Leer Inmortalidad Involuntaria (Novela) Capítulo 251 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El primer día del Año Nuevo Lunar, llegó el momento del culto anual a la deidad en el condado de Hansu.
Hezhou fue en su día una importante región productora de cereales con una alta densidad de población. Hansu era un extenso condado situado cerca de las llanuras de He, con al menos 200.000 habitantes en el pasado.
Se decía que solo en la ciudad había entre 20.000 y 30.000 personas. Pero con el tiempo, las guerras y los demonios causaron estragos, y se perdieron muchas vidas. Precisamente por esto, la gente llegó a comprender el terror de los demonios.
Así pues, cuando se construyeron los Templos de la Nieve, cada año, el primer día del Año Nuevo Lunar y el sexto día del sexto mes lunar, casi todos los ciudadanos de Hansu que aún gozaban de buena salud se reunían en los templos situados al borde de las Llanuras Nevadas para ofrecer sus oraciones. Muchos llevaban cestas o varas al hombro llenas de incienso, deteniéndose en cada templo sin faltar a ninguno.
En aquel entonces, los templos estaban envueltos en nubes de humo de incienso, y los fieles formaban una línea continua a lo largo del límite de las Llanuras Nevadas. A veces, largas colas se extendían frente a las puertas de los templos.
La capital del condado se convirtió en un pueblo fantasma y las aldeas quedaron desiertas. Cualquier magistrado de condado recién nombrado que presenciara esta escena quedaba invariablemente impresionado.
Incluso en los últimos dos años, con las sequías asolando Hezhou, la determinación de la gente de ofrecer incienso se mantuvo firme. Sin embargo, tras la reciente plaga, la situación fue distinta. Muchos habían fallecido y el condado de Hansu seguía confinado, con un estricto control sobre quién podía entrar o salir.
Si bien la ciudad quedó aislada, las aldeas no.
En medio de la vasta extensión, figuras negras dispersas aún salpicaban el paisaje. Iban abrigadas con ropas gruesas, cubriéndose la nariz y la boca, desafiando el viento y la nieve.
El pueblo más cercano al límite de las Llanuras Nevadas, donde el taoísta había pasado la noche en el templo, se encontraba a unos veinte li de distancia. Al amanecer, una mujer partió con su hijo, llevando una cesta llena de incienso de paja. Tardó más de una hora en llegar al Templo de la Nieve.
La nieve era demasiado profunda y el viento demasiado fuerte.
La mujer caminaba de frente contra el viento; el niño, débil y pequeño, tropezaba a cada paso, a veces empujado fuera del camino por una ráfaga repentina.
Tal vez fue una señal de la misericordia divina, pues a medida que se acercaban, el viento y la nieve parecieron amainar un poco.
"Mamá."
“No hables demasiado.”
“¿Por qué hay tan poca gente este año?”
“Este año hay una plaga.”
“¿Murió todo el mundo?”
“…” La mujer no respondió directamente. En cambio, dijo: “Cuanta menos gente, mejor; menos posibilidades de contagio”.
“Pero el jefe de la aldea dijo que después de beber el agua divina enviada por la Señora de la Tierra, ya no nos enfermaremos”.
“Es mejor ser precavido.”
¡Aquí hay muchísima nieve!
Habla menos.
“¿Por qué venimos aquí a rezar? ¿Por qué no rezamos simplemente a la dueña de la casa?”
“Te dije que hablaras menos.”
"¿Pero por qué?"
“Porque aquí hay un demonio. Quiere salir y comerse a la gente, y además está propagando enfermedades. Solo gracias a los dioses celestiales, que construyeron templos aquí, el demonio no se atreve a salir. Ofrecemos incienso para que los dioses nos protejan del demonio y ayuden a que esta plaga termine pronto “explicó la mujer, jadeando.
Continuó: “Cuando volvamos, también iremos a rezar a la dueña de la casa”.
“¿Un demonio? ¿Dónde está?”
“Justo detrás de estos templos, en lo profundo de esas Llanuras Nevadas, muy adentro.”
“¿Qué aspecto tiene un dios?”
“Se parecen a las estatuas del templo.”
“Mamá, ¿alguna vez has visto a un dios?”
