Supremo, antes de mirar el ojo izquierdo de Ryan—. Algunas partes de tu cuerpo han sido borradas para siempre, así que las reemplacé con una posibilidad anterior de que aún no hayan sido tocadas por la Oscuridad. "¿Un trasplante temporal?", preguntó Ryan. "Qué buena escapatoria." He desarrollado una gran eficiencia rellenando los huecos que dejó el Negro, aunque no soy perfecto. Este poder es, por definición, incontrolable. El error imprevisto en la gran maquinaria del universo. "Aunque me pregunto qué habría pasado si hubiera muerto de viejo y me hubieran salvado unos momentos antes", dijo Ryan. "¿Cómo habría sido eso desde tu punto de vista?" "El tiempo se habría repetido hasta que alcanzaras la paz y la iluminación", respondió el Supremo. "Entonces habrías ascendido al Mundo Púrpura, y la historia habría continuado sin ti". Aun así, Ryan se preguntaba cuántos ciclos habrían sido necesarios... y de repente se dio cuenta de que la criatura frente a él no entendía lo doloroso que habría sido. El Supremo veía miles de millones de años como un segundo. El mensajero sufriendo siglos en un bucle temporal hasta alcanzar la iluminación no habría sido un punto en su radar. "Tengo otra pregunta", dijo el mensajero con vacilación, sin saber cómo reaccionaría la criatura. "Pero no quiero parecer desagradecido". El Último no respondió, pero probablemente había previsto lo que estaba a punto de preguntar. "¿Por qué no nos ayudaste más?" Ryan miró la enorme pirámide. "Según Darkling, derrotaste a los reptilianos y puedes controlar la realidad misma. ¿Por qué no impediste que el Alquimista devastara nuestro planeta?" La cabeza encapuchada del Supremo miró fijamente el pie izquierdo de Ryan. «Hay una bacteria arrastrándose por tu extremidad. Tiene forma ovalada, con citoplasma naranja y tentáculos azules. Ha estado contigo desde que pisaste Nueva Roma, alimentándose del polvo de tu piel. Ha librado guerras mortales contra parásitos para alimentarse, ha sobrevivido a la radiación y a los rayos. Algún día se duplicará. ¿Lo notaste?» "No", confesó Ryan. "Para mí, la humanidad es una colonia de bacterias", explicó la entidad. "Soy grande, y tú eres pequeño. A menos que me concentre o alteres la línea temporal, ni siquiera noto que tu planeta existe. Tu realidad es un grano de arena en el desierto infinito que superviso. Un pigmento en el tapiz de mis sueños. Si este avatar mío sobre tu cabeza entrara en tu universo, parecería tener más de cien mil millones de masas solares, más grande que el mayor de tus agujeros negros." "No puedo imaginármelo", admitió el mensajero. Su cerebro humano simplemente no podía representar adecuadamente la diferencia de tamaño. "¿Entonces somos insignificantes para los Últimos?" —Los humanos no son más importantes para mí que las aves que consumes para tu sustento, o las hormigas que aplastas al caminar —respondió sin rodeos—. Mi función es mantener el curso del tiempo y los límites del espacio durante billones de universos. El doble morado de Ryan eligió este momento para hablar: «Ayudarlos, mortales, es nuestro trabajo». “No me importan las criaturas mortales, pero tampoco las desprecio”, añadió el Supremo. “Por eso, los Supremos, creamos a los mensajeros: para guiar a las formas de vida inferiores a un nivel superior de existencia”. Ryan frunció el ceño. "¿Entonces por qué me ayudaste a mí, de entre todos los demás? ¿Fue porque necesitabas que destruyera la base del Alquimista?" "No", respondió rotundamente la deidad alienígena. —Entonces, ¿por qué? ¿Por qué me ayudaste a alcanzar mi final feliz? “Porque lo elegí.” Una aurora de Flujo Violeta brilló en el cielo, un hilo brillante que unía el tiempo y el espacio. "Eres como uno de esos tipos que adoptan perros heridos que encuentran en la carretera", se dio cuenta Ryan. "No te esfuerzas por ayudar a los demás de forma proactiva, pero si alguien que sufre se cruza en tu camino y te pide ayuda... a veces respondes". El Último respondió con silencio. Al final, no era ni bueno ni malo como lo entendían los humanos. Era algo frío y extraño. Pero también capaz de compasión desinteresada. Ryan no se sintió ni enojado ni feliz con estas respuestas. Solo podía aceptarlas. Aunque frío y distante, el Supremo no era malicioso, y había ayudado a un humano miserable a alcanzar su fin sin esperar nada a cambio. Por eso, el mensajero siempre estaría agradecido. A Ryan le quedaba una pregunta por hacer: "¿Y cómo termina esto?" "Como quieras." El Supremo miró al Peluche y al avatar de Magenta. "Puedes quedarte aquí y convertirte en uno de nosotros. Obtendrás un inmenso poder y obligaciones. Supervisarás corrientes temporales, viajarás a través de incontables realidades. Se te abrirán muchas opciones. También puedes elegir entrar al Mundo Negro si buscas mayor libertad." Ryan consideró la oferta, pero aunque interesante, no era por lo que había luchado. "O...", dijo. "O podría regresar a la Tierra." "Podrías", concedió el Último. Ryan pensó en Livia y Len. «Hay algo que nunca he experimentado en todos mis años de vagabundeo. Algo que he luchado por lograr durante mucho tiempo». Por primera vez en toda la conversación, el Supremo miró