Leer Imaginación Energética (Novela) Capítulo 35 online gratis en español
🏴 Grupo: JedrekImagic✍️ Traducción: JedrekImagic
—Necesitas hacerte fuerte más rápido, Dante, tanto de manera física como espiritual —Escuché una voz familiar que ya había escuchado antes. Él tenía aros en las orejas, cabello café largo y lacio y una túnica beige. El hombre sentado en posición meditativa frente a mí ya lo había visto antes, pero no lo había recordado muy bien por ser un sueño—. Tú tiempo de preparación se te acaba. Tus pruebas difíciles comenzarán. Serás arrastrado por las corrientes de los demás y solo tú podrás mantenerte firme o atravesarlas con tu fuerza y voluntad. Aun eres muy pequeño e inexperto para crear tu propia corriente poderosa entre los flujos de este mundo. Si no quieres sufrir, necesitas aprender.
Yo estaba sentado en el centro sobre las rocas y grava que formaban el suelo. Más allá del límite de este campo de entrenamiento había naturaleza iluminada por el tenue resplandor anaranjado del sol. Cerca del Emauni había una pequeña fuente labrada en una roca. Esa agua circulaba al caer alrededor de todo el círculo exterior. Mi ropa de entrenamiento era igual a la de la otra vez. Una camisa roja de botones centrales y un pantalón rojo.
Su voz era tranquila y firme:
—Eres muy lógico y metódico a la hora de controlar los elementos. Te esfuerzas en crear mil detalles para darles fuerza y poder. Eso funciona, pero te desgasta mentalmente muy rápido. Sacrificas tus propias energías de reserva, que tardas en recuperar al descansar.
»La mayoría de personas en este mundo usan sus sentimientos y emociones para controlar los elementos. Algo que solo has llegado a usar cuando aprendiste a utilizarlos por primera vez, o cuando has aprendido algo nuevo. Esa es una fuente de reserva energética muy abundante y poderosa. No necesitarías tantos detalles en tus creaciones e imaginación si usaras esta reserva.
»¿Sabes cuál es la emoción más usada en este mundo?
La ira. Lo sabía sin pensarlo por alguna razón.
—Así es. La ira que proviene de la envidia, los celos o la ambición. La ambición de querer dejar de ser débil. Humillado por los demás. La ambición y envidia hacia los otros. La mayoría de personas en este mundo están atrapadas en un ciclo de resentimiento constante. ¿Sabes cómo usan esa ira?
Negué con la cabeza.
—Con recuerdos. Traumas de sus vidas. A la hora de controlar un elemento usan sus recuerdos como combustible para sus fuerzas. Eso los hace incansables. Aun así, es un arma de doble filo. Si la ira se transforma en odio se podrían ver incapaces de pensar correctamente y no podrían controlar nada. El odio es más fuerte que la ira, pero es mucho más fácil sucumbir por él. ¿De dónde crees que viene la razón por la que existe la sobrecarga energética?
Abrí ampliamente los ojos.
—Ese odio abrumador es como una fuente de energía baja y pesada sin fin, absorben esa energía sin cesar, pero el odio les nubla tanto la mente que no son capaces de razonar ni de manifestar nada con los elementos, por lo que sus cuerpos siguen absorbiéndola hasta que no puede salir de ninguna forma por su estado mental y su control, entonces sus cuerpos se hinchan y luego... Ocurren estas autocombustiones que son catastróficas.
»¿Has visto una autocombustión en un animal?
Negué con la cabeza.
—Son más raras de lo que crees. Los animales no guardan rencores de la misma manera que un humano. Ellos no repiten el mismo recuerdo una y otra vez como nosotros, solo cuando vuelven a ver a la causa de su trauma ocurren estos cambios. O cuando algo similar se los recuerda. Por eso hay tantas bestias evolucionadas en este mundo.
»En cambio, las autocombustiones humanas son muy numerosas. Muchas más que las de todos los animales e insectos que han existido en este mundo. Desde los primeros tiempos de la historia humana.
»Ahora bien. No te digo que uses la ira. Esa es una de las fuentes energéticas más débiles entre las emociones. Tiene una frecuencia muy baja y pesada. El miedo, la tristeza, y otras emociones negativas tienen frecuencias muy bajas y son canales de energía muy débiles, aunque parezcan muy fuertes al ser usadas por las personas de este mundo.
»Has llegado a escuchar de nuestra fuerza, ¿no es así?
La fuerza de los Emaunis. Capaces de mover montañas o inundarlas. De crear tornados colosales y bosques gigantescos. Recuerdo las historias de mi padre. Asentí con la cabeza.
