Leer Imaginación Energética (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
🏴 Grupo: JedrekImagic✍️ Traducción: JedrekImagic
—Hey Melor, ¿escuchaste eso? —preguntó Sebas.
—¿Qué cosa? —dijo Melor.
—¿No lo oíste? Era el grito de una mujer… en el bosque.
Melor y Sebas vivían en un pueblo que casi se acercaba al tamaño de una pequeña ciudad, su nombre era Marlen y estaba dentro del territorio del reino Damaris. De forma reciente habían estado yendo a cortar leña en los límites del pueblo, esto ayudaba con su expansión y creaba nuevos lugares donde podían construir casas para posibles migrantes o para familias grandes con hijos que buscaban independizarse. Este era su trabajo.
—No puede ser, ninguna mujer se adentraría sola en el bosque —mencionó Melor—. Sabes que nos han dicho que está prohibido alejarse del límite.
—Pero, ¿y si no fue sola? ¿Y si fue en un grupo con otros? —mencionó Sebas a la vez que dejaba la leña recién partida a un lado suyo—. Pudo haberse perdido y quizás esté lastimada.
—No, Sebas, en primer lugar, ni siquiera la he escuchado, ¿no te lo estarás imaginando?
—Te lo juro que no.
De repente nuevos gritos sonaron. Ahora se escuchaban un poco más cerca por lo que incluso Melor logró percibirlos mucho más claramente. Sonaban dolorosos, como si hiciera mucho esfuerzo.
—Tenías razón… Pero, ¿no es raro? No está diciendo ningún nombre o palabra que una persona diría cuando pide ayuda, son solo gritos —dijo Melor.
—¿Y si fuera un caso extraordinario donde ella está a punto de dar a luz y no tienen a ningún enfermero para que se encargue de ello? Podría estar con su esposo y él no puede venir sin tener que dejarla sola.
—Pero él estaría pidiendo ayuda también, ¿no es así? Incluso con lo que dices, podrían haber enviado alguien ya a pedirla.
—Puede que sí, pero, ¡estamos perdiendo mucho tiempo! ¡Podría ser urgente y no estamos haciendo nada que no se pueda hacer luego! —mencionó Sebas.
—Está bien, tienes razón, pero deberíamos ir por alguien más que nos acompañe, tal vez sea mejor, después de todo solo podemos salir en grupos para que sea más seguro —dijo Melor con una expresión reticente.
—Es mucho tiempo perdido, estamos a más de diez minutos del pueblo, incluso corriendo solo lo acortaremos a la mitad. Tenemos que actuar ya. Un minuto podría ser la diferencia.
Melor empezó a agarrar su mochila de equipaje y Sebas siguió su ejemplo luego de verlo.
—¿Siquiera sabes ayudar en caso de parto?, porque yo no, si ese fuera el caso —dijo Melor.
—Estuve presente en el parto de mi esposa, vi lo que la enfermera hacía. Es… horripilante de cierta manera, pero memoricé todos los pasos. En mi equipaje también tengo artículos útiles de supervivencia, ¿y tú?
—Algunos que podrían ayudar también. Vámonos entonces. De hecho, tenemos que ir más rápido, porque el cielo empieza a oscurecerse. Sin embargo, nomás te digo, si está demasiado lejos regresaremos sin importar que. Una bestia podría estar cerca.
—Oh vamos, incluso si fuera así, tenemos hachas y yo soy bueno creando muros de piedra y lanzas. Tú eres bueno con la Imagi de viento y sabes hacer agujas del suelo para atacar, aunque no tan duras como las mías. Podríamos escapar fácilmente de cualquier bestia, y estando cerca del límite incluso el lord del pueblo podría sentirla y mandar refuerzos, o incluso venir personalmente. Después de todo es un experto en todos los elementos gracias a esa academia. Seguro que sabe volar y llegaría rápido.
—Cierto. Si pudiéramos volar igual que esos chicos todo sería tan fácil —dijo Melor.
