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Leer Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 17 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
En lo profundo de un bosque envuelto en la oscuridad, un grupo de aproximadamente una docena de perseguidores blandiendo antorchas recorrieron el denso bosque. "¡Por aquí! ¡Por aquí!" "¡Lo hemos encontrado!" La luz de las antorchas reveló a un hombre escondido entre los árboles. Era un hombre con una apariencia descuidada y rasgos ásperos, que parecía tener unos treinta años. El hombre murmuró ominosamente, su voz tenía un tono siniestro. "Ya se han puesto al día..." Los perseguidores se acercaron, desenvainando sus espadas mientras lo rodeaban. Emergiendo de la formación circundante había un guerrero vestido con una armadura que llevaba el emblema del sol. "Nigromante caído", declaró el guerrero sagrado de Latiel. "¡Arrodíllate ante la diosa y busca su misericordia!" "Grrr..." El hombre miró a su alrededor frenéticamente, sus ojos se movieron entre los soldados. Entonces, de repente, desató un grito ensordecedor. "¡Raaaargh!" La oscuridad surgió a su alrededor, elevándose como una marea malévola. El guerrero sagrado se tensó de inmediato, gritando una advertencia. "¡Estén en guardia! ¡Está convocando espíritus malignos de nuevo!" La oscuridad se fusionó en cinco espíritus sombríos que se lanzaron hacia el cerco. Los soldados, sin embargo, no se dejaron intimidar. Se habían enfrentado a estos espectros antes. "¡Es inútil!" "¡La bendición de Latiel está con nosotros!" Cada soldado sostenía un talismán del dios sol en su mano izquierda mientras empujaba hacia adelante con sus espadas en la derecha. Normalmente, las meras cuchillas serían ineficaces contra entidades espectrales. Pero por alguna razón, los espíritus malignos vacilaron, sus formas parpadearon cuando los ataques de los soldados aterrizaron. Explosiones de luz y sonido estallaron en el campo de batalla. Los talismanes sagrados impregnaban las espadas de los soldados con el poder de golpear a seres etéreos. Sin embargo, los espíritus malignos no cayeron fácilmente. Aunque sus formas vacilaron, desataron aullidos penetrantes y de otro mundo que sacudieron los nervios de los soldados. ¡Waaaaaaah! En medio del caos, el hombre aprovechó la oportunidad para huir. "¡No creas que puedes escapar!" bramó el caballero, saltando a la acción. El hombre cayó de rodillas y colocó ambas manos en el suelo, invocando su poder. "¡Levántense! ¡Espíritus de las tinieblas!" Tres zarcillos más de sombra brotaron de la tierra, transformándose en nuevos espíritus. El caballero ajustó su agarre de su espada mientras las figuras espectrales cargaban desde todas las direcciones. "Entonces, ¿Todavía te queda tanto poder?" La hoja de su espada larga comenzó a brillar, irradiando energía divina mientras se balanceaba. "¡Hyaaaah!" Los golpes del guerrero atravesaron los espíritus sin esfuerzo. Como sirviente de Latiel, Diosa del Sol, el guerrero sagrado ejercía poderes que contrarrestaban directamente la nigromancia. Le tomó solo diez segundos destruir a los tres espectros. Pero ese fue tiempo más que suficiente para que el hombre desapareciera en las profundidades del bosque. Al ver a su presa desaparecer en la oscuridad, el guerrero sagrado apretó los dientes con frustración. "¡Hmph! ¡Ese vil nigromante no llegará muy lejos!" \*\*\* Fred, el nigromante, apretó los dientes mientras corría frenéticamente por los sinuosos senderos de la montaña. "Malditos sean esos perros de la diosa..." Solo seis meses antes, Fred había sido un humilde trabajador que se ganaba la vida miserablemente en los callejones de Ciudad de Derath, un centro comercial del norte en el dominio del Conde Chad. La vida no había sido más que trabajo y desesperación. Llevar cargas pesadas todo el día no le valía más que monedas de bolsillo. Sus comidas consistían en sobras toscas, y su cama era poco más que una choza que ni siquiera sería suficiente para un establo. El único consuelo en su sombría vida era ahogarse en licor barato y mordaz para adormecer sus sentidos. Esa noche, como tantas otras, Fred yacía borracho en un callejón, tendido en el suelo. "Maldito sea este mundo sucio..." ¿Por qué los nobles fueron bendecidos al nacer en familias ricas? ¿Por qué pudieron