—¿Sabes que emoción utilizamos para lograr todo eso? —me miró con una sonrisa.
No. Negué con la cabeza.
—El amor.
De repente me sentí en shock. No puede ser tan fácil. Es casi seguro que otras personas en el mundo podrían haber usado esa emoción.
—Así es. Hay personas que han logrado usarlo, pero nunca a su máxima capacidad. ¿Sabes por qué? Por qué ellos no lo comprenden. ¿Tú comprendes qué es el amor?
Pensé en mis padres, en lo que sentía por ellos, en su relación.
—No estás equivocado, pero el amor abarca muchísimo más. Lo abarca todo en este universo. No es un simple amor familiar. Es un amor por toda la creación.
De nuevo en shock.
—¿Es difícil de comprender?
De repente todo empezó a difuminarse y a transformarse en otra cosa. Ya no pude escuchar nada.
—Te dejaré comprenderlo.
Ahora estaba en un campo verde, con algunos árboles cerca y una muralla de árboles altísimos a lo lejos. Todo sería muy bonito y tranquilo, si no fuera porque estaba cubierto de cuerpos humanos desmembrados. Explosiones igníferas sacudían la tierra bajo mis pies. Al voltear hacia ellas noté cuerpos gigantes de unos cuarenta metros de alto. Eran hormigas que estaban atacando a grupos pequeños de soldados del reino. Se abalanzaban sobre ellos intentando morderlos o pisarlos. Alrededor de estas hormigas sucedían cosas extrañas con la tierra. Se abrían agujeros bajo las personas haciendo que cayeran, salían pinchos gigantes intentando atravesar a los soldados, ocurrían repentinos tsunamis de tierra muy grandes en contra de ellos. La propia tierra parecía querer comérselos, atraparlos, empalarlos, sofocarlos o golpearlos con piedras gigantes que salían disparadas hacia ellos.
¿Este es el control de las hormigas sobre la tierra? ¿No son demasiado fuertes?
El ruido de destrucción y caos era abrumador. ¿Por qué estaba aquí? ¿Qué estaba haciendo antes de esto? ¿Cómo llegué a un campo de batalla? De repente una roca gigante venía volando hacia mí por un ataque desviado por unos soldados. Me aplastaría si no me quitara.
Usé el viento para impulsarme por mi espalda y correr fuera del rango de ataque, sentía que no podría crear un ataque de viento o tierra lo suficientemente fuerte para detenerlo o desviarlo antes de que llegara. Era demasiado rápido.
Una explosión sacudió el suelo detrás de mí y yo casi me tropiezo. Logré apartarme. Al voltear atrás vi la roca clavada y semienterrada en el suelo donde antes estaba.
Una, dos, tres, cuatro… Podía ver hormigas gigantes luchando casi por donde mirara. Era casi como ver un mar de patas de hormigas como árboles por todas partes, y había soldados luchando en pequeños grupos bajo ellas o sobre ellas, muchos soldados. Esto era una guerra. Ahora comprendía mejor lo que veía en la distancia. Uniformes blancos ensuciados por doquier. Miles y miles de soldados dispersos en grupos. Y cientos y cientos de hormigas gigantes saliendo de entre los gigantescos árboles.
En el cielo vi a muchos puntos pequeños que lanzaban perlas igníferas hacia los robustos cuerpos de las hormigas, creando explosiones sin cesar sobre ellas. Desde el suelo salían piedras gigantes disparadas hacia ellos desde donde había hormigas prestándoles atención. Ellos las desviaban con las mismas explosiones o las esquivaban. Algunas hormigas curvaban sus abdómenes apuntando hacia ellos y luego disparaban chorros de ácido fórmico con la presión y el tamaño de una cascada, el cual luego caía sobre otras hormigas en el campo, o sobre algunos soldados desprevenidos. Estos gritaban desgarradoramente mientras su piel se volvía líquida y empezaba a resbalarse de sus músculos y luego de sus huesos hacia el suelo, con vapor saliendo de ellos. Algunos soldados volando en el cielo también eran alcanzados y caían hacia el suelo, formando una flor roja y verde sobre el pasto, con órganos y huesos esparcidos en pequeños montones.
Esto es demasiado para mí. ¿Qué estoy haciendo aquí? De repente lo noté. Una persona en particular luchando con una de estas gigantescas hormigas. Era mi padre.