—Si hubiéramos ido a la academia nuestra vida hubiera sido más asombrosa. Es lo malo de haber nacido en un pueblo tan alejado de la capital y haber aprendido por nuestra cuenta a utilizar la energía —mencionó Sebas con una mirada deprimida.
Después de unos pocos minutos de caminata rápida entre los árboles, los gritos se volvieron a escuchar, mucho más cerca.
—Nos estamos acercando —dijo Melor.
—Oye… ahora que los escucho bien, no suenan como los gritos que haría una mujer en labor de parto. De hecho suenan como si hubiera sufrido un ataque. Realmente podría haber una bestia cerca, ¿será que la mataron y ella es una sobreviviente? —mencionó Sebas confundido.
—Sería mejor apurarnos o podría morir desangrada, si ese fuera el caso. Desde aquí ya podría escucharnos, ¿deberíamos empezar a llamarla para que nos diga su posición?
—… Está bien.
—Te veo dudando ahora, ¿qué te preocupa tanto? —dijo Melor luego de verlo con un rostro preocupado y mirando al suelo.
—Es solo que… —Gritos mucho más cerca se escucharon—. ¿No suenan extraños? ¿Un poco, bestiales?
—Tal vez esté usando todas sus fuerzas restantes. Voy a llamarla.
—Espe… —dijo Sebas levantando una mano antes de poder terminar.
—¡Hey, mujer! ¡Díganos su posición y así podremos ir a ayudarla! ¡O llevarla al pueblo! ¡Estoy aquí cerca con un colega para que no se asuste cuando nos vea llegar! ¡Solo buscamos atenderla en lo que necesite! ¡No buscamos hacerle daño!
Silencio… El bosque tenía una tenue iluminación anaranjada por el sol que se iba escondiendo en el horizonte a una velocidad preocupante. Solo el viento silbaba entre las ramas más altas de los árboles, escuchándose desde distancias lejanas como el grito de las montañas.
—¿Será que nos tiene miedo y por eso ya no nos llama? ¿Tendremos que ganarnos su confianza? —dijo Melor observando el color del cielo y los lejanos árboles que cada vez empezaban a tomar un tono más oscuro. Empezaba a hacer más frío que antes en su piel de los brazos.
—Ehm Melor, ya no estoy tan seguro de lo que dije antes…
—Pero qué dices, si ya estamos aquí y yo también la escuché. Te creo, ¿sí? No tienes por qué negarte ahora. La mujer podría estar muy herida y tiene miedo de que nos aprovechemos de ella por eso.
—Lo sé, lo sé, pero, pero…
Un grillo empezó a hacer sonido cerca, empezando la sinfonía de la noche en sus oídos. Poco a poco fueron agregándose más con distintas variaciones. El viento nocturno silbando entre las hojas también se les sumaba.
—¡¡Hey mujer!! ¡Lo siento, pero nos vamos a ir! ¡Esto ya se volvió peligroso para nosotros! ¡Si no nos dice en este instante donde está, nos largamos! —gritó Melor después de ver la postura cohibida de Sebas a su lado, como si estuviera imaginando algo preocupante.
El bosque ya no tenía su particular brillo anaranjado por el atardecer, ahora se veía azulado y los troncos se empezaban a ver oscuros, tomando el color del cielo cada vez más estrellado. Algunos de los más lejanos entre copas frondosas parecían tragarse la luz directamente.
—Tenemos que iluminarnos, rápido —dijo Melor, luego se quitó la gran mochila de su espalda y sacó un trapo largo que empapó en un líquido que tenía dentro de un frasco. Después volteó al suelo de su alrededor y vio un palo perfecto para sostener como una antorcha. Extendió su brazo hacia él y sin necesidad de moverse el palo flotó poco a poco en el aire hasta su mano, donde lo agarró y empezó a envolverlo de una punta. Sebas se acercó con el pedernal que tenía guardado en su bolsillo del pantalón y lo chasqueó haciendo que chispas cayeran sobre la tela. Poco a poco se hizo la luz y se iluminó la zona tres metros a su alrededor, luego su intensidad caía en picada desde ahí.
