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Leer Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 305 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
La oscuridad retrocedía. Beltia abrió los ojos y parpadeó confundida. ¿Dónde...? Estaba sentada en la cocina. Ella atendía una olla burbujeante de sopa espesa sobre la chimenea, vestida como una ama de casa cualquiera. "Ah..." Ahora lo recordaba. Esta era su casa, y ahora era la hora de cenar. Frente a ella, una niña pequeña sacó una silla de la mesa y garabateó con un bolígrafo. Correcto. Lapicel estaba practicando sus letras. Beltia sintió cómo un cálido orgullo le hinchaba el pecho. La letra de su hija había mejorado. Las líneas seguían torcidas, los caracteres un poco desordenados, pero ahora eran lo suficientemente claros para leerlos. A diferencia de mí, que parece que nunca mejoro en la cocina. Sirvió un poco de sopa y la probó, luego ladeó la cabeza. Era insípido. "Lo siento, cariño. Parece que la cena ha vuelto a ser un desastre", dijo. "¡Mamá!" La chica levantó la vista, frunciendo el ceño en una mueca. "¡Trabajo tan duro practicando cada día! ¡Tú también tienes que esforzarte y hacer que nuestra comida esté rica! La comida fue horrible, ¿Y ahora la cena también?" Bueno, ¿Escucharías a este chica? Beltia estalló en carcajadas. En realidad, los niños eran imposibles de predecir. "¡Pequeña bribona, respondiéndole así a tu madre!" Y así pasó el día. Era ajetreado, agotador, molesto y alegre. Fue un día completo y feliz. Al ponerse el sol, llegó la hora de dormir. Tumbada en la cama, su hija preguntó: "Mamá, mamá, ¿Hay un monstruo debajo de la cama?" "No", respondió ella. La chica no estaba satisfecha. "Mamá, mamá, ¿Hay un monstruo en el armario?" "No" Sentada a su lado, Beltia susurró suavemente: "No existen los monstruos, cariño. Así que cierra los ojos, ¿vale?" "Mmmm..." Pero ningún niño escucharía a la primera. Efectivamente, sin intención de dormir, la niña se deslizó hacia los brazos de su madre. La chica gritó: "Mamá..." "¿Sí?" respondió Beltia. La chica preguntó: "Protegerás a Lapicel, ¿verdad?" Beltia asintió. "Por supuesto" La chica preguntó: "¿Siempre?" "Siempre", fue la respuesta. El niño levantó la vista y sonrió. "¿Entonces por qué no lo hiciste?" Su sonrisa se torció de repente. La visión de Beltia se desmoronó. El mundo de madre e hija se hizo añicos. Una voz resonó entre los ríos de sangre. ¿Por qué no me protegiste? ¿Por qué no me protegiste? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? El mundo había cambiado, y a su alrededor había sangre. En un charco de rojo oscuro, yacía un trozo destrozado de carne esparcido. El cuerpo de su amada hija estaba roto. "Ah..." Brazos amputados, piernas amputadas y una cantidad impactante de entrañas carmesí brillantes salieron de un cuerpo tan pequeño que parecía imposible que todos pudieran caber. "Ah... ahhh..." La niña no respiraba. No llamó a su madre, no sonrió ni lloró. Con un grito, Beltia se agarró la cara con ambas manos. Sus uñas le desgarraron las mejillas y la sangre brotó entre sus dedos. \*\*\* Serati se obligó a incorporarse con un gemido y se quedó paralizada al ver lo que tenía delante. ¿Qué demonios ha pasado? Todos seguían recuperándose, aturdidos y apenas conscientes. Los únicos que parecían relativamente ilesos eran Milia y Diogres Kolon, protegidos por el escudo divino de Milia. Más allá de ellos estaba la chica de cabello cenizo, su espada colgando sin fuerzas a su costado mientras miraba fijamente al frente. "¿Lapicel?" gritó Serati. Pero no hubo respuesta. Su mirada estaba perdida, como en trance. Frente a ella, una colosal oleada de aura dorada estalló en el aire con una violenta furia. Beltia flotaba sobre el suelo, desprendiendo una tormenta de aura incontrolable desde cada centímetro de su cuerpo. Serati se tapó la boca horrorizada. ¿Qué demonios es eso? El instinto le dijo de inmediato. Esto era como cuando una persona delirante agita brazos y piernas en el caos, excepto que en el caso de un usuario de aura, era el aura, no las extremidades, lo que se agitaba salvajemente. Una tormenta rugía dentro del telón de oscuridad. Todo lo que el aura dorada tocaba era obliterado, destrozado y disperso en todas direcciones. Era pura y inaccesible destrucción. Beltia era actualmente la destrucción encarnada. Serati soltó una risa seca. ¿Entonces cuando eres un Rey Marcial, incluso perder la razón se convierte en un desastre total? Pero por muy poderosa que fuera, ni siquiera un Rey Marcial