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Leer La Bruja del Milenio (Novela) Capítulo 299 online gratis en español

🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
Un silencio pesado y sofocante se cernía sobre el claro como una roca invisible. Al ver a los cuatro compañeros paralizados de terror, los demonios lobo del Ejército de la Armadura Demoniaca comenzaron a burlarse, saboreando claramente el miedo que habían inculcado en Bobo y su grupo. Fue el Viejo York, el hombre bovino, quien finalmente encontró su voz. Como si una comprensión repentina lo hubiera golpeado, tartamudeó: "La desaparición de Wei Qi... ¿fue obra de ustedes? ¿Qué le hicieron?" "¿Wei Qi? ¿Quién es ese? Oh, ¿te refieres a ese pequeño ternero perdido?", respondió el demonio lobo con un giro burlón de cabeza. "Ah, si te refieres a ese chico, aún no está muerto. Todavía necesitamos al mocoso para rastrear los movimientos de la Bruja." "Sin embargo...", esbozó una sonrisa depredadora y sangrienta. "Una vez que le hayamos sacado hasta la última gota de información, no será de mucha utilidad, ¿verdad?" La crueldad casual en su tono no dejaba lugar a dudas. El Viejo York y los demás comprendieron de inmediato la sombría realidad. El desaparecido Wei Qi probablemente se había convertido en víctima de su brutal interrogatorio, y su futuro ya se medía en agonizantes latidos de corazón. "Bobo, tenemos que encontrar una manera de abrirnos paso", susurró de urgencia Cabeza de Hierro, el goblin. En el momento en que se dieron cuenta de que se enfrentaban al legendario Ejército de la Armadura Demoniaca, cualquier brizna de espíritu de lucha se había evaporado. Solo habían optado por ponerse del lado de la Bruja porque parecía una victoria fácil; ahora que la marea se había vuelto en su contra, el impulso de retirarse era natural. Pero el Ejército de la Armadura Demoniaca era una notoria máquina de guerra. Su reputación para tratar con cautivos —e incluso con sus propios congéneres demonios— era descartarlos como basura una vez agotado su valor. Rendirse era una sentencia de muerte. Su única opción era luchar por sus vidas. Por algún golpe de suerte, la Bruja había sido lo suficientemente amable como para prestarle a Bobo un arma alquímica de extraordinario poder antes de partir. En este momento desesperado, era su único salvavidas, la única oportunidad que tenían de escapar de esta pesadilla. Bobo asintió con firmeza y presionó el botón de activación en la empuñadura con un pulgar tembloroso. En un instante, un resplandor rojo sangre inundó la hoja y una violenta oleada de mana brotó de Bobo, ondeando hacia afuera como una onda de choque. Cada miembro del Ejército de la Armadura Demoniaca, incluido su capitán, se estremeció mientras sus expresiones pasaban de la burla a la alarma, atónitos por la repentina y abrumadora aura del arma. "¡Déjennos pasar!", gritó Bobo, con voz temblorosa mientras sujetaba la empuñadura con ambas manos. "¡Solo queremos vivir! ¡No nos obliguen a luchar a muerte!" "¿Cómo consiguió un miserable como tú semejante tesoro?" Tras el impacto inicial, los ojos del capitán demonio lobo ardieron con una intensa codicia. Con su experiencia, podía ver el valor del arma mucho más claramente que Bobo. Una hoja así costaría cientos de Coronas de Oro o requeriría un mérito militar legendario para obtenerla. ¿Cómo podría un simple hombre perro merecer tal premio? Por supuesto, su origen no era difícil de adivinar. Tenía que ser un regalo de la Bruja. Tras unos momentos de tenso silencio, el demonio lobo entrecerró los ojos y dijo: "Está bien. Te haré un trato. Entrégame esa hoja y yo personalmente te concederé una salida." "¿Me tomas por tonto?", espetó Bobo. "Si te doy el arma, ¿cómo se supone que nos protegeremos?" "Te doy mi palabra, jurada sobre la reputación del Señor Grus y del Ejército de la Armadura Demoniaca", dijo el demonio lobo, con voz chorreando una sincera falsedad. Bobo se burló, y su silencio dijo más que mil palabras. Aunque no era la mente más brillante, cualquiera que viviera en el Continente Oeste sabía que la reputación era la moneda más barata disponible. Solo la fuerza era real. "¿Nos van a dejar ir o no?" Bobo dio dos pasos desafiantes hacia adelante. A medida que las intensas fluctuaciones de mana se acercaban, la codicia del capitán fue atemperada por una creciente cautela. Entrecerró los ojos y de repente habló: "Muy bien, te dejaré ir. Pero solo a uno de ustedes." "¿Qué quieres decir?", preguntó Calzón Rojo, el hombre cerdo, con la mirada en blanco y la mente luchando por seguir el ritmo. "Solo el que sostiene esa hoja tiene derecho a salir de este bosque con vida", se burló el capitán demonio lobo. "En cuanto a los demás... no tienen ese privilegio." "Tú... ¡estás intentando sembrar la cizaña!", gritó Cabeza de Hierro, el goblin, en una mezcla de furia y miedo. Vio claramente la despreciable estratagema del capitán para enfrentarlos entre sí. Lo que más le aterrorizaba era la posibilidad de que Bobo, al tener el único boleto de salida, realmente mordiera el anzuelo. "¿Y bien? ¿Has tomado tu decisión?", preguntó el capitán, con una sonrisa burlona jugando en sus labios. Para su sorpresa, la respuesta no vino con palabras, sino con un destello de luz carmesí. Bobo el hombre perro no había dudado. ¡Rechazó la oferta y se lanzó hacia adelante en un ataque desesperado! "¡Te atreves!" Tomado con la guardia baja por el asalto repentino, el disciplinado capitán reaccionó al instante, blandiendo su propia