—Vámonos —dijo Melor, preparando su mochila de nuevo—. Probablemente ya se murió, no la hemos vuelto a escuchar —Sebas lo volteó a ver asombrado.
—¿Lo dices por la falta de gritos? Estaba pensando hace un rato… ¿Y si no fuera una mujer, sino un animal? —mencionó Sebas apretando el mango de su hacha.
—¿Un animal haciendo esa clase de gritos? No lo creo. Sé que algunos pájaros pueden imitar el habla humana, ¿pero un animal terrestre imitando gritos humanos?, no he escuchado de ello.
—Oye, ya no se escuchan los insectos —dijo Sebas volteando hacia los lados.
Melor también observó con ojos entrecerrados y trató de escuchar el más mínimo detalle, pero solo era lo mismo, un sonido de viento regular que silbaba entre los árboles, en cambio, los grillos se escuchaban a leguas de ahí. Solo se habían callado los que tenían cerca.
—Esto… ¡Lo escuché una vez! ¡A veces cuando hay un depredador cerca los grillos dejan de chirriar por las vibraciones! —dijo Melor con escalofríos recorriéndolo y bajando su mochila al suelo de un golpe. Acomodó la antorcha encajándola en la tierra, soltó el hacha en el suelo y luego puso sus manos a los lados como si levantara algo invisible y le costara hacerlo—. ¡Ayúdame a levantar un muro de piedra a nuestro alrededor! ¡Creo que nos están acechando!
—¡¿Qué!? ¡¿Enserio?! —Moviéndose rápido Sebas también dejó su mochila y hacha en el suelo y se volteó a otro lugar para hacer un muro en frente de él sin interrumpir a Melor que estaba detrás. Hizo movimientos similares.
Mientras Melor veía como un pedazo de piedra empezaba a salir del suelo, recto y medianamente ancho, cubriendo cuatro metros enfrente de él, pero saliendo con una lentitud que le hacía preguntarse porque nunca aprendió a hacerlos más rápido. En ese momento mientras tenía el rostro preocupado, un arbusto moviéndose se escuchó atrás de él. El sonido fue como un metal cayendo en una habitación vacía, extremadamente nítido.
—¡¡Aaahhggahg!! —Algo pesado cayó al suelo y un sonido de estrangulamiento se escuchó.
A Melor se le pusieron todos los vellos de punta en su cuerpo y volteó al instante, viendo como un puma más grande de lo normal tenía el cuello de Sebas en la boca y una pata empujando su torso en el suelo. Mientras tanto, Sebas tenía ojos desesperados y húmedos mientras hacía sonidos de asfixia y trataba de abrir el hocico del puma con ambas manos. Sin embargo el animal tenía una fuerza sorprendente, aprensándolo más; con un pequeño gruñido observó a Melor atentamente. Su sombra proyectada por la antorcha era grande y caótica en la tierra.
Melor estaba en shock y no pudo moverse por unos segundos, pero después gritó de rabia y con una mano empujó desde su cadera hacia adelante en el aire, haciendo que del suelo se formara una aguja de piedra a gran velocidad que apuntó hacia el cuerpo del puma.
El animal sintió los cambios en la tierra cuando la aguja estaba a punto de formarse, por lo que agachó su cuerpo y luego dio un pequeño salto hacia un lado, esquivándola justo a tiempo. El movimiento hizo que Sebas fuera jalado del cuello con fuerza, haciendo que su dolor se multiplicara por unos momentos.
La aguja solo atravesó el aire donde estuvo antes sin herirlo. Mientras tanto, cambios empezaron a ocurrir en la naturaleza. El aire empezó a vibrar levemente, haciendo que la piel de Melor se sintiera agitada; las hierbas del suelo comenzaron a crecer visiblemente como si estuvieran en cámara rápida, extendiéndose hacia el cuerpo de Sebas; la tierra, las piedras pequeñas y el polvo empezaron a levitar y a ensuciar el aire tapando la visibilidad poco a poco. Melor estaba tan abrumado por la adrenalina y la emoción negativa como para poder notarlo.
