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Leer Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 392 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Grateria estaba bastante ocupado tras convertirse en el guardián del mundo. Los humanos y los elfos eran demasiado débiles ante la ira de la naturaleza. Incluso un ligero cambio de temperatura, un viento algo más fuerte, algo menos de lluvia o algunos meteoritos cayendo del cielo podían amenazar la propia supervivencia de sus razas. En aquellos días, tenía que elevarse al cielo cada pocas décadas solo para cumplir con su deber como guardián. ¿Cuándo fue eso, otra vez? Tesranach, sentado en el Trono de las Cenizas, recurrió a su memoria. ¿Hace miles de años? No creo que hayan pasado aún diez mil. A medida que la civilización avanzaba gradualmente, las tareas de Grateria se volvían más fáciles. Las crisis ya no ocurrían cada pocas décadas. O mejor dicho, las crisis seguían llegando, pero ya no hacía falta su intervención. Para entonces, humanos y elfos podrían encargarse de estos asuntos por sí mismos. Por fin, pensó que podría descansar tranquilo como un observador silencioso, y se sintió complacido. Pero esa paz fue efímera. Surgió un nuevo problema. Los humanos y los elfos se convirtieron en un peligro para el mundo. Se habían hecho lo suficientemente fuertes para resistir la furia de la naturaleza y, a su vez, comenzaron a infligir furia sobre ella. Era absurdo, pero aun así volaba con diligencia. Por suerte, los casos en los que humanos o elfos empujaban al mundo a la crisis eran raros, solo una vez cada pocos siglos. Cuando el mundo estaba en peligro, él se levantaba. Cuando no lo estaba, dormía plácidamente en su nido. Era una vida satisfactoria, hasta el día en que apareció una verdadera crisis. Con un suspiro, Tesranach apoyó la barbilla en una mano y frunció el ceño, recordando la mayor amenaza que jamás había sacudido el mundo. Karnak, el Monarca humano de la Muerte... \*\*\* En un pasado lejano, mucho antes de que naciera Grateria, humanos y elfos aún no se habían separado como razas distintas. Era una época tan antigua, solo existían dragones y simios sin pelo que caminaban erguidos y hablaban, los Antiguos, como seres conscientes. La nigromancia fue un poder ideado por esos Antiguos. Todo el dolor y el miedo a la vida conducían naturalmente al miedo a la muerte, y por eso buscaban dominarlo. Supersticiones y delirios infundados evolucionaron hasta convertirse en rituales, y con el tiempo, esos rituales se convirtieron en métodos para manipular la propia muerte. Construyeron grandes altares, preservaron a los muertos de la descomposición y creyeron que el mundo más allá de la muerte era verdad, mientras que el mundo actual no era más que una ilusión pasajera. Sin embargo, con el paso de los años, la magia de los Antiguos comenzó a cambiar. No era natural que los seres vivos se obsesionaran con la muerte en lugar de con la vida. Surgieron nuevas formas de brujería, que buscaban valor en la vida, no en la muerte. Y así los Antiguos empezaron a ramificarse. A quienes luchaban por cambiar el mundo y avanzar se les llamaba humanos. Quienes se adaptaron y eligieron quedarse se convirtieron en elfos. A quienes se adentraban más en el mundo se les llamaba enanos. A medida que humanos y elfos divergían y la civilización avanzaba, la forma de la magia también cambiaba. La magia que antes dependía únicamente del instinto empezó a tomar forma como una disciplina formal. Obtuvieron poder sirviendo a los seres divinos, sumergiéndose en su propio yo interior y armonizando con el mundo para provocar cambios. A diferencia de la nigromancia, estos nuevos poderes no requerían daño a otros. No quemaban otras almas, profanaban cadáveres ni consumían carne humana. Podrían hacerse más fuertes sin vergüenza. Ante estos nuevos poderes, las artes divinas, el aura y la magia, la nigromancia cayó rápidamente en la ruina. La muerte llegó a verse como una verdad profana que no debe enfrentarse. Quienes una vez celebraron ritos funerarios pasaron de sumos sacerdotes a la casta más baja. Y así, la nigromancia se desvaneció en el olvido durante largos siglos. De vez en cuando, aparecía un humano que había dominado el arte prohibido. Pero nunca tuvieron una influencia real. Eran demasiado débiles. Incluso los llamados reyes demonio podían como mucho sacudir uno o dos reinos. Por mucho que descontrolaran, no eran más que disturbios localizados. Mientras tanto, la