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Leer Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 96 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Por fin llegaron los refuerzos que habían estado esperando desesperadamente. Karnak gritó irritado: "¡Llegas tarde!" Varos, aparentemente indignado, replicó: "¡He venido tan rápido como he podido!" Lapicel permaneció quieta y observó con calma a su oponente. A diferencia de antes, no atacó de inmediato. Parecía que instintivamente percibía la gravedad de la situación. Serati, mirando nerviosamente la enorme espada grande que Varos sostenía. Le preguntó con tono preocupado: "¿Esa espada demoníaca es segura?" Era un artefacto vil, que controlaba a su portador y lo transformaba en un asesino sin mente. Aunque Varos fue en su día el lugarteniente más cercano al Monarca de la Muerte, ahora era simplemente un hombre mortal. ¿Cuánto tiempo podría resistir la siniestra influencia de la espada? Varos respondió con expresión seria: "Estoy concentrándome al máximo" Manejar el poder de la espada demoníaca no era tarea fácil. Incluso un momento de desconcentración podía alterar el delicado equilibrio. ¡Maldita sea! ¡Otro error! Un lamento escalofriante estalló de Mareda. "¡Uaaaaaagh!" Simultáneamente, un espíritu pálido y espantoso comenzó a emerger de la hoja. "¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhhhh!" Agitándose salvajemente, luchaba desesperadamente por escapar de los límites de la espada. Sus movimientos frenéticos recordaban a una víctima ahogándose en sus últimos momentos. "Ahí va otra vez", murmuró Varos, frunciendo el ceño profundamente mientras agitaba la espada. "¿A dónde crees que vas? No te vas" Energía oscura giraba desde la hoja, atando al espíritu y arrastrándolo de nuevo hacia dentro. Era como ver a un alma siendo arrastrada a las profundidades del infierno. "¡Kyahhhhhh!" El último grito del espíritu resonó antes de desaparecer de nuevo en la hoja. "Si bajo la guardia aunque sea un segundo, sigue intentando pasar al más allá. Es solo un espíritu maligno, por el amor de Dios" Serati se quedó mirando fijamente, completamente atónitA. ¿Así que el llanto venía de la hoja? De hecho, el sirviente igualaba al amo. Varos, como Karnak, claramente eran el abismo. Serati sintió de repente el peso de su destino desafortunado. ¿Cómo había acabado rodeada de gente tan abismal que incluso los espíritus malignos estaban desesperados por huir de ellos? Mientras Serati permanecía desconcertada, Varos le envió un mensaje telepático. —Por favor, proteje al joven maestro, sir Serati. —¡Ah, sí! Saliendo de su ensimismamiento, Serati corrió hacia el lado de Karnak. Varos alzó la espada maldita Mareda hacia Lapicel. "Ha pasado mucho tiempo, Sir Lapicel." La hoja emitía un zumbido siniestro mientras un aura carmesí brotaba de ella, irradiando un resplandor amenazante. El poder de la espada extrajo la esencia del aura oscura. "Nunca estuvimos en un acuerdo en el que fuéramos felices de vernos, pero..." Lapicel había tenido dificultades para usar esa aura oscura, necesitando convertirla en su propia aura antes de poder manejar plenamente su fuerza. Pero para Varos, esa era su especialidad. "Bueno, ya que el destino lo quiere, supongo que daré todo de mí." La chica de pelo ceniciento torció su expresión de furia. "Señor Varos..." Sus ojos azules ardían con intención asesina, y un aura violeta brotó envolviendo toda su figura. "¡Maldito perro del Monarca de la Muerte!" Su voz, llena de odio, reverberó en el aire. \*\*\* La chica de cabello ceniciento sacó su espada cortando el aire verticalmente. El caballero corpulento avanzó pisando fuerte, contraatacando con un golpe ascendente. Dos torrentes de cuchillas