—¡¡No les dejaré pasar!! —Tenía su rostro arrugado por la ira al ver morir a tantos soldados. Él estaba usando plataformas en el aire creadas por sí mismo para esquivar la arremetida de la hormiga. Saltando a su alrededor y luego usando su espada para atacar creando cuchillas de viento que azotaban el cuerpo de la hormiga, especialmente entre sus uniones, pero no parecían ser muy efectivas. Sacó una perla ignífera y luego la lanzó hacia donde sus cuchillas habían hecho mella en un solo punto. Cuando la perla entró en la pequeña cavidad, explotó dentro y expandió la abertura hasta formar un pequeño barranco, pero en comparación con el gigantesco cuerpo de la hormiga, seguía siendo pequeño.
Mi padre volvió a lanzar otra perla dentro y la hizo explotar más en el centro. Esto hizo que la hormiga se desequilibrara y se tambaleara al caminar. Al parecer había afectado a sus órganos internos. Después mi padre empezó a crear una cuchilla de viento cada vez más grande, acumulando viento a presión hasta que la cuchilla era casi tan grande como la mitad de la hormiga. Como ya no necesitaba esquivar, la acumuló y luego la lanzó. La cuchilla viajó a la velocidad del sonido y atravesó a la hormiga, partiéndola en dos por ese lugar. Su gran cuerpo cayó creando un temblor. Él solo sin ayuda de un grupo había vencido a una hormiga monstruosa.
Vi que en el ejército había otras personas tan fuertes como mi padre que luchaban por sí solos sin ayuda de grupos. Parecían estar separados abarcando cada quien una zona de caza junto a otros conjuntos pequeños de personas que los apoyaban desviando la atención de otras hormigas y luchando contra ellas. De esa forma podían enfocarse en una a la vez.
A lo lejos escuché un crujido y sonido de desgarro cuando una sola persona lanzó una cuchilla de viento tan grande como el cuerpo de una propia hormiga. Esta cuchilla atravesó a tres hormigas en un instante antes de golpear a una última y empujarla.
¡Cuánta fuerza! Había personas mucho más fuertes que mi padre. Parecían una parca con una guadaña, segando cabezas de hormigas con un control increíble del viento, sin necesidad de usar perlas para potenciar sus ataques. Gracias a ellos era que el ejército no se encontraba en una situación desesperada.
De repente a lo lejos escuché el sonido de un cañonazo. Traté de enfocarme en el lugar de donde vino, pero los cuerpos de las hormigas no me dejaban ver qué lo disparó. Solo pude observar como en el cielo se veía una estela y una gran roca de color verdoso volando por encima del bosque hacia algún lugar en su interior.
¿Por qué eso parecía una perla ignífera? Parecía tener el tamaño de una silla, o tal vez de una mesa.
Escuché el grito de mi padre:
—¡¡Todos!! ¡¡Tápense los oídos!! ¡¡Planean masacrar a gran parte de ellas!!
—¿Eh?
De repente noté cómo por encima de la muralla de árboles a lo lejos se levantaba una pequeña nube en forma de hongo.
Me tapé los oídos rápido previendo lo que podría pasar, y así fue. Una onda de choque inclinó los árboles hacia nosotros y luego esa misma onda levantando polvo llegó como una ola hacia mi cuerpo y me empujó diez metros hacia atrás. El impacto del sonido fue aturdidor incluso con mis orejas tapadas. Debí haber preparado una barrera alrededor de mi cuerpo para no haber sentido el golpe tan fuerte también. Noté como los demás soldados no habían sido empujados como yo. Ellos sí se habían preparado. Incluso habían anclado sus pies a la tierra con raíces o piedra. No habían salido heridos.
¿Este es el trabajo que hace el ejército? Están a un nivel completamente distinto de los aventureros.
Mi padre había logrado mantenerse firme en el aire, sin necesidad de usar raíces.
Por unos momentos, dejaron de salir hormigas de entre los árboles. Parecía que una gran parte de ellas había sido exterminada, pero un minuto después volvieron a sentirse los temblores de los pasos en la tierra, y luego las hormigas gigantes volvieron a salir de entre los árboles. Algunas se veían ligeramente carbonizadas. A otras les faltaban unas patas; otras ya no tenían sus antenas. Algunas de las carbonizadas se desplomaron por sí solas al salir de la muralla de árboles. Ya no pudieron soportar más y colapsaron, pero las demás continuaron saliendo, pasando por encima de ellas y cada vez eran más las que salían ilesas, probablemente venían del interior del hormiguero ya que la explosión fue en la superficie y no dentro de su hogar.
