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Leer Inmortalidad Involuntaria (Novela) Capítulo 386 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"¡Boom!" Una explosión atronadora resonó desde la lejana cima de la montaña mientras innumerables rocas y escombros estallaban en el aire. Tras una inspección más detallada, lo que parecían simples escombros eran en realidad enormes rocas, muchas de ellas más grandes que una persona. En medio de esta tormenta de arena y polvo masivos, una roca colosal se precipitó por los aires a una velocidad alarmante. El tamaño de la roca era incalculable. Viajaba tan rápido que era imposible examinarlo de cerca. Lo único que se pudo discernir fue que, en cuanto despegó, oscureció el cielo como una nube gigantesca, proyectando una enorme sombra sobre el suelo. Su enorme tamaño provocó que se fragmentara en pleno vuelo, esparciendo trozos de escombros. Sin embargo, incluso estos fragmentos, al caer al suelo, eran lo suficientemente grandes como para aplastar bueyes y elefantes hasta convertirlos en pulpa. Cada pedazo roto tenía el tamaño de una casa. En un abrir y cerrar de ojos, la roca llegó hasta el taoísta. Aunque ya se había reducido significativamente durante su vuelo, seguía siendo inimaginablemente enorme, fácilmente más grande que el salón principal de un palacio imperial. De repente, una mano gigantesca emergió del propio monte Ye, como si hubiera surgido de la roca y la tierra de la montaña. Sus cinco dedos se extendieron y sujetaron con firmeza la colosal roca. "¡Boom!" Un sonido ensordecedor, como si las montañas se derrumbaran y la tierra se partiera, llenó el aire. Sin embargo, la enorme mano permaneció completamente firme, inquebrantable ante el inmenso impacto. La enorme roca no causó el menor daño al taoísta que se encontraba debajo. A lo sumo, las ráfagas de viento resultantes, cargadas de polvo y escombros, apenas agitaron su túnica y le despeinaron el cabello. Fragmentos del peñasco, desprendido en pleno vuelo, pasaron junto a la enorme mano y se estrellaron contra las montañas circundantes. Algunos cayeron cerca, mientras que otros viajaron más lejos, creando una cacofonía de impactos. Cada estruendo parecía capaz de resonar a diez li de distancia, sumiendo al ejército de Longwei, apostado en las afueras, en un estado de temor y confusión. Mientras tanto, detrás del taoísta, un gigantesco dragón de los pantanos cargó hacia adelante. La enorme forma de la criatura era una auténtica reliquia de bestias ancestrales, capaz de demoler puentes con facilidad y engullir palacios enteros. Montañas y bosques no eran más que senderos irregulares ante su fuerza. Sin embargo, a pesar de su tamaño, su velocidad era asombrosamente rápida. El taoísta ni siquiera miró atrás. Simplemente levantó una mano y saludó con la mano hacia atrás. Sus cinco dedos se abrieron ampliamente. En la palma de su mano, una brillante perla de fuego resplandecía como un sol en miniatura, condensada a partir de llamas furiosas y que irradiaba una luz intensa y cegadora. “¡Zas!” La perla de fuego salió disparada hacia el dragón del pantano que cargaba, surcando el aire como una fina línea de luz dorada. "¡Roar!" En el momento en que las llamas tocaron al dragón del pantano, se propagaron desde un solo punto hasta convertirse en una superficie llameante, envolviendo rápidamente más de la mitad de su cuerpo montañoso en un abrir y cerrar de ojos. Un rugido ensordecedor resonó en el aire. Las llamas no eran calientes, ni su energía espiritual particularmente agresiva; ni siquiera podían penetrar la piel acorazada del dragón del pantano. Sin embargo, parecían ignorar por completo su carne, abrasando su alma misma. El dragón del pantano se desplomó inmediatamente, agitándose violentamente. Con cada movimiento, los árboles secos de la montaña, por muy altos que fueran, quedaban aplastados en un instante. Incluso las rocas más grandes salían volando sin esfuerzo con solo rozarlas con su cola. Gruesas capas de tierra, de varios zhang de profundidad, fueron rápidamente arrancadas por el enorme cuerpo de la bestia, dejando al descubierto la roca madre que formaba los cimientos del monte Ye. Sin embargo, incluso esa roca comenzó a agrietarse, como si los deslizamientos de tierra y los terremotos fueran meras nimiedades ante un demonio tan antiguo. El dragón del pantano rodó y se retorció, provocando violentas ráfagas de viento. El polvo y la arena se elevaron en el aire, oscureciendo la visión del taoísta. Pero esto no era más que una prueba del dragón del pantano. El taoísta se mantuvo firme, apoyándose ligeramente en su bastón, enfrentando