cubiertas de aura chocaron en el aire. ¡Crack! Un sonido ensordecedor resonó como si el aire mismo se hubiera hecho añicos. Espirales de luz se expandieron en una explosión deslumbrante. "¡Ugh!" "¡Gah!" Ambos combatientes gimieron, retrocediendo para recuperar el equilibrio. El primer enfrentamiento terminó en empate. Estaban igualados en todos los aspectos, incluyendo la velocidad, el tiempo y el poder destructivo de su aura. Observando desde la distancia, Karnak pensó para sí mismo: Como era de esperar, cuando Varos empuña la espada maldita, incluso en su estado actual, puede emitir este tipo de poder. Las habilidades brutas de la espada demoníaca por sí solas nunca alcanzarían este nivel de eficiencia. En el mejor de los casos, podría romper algunas piedras antes de agotarse la energía residual de su sangre. "¡Muere!" Con un grito agudo, Lapicel lanzó otro golpe. Hojas de luz danzaban caóticamente, tejiendo un patrón mareante para confundir la vista. Pero Varos no se dejó engañar. ¡Me han dado demasiadas veces este truco como para volver a caer! Ignoró la deslumbrante luz de la espada y se concentró en el flujo de su hoja. Desvió con calma el golpe entrante y contraatacó inmediatamente con un tajo ascendente. ¡Clang! Sus armas chocaron y el intercambio de golpes comenzó en serio. Chispas estallaron y sus hojas cortaron el aire con una ferocidad que desgarró el terreno. La hierba voló por el aire, astillándose, y la atmósfera misma aulló de angustia. ¡Boom! Dos bestias enfrascadas en una danza mortal, su intención asesina no dejaba margen de error. Sus respiraciones se volvían entrecortadas con cada choque. "Uf, uff..." "Jadea, jadea..." Ambos necesitaban controlar su respiración. Varos retrocedió y clavó la espada demoníaca en el suelo. ¡Hora de recuperar el aliento! Una ola de aura negra carmesí estalló. Desgarró la tierra y avanzó con impulso. Era Garra Sombría, una de sus técnicas favoritas de aura a distancia. Lapicel respondió de la misma manera, golpeando el suelo con su espada para liberar una onda de aura propia. Los dos torrentes de energía chocaron y se entrelazaron como serpientes antes de estallar en una explosión. ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! La expresión de Karnak se suavizó ligeramente al observar la pelea. ¿Hmm? Lapicel fue empujado más de diez metros hacia atrás, mientras Varos se mantenía firme, calmando su respiración. Así que conseguimos cansarla. Era lo más natural. Había estado luchando sin parar desde el anochecer. Primero, se enfrentó a todo el Primer y Séptimo Escuadrón bajo el control de la espada demoníaca. Luego, incluso después de liberarse, siguió luchando durante horas. Sin duda, estaba al borde del colapso. Pero Varos tampoco estaba en mejor forma. La espada demoníaca, Mareda, ya estaba agotada. Sus reservas de energía sanguínea estaban casi agotadas. El aura oscura que ahora manejaba no era más que los restos que había reunido con tanto esfuerzo. Estaba comprimiendo lo poco que quedaba para maximizar su eficiencia. Si lo hubiera sabido, debería haber acumulado algo de aura oscura específicamente para Varos. Pero eso habría significado volver a mis viejas costumbres... El aura oscura no era gratis. Para reunir lo suficiente para armar a Varos, al menos cien personas tendrían que morir. Bueno, pensaré en los dilemas morales más tarde. Por ahora, necesito sobrevivir a esto. Karnak comenzó a extraer con calma su poder necromántico restante. Como está tan agotada, esto debería funcionar bien. \*\*\* La identidad de Lapicel reveló las respuestas a varios misterios. ¿Por qué gritó y huyó al ver a Karnak? Dado lo que había soportado a manos de él, no era nada sorprendente. Su alma misma había sido destrozada. ¿Quién