—¡¡Continúen!! ¡¡Viene la segunda oleada!! —Mi padre empezó a preparar un ataque potente, comprimiendo aire sin parar en una cuchilla de viento que el tiempo le permitiera crear. Justo cuando la primera hormiga estaba a unos diez metros de su cuerpo, mi padre atacó y la cuchilla con un chirrido desgarró por la mitad horizontalmente a unas cinco hormigas, matándolas.
¡¿Él también puede hacerlo?! Al voltear a ver al otro que había visto hacerlo primero, noté la diferencia. Mi padre era mucho más lento acumulando potencia que el otro. La otra persona estaba lanzando cuchillas de viento potentes que acababan con unas pocas hormigas a la vez sin tardar mucho en crearlas. Mi padre ya no podía concentrarse en hacer eso y solo podía atacar con menos potencia.
Las hormigas ahora salían incluso más agrupadas y juntas que antes. Parecían furiosas por el ataque a gran escala. Yo me había estado escondiendo sin moverme entre los restos de una hormiga, viendo la batalla de mi padre. Él estaba cada vez más abrumado por ellas. Sus grupos de soldados que lo ayudaban ya no eran suficientes para desviar la atención de todas, por lo que mi padre empezaba a luchar con más de una a la vez, y ya no podía acabar con ellas tan rápidamente como al principio. Tenía que desviar su atención de una a otra.
¿Acaso… acaso va a perder? Empecé a preocuparme. Mi padre se veía cansado, respirando fuertemente, esquivando a duras penas los pinchos, rocas y ácido fórmico que le disparaban las hormigas. Su barrera de viento comprimido detenía el ácido fórmico si lo alcanzaba, pero el desgaste sobre ella era real.
En uno de esos momentos, una hormiga hizo algo inaudito para alcanzarlo en el aire. Se subió a la espalda de otra hormiga y sus mandíbulas alcanzaron a cerrarse sobre mi padre, atrapando su barrera.
¡¡NO!! Me enderecé. Tenía que ayudarlo, pero ¿cómo?
Mi padre atacó las mandíbulas de la hormiga con su espada y poco a poco empezó a cortarlas. Su barrera estaba cediendo espacio poco a poco, cerrándose cada vez más cerca de su cuerpo por la fuerza mandibular, pero antes de que pasara algo más, mi padre cortó una de las mandíbulas y salió de un salto de ahí. Antes de sentirse aliviado por escapar, otra hormiga levantó el suelo bajo ella como un pequeño monte de tierra y lo alcanzó en el aire también desde atrás.
Otra vez había sido atrapado. Su barrera volvió a sufrir mucho y luego ya no pudo aguantar más, se deshizo y mi padre esquivo en el último momento el ser partido por la mitad. Pero al agacharse uno de sus brazos no lo logró y fue cortado casi desde el hombro.
¡¡PAPÁ!! Corrí hacia él y traté de invocar ataques de pinchos y agujas de piedra hacia las hormigas, pero ellas tenían el control absoluto de la tierra entre todas ellas. Como mi voluntad no podía vencer la de tantas, la tierra no me obedeció. Intenté comprimir aire en cuchillas de viento, pero sin mi espada, y siendo demasiado lento. Mucho más lento que mi padre al crearlas, no eran potentes. Cuando las lancé a las hormigas fue como lanzar un huevo contra una roca de más de cuarenta metros.
No podía usar agua ya que no había. No tenía perlas igníferas para crear explosiones con ellas. No podía hacer nada.
Mi padre cayó desde las mandíbulas de la hormiga hasta el suelo, pero de alguna forma logró evitar morir por la caída con alguna creación energética que no veía. Se amortiguó y tocó el suelo. Él estaba apoyado con sus rodillas sobre el suelo con una sola mano ayudándolo a sostenerse. Respiraba muy pesadamente.
Corrí hacia él con todas mis fuerzas desde la distancia. Por suerte, la hormiga que lo había atacado no notó que mi padre había caído desde su boca. Su campo de visión era demasiado alto y perdió de vista a mi padre. Las demás también no notaron a una sola persona cayendo entre todo este caos de rocas lanzadas y perdidas y fueron a atacar a los grupos numerosos de personas que sí podían ver con claridad.
Las patas de las hormigas dejaban surcos en el suelo alrededor de mi padre mientras se movían creando pequeños temblores. Alguna podría aplastarlo en cualquier momento y ni siquiera una barrera de aire comprimido podría soportar toneladas de peso por mucho tiempo.
—¡¿Dante?! —Mi padre me notó con una expresión de shock y luego de desesperación—: ¡¿QUÉ HACES AQUÍ?! ¡TE MATARÁN!
Llegué junto a él con una expresión llorosa.
—¡No sé cómo llegué aquí!