vivir vidas cómodas mientras él se revolcaba en esta miseria? "Tal vez debería terminar con todo..." Mientras sus labios dejaban escapar el estribillo de su desesperación, su mirada se elevó hacia el cielo nocturno sin estrellas. La oscuridad en el callejón se expandió y lo envolvió por completo. Las sombras se enroscaron alrededor de su cuerpo y se filtraron en él, llenándolo hasta la médula. "¡¿Qué es esto?!" Al principio, el terror lo abrumó. Pero no duró mucho. No porque la situación se volviera menos aterradora, sino porque la emoción misma, el miedo, comenzó a desvanecerse, como si se la estuvieran quitando. Se sintió insensible a la emoción. Luego vino la realización. "Esto... Esto es..." Era poder. Era pura autoridad, sombra y muerte. Nadie necesitaba explicárselo. Lo entendió instintivamente. Esta fue la misma fuerza que las religiones del mundo denunciaron con voces elevadas: el poder apocalíptico predicho en la Profecía de la Perdición. "Aah..." El cuerpo de Fred se puso rígido como un cadáver mientras dejaba escapar un gemido tembloroso. La sabiduría de la oscuridad se filtró directamente en su alma, susurrando la verdad sin palabras y exigiendo una elección. Si lo rechazaba, las sombras se irían y su vida volvería a su miserable normalidad. Si lo abrazaba, obtendría este poder, pero a costa de abandonar el camino de la humanidad. Elegir. Elegir. Elegir... ¿Abandonar a la humanidad? Fred se burló. ¿Cuándo me trataron como humano en primer lugar? La decisión fue demasiado fácil. Sin dudarlo, Fred abrazó la oscuridad. Ganó poder y, con él, una comprensión innata de cómo ejercerlo. El método fue sorprendentemente simple. Simplemente necesitaba desearlo desesperadamente, y la oscuridad se manifestaría en espíritus, espectros malévolos que obedecían su voluntad. El primer acto de Fred fue enviar a esos espectros tras el capataz del gremio de la construcción que lo había maltratado durante años. Lo mató. Luego, los volvió contra los gánsteres que lo habían acosado en los callejones. Curiosamente, no sintió miedo de matar. Su única preocupación era si lo atraparían. Afortunadamente, no lo hizo. Los espectros atacaron silenciosamente, robando vidas sin dejar rastro. Nadie sospechó de Fred por los asesinatos. Sus asesinatos gradualmente se volvieron más audaces. Irrumpió en las casas de los ricos, masacrando a familias enteras. Robó sus objetos de valor y despilfarró su nueva riqueza en burdeles, entregándose a todos los vicios y lujos. Cualquiera con una pizca de sentido común se habría dado cuenta de que ese estilo de vida no podía durar. Incluso si su identidad permaneciera oculta al principio, la creciente serie de asesinatos no pasaría desapercibida para siempre. Las siete iglesias ya estaban monitoreando anomalías en todo el continente, preparándose para las calamidades predichas por la Profecía de la Perdición. Pero Fred estaba demasiado intoxicado por sus nuevos placeres para pensar en el futuro. Inevitablemente, la Iglesia del Sol envió inquisidores a la ciudad de Derath. Los sacerdotes identificaron rápidamente la verdadera naturaleza de Fred y comenzaron una búsqueda implacable. Los espectros malévolos que tan fácilmente habían tomado la vida de la gente común demostraron ser impotentes contra aquellos bendecidos con la protección divina. Enfrentado a caballeros y soldados fortificados por el poder divino, Fred no pudo hacer más que huir, aferrándose desesperadamente a su vida. Huyó hacia el norte, dejando atrás las tierras del Conde Chad, constantemente huyendo. La vida del fugitivo fue despiadada. Fred soportó noches heladas y un hambre implacable mientras vagaba por el desierto como una bestia. Sin embargo, nunca se arrepintió de haber elegido la oscuridad. Solo sintió amargura. "¿Por qué mi vida ha llegado a esto...?" Escondido en los arbustos, Fred se mordió las uñas, su mirada salvaje. "Maldita sea, si tan solo tuviera más poder..." Ni una sola vez reflexionó sobre sus crímenes. En su mente, su difícil situación no era la consecuencia de sus acciones, sino el resultado de su propia debilidad. Si tan solo tuviera la fuerza para aniquilar a sus perseguidores, no tendría que sufrir así. "Necesito hacerme más fuerte..." En las sombras del bosque, una sonrisa retorcida se extendió por el rostro de Fred. "Sí, todo