no estaría aterrorizada? ¿Y por qué le atacó después con tanta ferocidad? Era porque había sido liberada de la espada demoníaca, Mareda. Mientras estaba bajo su control, carecía de la fortaleza mental para superar su miedo al Monarca de la Muerte. Solo después de liberarse pudo reprimir su terror con rabia. Cuando Wallace y Beric murieron, ¿Por qué la escena había sido tan inusualmente limpia? ¿Por qué ni los sacerdotes ni Karnak percibían ni el más mínimo rastro de oscuridad? La respuesta era sencilla: no había usado los poderes de la oscuridad. Lapicel no necesitaba el aura de sombra de la espada maldita. Su talento innato y sus habilidades físicas mejoradas por sí solos bastaban para masacrar a esos dos. Aun así, seguía existiendo un comportamiento desconcertante. Cuando estaba bajo el control de Mareda, Lapicel había atacado a los soldados del Séptimo Escuadrón en un orden extraño, apuntando primero a los más cercanos a Karnak. Era un patrón incomprensible, totalmente distinto a ella. Aún más extraño, había perseguido vidas inocentes de forma obsesiva, lo cual era un comportamiento totalmente fuera de su carácter. No fue hasta que Karnak buscó profundamente en su alma que encontró la respuesta. Bueno, esto también es mi trabajo. Karnak había dividido el alma y el cuerpo de Lapicel en tres fragmentos, sometiéndolos a tormentos extenuantes antes de convertirla en guardiana de las entradas de Necropia. Cada fragmento estaba imbuido con órdenes específicas. Al soldado esqueleto apostado en la Puerta Este, que debía estar siempre alerta con el reino humano: —Mata a cualquier humano que se acerque. Al gólem de carne que custodia la Puerta Oeste, muy transitada, usada principalmente por Karnak y sus ayudantes más cercanos: —Solo el círculo íntimo del Monarca de la Muerte puede pasar. A la armadura viviente en la Puerta Sur, donde una diversa variedad de individuos iban y venían: —Distingue amigo de enemigo y bloquea a cualquiera con intenciones hostiles. Encima de todo esto se sumaba el odio y la furia ardientes de Lapicel hacia el Monarca de la Muerte: —¡Te mataré, Karnak! ¡Te mataré pase lo que pase! Cuando todas estas órdenes se mezclaban, el resultado era un caos absoluto: —Matar a cualquier humano que se acerque, salvo que sea el círculo íntimo del Monarca de la Muerte, pero primero discierne si es amigo o enemigo. Luego mátalos, ¡Y definitivamente mata a Karnak! Fue un completo y absoluto desastre. Una vez que Karnak entendió esto, una solución se hizo clara. Si reúno su alma fragmentada, la locura debería calmarse. Sin embargo, restaurar completamente su alma tampoco funcionaría. Si Lapicel regresara como Rey Marcial, sin duda mataría a Karnak. Tendré que reprimir sus recuerdos en lo más profundo de su subconsciente durante el proceso. Esto sellaría todos sus recuerdos, incluido su odio y su ira. Karnak comenzó a tejer un hechizo, formando sellos con las manos. "Oh, alma atormentada, guiada por el Soberano de la Otra Orilla..." Un círculo de magia oscura se grabó en el suelo. Irradiaba un aura siniestra. Partículas similares a niebla irradiaban hacia afuera, a la deriva hacia Lapicel. Quizá porque no había malicia en el hechizo, Lapicel no hizo ningún esfuerzo por evitarlo. Ni siquiera parecía darse cuenta, su atención estaba fija únicamente en Varos. La invocación de Karnak continuó: "Sigue el camino del reposo y entra en el reino de la paz..." \*\*\* Un aura rojo carmesí y violeta se entrelazaban en el aire. ¡Crackle! Una chispa eléctrica se disparó cuando dos figuras fueron lanzadas hacia atrás. Varos, empuñando la espada demoníaca Mareda, y Lapicel, con una espada larga común, se miraron fijamente, respirando agitadamente. "Uf, uff..." "Jaah..." La sangre