al humano con lo que podría pasar por curiosidad. "¿Qué pasa?" Sabía la respuesta, pero no la entendía. "Vivir una vida feliz", respondió Ryan, "con amigos que puedan recordarme". Las antenas del peluche bajaron, decepcionado, así que el mensajero lo tranquilizó de inmediato: «No me malinterpreten, con gusto me uniría a este cielo y vagaría por el cosmos con todos ustedes... pero no ahora. Hoy no». El Supremo guardó silencio un momento antes de tomar una decisión. «La puerta a la ascensión permanecerá abierta. Si alguna vez decides unirte a nosotros en lugar de retroceder en el tiempo, te extirparé de tu línea temporal y te daré la bienvenida a mi reino. De lo contrario, serás libre de adentrarte en el Mundo Negro. Te has ganado la ascensión, humano, por aprender a manejar tu poder con sabiduría. Ahora y para siempre». "Entonces..." Ryan miró a su doble morado y a la abominación coneja, a la que extrañamente le había cogido cariño. "¿Esto es una despedida?" "No, Ryan", dijo su copia con cariño, y el peluche gorjeó en respuesta. "Siempre estamos contigo, aunque no nos veas. ¿No lo entiendes? Nunca estás solo. Nunca estarás solo". Y de alguna manera, eso era todo lo que Ryan siempre había querido. "Los devolveré a ti y al creador de tu pareja a su línea temporal", dijo el Supremo. "También eliminaré su conexión innata con el Mundo Negro. El Supremo Negro es descuidado en su generosidad, y si se le permite crecer aún más, la paradoja dentro de ustedes desestabilizará su realidad". "Supongo que es justo." El Supremo Negro le había concedido este regalo a Ryan porque deseaba morir, pero ahora... Ahora Ryan había aprendido a vivir. El avatar más pequeño del Violeta Definitivo se desplomó en silencio en Flujo Violeta, y su forma triangular bañó a Ryan con su luz sobrenatural. El peluche se alejó saltando y lanzó una última mirada a su viejo amigo, mientras Magenta saludaba con la mano a su doble. Ryan se despidió con un gesto de la mano, volviendo a la realidad. Un segundo después, el mensajero se encontraba en una playa francesa con su armadura Saturno, justo al lado de un Augustus desgarbado y sin brazos. Ryan levantó la vista al ver un sol con forma de hombre iluminando la noche. Leo Hargraves miró al mensajero con silencioso alivio, luego a su viejo y destrozado némesis. Algo decía de Sunshine que pareciera sentir a partes iguales satisfacción y lástima al verlo. "Estaba preocupado por ti", le admitió Leo a Ryan. "¿No lo oíste?" El viajero del tiempo sonrió bajo su casco. "Soy inmortal." Les tomó hasta el amanecer, el verdadero amanecer, regresar juntos a Italia. Ryan llevaba en brazos al destrozado Augusto, al estilo de la Piedad. Para entonces, la fábrica Bliss de la isla de Ischia no era más que escombros en llamas, y los aliados del mensajero habían evacuado al antiguo puerto de Nueva Roma con sus cautivos. Cuando Ryan y Sunshine llegaron a la zona, encontraron a cientos de personas reunidas en los muelles, cerca de las batisferas de transporte. Fortuna y Félix habían envuelto a Narcinia en una manta cálida, mientras el Sr. Wave entretenía a la niña traumatizada con cuentos. Len y los miembros reformados de la Meta-Banda escoltaban a los Olímpicos encadenados. Venus, atada, caminaba tras su esposo, empujada por Jamie y Lanka. Al final ambos tomaron la decisión correcta. Vulcan y Wyvern llegaron con otros tenientes augustos arrestados; no como enemigos, sino como aliados inquietos. Enrique y otros miembros de Seguridad Privada escoltaron a los gánsteres hacia las batisferas de Len, que los transportarían a una prisión ineludible bajo el mar. Sin embargo, a pesar de su sombría situación, los Olímpicos mantuvieron la confianza. Confiaban en que su invencible líder desataría la devastación sobre quienes se atrevieran a enfrentarse a él y vendría a rescatar a sus leales secuaces. La aparición de Ryan frustró sus esperanzas. Cuando los Augusti alzaron la vista para verlo cargar en brazos a su amo derrotado, iluminados por la luz de Leo Hargraves, solo pudieron reaccionar con asombro y negación. Los ojos de Wyvern casi se le salían de las órbitas, mientras Enrique le dedicaba a Ryan un gesto silencioso y respetuoso. Len no ocultó su alivio al ver con vida a su hermano adoptivo, e incluso Bianca sonrió de oreja a oreja. Ryan arrojó al derrotado Augusto al suelo sin decir palabra. El destrozado señor de la guerra no se levantó tras caer al suelo, con la voluntad destrozada. Y al ver a su invencible líder tan aplastado, los Olímpicos restantes perdieron la voluntad de luchar. Bajaron la cabeza en silenciosa derrota y caminaron hacia su destino. La guerra había terminado.
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Estás leyendo el capítulo 129 de La Carrera Perfecta (Novela), un novela. Ryan «Quicksave» Romano es un excéntrico aventurero con un extraño poder: puede crear un punto de guardado en el tiempo y rehacer su vida cada vez que muere. Al llegar a Nueva Roma, la deslumbrante capital del pecado de… Este capítulo tiene publicado el 19 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Carrera Perfecta (Novela) tiene 130 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.