—¡¿ERES TONTO?! ¡¿CÓMO QUE NO SABES?! —Mi padre trató de levantarse y protegerme, pero sus fuerzas cedieron y volvió a caer de rodillas.
Las patas de hormigas del tamaño de troncos de árboles gigantes seguían causando temblores a nuestro alrededor y dejando surcos profundos mientras avanzaban y seguían saliendo del bosque.
—Dante… No quería esto. No puedo protegerte. ¿Por qué está pasando esto? ¿Cómo llegaste aquí? —Parecía murmurar para sí mismo mientras me veía con una mirada perdida. Una lágrima escurrió de su ojo.
Me paré frente a él y observé a las hormigas que pasaban sobre mí.
—Yo te protegeré, papá —le dije aunque me sentía impotente y desesperado por no poder hacer nada en realidad.
—No puedes, Dante. Sigues siendo muy pequeño. Te falta aprender y crecer más —dijo mi padre volteando a ver el suelo. Agarrando la tierra y apretando su puño lo más fuerte que podía. La sangre manaba de su muñón, pero había logrado ralentizarla con algún control energético.
De repente noté a una hormiga que no simplemente miraba hacia arriba o hacia el frente. Esta salió de los árboles mirando hacia el suelo y nos notó. Empezó a dirigirse hacia nosotros.
¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?! Empecé a comprimir todo el viento que pude, más y más, pero sabía que no sería suficiente, no traspasaría más que unos centímetros de grosor de su exoesqueleto. Si quisiera alejar a mi padre lejos de ellas, bajo la tierra es un suicidio, y sobre el aire sería atacado con ácido y otras cosas como les pasó a los otros soldados. ¿Es que acaso no había ninguna manera? Por más que comprimiera el aire solo empujaría a la hormiga unos centímetros y luego nos mordería. Ya podía ver como del suelo bajo ella se formaban picos de piedra y unas rocas salían volando hacia nuestra dirección. Sin poder seguir comprimiendo aire, usé parte de él para empujar a esas grandes rocas fuera de nuestro camino.
Ahora ni siquiera podía seguir acumulando aire más de cierto límite porque seguía usándolo.
Recuerda, Dante. No uses el miedo ni la tristeza. El odio hacia las hormigas tampoco te salvara.
Sentí que recordaba algunas cosas. Estaba empezando a odiar a estas hormigas que hirieron a mi padre, pero antes de que empezara a sentirme así por completo, sentí que no debía. Estas hormigas solo defienden su hormiguero. El ejército las está masacrando. Ninguno de los dos está bien. Simplemente no pueden convivir en armonía si se encuentran. Sentí pena por ellas y por el ejército.
¿Qué es el amor para ti, Dante? Tu preocupación por tu padre es amor. Amor por tus seres queridos. Aleja la tristeza, aleja el miedo, la ira y la desesperación, solo siente, ese amor.
No entendía que pasaba, pero sentía como si alguien me estuviera guiando aunque no podía escuchar lo que me decían. Dejé de tener miedo poco a poco. Traté de dejar de sentirme triste, pero no podía.
Se valiente, se optimista, ten voluntad de que puedes hacerlo. Acepta y perdona a las hormigas.
Sentí una fuerza poderosa surgiendo desde mi interior. También me sentía absorbiendo energía exterior sin parar. Ya no les tenía miedo. Sentía que podía lograrlo. Lo haría, porque yo así lo decía, pero no podía perdonarlas. Era necesaria la justicia, ¿no es así? No sentía odio ni ira hacia ellas, pero se lo merecían, ¿no es así? Ellas casi lo mataban, a mi padre.
Sientes resentimiento, aunque creas que no. Esa es una baja frecuencia energética que disminuye tu poder.
Aun así me sentía feliz por estar aquí, ayudando a mi padre en su tiempo de necesidad. Sentía como esa alegría y ese amor entraban en mi cuerpo en forma de energía exterior sin parar, surgiendo de mi propio centro también.
El aire comenzó a temblar y de repente una corriente caótica de viento se reunía dónde estaba comprimiendo todo mi poder a una velocidad alarmante. Se comprimía como si hubiera un agujero negro ahí, removiendo el polvo y atrayéndolo.
No sientes paz.