el vendaval de frente. El dragón del pantano seguía agitándose, sus rugidos resonando sin cesar. Sin embargo, el taoísta parecía ajeno al caos, como si fuera sordo al estruendo y ajeno a la tormenta. En un momento de ensueño, afloraron recuerdos a su mente” Recordó sus primeros días en Changjing. El Preceptor del Estado lo había visitado una vez, hablando de su maestro, y suspiró: "¿Quién en este mundo no envejece?". Más tarde ese mismo año, a principios de otoño, remó por el río. Frente a él, en la mesa, se sentaba una demonio zorro, elegante y serena. Ella lo miró fijamente y preguntó, perpleja: "¿Qué podría llevar a alguien a renunciar a la inmortalidad?". Y el mes pasado, aquí mismo en el Monte Ye, volvió a enfrentarse al Preceptor del Estado. El hombre, antaño lleno de vitalidad, ahora anciano y cansado, comentó con la mirada cargada de emoción: “No has cambiado nada, compañero taoísta...” En efecto, la inmortalidad ejercía un atractivo irresistible. Tras reflexionar, Song You se dio cuenta de que las señales habían estado por todas partes, dispersas como hilos de telaraña. “Que se calmen las aguas “murmuró. Alzando su bastón de bambú, hizo un leve saludo con la mano. Las nubes arremolinadas de polvo y arena que habían oscurecido su visión cayeron instantáneamente al suelo, como atraídas por una fuerza invisible, dejando el mundo despejado y sereno una vez más. El dragón del pantano, con su enorme figura ahora cubierta de tierra que se adhería a cada grieta y pliegue de sus escamas acorazadas, comenzó a emitir humo gris. El humo extinguió las llamas que habían abrasado su cuerpo, y la bestia se quedó inmóvil. Con un pesado movimiento, se dejó caer sobre su vientre, descansando en el suelo. Inclinó ligeramente la cabeza y sus fríos e implacables ojos se clavaron en Song You. “¿Duele? “preguntó Song You, sosteniendo la mirada del dragón del pantano. “Ese es el dolor que sienten las almas de la montaña. “Roar...” El dragón del pantano dejó escapar un rugido ensordecedor. Su voz era profunda y resonante, vibrando en el aire en una onda continua, semejante al rugido de un león, al grito de un dragón y al temblor de la tierra, todo a la vez. Song You desvió la mirada y se volvió hacia los otros demonios. El viejo dragón del pantano, con el cuerpo cubierto de cicatrices, permanecía inmóvil, emitiendo un leve gruñido. Con un ojo ciego, fijó el que le quedaba en el demonio zorro que estaba cerca. Los dos rinocerontes blancos se transformaron repentinamente. Uno recuperó por completo su forma original: un rinoceronte colosal, descomunal, cuyo tamaño desbordaba imaginación. El otro se transformó en un gigante imponente, con el cuerpo cubierto de músculos densos y la piel pálida como piedra pulida. Su figura colosal emanaba un aura de poder primigenio, similar a la de un gran demonio o un dios de la mitología antigua. Si los mortales comunes y corrientes los presenciaran, seguramente creerían que se han topado con un mito viviente. La demonio zorro, sin prisa, guardó con cuidado su antiguo qin y la preciada cola cercenada del ancestro. Solo entonces se puso de pie. "¡Boom!" Uno de los dragones del pantano exhaló hacia el cielo. El humo negro que liberó era más grande que un tornado, perforando los cielos y extendiéndose por las nubes. En un instante, todo el paisaje se transformó, como si se hubiera convertido en un campo de batalla de deidades y demonios primigenios. Otro dragón de pantano, aunque tendido en el suelo, temblaba violentamente. Su energía espiritual emanaba de su enorme forma, ondulando como olas. Cada onda hacía temblar la tierra, lanzaba piedras por los aires y obligaba a personas y bestias a luchar por mantenerse en pie. Un tercer dragón de los pantanos, envuelto en una espesa humareda negra, cargó contra Song You como un dragón feroz. Pero los dos rinocerontes blancos fueron aún más rápidos. * * * A doscientos li de distancia, en el condado de Yinnan... En una casa de té, los invitados disfrutaban del té; su conversación era animada y llena de risas. Un anciano de larga barba charlaba con un viejo amigo. La conversación alcanzó un punto álgido, dejándole la boca seca de la emoción. Sintiendo una inmensa dicha por la vida, tomó su taza de té, pero intuyó que algo no iba bien. Una leve nube de polvo descendió desde arriba. Cayó justo en su taza de té. "¿Mmm?" El anciano miró su taza de té y luego levantó la cabeza para mirar al techo. Sobre él había una viga de madera, claramente descuidada y que necesitaba urgentemente una limpieza. Justo cuando inclinó la cabeza hacia arriba, cayó más polvo, impactando directamente en su