“No estoy seguro. A veces los dioses se disfrazan de personas, y ni siquiera te darías cuenta si te encontraras con uno.”
“¿Y si alguien se adentrara en las profundidades de las Llanuras Nevadas?”
“Serían devorados por el demonio...”
La mujer, jadeando, respondió pacientemente, sin olvidar advertirle: “Nunca debes entrar ahí…”.
Pero no se percató del niño que estaba a su lado, con sus grandes ojos oscuros fijos en el frente.
En la dirección en que miraba, un taoísta solitario caminaba con su bastón de bambú, adentrándose en el viento y la nieve arremolinados. Sus huellas se extendían desde la entrada del templo hasta las Llanuras Nevadas que se extendían tras él.
El niño señaló con un dedito en esa dirección.
“¿Eso es un dios?”
Solo entonces la mujer siguió su mirada. El viento y la nieve eran tan intensos que resultaba casi imposible ver con claridad.
La mujer se detuvo, atónita por un momento.
“¿Es un dios? “preguntó de nuevo el niño, con los ojos muy abiertos por la curiosidad.
"No sé..."
“¿Entonces es un demonio?”
¡No lo sé! ¡Deja de preguntar! ¡Cállate!
“Oh… “El niño no pudo evitar seguir mirando en esa dirección.
La figura se alejaba cada vez más, gradualmente oculta por la tormenta. Quizás los adultos ya no podían ver con claridad, pero los niños suelen tener una vista más aguda. Él aún podía distinguir la figura, que se resistía incluso a parpadear.
No sabía si era un dios. No sabía si era un demonio. Pero era algo que probablemente recordaría durante muchos años.
La madre tiró de su mano, y el niño, en silencio, aceleró el paso, siguiéndola hacia el pequeño templo que se encontraba delante.
Esta era la tradición del culto a la deidad de Hansu. Ni siquiera la peste pudo detenerla.
¿Qué antigüedad tenía esta tradición? Pues no mucha. El gran demonio había ocupado las Llanuras de He durante poco más de diez años.
Pero no subestimes esos diez años. Incluso para alguien que ahora está en la plenitud de su vida, diez años ya representan la mayor parte de su vida recordada. Y para los más jóvenes, siempre había sido así.
Cuando siempre había sido así desde la infancia, no se sentía diferente de algo que hubiera existido desde siempre.
Quizás algún día los demonios de las Llanuras de He sean vencidos, pero la gente seguirá esta tradición, viniendo aquí a adorar a los dioses. Cada año, el primer día del Año Nuevo y el sexto día del sexto mes lunar, la hilera de Templos de Nieve aún podría estar envuelta en nubes de humo de incienso.
Con un poco de suerte, esta práctica podría continuar, transmitiéndose de generación en generación, quizás perdurando durante cientos o incluso miles de años.
¿Quién iba a saber qué pensarían entonces las personas del futuro?
* * *
Una golondrina se deslizaba velozmente entre las nubes, a veces zambulléndose en la bruma, luchando contra la lluvia, y otras descendiendo en picado desde las nubes, elevándose libre y resistente a través del cielo cargado de viento y nieve. Abajo, la tierra era una vasta extensión blanca, plana e infinita.
En esta época del año no debería haber golondrinas. Era como si el mundo tuviera ojos que las observaban. Y la golondrina, a su vez, las miraba fijamente. Con un aleteo, se lanzó hacia las nubes.
Dio un giro brusco y luego se precipitó en picado como una flecha. El viento gélido y la nieve helada azotaron su cuerpo hasta que alcanzó el límite de las Llanuras Nevadas.
Allí, un taoísta estaba sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo nevado, con todo el cuerpo cubierto de nieve caída.
“¡Zas!”
La golondrina voló directamente hacia el pecho del taoísta y desapareció sin dejar rastro.
El viento helado aullaba sin cesar, su gemido nunca cesaba. Los copos de nieve eran incluso más grandes que plumas de ganso.
El taoísta abrió los ojos y se puso de pie. Apoyándose en su bastón de bambú, no dijo nada y partió hacia el norte, dirigiéndose directamente al corazón de las Llanuras Nevadas.
Tras caminar diez li, la nieve le llegaba a las rodillas. Tras veinte li, le subía hasta los muslos. Tras treinta li, sus pasos ya no dejaban huella en la nieve.