fuerza de humanos y elfos ya había alcanzado alturas asombrosas. Podían manejar esas amenazas por sí solos. No hacía falta que Grateria interviniera. Además, matar y ser asesinado por humanos era algo común. Eran seres que siempre renacerían y prosperarían de nuevo, sin importar cuánto fueran asesinados. Intervenir en asuntos tan triviales podría, de hecho, alterar el equilibrio mundial. Así que observaba desde lejos. Incluso cuando alguien que se hacía llamar el Monarca de la Muerte sumía el continente en el caos, incluso cuando todo el mundo escupía odio y furia sobre el nombre Karnak. Para el Emperador Dragón, era solo un día cualquiera. \*\*\* Incluso mientras Grateria dormía, la sombra de la muerte se extendía lentamente sobre el mundo. La población humana siguió disminuyendo, al igual que el número de elfos. Incluso los poderosos dragones empezaron a disminuir. Los reinos humanos cayeron, las alianzas élficas se fracturaron y los dragones murieron uno a uno. El cambio llegó demasiado rápido. En poco más de una década, el mundo fue engullido por la oscuridad. Por fin, Grateria tomó una decisión. Ya no podía quedarse de brazos cruzados y dejar que ese ser, el llamado Monarca de la Muerte, huyera sin control. A este ritmo, el mundo pronto cruzaría un punto de no retorno. Despertó y se elevó hacia el cielo. Pero cuando el Emperador Dragón se reveló al mundo por primera vez en siglos, incluso el imperio humano ya había perecido. Los Reyes Marciales, los archimagos y la Iglesia de las Siete Diosas habían caído en manos del Monarca de la Muerte. Acompañado por subordinados adoctrinados, Karnak y su mano derecha, Varos, se encontraron con el enorme dragón que se alzaba en los cielos. Y armaron un escándalo. "¡Madre mía! Joven maestro, ¿Qué demonios es esa cosa?" "No tengo ni idea. ¿De dónde demonios salió ese monstruo?" "¿De verdad se supone que debemos luchar contra eso?" "¿Y si no lo hacemos? ¿Tienes alguna forma de huir de ella?" "No" Sus palabras y actitudes eran asombrosamente frívolas. Era desconcertante cómo hombres de tal carácter habían llegado a ejercer un poder tan tremendo. "Oh mortal que has roto el equilibrio del mundo..." Incluso cuando el Emperador Dragón emitió una solemne advertencia, los hombres permanecieron completamente impasibles. "¿Tiene algo atascado en la garganta? ¿Qué pasa con ese acto pomposo?" "Aun así, tengo que admitir que tiene buena pinta" Naturalmente, Grateria sintió un destello de ira. "Unos verdaderos desgraciados. Ni siquiera merece la pena hablar con él" El aliento del Emperador Dragón desgarró el aire, y así comenzó una vasta batalla que sacudió los mismos cielos y la tierra. Para su sorpresa, eran fuertes. Eran más fuertes que cualquier otro que Grateria hubiera conocido en sus incontables eones. Parecía que el refinamiento del carácter y la pura fuerza no tenían ninguna conexión. Pero aun así, no eran lo bastante fuertes para enfrentarse al Guardián del Mundo. Invocaron toda la muerte y la oscuridad, apilaron cadáveres en montañas y convirtieron océanos en sangre en resistencia, pero al final, el Monarca de la Muerte no alcanzó el poder del Emperador Dragón. Tras una batalla agotadora, Grateria salió victorioso. Y, según dictado por las leyes del mundo, se dispuso a actuar. "Ahora, partid hacia el más allá" Así, Karnak y su leal vasallo Varos fueron asesinados. El problema vino después. \*\*\* Como corresponde al Maestro de la Muerte, el alma de Karnak logró escapar a la atención de Grateria incluso en la muerte. Tiempo después, reapareció ante el Emperador Dragón como algo completamente distinto. Fue una pesadilla hecha realidad. "¿Q-Qué demonios es esto...?" Grateria tembló al ver un enorme cráneo que irradiaba un aura azul espantosa. Karnak vivo había sido manejable. Pero Karnak muerto era completamente distinto. Regresó como un ser de muerte y oscuridad encarnado, el Astra Shunaph. Poseía un poder que ni siquiera el Emperador Dragón había conocido. Era una monstruosidad cuya existencia superaba incluso la vasta sabiduría de Grateria. "¿Cómo pudo un simple humano poseer tal poder?" Al oír el grito horrorizado de Grateria, el cráneo azul se burló. "¿Qué tiene de extraño eso? Tú, solo un dragón, llegaste a poseer tal poder tú mismo" "Insolente idiota. ¿Te atreves a compararte conmigo?" "Supongo que no lo sabes, pero la gente que dice cosas como 'tonto insolente' o 'esto y aquello', nunca termina muy bien. ¿Has vivido todos estos años y todavía no te has dado