lo que necesito hacer es escapar de esto por ahora". Si podía sobrevivir a este momento, podría matar más, ganar más poder y, finalmente, ejercer una oscuridad abrumadora capaz de acabar con cualquiera en su camino. "Solo espera. ¡Cuando llegue el momento, los mataré a todos!" Incluso acorralado, Fred todavía estaba intoxicado por el encanto del poder. \*\*\* Un escuadrón de soldados esperaba en un estrecho sendero de montaña que conducía a los páramos al norte de las montañas Zeden. Yacían en secreto, escondidos junto al sendero. Estos eran miembros del equipo de persecución enviado desde la Iglesia de Latiel. Permanecieron en silencio y en posición, sin antorchas ni ninguna fuente de luz. Su respiración era débil en el aire tranquilo de la noche. Después de una larga y tensa espera, un sacerdote de mediana edad de unos cuarenta años se volvió hacia su compañero. Era el jefe del equipo de persecución, Priest Rosso. Habló en voz baja: "¿Estás seguro de que vendrá por aquí?" Un soldado de la Baronía Zestrad, asignado como su guía, asintió con una expresión seria. "Es muy probable. Hay muy pocos caminos transitables para un humano en las Montañas Zeden". Y, efectivamente, débiles pasos comenzaron a resonar desde el otro lado del sendero. Momentos después, una sombra emergió bajo la pálida luz de la luna: un hombre con ropas andrajosas y sucias, su apariencia desgastada y demacrada por un largo y arduo vuelo. El hombre miró a su alrededor con nerviosismo mientras continuaba corriendo por el sendero, ajeno a la trampa que lo esperaba. ¡Ahora! En el momento en que se puso en medio de ellos, Rosso hizo una señal al mago del escuadrón. El mago levantó ambas manos y cantó. "¡Revela todo a tu alrededor, Luz Lumis!" Una esfera de luz estalló, iluminando el área con un resplandor cegador. ¡Flash! "¿Eh?" Fred se protegió los ojos mientras se tambaleaba hacia atrás sorprendido. El escuadrón aprovechó la oportunidad y comenzó a moverse, formando un estrecho cerco alrededor de su presa. Fred bajó las manos y rápidamente examinó la situación, maldiciendo en voz baja. "¡Maldita sea! ¿Fue una trampa?" Rosso sonrió con satisfacción mientras observaba el pánico del hombre. "De hecho, un sola guía local vale más que cien mapas". El cerco se estrechó gradualmente, bloqueando metódicamente cualquier vía de escape para el nigromante. El equipo de persecución no tenía prisa y estaban decididos a no dejar huecos en su red. Fred miró a sus perseguidores antes de gritar repentinamente con rabia: "¡¿Crees que puedes capturarme?!" Las venas de su rostro se hincharon, de color rojo oscuro y grotesco. "¡Ejerzo el gran poder de la oscuridad!" Aunque nunca había estudiado formalmente nigromancia ni aprendido encantamientos adecuados, Fred no los necesitaba. No sabía nada de hechizos, pero sabía cómo invocar poder. Apretando los dientes, obligó a la oscuridad dentro de él a surgir. "¡Aaaaargh!" Las sombras a su alrededor se encendieron y se retorcieron en la forma de numerosos espíritus oscuros. Salieron casi veinte, un claro esfuerzo desesperado de Fred. "¡Ve, mi espíritu! ¡Mátalos a todos!" Los soldados, sin embargo, permanecieron imperturbables. "¡Ja! ¡Tu lucha es inútil!" "¡No funcionará!" "¡Todos, saquen sus talismanes!" Después de su entrenamiento, rápidamente se pusieron en formación mientras preparaban sus defensas. Golpearon con armas bendecidas por sacerdotes, cortando y derrotando a los espíritus que se acercaban con precisión. "¡No, no...!" Fred tembló de miedo cuando uno por uno, sus espíritus convocados se disiparon en la nada. ¡Shrieeek! ¡Aaaargh! Los gritos inquietantes de los espíritus resonaron cuando Fred apretó los dientes. Si esto continuaba, perdería. Si esto continuaba, sería capturado y sentenciado a quemarse en la hoguera. ¡No dejaré que eso suceda! De repente, los ojos de Fred se pusieron en blanco, dejando solo el blanco visible. Un resplandor carmesí brotó de las cuencas antes de extenderse en un resplandor siniestro. "¡Aaaaaah!" Debajo de él, una figura translúcida comenzó a elevarse. La forma parpadeante de un espectro fantasmal emergió, su cuerpo pálido y parpadeante arrastrando una capa andrajosa y sombría. Un grito desgarrador brotó de sus fauces. ¡Shrieeeeeek! Rosso, que había estado observando la batalla con confianza, sintió que