El mundo se fue convirtiendo poco a poco en una vasta extensión blanca, donde la frontera entre el cielo y la tierra se volvía indistinguible. Era difícil saber si caminaba sobre nieve o sobre nubes.
Siguió caminando, observando a su paso.
Se decía que el demonio de este lugar era el espíritu de las marismas que se extendían a lo largo de cien li. Corrompido por la sangre, los cadáveres, el resentimiento y los espíritus vengativos, se había convertido en un demonio. Más tarde, transformó las Llanuras de He en las Llanuras Nevadas. Cabría esperar que este lugar estuviera completamente desolado, pero a pesar de las nevadas constantes y el invierno perpetuo, aún existían criaturas vivientes en esta extensión nevada.
Por ejemplo, las pequeñas huellas en el suelo, o el ocasional pájaro que cruza el cielo.
De repente, el taoísta se detuvo, mirando hacia adelante.
Más adelante, la nieve se arremolinaba en el aire. La otrora ordenada hilera de álamos hacía tiempo que había muerto, dejando solo ramas desnudas y marchitas que señalaban el camino del antiguo sendero oficial. Frente a esta línea de árboles muertos, descansaban algunas grullas blancas.
Algunas se yerguen sobre una pierna, estirando sus elegantes figuras. Otras acicalan sus plumas, echando la cabeza hacia atrás. Unas pocas alzan la cabeza con orgullo, batiendo las alas como si fueran a emprender el vuelo. Fuera lo que fuese lo que hicieran, parecía una danza.
En la inmensidad nevada, el mundo entero era un lienzo blanco. Las grullas, juguetonas y danzantes, también estaban cubiertas en su mayoría de plumas blancas. Sin embargo, la hilera de troncos muertos destacaba oscura, como trazos de tinta sobre la nieve.
Las patas y los cuellos de las grullas también eran negros, y cuando extendían las alas, las puntas de sus plumas se volvían oscuras. Las únicas pinceladas de un negro intenso, como tinta, en aquel mundo blanco parecían fundirse a la perfección con la escena, espontáneas y vívidas.
En ese momento, fue como si una pintura a tinta realizada a mano alzada hubiera cobrado vida, transformándose en un paisaje realista.
“¿No es precioso?”, preguntó una voz familiar desde atrás.
Suave y delicada, con un toque de dulzura infantil.
Song Te volviste para mirar”
Tal vez el sonido del viento y la nieve era demasiado fuerte, pues no lo había notado antes. En cierto momento, aparecieron tras él unas pequeñas y delicadas huellas, como diminutos agujeros en la nieve.
Al final de las huellas había una gata calicó, estirando el cuello para contemplar la bandada de grullas blancas junto a los álamos.
Song. La miraste con calma.
“¿Miau? ¿Qué pasa?”
La gata ladeó la cabeza, encontrando su mirada.
“...”
Song You la miró en silencio durante un largo rato antes de apartar la vista. Siguió caminando hacia adelante, hablando con calma: “Vine aquí con la intención de someterte, pero vine abiertamente y con honor. Que me trates así... ¿me estás despreciando o simplemente eres arrogante e irrespetuosa?”.
“¡Zas…!”
Como si se hubiera dado cuenta de que no lo había engañado, la gata calicó se fundió con la nieve con una ráfaga de viento frío. El rastro de diminutas huellas también desapareció.
El taoísta continuó caminando.
Al pasar junto a la hilera de álamos y la bandada de grullas blancas, una de las grullas levantó una pata y extendió sus alas. Luego giró la cabeza hacia él y habló con voz humana, un sonido etéreo, casi un eco: “Según las costumbres humanas, ¿no debería usted decir primero su nombre?”.
“Jajaja…”
Las demás grullas blancas se sobresaltaron y, de inmediato, se lanzaron hacia adelante, extendiendo sus alas mientras corrían y emprendiendo el vuelo en fila. Una a una, se alejaron volando hacia la distancia, desapareciendo gradualmente en la vasta extensión nevada.
“Mi nombre es Song You, del condado de Lingquan en Yizhou.”
“¿Del Templo del Dragón Escondido?”
"Sí."