goteaba del hombro de Varos y del muslo de Lapicel, manchando sus ropas. La hemorragia se detuvo casi de inmediato. Para quienes dominaban el aura a un nivel tan avanzado, detener el flujo sanguíneo era simplemente cuestión de manipular su energía. Por supuesto, detener la hemorragia no significaba que las heridas estuvieran curadas. Ugh, si me muevo demasiado, se reabrirá, pensó Varos con gravedad, mirando por encima del hombro. Parece ocupado con algo. Desde antes, una intensa oleada de energía mortal emanaba de la dirección de Karnak. ¿Por qué tarda tanto? Como alguien que fue en su día el poderoso Monarca de la Muerte, Karnak no debería tener tantos problemas. Si le faltaba la energía necrótica para el hechizo, sería otra cosa, pero como había comenzado el hechizo, no debería haber tardado en completarse. Manteniendo la mirada fija en Lapicel, Varos envió un mensaje cauteloso. —Joven maestro, ¿Aún no está hecho? —¡Aguanta un poco más! La respuesta fue frenética. Karnak estaba claramente absorto en su tarea. —¿Qué estás haciendo exactamente? —¡Sellando los recuerdos de Lapicel! —¿Cómo puede tardar tanto? —¡No es algo que haga normalmente! Varos estaba aún más confundido. ¿Manipulación de la memoria? ¿No era eso algo que Karnak hacía todo el tiempo? Eso fue lo que le había valido maldiciones e infamia de numerosos individuos. Karnak replicó a la defensiva, —¡Estoy curando su alma ahora mismo! ¿Cuándo he sanado a alguien que no sea a ti? Era cierto. Destrozar almas y borrar recuerdos era algo natural para él. Lo había hecho tantas veces que era prácticamente rutina. ¿Pero cuidar un alma, repararla cuidadosamente sin causar daño y someter suavemente recuerdos hostiles? Eso era territorio completamente nuevo. —Ugh, debería haber vivido mejor... Karnak gimió por lo bajo. Al verle luchar, Serati no pudo evitar maravillarse. —¿Desde cuándo empezaste a hacer buenas acciones? ¿Podría ser culpa? ¿Estaba arriesgando su vida para salvar el alma de Lapicel por remordimiento por lo que había hecho? Claro que no. —Si percibe aunque sea un poco de hostilidad, atacará inmediatamente. ¡Necesito animarla suavemente para que acepte la sanación! El poder actual de Karnak no era suficiente para dominar ni lavar el cerebro del alma de Lapicel. Su fortaleza mental era simplemente demasiado fuerte. ¿Pero reparar su alma fracturada? Eso estaba dentro de sus capacidades. Solo porque la curación no llevaba malicia ni hostilidad. Era un gesto de buena voluntad. Esto entraba dentro de los límites que los instintos de Lapicel podían tolerar. Era como intentar convencer a una bestia salvaje de tomar medicina sin alarmarla. —¡Así que aguanta un poco más! —Bueno, de alguna manera me las apañaré, pero... Varos miró incómodo la gran espada en su mano. Entre las grietas de la hoja, la forma fantasmal del espíritu de la espada asomó. La figura estaba demacrada, casi momificada. Era una señal clara de que la espada ya había consumido toda la esencia vital disponible. Incluso su energía espectral restante era peligrosamente baja. —No creo que esto vaya a durar mucho más. Lapicel calmó su respiración, sus ojos rojo sangre brillando con renovada intensidad. "…¡Muere, perro del Monarca de la Muerte!"
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Estás leyendo el capítulo 96 de Karnat, Monarca De La Muerte (Novela), un novela. Yo era el gobernante de la muerte. Sin embargo, me llevó un siglo comprender una verdad: para vivir verdaderamente como humano, jamás puedes intentar gobernar tales cosas Este capítulo tiene publicado el 29 de noviembre de 2025, Traducido por el grupo Segador. Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) tiene 422 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.