Solo me sentiré en paz si este peligro termina. La hormiga, que estaba a punto de cerrar sus mandíbulas sobre nosotros, de repente desapareció. Una onda estalló desde donde había estado comprimiendo el aire. No nos hizo daño ni a mi padre ni a mí. La controlé para que evitara a los soldados también. Se expandió en un instante a un kilómetro de largo, arrastrando a las hormigas consigo con una fuerza devastadora. Todas salieron volando con la fuerza de choque de la onda. Hice que esta esquivara los árboles también, pero las hormigas que se estrellaron contra los troncos derribaron árboles sin parar en su camino, destrozándolos en pedazos grandes y astillas pequeñas. La onda llegó hasta la entrada del hormiguero pero no entró en él. Hice que la fuerza derrumbara los túneles de la entrada para que no siguieran saliendo más hormigas. Todas las hormigas en un rango de cinco kilómetros fueron arrasadas por la onda.
Cuando terminó, me sentí cansado, pero no tanto como esperaba. Aun sentía que podía volver a hacer algo así después de un corto descanso. Ya no había más luchas.
—¿Qué has hecho? —dijo mi padre mirando alrededor con una voz incrédula y acusadora. No se veía feliz en absoluto.
No entendía porque él estaba así, miré lo que él buscaba y entendí por qué. Hice que la onda no le diera a los soldados, pero al haber afectado a las hormigas, las que fueron arrastradas y empujadas por la onda… Habían chocado con soldados en el camino, arrasándolos también.
—Dante… Aunque no entiendo lo que hiciste. No debiste hacerlo. No usamos ataques energéticos a gran escala sin preparación porque podemos afectar a nuestros propios compañeros —dijo mi padre con una voz cada vez más apagada mientras recargaba la frente en el suelo y empezaba a sollozar.
Un ejército de doscientas mil personas que antes de que la onda ocurriera tenía solo unas cinco mil bajas, ahora tenía más de cincuenta mil muertos.
¿Qué? No…
Grupos de soldados habían desaparecido.
No puede ser… ¿Yo hice eso? Sentí dolor en las rodillas. Tal vez porque había caído al suelo.
No es real, Dante.
Pude escucharlo. ¿Que no es real? ¡¿Qué no es real?!
Es solo un escenario.
No puede ser, eso no es cierto.
—¡¿Cómo lo sabes?!
Porque todo es posible en el mundo espiritual. Y este es solo uno de los infinitos futuros, que podrían suceder.
El mundo empezó a difuminarse y mi padre empezó a desaparecer.
—¡Papá! —Extendí una mano hacia él, pero se convirtió en humo.
Me encontraba sentado donde estaba antes, con el Emauni enfrente de mí.
—No los mataste, Dante.
Seguía en shock.
—Tú padre está bien.
—¿Pero eso pasó? ¿O pasará en realidad?
—Tal vez. Tal vez no. Hay un problema de hormigas en la frontera de Damacia y Damaris, pero sigue siendo pequeño. Algún día podrían buscar su hormiguero y tratar de destruirlo juntos. Podría pasar años para eso, o quizás en poco tiempo. Tu padre podría o no estar en primera línea.
»Todo esto fue un escenario. Una posibilidad. Pero las cosas no suceden como uno piensa que podrían suceder. Un pequeño cambio podría dar lugar a grandes diferencias. Nada está determinado por la vida. Un sueño, una idea, un consejo de alguien podría cambiarlo todo.
Me quedé en silencio. Ya no estaba tan preocupado.
—No usaste bien la energía del amor.
—Eso no puede ser. ¿Qué me faltó? Ese poder fue increíble —Lo miré a los ojos.
—Como te había dicho. El amor abarca toda la creación. ¿Crees que todos esos soldados hubieran muerto si hubieras amado también a tus enemigos y pensado en ellos? A esas hormigas.
—Tal vez no —Me resultaba extraño ese concepto—. Pero si no lo hubiera hecho habrían matado a mi padre.
—No es así. No pensaste bien tus opciones. Podrías haber aislado a las hormigas y a los humanos para que no siguieran asesinándose entre sí.
—Pero se atacarían en el futuro.
—La justicia la imparte la propia vida de una forma u otra. Algún oso hormiguero podría reducir el problema en el futuro. Las colonias de hormigas se atacan entre sí. Una colonia de termitas podría aparecer y se atacarían entre ellas. Algún depredador que pase por ahí sin querer se pelearía con ellas. Incluso los propios humanos son herramientas de la justicia, pero no debes seguir el mismo camino que ellos. Es un camino de dolor, de arrepentimientos y culpas. Hoy lo viste por ti mismo. Afectaste la vida de los demás por tu propia justicia. E incluso si lo pensaras bien, evitando a esos soldados por completo, aun así podrías haberlos herido de peor manera en el futuro. ¿Sabes por qué?
Negué con la cabeza.