No se desanimó después de que le esquivara su ataque así que hizo otro movimiento de invocación con sus dos manos y las apuntó hacia el cuerpo del puma. En su imaginación, las agujas empalaban al animal, pero la realidad era lo contrario. El puma las presentía y daba otro salto para esquivar jalando del cuello a su presa en el acto. Melor estaba tratando de tener cuidado de no empalar por accidente a su Sebas en el acto, por lo que no estaba siendo tan demente en sus ataques, sin embargo, se dio cuenta de que así no podría hacerle daño al puma que tenía una buena intuición de la Imagi de tierra, y su amigo estaba cerca de perder el conocimiento, después de eso sería tarde para salvarlo, porque ya no se defendería por sí mismo.
Sebas trató durante unos segundos de perforar el cuerpo del puma en su cabeza y abdomen, pero el mayor daño que hacía eran solo rozaduras y eso no lograba que lo soltara, de hecho, solo empeoraban las heridas de Sebas y él sentía poco a poco que empezaba a ahogarse con su propia sangre, costándole tomar incluso brevísimos respiros entre la presión del hocico en su cuello.
Sebas tenía mucho miedo en ese momento, experimentaba su sangre bombeando por cada extremidad de su cuerpo, saliendo ligeramente de donde estaban clavados los colmillos en su piel, manchando su camisa de trabajo y goteando en la tierra seca. No podía pensar en nada más que tratar de abrir el hocico con sus manos o al menos no dejar que lo apretara más, pero no funcionaba, solo parecía empeorar milímetro a milímetro haciendo que su desesperación creciera y creciera. Cada vez más sentía que moriría en algún momento inevitablemente y eso hacía que una energía llenara su cuerpo, desbordando poco a poco sus venas, órganos, músculos, tendones e incluso sus células; cada poro de su piel y carne interior. La energía influenciaba los elementos cercanos a su cuerpo, produciendo fenómenos místicos, pero esto era una mala noticia de la que no podía ver como el peligro iba acercándose.
Sus emociones estaban descontroladas; su mente cada vez más entumecida y sus pensamientos divagando más y más. Sentía como si fuera un globo llenándose hasta casi reventar, mucho más allá de sus límites. Desde la perspectiva de Melor, el cuerpo de Sebas se estaba hinchando como el nacimiento de una bomba de tiempo con una mecha cada vez más corta.
Melor sintió el suelo vibrando cada vez más fuerte, como un pequeño temblor queriendo transformarse en terremoto. El aire vibraba con tal magnitud que podía escucharlo como si un tubo metálico hubiera sido golpeado por un cañón, resonando cada vez más grave. Las hierbas crecían en dirección de su cuerpo tratando de envolverlo, incluso subiendo lentamente por las patas del puma, el cual se encontraba muy tranquilo con la situación.
Los ojos de Melor se dilataron mientras recordaba una frase peligrosa: “Sobrecarga energética”. Nunca lo había visto o vivido en persona, esta era la primera vez, pero todos en este mundo lo aprendían en algún momento.
El cuerpo de Sebas estaba sobrecargándose, y si esto seguía sería como una presa rompiéndose por desbordamiento. El resultado… una explosión catastrófica a veces más grande que la de una esfera elemental. Al entrar en esta fase ya era muy difícil salir de ella. Imposible para alguien como Sebas que no tiene conocimientos de ello de primera mano, y menos la capacidad de pensar en soledad lejos del peligro, sin factores externos.