Song. Respondiste sin detenerte, continuando hacia adelante. Sus pasos no vacilaron, ni cambió de dirección, ni siquiera al pasar junto a la grúa.
La grulla, sin embargo, permaneció en su sitio. Giró la cabeza para seguir sus movimientos, mirándolo fijamente mientras hablaba: "¿Cuál es tu relación con el taoísta Duoxing?".
“...” Solo entonces Song You hizo una pausa y se giró para mirarlo.
“¿Has conocido a mi amo?”
“¿Así que ella es tu ama?”
"Sí."
¡Entonces debe ser el destino!
La grulla blanca extendió sus alas, cada una abarcando varios chi. Dio unos gráciles pasos hacia adelante antes de alzar el vuelo, dirigiéndose hacia la misma dirección que las grullas anteriores.
Su vuelo fue verdaderamente hermoso.
Song You apartó la mirada y siguió su camino. Caminó unos diez li más.
“...” Song. Te detuviste una vez más.
Ante él, se abría un abismo en las Llanuras Nevadas.
Era como si la tierra se hubiera partido, formando una grieta en la blanca extensión. La fisura se extendía desde el punto más lejano de su visión a la izquierda hasta el punto más lejano a la derecha, sin que se vislumbrara el final a ninguno de los dos lados. Mirando hacia abajo, el abismo era una caída vertical hacia la oscuridad, de profundidades insondables. Al mirar al otro lado, este se encontraba al menos a cien zhang de distancia, bloqueando su paso.
“...” Song You soltó una risita suave y dio un paso adelante.
Al llegar al borde, un paso en falso desprendió trozos de nieve y hielo, que cayeron al abismo sin que se oyera ningún sonido.
Sin embargo, el taoísta no vaciló. Miró al frente, con la misma expresión impasible. Dio un paso al aire como si caminara sobre tierra firme.
Cien zhang de ancho; se tardaría el tiempo que dura media taza de té en recorrerlo.
Por momentos, el viento y la nieve arreciaban, las ráfagas se alzaban bajo sus pies y, ocasionalmente, trozos de hielo caían desde el otro lado, cuyos ecos solo alcanzaban las profundidades mucho después, reverberando como una sacudida al alma.
A pesar de todo, el paso del taoísta se mantuvo firme, inalterable. Cruzó el abismo y se volvió para mirar.
¿Dónde estaba ahora el abismo sin fondo? No era más que las habituales Llanuras Nevadas.
Pero no hay que suponer que se trataba de una simple ilusión. Si lo fue, fue una ilusión excepcionalmente ingeniosa. Para quienes lograron ver a través de ella, reconociéndola como falsa y manteniendo una resolución inquebrantable, no sería más que un espejismo. Sin embargo, si el corazón de alguien flaqueaba lo más mínimo o albergaba la más pequeña duda, caería directamente a las profundidades.
Retiraste la mirada y seguiste adelante.
Un alce emergió de la tormenta, con el cuerpo fuerte y robusto. Sus astas parecían ramas secas, y la nieve se aferraba a ellas y a sus hombros. Poco a poco se acercó hasta caminar junto a Song You.
“¿Qué tipo de magia practicas? “preguntó el alce girando la cabeza con voz profunda y etérea.
“Lo descubrirás muy pronto.”
"¡Bang!"
De repente, se oyó un estruendo de cascos. El alce, sobresaltado, giró bruscamente y salió disparado hacia un lado, levantando una nube de nieve con sus cascos. En un instante, había corrido muy lejos, convirtiéndose en una diminuta mancha negra sobre la llanura nevada.
Song. Le echaste un vistazo rápido y luego continuaste adentrándote en las Llanuras Nevadas.
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Inmortalidad Involuntaria (Novela)
Capítulo 252
Inmortalidad Involuntaria (Novela) Capítulo 251
Estás leyendo el capítulo 251 de Inmortalidad Involuntaria (Novela), un novela. No soy más que un viajero en tierra extranjera, sin deseos de convertirme en inmortal. Después de cultivar el Daoísmo en las profundas montañas durante veinte años, el Maestro envió a Song You montaña abajo para ser… Este capítulo tiene publicado el 19 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Inmortalidad Involuntaria (Novela) tiene 720 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.