—Creíste que derrumbando las entradas del hormiguero y evitando la salida de más hormigas todo acabaría por un tiempo. Pero lo que no sabes, es que esas hormigas excavarían nuevos túneles para salir a la superficie, ¿y donde crees que saldrían?
¿En la misma zona?
—No solo ahí. Las hormigas crearían más túneles para evitar esa situación de nuevo. Si salieran en medio de la capital, ¿qué pasaría con las familias de estos soldados por las que luchan?
Me quedé en shock. No lo había pensado. Él continuó:
—¿Sabes cuantas hormigas puede haber en un solo hormiguero?
Negué lentamente con la cabeza, temiendo lo que podría escuchar.
—Millones. Y en supercolonias como las del continente salvaje. Miles de millones.
—¡¡No!!
—Sí. En colonias de millones de hormigas pueden nacer entre veinte mil y treinta mil hormigas cada día. Son uno de los insectos más temidos en este mundo, incluso aunque sean fáciles de eliminar. Sus números son los que aterran tanto.
»El mejor camino ahí es dejar que sigan las cosas como debían suceder. Los humanos terminarían con las hormigas. Tú puedes salvar a tu padre y evitar la muerte de muchas vidas humanas si quisieras, haciéndote de buena causa, pero al final, los humanos se desharían de las hormigas sin importar el costo. Ese es el camino que han elegido. Uno de dolor y tristeza. Y no puedes decidir por ellos.
—¿Realmente no hay otra forma?
—Sí la hay. Aprender a convivir con ellas.
—Eso es imposible.
—No lo es. ¿Crees que no existen países que han domado a sus insectos y animales? Son sus queridos miembros de la familia, sus mascotas o monturas. El cariño y el apego crearon una conexión entre ellos y la especie.
—¿Realmente existen países así?
El Emauni sonrió sin responder.
—No te puedo decir más, o podría cambiar el orden de cómo pasan las cosas en este mundo para bien y para mal. Es mucha causa que no quiero contraer.
—¿Causa?
—Causalidad y karma. Es como el ciclo de odio sin fin. Tú le pegas a alguien, ese alguien te lo regresa y se repite, buscando vengarse de peores maneras, incrementando el odio entre ambos. El amor te libera de ese ciclo. Porque aunque hayas sido el último que recibió el golpe y no lo regresaste, lo has perdonado y empezado a sanar tus heridas, alejándote de ese dolor, dejando ir, experimentando algo nuevo. En cambio ellos seguirán creando ese ciclo con alguien más, dando y recibiendo odio en iguales o mayores cantidades, agravando sus heridas espirituales hasta que aprendan la misma lección. Mientras sigas pensando en justicia no aprenderás el amor.
»Por eso tú ya no deberías ejercerla. Con esta energía de alta frecuencia podrías crear tu propio santuario libre de problemas. Es tan fuerte que ningún mal podría acercarte ti, y si se acerca, será porque está cambiando o aprendiendo de ti. Tú serías el ejemplo a seguir.
—Entiendo, ¿pero entonces no podría matar animales o insectos?
—Mientras agradezcas por ellos para comer y sobrevivir, sin desperdiciar todo lo que te aportan. No por odio o venganza o un sentido de superioridad. Todo vuelve a la tierra al final. Incluso nuestros cuerpos. Si los cazas porque te hacen rico es ambición y vanidad, muy alejado del amor. Si los cazas porque tus acciones ayudarán a otras personas, entonces estás haciendo buenas obras.
—¿No funciona igual con los humanos? ¿Cazar a un ladrón o un asesino para que no sigan haciendo daño a los demás?
—Es diferente. ¿Sabes por qué es diferente? —Negué con la cabeza—. Porque los humanos regresan al mundo espiritual como almas en aprendizaje, naciendo en nuevos cuerpos y regresando a cobrar esas deudas pasadas de formas que ni recuerdan. El ciclo de odio infinito no termina después de la muerte, solo se transforma. En cambio los animales forman parte de una esencia universal que anima a todos los seres vivos, incluyendo nuestros cuerpos. Es decir, nuestras funciones corporales, las células y microorganismos. Ellos tienen su propia función y no piensan como nosotros ni vuelven teniendo odio o rencor acumulado. Lo único que se queda en sus descendientes son aprendizajes genéticos.
»En cambio, nuestros cuerpos no pensarían sin el espíritu ya que el espíritu es la conciencia energética que guarda todo nuestro conocimiento de vidas pasadas. Esa conciencia es la que está presente aquí en este lugar, muy lejos de tu cuerpo, pensando por sí misma.
—¿Cómo sabes todo esto? —le pregunté.