espada para pararlo. La furia surgió a través de él: ¡cómo se atrevía este perro común a golpear primero! Pero al segundo siguiente, ocurrió lo imposible. Aunque ambos eran equipos alquímicos, la espada mágica del capitán demonio lobo fue rebanada limpiamente a la mitad por el arco rojo de la hoja de Bobo, ¡como si no fuera más que aire! "¿Qué clase de monstruo es ese?", jadeó el capitán, congelado por el impacto. Como demonio de Nivel 3, había gastado los ahorros de toda su vida y años de mérito militar para intercambiar por esa hoja alquímica de la armería especializada del ejército. Era su posesión más preciada, un arma que podía cortar el hierro como barro y era lo suficientemente resistente como para soportar incluso a una potencia de Nivel 5. Sin embargo, hoy había sido destrozada como un pedazo de tofu barato por un demonio de bajo nivel. ¡Desafiaba toda lógica! El equipo alquímico, sin importar cuán poderoso fuera, usualmente dependía de la fuerza del portador. Algunas armas divinas incluso tenían requisitos estrictos que los demonios de bajo nivel no podían cumplir debido a sus escasas reservas de mana. Pero esta hoja era diferente. Si sus sentidos no le fallaban, este hombre perro apenas era un demonio de Nivel 1. ¿Cómo podía una criatura tan débil empuñar un poder destructivo tan aterrador? Bobo estaba tan atónito como su enemigo. En realidad no había tenido la intención de matar; simplemente había querido intimidar al capitán y advertirle que no hiciera sugerencias tan repugnantes. Nunca esperó que el arma del enemigo, que parecía increíblemente costosa y poderosa, se rompiera como papel mojado en el momento en que se tocaron. ¿Qué clase de arma afilada y divina me dio la Bruja? Sintiendo su repentina ventaja, Bobo instintivamente presionó el ataque. A decir verdad, su esgrima era inexistente; simplemente estaba blandiendo la hoja en arcos salvajes y frenéticos. Sin embargo, a pesar de la técnica torpe, el capitán demonio lobo se vio obligado a una retirada presa del pánico. No tenía opción; no podía bloquear esos destellos carmesíes con sus manos desnudas. Habiendo visto su espada favorita partida en dos, no se atrevía a probar su Escudo de Mana contra semejante filo. Así, en una ráfaga de esquivas desesperadas y retrocesos frenéticos, el capitán de Nivel 3, que debería haber aplastado fácilmente a su oponente, parecía estar en un estado de completa derrota. "¡Rápido! ¡Ayúdenme!" Los otros soldados del Ejército de la Armadura Demoniaca finalmente se dieron cuenta de que su capitán estaba en problemas y se apresuraron a apoyarlo, pero fueron interceptados de inmediato por el Viejo York y los demás. Estimulados por el increíble desempeño de Bobo, incluso el normalmente oportunista Cabeza de Hierro no intentó huir, luchando con renovado vigor. Viendo la oportunidad, Bobo se lanzó a la contienda. Al igual que antes, no importaba qué escudos o armas usaran los soldados para bloquear, nada podía resistirse a la luz rojo sangre. Pero esa no era la parte más aterradora. El aspecto más letal era la luz misma. El resplandor carmesí extendía el alcance de la hoja a casi dos metros, otorgándole a Bobo una ventaja masiva en distancia. Además, el arma seguía siendo increíblemente ligera, lo que le permitía al hombre perro blandirla sin ser obstaculizado por su tamaño. Con un solo barrido horizontal de la hoja de dos metros, Bobo atrapó a un soldado con la guardia baja, rebanándolo limpiamente a la mitad. Antes de que la sangre pudiera siquiera brotar, la parte superior e inferior del cuerpo del soldado se deslizaron bajo la fuerza de la gravedad, colapsando en el suelo del bosque en una horripilante exhibición de sangre y vísceras. Los agonizantes borbotones del demonio moribundo actuaron como una fría llamada de atención para todos los presentes. Cada soldado, incluido el capitán, miró al pequeño y antes miserable hombre perro con terror puro y sin diluir. En sus ojos, se había transformado de un callejero rural en un sabueso demoníaco de las profundidades del infierno. "¡Retírense! ¡Retrocedan! ¡Reporten esto al Señor Grus!" El capitán abandonó su dignidad y su misión, dando media vuelta para salir corriendo hacia el denso bosque. Los soldados restantes siguieron su ejemplo como si recibieran un gran perdón, atropellándose unos a otros para escapar entre los árboles. Y así, sin más, la repentina y letal crisis terminó tan abruptamente como había comenzado. Todo el encuentro había pasado tan rápido como un sueño febril. A medida que el silencio reclamaba el bosque, Bobo, quien parecía un dios de la matanza tan solo unos momentos atrás, sintió que la adrenalina se desvanecía. Sus fuerzas lo abandonaron y colapsó sobre la tierra. Miró fijamente la reluciente hoja alquímica en sus manos, y luego al Viejo York, a Cabeza de Hierro y a Calzón Rojo, quienes lo miraban de vuelta en un silencio atónito. Finalmente, tragó saliva con dificultad y logró articular una sola frase: "Dios mío..."
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Estás leyendo el capítulo 299 de La Bruja del Milenio (Novela), un novela. Leo se encontró transportado a un páramo desolado, los restos de lo que alguna vez fue una próspera civilización mágica. Allí, se convirtió en Yvette: una bruja inmortal que no podía envejecer ni morir. Durante más de… Este capítulo tiene publicado el 9 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Nishino. La Bruja del Milenio (Novela) tiene 308 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.