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Leer Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 336 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
El Imperio Lacania ocupaba el centro del continente. Al este, compartía frontera con la Federación Berus, una nación-ciudad-estado gobernada por las razas de las hadas, así como con Tierra de los Dragones. Estríctamente hablando, la Federación Berus existía en forma dispersa en varias partes de la Tierra de los Dragones, pero dado que los propios dragones no reclamaban ningún estado oficial, las fronteras se definían así por conveniencia. Las montañas Pellantia, que corren de norte a sur, y el río Duma que fluye hacia el sur, formaban las fronteras naturales al este, sirviendo como frontera oriental del imperio. La Ciudadela de Ment era una enorme fortaleza fronteriza construida en el Cañón de Mentad, un punto estratégico de estrangulamiento donde se cruzaban las montañas Pellantia y el río Duma. Acorde con su papel crítico en la custodia de las regiones orientales del imperio, estaba rodeada de muros altos y gruesos y guarnecida por los mejores soldados de élite. Era un lugar de defensa impenetrable que nunca había caído en los siglos desde su construcción. Sin embargo, a pesar de ello, Lord Connox, el actual señor de la Ciudadela de Ment, estaba en total desesperación. "Dioses del cielo, nunca imaginé que presenciaría una guerra aquí..." Los dragones que habitaban en la Tierra de los Dragones rara vez mostraban interés por los forasteros. Si se les invadía, atacaban a humanos y hadas sin dudarlo, pero por lo demás, ambos no eran diferentes para ellos de guijarros al borde de la carretera. Que tales dragones abandonaran voluntariamente sus territorios para atacar el imperio era simplemente impensable. E incluso en las raras ocasiones en que atacaban, nunca era más de uno o dos a la vez. Los dragones eran criaturas de inmenso poder, pero la humanidad no era débil en absoluto. Los dragones jóvenes que aún no habían madurado del todo ni adquirido inteligencia no eran enemigos a los que temer. Con un ejército suficientemente grande, podían ser repelidos con relativa facilidad. Incluso los dragones adultos con inteligencia, aunque sin duda temibles, eran enemigos manejables para el ejército imperial, dado que eran dragones individuales. En realidad, la verdadera amenaza para esta fortaleza fronteriza era la Federación Berus, la alianza de razas de hadas. Sin embargo, la Federación Berus era patéticamente débil en comparación con el Imperio Lacania. No es que los elfos y enanos fueran presas fáciles. Los elfos, que vivieron 500 años, y los enanos, que vivieron 300, poseían innumerables ventajas más allá del alcance de la humanidad, entre ellas la enorme diferencia de experiencia que acumulaban. Sus capacidades medias de combate eran en efecto muy superiores a las de los humanos. Sin embargo, el problema era la simple cantidad de personas. Incluso si uno reuniera a todas las hadas de la Federación Berus, su población total no alcanzaría ni la mitad de la de la Alianza de los Siete Reinos, y mucho menos compararse con el Imperio Lacania. Además, estaban dispersas por numerosas ciudades-estado, lo que dificultaba una cooperación efectiva. Si estas razas de alto nivel hubieran unido su fuerza, podrían haberse convertido en una fuerza que el imperio no podría ignorar. Pero mientras permanecieran fragmentados y con alianzas laxas, no eran una amenaza a temer. Tanto es así que la principal función de la Ciudadela de Ment no era vigilar a las hadas, sino vigilar a los humanos cruzando la frontera. No era raro que criminales del imperio se colaran en la Federación Berus con la esperanza de cazar ilegalmente a elfos y enanos raros. Dadas tales circunstancias, se consideraba casi imposible la guerra en la frontera oriental del imperio. Las razones para construir la Ciudadela de Ment fueron, primero, que seguía siendo una frontera que no podía quedar sin vigilancia, y segundo, porque los monstruos a veces saqueaban durante los meses de invierno cuando la comida escaseaba. Incluso entonces, esas incursiones de monstruos eran pequeñas y fácilmente repelibles. No es de extrañar que la fortaleza fuera considerada impenetrable. Después de todo, nunca había aparecido enemigos capaces de conquistarla, lo que hacía que su condición de inexpugnable fuera casi un hecho. Cuando Lord Connox fue nombrado para este puesto, sus conocidos incluso le consolaron, diciéndole que era una forma de exilio. "Pensar que vería la mayor fuerza enemiga de mi vida aquí..." Connox soltó una risa hueca mientras miraba más allá de los muros de la fortaleza. ¿Incursiones de monstruos? Eso era algo habitual. Pero ver que llegaban a miles era algo que nunca había presenciado antes. ¿Y pensar que estos miles de monstruos estaban siendo comandados