—Porque he viajado en el mundo espiritual y aprendido mucho en él. El tiempo no pasa aquí de la misma manera que en el mundo real.
»Además, ¿te has dado cuenta de que no entenderías muchas de estas cosas si despertaras? Todo tu conocimiento de vidas pasadas está completo aquí, aunque no hayas ahondado en ellas.
¿No se referirá…?
—¿A otros mundos? Se de la existencia de otros mundos, pero yo soy un residente de este y no he estado en otros. Tal vez mi padre o mi abuelo sí hayan podido visitar alguno —dijo el Emauni—. ¿Eres residente de otro mundo? Entonces con mayor razón estás aquí. Tú podrías ser el ejemplo.
—¿No pueden serlo ustedes?
—Nuestros antepasados lo intentaron con el ejemplo de nuestra raza, pero fallaron de manera catastrófica. Después se ha intentado de otras formas, como Emaunis reencarnando en tu continente o en los demás, pero ninguno ha logrado cumplir su misión. Después de todo siguen olvidando sus recuerdos o siendo asesinados antes de cumplirla por sus ideales. Podrás encontrar algunos en tu vida. No han perdido sus dones despertados de vidas pasadas.
—¿Dones?
—Poder hablar con los espíritus del mundo espiritual, viajar por el mundo espiritual, entre otros. Muchos han sido manipulados por personas poderosas o han tratado de corromperlos, otros se han escondido y lo han intentado con menos presencia, o han roto sus motivaciones a un punto donde ya no avanzan. Si encuentras uno, ayúdalo, por favor. Ellos son los que más sufren por los demás. Tú también, si te metes en el camino de dolor de los demás, sufrirás, por más que hayas aprendido el amor. Pero es un dolor necesario a veces, para ayudar a otros a cambiar. Trata de no sucumbir en él.
—Prometo ayudarlos si los encuentro —asentí.
—Gracias. Ahora bien, te he guiado para que aprendieras a usar la energía del amor, pero cuando despiertes y estés por tu cuenta, te será difícil ejercerlo.
—¿Por qué?
—No porque realmente lo sea, sino porque estarás a merced de las influencias del mundo espiritual.
—¿Influencias? ¿Qué clase de influencias?
—Otros espíritus envidiosos y celosos de ti. Ellos no querrán que triunfes en lo que ellos no pudieron o no quieren. Son espíritus que no quieren dejar el ciclo del odio, que se sienten superiores si corrompen a alguien que lo está intentando duro. Que quieren usarte para vivir a través de ti sus placeres mundanos, que quieren manipularte para lastimar a los que ellos odian o detestan, que quieren verte caer y fracasar. Que no quieren vivir el dolor de la vida y sus constantes pruebas, que no reencarnan como otros que quieren seguir creciendo y aprendiendo. Algunos nunca superan su culpa y la usan para victimizarse y seguir agrediendo e influenciando a los demás, creyendo que ellos son así y ya no pueden cambiar. Sin embargo, no todos son de esa manera. Siempre habrá los que busquen ayudarte también, los que no quieran verte caer y fracasar, los que te influencien hacia el bien. En esta lucha espiritual no podrás participar fácilmente. Si aprendieras a escucharlos tal vez podrías, pero mientras tanto, deberás ser consciente de tus propios pensamientos. Qué es realmente tuyo y que no, qué es una influencia de los demás. Ellos tratarán de hacerte odiar con todo tu ser a tus enemigos, de hacerte caer en la desesperación y el miedo, de hacerte llevar por la tristeza y el vacío. Todo lo que te aleje del amor y la paz espiritual.
Shock otra vez. ¿Cómo podría luchar contra eso? Realmente lo veo muy difícil.
—Iras aprendiendo poco a poco a diferenciarlos de ti. Cuando despiertes, trata de no olvidar lo que aprendiste aquí. Tal vez algunas memorias se difuminen, pero podrás recordarlas mejor si meditas en ellas. Buena suerte, Dante.
El Emauni se levantó de su asiento y luego se inclinó levemente hacia mí, después el sueño comenzó a nublarse y a desaparecer poco a poco hasta que solo veía negro, y después abrí mis ojos.
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Capítulo 36
Imaginación Energética (Novela) Capítulo 35
Estás leyendo el capítulo 35 de Imaginación Energética (Novela), un novela. En un mundo donde la realidad se controla con la imaginación, debes saber la ciencia detrás de cada fenómeno para manifestar magia, si no lo sabes, las cosas no suceden como deberían, por eso la sabiduría y el… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026, Traducido por el grupo JedrekImagic. Imaginación Energética (Novela) tiene 36 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.