su expresión se endurecía en un instante. ¡Eso es...! La aparición gris arrasó entre las filas de soldados. Su mera aura hizo explotar todos los talismanes de Latiel a su paso. "¡¿Qué?!" "¡Nuestro talismán!" El fantasma se lanzó entre las tropas, emitiendo un ruido espeluznante y sibilante como el deslizamiento de una serpiente. Uno por uno, los soldados comenzaron a colapsar. "¡Ugh!" "¡Aaaaaah!" Los sacerdotes observaron horrorizados. No importa cuánto poder divino desataran, no podían obligar al poder del espectro a disiparse. "¡Es un espectro!" "¡Imposible! ¡No pensé que fuera un nigromante de alto nivel capaz de convocar a tal espíritu!" \*\*\* Dos figuras observaban cómo se desarrollaba la batalla en una cresta con vista al camino de la montaña. Eran Karnak y Varos, escondidos en las sombras. "Bueno, míralo arrasando", murmuró Karnak, su tono goteaba desdén, en marcado contraste con las expresiones de asombro de los sacerdotes. ¿Un nigromante de alto nivel capaz de invocar espectros? ¿Quién? ¿Él? Se burló. "Ese tipo ni siquiera sabe nada sobre nigromancia". Un nigromante competente habría convocado a un espectro de manera eficiente a través de encantamientos y rituales precisos. ¿Pero este? Apenas había logrado reunir el poder oscuro necesario para convocar a una sola criatura, e incluso eso se había hecho de la manera más cruda imaginable. "Bueno, supongo que es por eso que la nigromancia es tan atractiva. Es un atajo fácil hacia el poder". Un mago no podía lanzar un solo hechizo sin cantos precisos y el dominio de su maná. ¿Verter energía mágica cruda al azar? Todo lo que haría era dejar al lanzador exhausto sin nada que mostrar. La magia requería conocimiento y sabiduría. La nigromancia, sin embargo, era diferente. Incluso un bruto ignorante podría producir resultados si vierte suficiente energía necrótica en él con pura determinación, aunque con una eficiencia terrible. Sin embargo, el espectro convocado en sí no era diferente de cualquier otro. No importaba si un tonto inexperto gastaba imprudentemente grandes cantidades de energía para invocarlo o si un maestro nigromante seguía las reglas con precisión y eficiencia, la invocación resultante era esencialmente la misma. Entonces, en términos de poder necrótico en bruto, ¿Es realmente más fuerte que yo? Junto a él, Varos preguntó con cautela. "¿Qué harás, joven maestro? Parece que lo han visto antes de que pudiéramos actuar". "Mmm. Tal vez contratamos guías que eran demasiado competentes". Originalmente, el plan había sido moverse silenciosamente y asegurar al nigromante antes de que los sacerdotes de Latiel pudieran hacerlo. Pero los soldados de Zestrad que les había guiado habían sido demasiado competentes. Habían tendido la trampa perfecta y atrajeron con éxito al nigromante. "Si lo capturan tal como está, ¿No será eso un problema?" "No es lo ideal, pero tampoco es necesariamente un problema". ¿Si el nigromante fuera tomado por la iglesia? Karnak podría usar la autoridad del señor para asegurar una breve ventana para el interrogatorio. ¿Si la iglesia secuestrara al nigromante? Karnak podría usar la autoridad del señor para asegurar un breve periodo de interrogatorio. No importa lo que sucediera, siempre había una manera de adaptarse. Aún así, la solución más simple sería capturar al nigromante ellos mismos e interrogarlo tranquilamente en un lugar seguro. Un momento después, los ojos de Varos brillaron. "¿Oh? Está corriendo. Supongo que incluso un espectro es suficiente para retrasar a los sacerdotes a ese nivel". A lo lejos, se podía ver a Fred huyendo hacia el lado opuesto de la carretera después de desatar al espectro en el caos. "Esto se ha vuelto más fácil". Karnak hizo un gesto con la barbilla. "Vamos a movernos"
Karnat, Monarca De La Muerte (Novela)

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Estás leyendo el capítulo 17 de Karnat, Monarca De La Muerte (Novela), un novela. Yo era el gobernante de la muerte. Sin embargo, me llevó un siglo comprender una verdad: para vivir verdaderamente como humano, jamás puedes intentar gobernar tales cosas Este capítulo tiene publicado el 4 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Segador. Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) tiene 416 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.