por magos élficos y guerreros enanos? Todo lo que veía desafiaba el sentido común. Pero no terminó ahí. Casi veinte dragones giraban lentamente sobre ellos, en el cielo azul oscuro sobre ellos. Aunque la mayoría eran dragones jóvenes, algunos dragones adultos estaban entre ellos. Estaba seguro, pues la edad de los dragones se podía estimar aproximadamente según su tamaño. Entre ellos había al menos cuatro dragones adultos completamente desarrollados. Lord Connox dirigió la mirada hacia el responsable de toda esta calamidad. Aunque demasiado lejos para identificarlo con claridad, la vestimenta y el emblema de la figura eran inconfundibles. El supremo guardián de las hadas y el jefe de la Sociedad de la Rama Dorada, una de las tres mayores escuelas mágicas del continente. Era el perseguidor del Décimo Círculo, el Archimago Giyen Ren. \*\*\* Miles de monstruos rodeaban la Ciudadela de Ment. Y de entre esa vasta horda, una sola figura dio un paso al frente. Era un elfo llamativamente atractivo, con su largo cabello verde cayendo hasta la cintura y su túnica dorada ondeando suavemente a su alrededor. Un bastón de madera coronado con hojas azules descansaba en su mano. A simple vista, su belleza rozaba lo andrógino. Los elfos, por naturaleza, no tenían vello corporal salvo en las cejas y el pelo, independientemente del género. Por eso, los hombres élficos casi siempre parecían andróginos a ojos humanos. El elfo, Giyen Ren, comenzó a lanzar un hechizo. Sus orejas puntiagudas se movieron ligeramente, y su voz, amplificada por magia, resonó en el aire y alcanzó lo alto de la fortaleza. "A los humanos de la Ciudadela de Ment, les entrego este mensaje. Arrodíllate ante el gran Dios de la Muerte y sométete. Estas son las palabras de Tesranach" La gente dentro de la ciudadela fue sumida en el caos. ¿Giyen Ren, el gran archimago en persona, era un cultista? Aunque impactante, el descubrimiento encajó todas las piezas. Todo empezó a tener sentido. Había logrado comandar a miles de monstruos e incluso forzar a elfos, enanos y dragones, seres que nunca estarían unidos, a unirse a sus filas. Debió de usar métodos que desafiaban el orden natural mismo. Un ayudante tembloroso se volvió hacia Lord Connox. "¿Q-Qué deberíamos hacer, comandante?" Connox permaneció en silencio. No podía responder fácilmente a su subordinado. La ley militar del imperio era estricta. Si se rendían sin luchar, quizá salvarían sus vidas por el momento, pero después enfrentarían un destino peor que la muerte. Perderían todo, incluido su honor. Pero por muy aterrador que fuera el castigo futuro, no podía superar la certeza de la muerte que tenían ante ellos ahora. La guarnición de la Ciudadela de Ment contaba con apenas quinientos hombres. Desesperados, habían armado a civiles comunes desde dentro de los muros, pero aun así su fuerza total no alcanzó los mil. En tiempos de paz, no era un número pequeño. Era más que suficiente para vigilar las fronteras y contener incursiones de monstruos. Incluso si surgía un conflicto mayor, aún podrían resistir durante un tiempo fortificándose alrededor de la ciudadela. ¿Pero qué pasa ahora? Ante sus ojos se alzaban miles de monstruos, así como decenas de dragones. Era una disparidad tan abrumadora que no podía justificarse simplemente como una diferencia de fuerza. Incluso con las estrictas leyes militares del imperio, la rendición era la única opción lógica en tal situación. Pero eso no es una opción aquí... Si simplemente se enfrentaran a Giyen Ren, el archimago, habría elegido rendirse sin dudarlo. Incluso si más tarde fueran castigados bajo la ley militar, el desequilibrio de poder podría haberles otorgado cierta indulgencia. Pero su enemigo no era el archimago, sino Giyen Ren, un cultista del Dios Negro. En el momento en que se rindieran, también serían etiquetados como herejes y enemigos de la Iglesia de las Siete Diosas. Sus almas sufrirían tormento incluso en la muerte. Connox endureció su determinación. "¡No habrá rendición!" Instó a los demás a mantenerse firmes y luchar. "¿De verdad creen que nos perdonarían la vida si nos rindiéramos? ¡Sirven al dios de la muerte!" Si se rendían, serían masacrados y convertidos en no-muertos. El culto sin duda soltaría sus habituales tonterías sobre regalarles la vida eterna en el abrazo de Tesranach. "¡No nos queda otra opción! ¡Solo podemos luchar!" Los soldados e incluso los civiles reclutados volvieron en sí. "¡S-sí, señor!" De hecho, esa era una táctica común entre los cultistas del Dios Negro. "¡Vamos a pelear!" "¡Las Siete Diosas nos cuidarán!" Connox jugó entonces su última carta, invocando un último atisbo de esperanza para levantar su moral. "No pediré mucho", comenzó, pronunciando un discurso enérgico ante los soldados que sujetaban sus lanzas y espadas. "Ya se ha enviado la noticia a la capital. Si aguantamos solo un