podría sostener esto más de unos minutos. En el peor de los casos, se desplomaría de agotamiento o moriría en el acto. Alguien de su nivel no rompería a la ligera una regla tan fundamental. Lo que significaba que esto tenía que ser resultado de la interferencia de otra persona. Serati se volvió hacia la persona más sospechosa. La persona en cuestión observaba la furia de Beltia con una amplia sonrisa satisfecha. "Por tópico que sea, nada funciona mejor que esto." Murmuró algo incomprensible. Serati le envió inmediatamente un mensaje telepático. —¿Qué has hecho? Karnak se encogió de hombros. —¿Qué quieres decir con qué? Todo va perfectamente. Parecía demasiado orgulloso de sí mismo, y eso puso nerviosa a Serati. En su experiencia, solo hubo una situación en la que ese hombre actuó con tanta suficiencia: cuando el resultado era ideal, pero el proceso absolutamente aterrador. Preguntó horrorizada. —¿Qué demonios le hiciste? \*\*\* Varos se preguntaba cómo Beltia había acabado uniéndose al Culto del Dios Negro. Solo lo entendió cuando escuchó sus llantos. Pero Karnak no necesitaba preguntarse. Lo supo en el momento en que la vio. Se vio envuelta en una secta que intentaba devolver la vida a su hija muerta. Después de todo, era un plan que él mismo había considerado en su día. —Como Lapicel está con nosotros ahora, probablemente Beltia siga hecha polvo por su hija muerta, ¿no? Si decimos que podemos reunirla con la niña, podríamos ganarnos a un Rey Marcial para nuestro lado. Pero Serati se opuso a la idea, así que la descartó. —¿Espera, fui yo quien se opuso? ¿Cuándo ocurrió eso? —Bueno, yo nunca mencioné a Beltia por su nombre entonces. Más concretamente, lo que había preguntado era esto. —Si les decimos que podemos reunirlos con un ser querido perdido, ¿Podremos reclutar a algunos de los mejores guerreros de esta época para nuestro bando? Solo entonces Serati recordó la conversación. En ese momento, ella respondió. —¿La persona con la que se reúnen está realmente viva? Karnak respondió con esto. —Por supuesto que no. Los traería de vuelta como no-muertos. La nigromancia no era resurrección. Solo convocaba a los muertos de vuelta al mundo físico. En otras palabras, no los devolvía a la vida. Serati había comentado con sarcasmo. —Oh, perfecto. Seguro que estarían encantados cuando la persona que amaban regresara como un zombi. —¿No crees que les gustaría? —Les encantaría tanto que probablemente te apuñalarían. Así que descartó la idea. Pero aparentemente, el Culto del Dios Negro no tenía reparos en mentirle a Beltia. —O quizá Tesranach realmente tenía otra manera. De cualquier manera, una vez que Karnak comprendió la situación, la solución le quedó clara. —Solo muévela un poco, y luego usa la ilusión de su hija muerta para volverla loca. Eso sería más que suficiente. Pero este hechizo venía con una condición crítica. Beltia era un Rey Marcial, un usuario de aura de nivel máximo. Un simple hechizo nigromántico rebotaría directamente en su aura dorada y radiante. Así que el truco era hacerlo de forma sutil. Poco a poco, la iba embriagando poco a poco a nivel de partículas. Pero lanzar niebla al aire libre era inútil. Se dispersaría demasiado fácilmente. Tenía que estar en un entorno sellado para funcionar correctamente. Y Karnak esperaba plenamente que el culto le proporcionara ese espacio sellado. La magia exigía concentración. La nigromancia requería difusión. Por eso mismo sellar un área con una barrera y acabar las cosas desde dentro era la forma más eficiente de manejar la nigromancia. Karnak se encogió de hombros. —Te lo dije. Los nigromantes son predecibles. Beltia no había mostrado debilidad en un tiempo, y eso le había puesto nervioso. Cuando Serati lo entendió todo, se le quedó la boca abierta. Así que... ¿Beltia estaba reviviendo el momento en que murió su hija? ¿Una y otra vez, atrapada en esa agonía y dolor? Dios mío... Incluso el infierno podría haber sido misericordioso en comparación. La repulsión le invadió mientras miraba a Karnak con ojos temblorosos. Pero él sonreía. Se explicó. —No es que el alma de su hija esté realmente sufriendo. Todo está en la cabeza de Beltia. Ni siquiera sacrifiqué a nadie para que esto sucediera. Parecía genuinamente orgulloso de sí mismo, como si esta fuera la forma de nigromancia más humana imaginable. —¿Ves? No le ha hecho daño a nadie salvo al enemigo. Así que Serati estaba indecisa. ¿Qué maldición podría inventar que fuera lo suficientemente mala como para hacerle justicia a ese canalla? ¿Acaso existía