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Leer Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 104 online gratis en español

🏴 Grupo: Bariubal116✍️ Traducción: Bariubal116
«Las cabras deben volver a la montaña.» «Así que yo volví a la montaña.» «Nadie me obligó a regresar, ni nadie me trajo de vuelta. Volví por mi cuenta... Mientras regresaba, no dejaba de pensar: ¿qué voy a hacer con mi vida?» Li Huilan estaba llorando. ¿Acaso no sabía lo que le estaban haciendo? ¿Acaso no sabía que todo aquello estaba mal? Pero el corazón humano es complejo y débil. Las personas son seres sociales, igual que las ovejas. Para vivir en sociedad, una persona necesita aprobación, elogios, alimentar su vanidad, tener una buena reputación, una vida de la que pueda hablar sin avergonzarse. Pero por una sola desgracia, la vida de Li Huilan se había vuelto un desastre... ¡Un verdadero desastre! Pero no podía pensar así. ¡No podía! «Al final, las personas y las ovejas siguen siendo diferentes. Una oveja solo necesita aprender a comer pasto, pero una persona también necesita la aprobación de los demás. Cuanto más pensaba que mi vida estaba acabada, más acabada se volvía. ¡Aunque realmente lo estuviera, ni siquiera podía permitirme decir que mi vida tenía algo de malo!» «No me atrevía a morir. ¡Le tenía miedo a la muerte! Pero entonces, ¿cómo podía demostrar que todavía tenía algún valor como persona?» «El día que regresé a la aldea, Li Qiang no me golpeó ni me insultó. Por primera vez en su vida, me preparó una comida. Y después de terminarme ese plato... me convertí en una oveja de esta aldea.» «Perdí mi nombre. Perdí mi propia vida. Tal como él decía, trabajaba sin quejarme, soportaba todo, tenía hijos para él y hasta maté a mi propia hija por él. ¿Crees que hacía todo eso porque quería?» «¿Me enamoré de mi propio enemigo? No... ¡Eso no es amor! ¡No es amor!» «Es solo que aquí era el único lugar donde tenía un hogar. Solo aquí podía engañarme pensando que todavía tenía un poco de valor, que mi existencia significaba algo. Y solo aquí sentía que... todavía podía seguir viviendo un poco más.» «¡Es ridículo!» «Esta montaña era un infierno y, aun así, terminó convirtiéndose en mi último hogar. Quienes me llevaron hasta un callejón sin salida... al final... al final se convirtieron en la única familia que me quedaba.» «Esta es la cadena de hierro alrededor de mi cuello y también la cerradura que aprisiona mi mente.» «Yo no elegí someterme. Es solo que yo también... igual que esas criaturas muertas, tampoco tenía otra opción.» «Odio todo esto, pero ¿qué podía hacer? Solo engañándome de esa manera podía seguir viviendo.» ¿Cuántas personas capaces de romper las reglas como si fueran sobrehumanas podía haber realmente en este mundo? Ella, ellas, todos... No eran más que personas comunes y diminutas dentro de este enorme mundo. Al final, una lágrima cayó por el rostro de Li Huilan. «Una vez leí un libro. Decía que... la muerte más dolorosa no es la del cuerpo, sino aquella en la que se apagan todas las esperanzas.» «Ahora... ya no me queda ninguna.» «Y tampoco me queda nada.» El «hogar» que con tanto esfuerzo había tejido a base de mentiras también se había hecho añicos por completo. El esqueleto que sostenía aquel cascarón y le permitía continuar viviendo como un cadáver ambulante se había quebrado por completo. Por eso ya no tenía fuerzas ni para llorar ni para reír. Nada de lo que hiciera parecía tener sentido. Después de que Li Huilan terminara de hablar, durante mucho tiempo nadie rompió el silencio. Nadie allí estaba en posición de condenarla. Pero tampoco nadie había pensado jamás que aquello estuviera bien. De pronto, Li Wu recordó algo que Lin Meimei había dicho justo antes de morir. —«Este camino, aunque esté equivocado, sigue siendo el correcto.» Porque era la única forma que ellas tenían de seguir viviendo. Ya fuera el rostro que Lin Meimei necesitaba o el hogar que Li Huilan necesitaba, en el fondo... eran el único camino que tenían para buscar la aprobación de los demás, para alcanzar aquello que consideraban «normal». Aunque ese camino hacia la «normalidad» estuviera completamente deformado. Después de todo, las personas y las ovejas sí eran diferentes. Las personas podían pensar. Y pensar significaba sufrir. No era que las ovejas no sufrieran. Era que habían aprendido a evitar ese sufrimiento. Aprendiendo a volverse insensibles. El hospital era un lugar situado en la frontera entre la vida y la muerte, y por eso Li Wu había visto suceder