día, un solo día ¡Llegarán refuerzos!" Desde las profundidades de la desesperación, un débil destello de esperanza se encendió. Sus voces temblaban, pero gritaban con todas sus fuerzas. \*\*\* Observando la escena, Giyen Ren chasqueó la lengua. "Como era de esperar, no se rendirán" Realmente había tenido la intención de perdonar a quienes cedían. Así, podría obligar a más a rendirse en la próxima batalla. Pero gracias a las atrocidades cometidas por el culto del Dios Negro hasta ahora, nadie confiaba ya en sus promesas. Giyen Ren negó con la cabeza. "Elezar y Dreltain deberían haber mostrado algo de contención... A este ritmo, nadie se rendirá jamás" Aun así, no era un gran problema. El imperio era vasto y había muchas fortalezas listas para la conquista. Seguramente, al menos una se rendiría, y una vez que otros vieran a los salvados, la situación cambiaría. Pero por ahora, no podía perdonar a sus enemigos. Tenía que dejar claro que negarse a rendirse significaba solo una cosa: la muerte. Giyen Ren señaló detrás de él. "Borra toda vida de ese lugar" Un guerrero enano de piel azul pálido se inclinó profundamente. "Como ordenes, Santo de la Destrucción" \*\*\* En la oficina del señor en la Mansión Zestrad, Karnak se sentaba con expresión grave mientras comía pudin con Varos. Murmuró: "Giyen Ren ha invadido el imperio bajo el nombre de Tesranach..." No había necesidad de preguntarse por la razón. Casi con toda seguridad era el Giyen Ren del futuro quien había regresado por regresión temporal. No era como si fuera la primera o segunda vez que pasaba algo así, así que hubo sorpresa. Sin embargo, había algo que no podía entender sobre la situación actual. "¿Cuándo exactamente lograron cambiar a Giyen Ren?" Según los archiliches, se requerían tres cosas para invocar un alma del futuro: un Anti-Espacio-Tiempo Trascendente, un nigromante para realizar el ritual y el cuerpo actual del sujeto. De estos, el más fácil de encontrar fue el nigromante. Si uno preparaba un altar adecuado y un nigromante experto, la invocación en sí no era especialmente difícil. "Deben haber encontrado la manera de crear un Anti-Espacio-Tiempo Trascendente por sí mismos", continuó Karnak. Sacó un cubo negro del bolsillo. No era la que poseía originalmente, sino la que Elezar había sostenido. Lo encontró entre los restos después de que ella se convirtiera en polvo y desapareciera. Parecía que habían planeado convocar al Diogres del futuro en ese mismo momento una vez que lo capturaran. Gracias a eso, Karnak había conseguido otro Anti-Espacio-Tiempo Trascendente. "¿Pero quién logró asegurar a Giyen Ren? Al fin y al cabo, es un archimago" Varos ladeó la cabeza. "¿No eran Elezar y Dreltein trabajando juntos?" Como habían visto con Diogres, si ese fuera el caso, ni siquiera Giyen Ren habría podido resistirse. Pero Karnak negó con la cabeza. "Estaba demasiado silencioso para que eso ocurriera" No había forma de que una batalla entre el rey marcial y el archimago del imperio contra el gran archimago de los elfos no se hubiera difundido como rumores. "Bueno, digamos que de alguna manera le tendieron una emboscada y lo lograron. Supongamos también que así fue como lograron invocar el alma de Giyen Ren al presente" Aun así, le resultaba incómodo y dejaba muchas preguntas. Si Giyen Ren ya hubiera estado presente en esta era, Elezar y Dreltein no habrían tenido que ir solos tras Diogres. Al fin y al cabo, si Giyen Ren hubiera estado involucrado, el grupo de Karnak habría sido completamente impotente para resistirse. Varos hizo una sugerencia. "¿Quizá dejaron fuera a Giyen Ren por una razón que no conocemos?" Karnak replicó. "Varos, tú también luchaste contra ellos, ¿verdad? Lo viste tú mismo. No parecían saber que Giyen Ren ya había regresado" Si lo hubieran sabido, habrían dejado escapar algo, al menos en su tono. Varos presentó un contraargumento. "¿Así que dices que volvió después de que murieran? ¿No es eso también extraño?" Elezar y Dreltein habían sido los dos mayores poderes del Culto del Dios Negro. Si Giyen Ren solo fue convocado después de que Karnak derrotara a esos dos, solo quedaba una explicación. "Eso significaría que alguien más sometió a Giyen Ren, no un rey marcial ni un archimago" Varos chasqueó la lengua. No podía creerlo. "¿Existe siquiera una persona así en el continente ahora mismo?"
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Estás leyendo el capítulo 336 de Karnat, Monarca De La Muerte (Novela), un novela. Yo era el gobernante de la muerte. Sin embargo, me llevó un siglo comprender una verdad: para vivir verdaderamente como humano, jamás puedes intentar gobernar tales cosas Este capítulo tiene publicado el 26 de julio de 2026, Traducido por el grupo Segador. Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) tiene 416 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.