cuenta?" En realidad, el propio Karnak solía usar esa expresión. Pero si podía meterse bajo las escamas del Emperador Dragón, diría cualquier cosa. Así comenzó una terrible batalla que duró tres días. Los cielos se separaron. La tierra se vino abajo. Los mares se secaron. El terreno cambió. El clima cambió. Fue un choque despiadado que transformó el mundo. Al final, la victoria fue para el Monarca de la Muerte. El ser que había custodiado el mundo durante miles de años se arrodilló ante un solo humano. "Vaya, realmente haces honor al nombre. Ni siquiera puedo matarte para siempre" El cráneo azul miró con desdén a la caída de Grateria con desprecio. "Bueno, al menos mataré el cuerpo" El poder oscuro consumió la mente de Grateria. Su cuerpo perdió toda vitalidad y se empapó de energía nigromántica. Perdió la razón y volvió a ser una bestia. El Emperador Dragón dejó de existir. Solo quedaba el leal servidor del Monarca de la Muerte, el Dragón de la Muerte, Grateria. A partir de entonces, siguió las órdenes del Monarca de la Muerte y convirtió el mundo en un infierno. Como uno de los muertos, creó más muertos, para los muertos. Fue un destino horrible. Y lo que lo hacía aún más horrible era que ni siquiera se daba cuenta de lo horrible que era. El tiempo pasó, el mundo cambió y el continente se convirtió en una tierra empapada de muerte. Había pasado tanto tiempo que el número de muertos que caminaban por la tierra superaba a los vivos. Pero para Grateria, ahora un dragón de la muerte, el paso del tiempo no tenía sentido. Carente de razón, despojado de sí mismo, era como si nada de eso hubiera existido realmente para él. Cuando finalmente despertó de nuevo, habían pasado más de cien años. La imagen que se presentó en los ojos recién despertados de Grateria fue algo que no se imaginaba. "¿Qué es esto...?" El cielo, la tierra, el mar, el espacio y el tiempo mismo, todo se estaba derrumbando. \*\*\* Un cielo púrpura giraba en un vórtice. Más allá, fragmentos del cielo se rompieron, desapareciendo en el espacio retorcido más allá. La tierra se desmoronó sobre sí misma. En sus bordes, la tierra se consumía en las llamas desecas del tiempo. Si hubiera sido un terremoto, un volcán, un tsunami, Grateria no se habría sorprendido. Tales desastres, los había vivido incontables veces a lo largo de su larga vida. Pero esto no era una mera catástrofe natural. El mundo ya estaba muerto, y ahora incluso esa muerte se desmoronaba. Grateria se removió. Forzó a su cuerpo congelado por la muerte a girar y levantó su enorme cabeza. ¿Qué está pasando...? Le costaba comprender la situación. ¿Qué demonios ha pasado? Se extendió para sentir el flujo del mundo, para trazar los caminos del poder, buscando respuestas. Por fin, percibió algo. Hubo una ruptura masiva en el espacio y el tiempo. La realidad misma estaba siendo absorbida antes de desaparecer. ¿Cómo pudo haber llegado a ser esto...? Se esforzó por batir alas que apenas se movían y se elevó lentamente en el aire. Una vez en el aire, podía ver. Había despertado en un vasto cráter indescriptible. Por qué había estado allí, no lo sabía. Quizá había sido uno de los lugares donde el Monarca de la Muerte solía guardarle. Salió del cráter y voló hacia la grieta en el tiempo y el espacio. El mundo que vio por primera vez en más de un siglo fue horrible. No había señales de los vivos. Solo quedaban los muertos. Con el corazón pesado, siguió volando, hasta que una ciudad enorme apareció ante él. No ¿podría siquiera llamarse ciudad? Si fuera un lugar poblado solo por muertos, quizá habría sido mejor palabra 'cementerio'. Ese lugar... Algo se agitó débilmente en su memoria, recuerdos de su tiempo como dragón de la muerte. "Necrópolis..." Esta era la capital del imperio muerto, Necropia. Esta fue la ciudad y tumba más grandes, construida por el Monarca de la Muerte, Karnak.
Karnat, Monarca De La Muerte (Novela)

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Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 392

Estás leyendo el capítulo 392 de Karnat, Monarca De La Muerte (Novela), un novela. Yo era el gobernante de la muerte. Sin embargo, me llevó un siglo comprender una verdad: para vivir verdaderamente como humano, jamás puedes intentar gobernar tales cosas Este capítulo tiene publicado el 22 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Segador. Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) tiene 416 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.