muchas cosas. Padres que renunciaban al tratamiento porque no querían convertirse en una carga para sus hijos. Hijos que, aterrados por la responsabilidad, desaparecían a mitad del tratamiento y dejaban de responder. Renunciar a algo siempre exigía pagar un precio doloroso. Así que, poco a poco, todos ellos aprendían a someterse. A volverse insensibles. Li Wu reflexionó durante unos instantes. Al final, desenvolvió una paleta y se la tendió a Li Huilan. Li Huilan apenas le echó un vistazo. En el instante en que la paleta cayó al suelo, una gota de lluvia golpeó el dorso de la mano de Li Wu. Li Huilan preguntó: «¿Qué estás haciendo?» Li Wu guardó silencio unos segundos antes de responder: «Lo siento. No puedo salvarte.» Confiaba plenamente en sus habilidades como médica. Pero no podía salvar a una persona que ya había muerto. ¿Cómo podía decirse que alguien seguía viviendo como sí misma después de haber perdido incluso su propio apellido? Li Wu no podía salvar a Li Huilan. No podía salvar a alguien que se había vuelto insensible. «Mejor sufrir que volverse insensible», dijo Li Wu. Luego explicó: «El dolor todavía puede tratarse. Un médico no puede salvar a quien ha renunciado a sí mismo.» No era una condena. Era simplemente su postura. Li Wu se dio la vuelta para marcharse, pero de pronto la lluvia empezó a caer con mucha más fuerza. Li Huilan mantuvo la cabeza agachada. Ya era imposible distinguir si lo que corría por su rostro eran lágrimas o lluvia. Solo miraba aquella paleta. Y entonces comenzó a llorar desconsoladamente. Porque estaba pensando: ¿Se había vuelto insensible? Sí. Lo había hecho. Ella también quería salvarse. Pero ¿cuál era su nombre? Se llamaba Huilan, de eso no había duda. Pero ¿cuál era su apellido? Li era el apellido de Li Qiang. Ella solo había adoptado ese apellido después de casarse con él. Entonces, ¿quién era ella? ¿Cómo se llamaba realmente? ¿Cómo no iba a volverse insensible? ¿Cómo podría no haberse vuelto insensible? Mientras luchaba contra aquella insensibilidad que ella misma había utilizado para sobrevivir, Li Huilan soltó un grito casi enloquecido. El sonido todavía reverberaba cuando recogió el cuchillo de cocina del suelo y se lo hundió con fuerza en el pecho, directo al corazón. Todos quedaron paralizados. Todos excepto Li Wu, que cerró los ojos. La sangre se mezcló con los charcos de lluvia y se fue extendiendo lentamente. Li Huilan yacía en medio de su propia sangre. Hasta ella misma parecía encontrarlo extraño. «Por fin... me atreví a hacerlo.» Giró la cabeza para mirar a Li Wu. Su expresión parecía una burla, pero también daba la impresión de que intentaba advertirle algo. «Eres igual que esa persona...» «Ella también decía siempre que uno no debía volverse insensible.» «Pero al final tuvo un destino más miserable que cualquiera.» «El Dios de las Tres Ovejas hará caer el 【Castigo Divino】.» «Nadie puede escapar.» «Ustedes tampoco podrán.» «También terminarán convirtiéndose en novias, igual que yo... a menos que... ella quiera.» No alcanzó a explicar qué ocurriría entonces. Tampoco llegó a decir quién era aquella «ella». De pronto, exhaló su último aliento. Y justo en ese momento... El cielo exterior terminó de oscurecerse por completo. Desde la parte trasera de la aldea, ahora sumida en una noche sin luna, se escuchó de pronto el doloroso balido de una oveja. «Beeee...» El sonido estaba cargado de una tristeza insoportable. Todos dirigieron la mirada hacia el cadáver de Li Huilan. Quizá fuera por la muerte. O quizá porque, en el último instante de su vida, Li Huilan había conseguido liberarse de la 【Sumisión】 y había elegido la muerte por voluntad propia. No se convirtió en una oveja negra. De pronto llegaron desde la distancia unos misteriosos murmullos. Y el sonido de unos cascos empezó a acercarse cada vez más. Todos tensaron el cuerpo. «Las ovejas llegaron.»
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Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 104

Estás leyendo el capítulo 104 de Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela), un novela. El primer día después de quedarse sin trabajo, una misteriosa aplicación aparece de la nada en el celular de Li Wu. Los trabajos que ofrece son fáciles y están demasiado bien pagados. A simple vista, una estafa de… Este capítulo tiene publicado el 26 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Bariubal116. Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) tiene 170 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.