tal insulto en este mundo? Karnak notó su expresión y frunció el ceño. —¿Qué? ¿He hecho algo mal? Estaba desconcertada. —¿En serio me lo preguntas ahora? Protestó, igualmente desconcertado. —¿Qué he hecho? Todos intentamos matarnos entre nosotros, ¿verdad? ¿Así que apuñalar a alguien en el estómago está bien, pero desgarrar el corazón de alguien está prohibido? ¿No te parece un poco raro? Ella replicó. —Bueno, eso es... Se enfurruñó, con los labios saliendo en una frustración genuina. —Adelante. Pregunta a las personas si prefieren sentir dolor en el cuerpo o en el corazón. ¡Apuesto a que la mayoría elegiría lo segundo! Esperaba elogios, no indignación. Para ser justos, ya era demasiado tarde para deshacer el hechizo. Si Beltia se liberaba, no tendrían forma de detenerla. Serati suspiró y cambió de tema. —¿Y ahora qué? ¿Solo esperamos? Karnak le respondió. —Exacto. Originalmente, planeaba someterla de inmediato, pero no va a funcionar. Resultaba frustrante que, incluso después de perder la razón, Beltia siguiera siendo demasiado poderosa. Al fin y al cabo, seguía siendo una Reina Marcial. Su aura, incluso en estado de furia, era abrumadoramente fuerte. Era demasiado peligroso tocarla. Karnak continuó. —Si la dejamos sola, o bien se desplomará de agotamiento o morirá por ello. Si moría, le darían un buen entierro. Si se desmayaba, la atarían bien y tratarían de convencerla de que se uniera a ellos. Serati le lanzó una mirada cómplice. —_Persuadir_ , ¿verdad? Karnak negó con la cabeza. —¿Crees que las agujas mágicas funcionan con alguien como ella? Quería decir persuadir. Con palabras. Serati suspiró de nuevo y arrastró a Lapicel inconsciente a un lugar seguro. —Perdona si no termino de creerlo... Tal como dijo Karnak, ella esperó, esperando que Beltia se quemara pronto. Pero las cosas no salieron como esperaban. En medio del torrente de aura salvaje, Beltia de repente se elevó en el aire. Con un grito de locura, se lanzó contra el telón de oscuridad. Era como si quisiera lanzarse a la muerte. Pero cuando aplastas una piedra contra un huevo, es el huevo el que se rompe, no la piedra. La oscura cortina se hizo añicos en mil fragmentos, y toda la Isla del Dragón tembló como si hubiera ocurrido un terremoto. "¡U-Uy!" "¡Maldita sea!" Karnak y Serati apenas mantenían el equilibrio mientras miraban hacia el cielo. Beltia, aún gritando, salió disparada de la barrera y desapareció en los cielos más allá de la isla. La huida de Beltia fue menos como correr y más como volar. Una sola estela de luz dorada cortó el mar, trazando una línea recta hacia el horizonte. Su figura se hacía cada vez más pequeña a través del camino de olas blancas y espumosas mientras desaparecía poco a poco en la distancia. Corría por la superficie del océano como si fuera tierra firme. Serati, atónita por la absurda escena, murmuró sin expresión: "Supongo que una vez que seas Rey Marcial, también puedes cruzar el mar corriendo, ¿no?" "Aunque pudieras, la mayoría no lo haría realmente..." Respondió Karnak. Al final, cuando se le acabaran las fuerzas, simplemente se dejaba caer en el océano infinito. Por muy poderosa que fuera, no sobreviviría a quedarse varada sola en el mar. "Aun así, no parece que vaya a morir", murmuró Serati. "Sí, yo también lo creo", asintió Karnak. Al menos, era seguro que no volvería pronto. "Así que, básicamente, ahora solo tenemos que encargarnos del resto" Karnak dirigió la mirada hacia la barrera rota. Más allá, los nigromantes del culto estaban desordenados, murmurando en pánico. "¿La-Lady Beltia?" "¿Qué acaba de pasar...?" Karnak alzó la varita, su mirada se volvió gélida. "Serati me dio una charla, ¿sabes?" Había intentado ser amable por una vez, usando interferencias psíquicas limpias y no letales. Pero terminó con él siendo tratado como la escoria de la tierra. Así que esta vez, probaría un enfoque diferente para ser humano. "Ustedes. Simplemente haré pedazos sus cuerpos"
Karnat, Monarca De La Muerte (Novela)

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Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 305

Estás leyendo el capítulo 305 de Karnat, Monarca De La Muerte (Novela), un novela. Yo era el gobernante de la muerte. Sin embargo, me llevó un siglo comprender una verdad: para vivir verdaderamente como humano, jamás puedes intentar gobernar tales cosas Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo Segador. Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) tiene 416 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.