ojo. “¡Ah!” Bajó la cabeza rápidamente, frotándose el ojo con furia, luego se enderezó y gritó: "¡Tendero!" Antes de que pudiera terminar, un sonido de traqueteo llenó el aire. El anciano se detuvo, apartó la mano del ojo y se volvió para mirar. Para su asombro, todas las tazas de té de la casa de té habían comenzado a temblar ligeramente sobre las mesas. Dentro de las tazas, el té se ondulaba, con diminutas gotas que rebotaban en la superficie. Las tazas y el agua seguían agitándose, y el movimiento se volvía cada vez más violento. "¡Bang!" Una taza se volcó, derramando su contenido sobre la mesa y el suelo. Los clientes estaban completamente desconcertados, intercambiando miradas confusas. El anciano, sin embargo, se quedó paralizado un instante, y luego gritó una frase desconocida para muchos lugareños: “¡Hay un terremoto! ¡Hay un terremoto!”. El anciano fue el primero en salir corriendo. Los demás le siguieron rápidamente. * * * Junto al río Yin, un tenue canto resonaba entre las montañas. Un pescador, ataviado con un impermeable de paja y un sombrero cónico, estaba de pie en la orilla del río. Tras él se extendía un estrecho barranco de montaña, mientras que frente a él se desplegaban las tranquilas aguas del río Yin, de un verde jade y de una profundidad insondable, reflejando el cielo y las nubes. El pescador sostenía una red de pesca en la mano. Con un movimiento lateral, la lanzó. La red se elevó en el aire, formando un círculo perfecto antes de descender al agua. Las ondas y gotas que creó perturbaron solo una pequeña área de la superficie del río. Pero de repente, inexplicablemente, todo el río pareció cobrar vida. El agua comenzó a burbujear violentamente desde abajo, e innumerables gotitas diminutas saltaron al aire. Los peces, sobresaltados, saltaron del agua en grandes cantidades. En un abrir y cerrar de ojos, el antes tranquilo y sin viento río Yin estalló en un frenesí de movimiento y ruido que nunca antes había conocido. El pescador se quedó paralizado, atónito ante el repentino caos. “¡Zas!” Una enorme onda se extendió por el agua. La onda expansiva fue enorme, comenzando cerca y irradiando rápidamente hacia afuera. El pescador, alarmado, retrocedió dos pasos. “¡Zas!” Otra onda se extendió por el agua, igual que la primera. Se parecía al efecto de alguien golpeando con fuerza la superficie de un recipiente lleno de agua; solo que el río Yin no era un recipiente pequeño, y esta onda era enorme y se movía con una velocidad asombrosa. En un abrir y cerrar de ojos, viajó de un extremo visible del río al otro. “¡Zas!” Le siguió otra onda expansiva. El intervalo fue prácticamente idéntico. Una fuerza invisible parecía palpitar rítmicamente, enviando ola tras ola a través del río. El agua impetuosa se estrellaba contra las orillas, derribando hierba y árboles antes de retroceder lentamente hacia el río. El pescador no se atrevió a demorarse más. Se dio la vuelta y echó a correr. Mientras corría, echó un vistazo por encima del hombro” Las aguas del río Yin, como si respondieran a una llamada invisible, fluían fuera del lecho del río, impulsándose hacia el barranco entre las dos montañas que se encontraban detrás de él. Se decía que este barranco formaba parte del antiguo curso del río Yin, que antaño fluía hasta la comandancia de Zi, pasando por el condado de Yinnan antes de entrar en Yaozhou. Siglos atrás, el curso del río se alteró cuando su dios, corrompido y negligente, lo obligó a cambiar de dirección. Ahora, las olas rugían y se alzaban, formando capa tras capa de crestas blancas. El río volvía a su antiguo curso, precipitándose hacia la Comandancia de Zi y el Condado de Yinnan. * * * Alrededor del Monte Ye... El ejército de Longwei, estacionado alrededor del monte Ye, había notado desde hacía tiempo la extraña conmoción que provenía de la montaña. Una creciente sensación de temor e inquietud los invadió mientras dirigían la mirada hacia ella. Sin embargo, sin órdenes oficiales, no se atrevían a retirarse por su cuenta. La situación se volvió cada vez más alarmante, con perturbaciones que se asemejaban a un dragón de tierra volteándose[1] o al colapso de la montaña misma. Ya estuvieran apostados en el campamento principal o vigilando los puestos de avanzada en la cima de la montaña, la ansiedad de los soldados aumentaba. Al principio, pensaron que el fenómeno podría ser parte de algún ritual extraordinario realizado por el Preceptor del Estado, que no era un hombre común. Pero pronto, los temblores se volvieron tan intensos que incluso mantenerse en pie resultaba difícil. Quienes se encontraban en el campamento podían al menos intentar