“Lo siento amigo, lo siento…”, pensaba Melor con los ojos llorosos mientras seguía atacando con agujas de piedra que creaba cerca de sus pies o cerca del animal. “No puedo salvarte”. No podía hacerle daño al puma sin terminar hiriendo letalmente a Sebas en el proceso. El hacha era inservible en una batalla así, por lo que la dejó en el suelo. Los ataques Imagi eran mucho más eficientes y precisos, y aun así el puma los esquivaba con facilidad. Melor no sabía atacar con viento presurizado, solo con amplias ráfagas, las cuales no servían de nada en este momento. No tenía agua alrededor para controlar y la Imagi de la naturaleza nunca la estudió en profundidad, por lo que no le servía tampoco. El fuego de la antorcha no era suficiente para usarse en un ataque sin más combustible y sin quemar a Sebas en el proceso. No tenía nada más que la tierra y la piedra para atacar, pero no tenía estrategias mejores que se le ocurrieran más que las agujas y pilares. En las sombras reflejadas por la antorcha, la figura del puma saltaba de un lado a otro, alargándose y achicándose con las distancias en círculos a su alrededor por el movimiento de ambos. Jalaba otra sombra grande debajo de él mientras picos verticales en distintos ángulos trataban de empalarlo en la escena de sombras. La figura del hombre se movía agitando los brazos de un lado al otro como si dirigiera una orquesta, dejando atrás un escenario de estalagmitas. Cada ataque era rápido, pero el animal podía sentir la tierra como si fuera su dominio; cada cambio energético. Piedras contra piedras, arrastres, gruñidos, sonidos de asfixia, gritos y maldiciones de enojo, con sollozos al final de ello.
El cuerpo de Sebas había perdido parte de su forma original, ahora parecía cuero inflado a punto de estallar. Su forma se hacía vaga. Melor no podía quedarse más, o moriría junto al animal en la explosión resultante. El aire y el ligero terremoto se lo advertían al resonar dentro de él. Se detuvo y corrió hacia su mochila olvidando el hacha y la antorcha, la cual golpeó con su pie en el camino. Iba a empezar a correr a toda velocidad mientras se iba poniendo su mochila en la espalda para ir en la dirección de donde habían llegado.
Justo en el momento en el que se alejaba unos cuantos metros, Melor escuchó un fuerte crujido, y de repente los temblores, vibraciones y demás fenómenos elementales desaparecieron, dejando un ligero eco que se desvanecía también. Melor se detuvo con un ligero derrape y volteó hacia atrás; sus ojos se dilataron del miedo.
La cabeza de Sebas colgaba sin vida en un ángulo imposible mientras el puma lo sostenía del cuello. "¿Siempre pudiste matarlo al instante? ¿Entonces porque hacerlo sufrir? ¿Por qué torturarlo? ¿Para iniciar la sobrecarga? ¿Por qué, qué sucede, qué significa? ¡No entiendo!" Pensó Melor con la cara llorosa y su semblante arrugado.
La antorcha que había caído rodó por la tierra, cubriendo de tierra la tela llena de líquido inflamable. La llama, sin más espacio para mantenerse se fue apagando hasta que la zona quedó a oscuras, solo con el tenue brillo azulado de la luna y el viento resonando. Los ojos del puma observaban a Melor desde el principio en su lugar, sin perseguirlo, y ahora brillaban en la oscuridad como dos pequeños fantasmas brillantes flotando, a veces parpadeando. Melor observó al puma arrastrar lentamente el cuerpo de Sebas hacia el matorral, moviéndose de espaldas lentamente con la mirada atenta a cualquier otro movimiento de su antiguo atacante. Los arbustos hicieron ruido al irse separando. El puma fue desapareciendo en ellos. Primero sus patas traseras y luego esos ojos brillantes que lo miraban fueron tapados por los arbustos que se cerraron después. El cuerpo de Sebas desapareció poco a poco desde su cabeza, dejando marcas en la tierra, y al final, sus pies fueron tragados por la naturaleza… y por lo que se escondía en ella.

Continúa leyendo
Imaginación Energética (Novela)
Capítulo 3
Imaginación Energética (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de Imaginación Energética (Novela), un novela. En un mundo donde la realidad se controla con la imaginación, debes saber la ciencia detrás de cada fenómeno para manifestar magia, si no lo sabes, las cosas no suceden como deberían, por eso la sabiduría y el… Este capítulo tiene publicado el 21 de enero de 2026, Traducido por el grupo JedrekImagic. Imaginación Energética (Novela) tiene 36 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.