informar de la situación a sus superiores, pero los apostados en las torres de vigilancia y las plataformas de balizas estaban completamente desconcertados. “¡Aletea, aletea, aletea…!” En medio de las frenéticas discusiones y el pánico en una de las torres de vigilancia, una golondrina apareció de repente. Se mantuvo suspendida en el aire, justo afuera del puesto de observación, y se dirigió a los soldados que estaban dentro: “Soy una golondrina de Anqing, descendiente del Inmortal Golondrina. Mi maestro, Song You, venció a los demonios del norte. Por orden de mi maestro: el Monte Ye está infestado de reyes demonio que siembran el caos. ¡Todos los mortales deben retirarse de inmediato! ¡Márchense ya!”. En el campamento principal, abajo, reinaba el caos mientras los soldados corrían de un lado a otro presas del pánico. Momentos antes, una enorme roca se había desprendido de la montaña, aplastando la tienda de mando central. Nadie sabía cómo reaccionar. “¡Zas!” De repente, una llamarada estalló en el cielo. "¡¡Oh!!" Todos los soldados retrocedieron conmocionados, agachándose instintivamente en posición defensiva mientras se giraban para ver la fuente del problema. Sobre una tienda de campaña había un gato. La gata se dirigió con calma a los soldados de abajo, transmitiéndoles un mensaje basado en el anuncio previo de la Golondrina: “Soy Lady Calico, la Diosa Gata. Una vez acompañé a mi amo al Monte Ye. Mi amo, Song You, venció a los demonios del norte. Por decreto de mi amo: el Monte Ye está infestado de reyes demonios que siembran el caos. ¡Todos los mortales deben retirarse de inmediato! ¡Márchense ya! ¡Si desean sobrevivir, márchense inmediatamente, sin demora!”. Aunque su voz era suave y delicada, era evidente que estaba gritando tan fuerte como podía. Tras dar su advertencia, la gata se giró y saltó con gracia, desapareciendo en la distancia. La golondrina, dividiéndose en miles de individuos, llevó la advertencia a los puestos de avanzada más lejanos, mientras que el gato, rápido y ágil, la transmitió a las zonas cercanas. Juntos, lograron que la orden de evacuación llegara rápidamente a todo el Ejército Longwei estacionado alrededor del monte Ye. Los soldados vacilaron durante un largo rato antes de finalmente retirarse. Al retirarse de la montaña, algunos llegaron a la cima y, incapaces de resistir la conmoción que se había producido a sus espaldas, se volvieron para echar un vistazo” Un tornado de humo negro ascendía en espiral, desgarrando los cielos y oscureciendo el firmamento. Un rinoceronte colosal, tan enorme como una montaña, arremetió con una fuerza descomunal. Bajó la cabeza en silencio y, con un brutal embate de su cuerno, arrasó la cima del monte Ye. El polvo y los escombros se elevaron por los aires como en una erupción. Un gigante blanco, más alto que las cumbres, reunió fuerzas y blandió un puño resplandeciente. Sus ojos irradiaban luz blanca, evocando la imagen de un titán mítico que perseguía al sol. Cuando su puño golpeó la montaña, la tierra tembló violentamente. Un dragón, con la boca abierta y rebosante de amenaza, envuelto en un denso humo negro, se retorcía y serpenteaba por el aire, mordiendo la ladera de la montaña con una fuerza feroz. Todo el monte Ye se estaba derrumbando rápidamente. Innumerables soldados quedaron paralizados por el asombro, abrumados por la magnitud de la destrucción. Algunos quedaron paralizados ante la escena. Cuando por fin recobraron el sentido y comenzaron a huir, tropezaron y cayeron repetidamente. En su frenética huida, abandonaron cascos y armas. Sin embargo, incluso mientras escapaban a toda prisa, no podían evitar mirar hacia atrás una y otra vez, con los ojos desorbitados por el terror. 1. “El dragón de tierra se vuelca” es un término que se usa a menudo para describir desastres naturales, específicamente terremotos. El dragón de tierra es una poderosa criatura mítica del antiguo folclore chino, con muchos tipos diferentes que existen en diversas leyendas, uno de los cuales es el propio dragón de tierra. ☜

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Inmortalidad Involuntaria (Novela) Capítulo 386

Estás leyendo el capítulo 386 de Inmortalidad Involuntaria (Novela), un novela. No soy más que un viajero en tierra extranjera, sin deseos de convertirme en inmortal. Después de cultivar el Daoísmo en las profundas montañas durante veinte años, el Maestro envió a Song You montaña abajo para ser… Este capítulo tiene publicado el 19 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Inmortalidad Involuntaria (Novela) tiene 720 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.