Leer Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 103 online gratis en español
🏴 Grupo: Bariubal116✍️ Traducción: Bariubal116
Después de escuchar todo aquello, la sospecha que Li Wu llevaba tanto tiempo albergando por fin obtuvo una respuesta.
«Ustedes... como pensaba, son esas ovejas negras.»
Li Huilan todavía mostraba algo de sorpresa y frustración. Soltó un par de risas amargas.
«Parece que ya lo sabes todo.»
Li Wu estaba demasiado tranquila.
Por la noche, la aldea quedaba completamente vacía de gente y era ocupada por un rebaño de ovejas negras.
De día, en cambio, era todo lo contrario.
Con semejante cantidad de ovejas negras, ¿cómo iban a desaparecer todas sin dejar rastro? Y además estaban aquellas expresiones excesivamente humanas.
Li Wu llevaba mucho tiempo preguntándose si las ovejas negras eran personas transformadas, pero nunca había tenido pruebas concluyentes.
Hasta que Li Huilan dijo que había matado a su hijo.
Solo entonces pudo estar segura.
La oveja negra que había robado la campana de Xiaoxiao, la única criatura que Li Wu había matado durante este 【Trabajo】, era el hijo de Li Huilan.
Era una persona.
Por eso la guía insistía en que no dañaran a ninguna «oveja».
¡Porque todas las ovejas de este lugar eran personas transformadas!
Los aldeanos sabrían a quién habías matado y el odio los impulsaría a vengar esa muerte.
Los demás también cambiaron de expresión al comprenderlo.
«Si las ovejas son personas, entonces beber el caldo de oveja no sería...»
En cuanto Hua Zhi cayó en cuenta, lo primero que hizo fue vomitar.
Aunque antes ya había expulsado la mayor parte, al conocer la verdad su cuerpo reaccionó por puro instinto y empezó a tener arcadas.
«Exacto. El caldo de oveja...» Li Huilan soltó una risa fría. «¡Todo lo que bebieron y comieron era carne y sangre de los niños que murieron aquí!»
Levantó la cabeza y fulminó a Li Wu con la mirada.
«Ustedes también cargan con pecados muy graves.»
Li Wu seguía tan tranquila que daba miedo. La refutó de inmediato:
«No me cargues culpas que no me corresponden. Fuera lo que fuera ese caldo, para mí era caldo de oveja. Cuando lo bebí, no era más que caldo de oveja y, además, fue el Abuelo de su propia aldea quien nos lo sirvió. No acepto esa clase de chantaje moral.»
Los demás quedaron atónitos.
¡Qué capacidad de adaptación!
Y además...
Parecía que tampoco estaba equivocada.
«Ya nada de eso importa.» Li Huilan tenía los ojos enrojecidos y sorbió por la nariz. «Ellos ya no van a volver.»
«Mi hijo, mi esposo... ninguno va a volver.»
Mientras murmuraba aquello, aprovechó lo que creyó un descuido de Li Wu y se lanzó sobre ella con un cuchillo de cocina en la mano.
«¡Vete al infierno a hacerles compañía!»
Sin embargo, Li Wu ya había previsto que algo así ocurriría.
Con un ligero movimiento hacia un lado esquivó el ataque, le arrebató el cuchillo y lo lanzó lejos.
«¡Mátame! ¡Mátame!» Li Huilan sabía que resistirse era inútil. «¡Ya mataste a toda mi familia! ¡Mátame a mí también y acabemos con esto de una vez!»
Ella, que hacía mucho había aprendido a someterse, se desplomó sin fuerzas en el suelo y solo pudo descargar contra Li Wu una rabia impotente.
Li Wu no tenía intención de matarla.
Se limitó a bajar la mirada hacia Li Huilan y preguntó:
«¿Todavía recuerdas tu verdadero nombre?»
¿Su nombre?
En cuanto escuchó esa pregunta, Li Huilan guardó silencio, como si le hubieran abierto de nuevo una herida todavía más dolorosa.
Li Wu habló:
«Tú no te apellidas Li, ¿verdad?»
Li Huilan la miró con lágrimas en los ojos.
«A estas alturas, ¿de verdad importa hablar de eso?»
«Importa. Ese es el origen de tu dolor.»
Li Wu continuó:
«¿De verdad amas este hogar falso?»
Cuando todas las mentiras quedaron expuestas, Li Huilan cerró los ojos.
«Je...»
Aquella risa amarga parecía brotarle desde lo más profundo del alma.
Volvió a abrir los ojos. Estaban cubiertos por un gris apagado, como si una capa de niebla los hubiera teñido.
Preguntó:
«Entonces... ¿qué se suponía que podía hacer yo?»
Sufría.
¿Cómo no iba a sufrir?
Había visto con sus propios ojos cómo su hijo moría a manos de Li Wu.
Había ido deliberadamente al santuario del Dios de las Tres Ovejas y había encontrado a Li Wu apenas tuvo oportunidad.
Nada de aquello había sido una coincidencia.
Lo había planeado desde el principio.
Quería hacer que Li Wu probara un dolor mil, diez mil veces peor.
Pero al final, el castigo había vuelto a caer sobre ella misma.
Y no podía hacer nada.
No podía hacer absolutamente nada.
No era más que una mujer sin poder.
Y si se retrocedía veinte años, tampoco había sido más que una mujer sola, sin nadie a quien recurrir.
«Ahora tengo treinta y seis años. Tenía dieciséis cuando me secuestraron y me trajeron aquí. Llevo veinte años en esta aldea... ¡Veinte años! ¡He pasado más de la mitad de mi vida en este lugar!»
«Me escogieron como si estuvieran eligiendo mercancía. Li Qiang me llevó amarrada a su casa, me puso una cadena alrededor del cuello y me encerró en una habitación fría y húmeda donde podía pasar días enteros sin ver la luz.»
«La cadena era tan corta que ni siquiera podía ponerme de pie. Hasta para comer tenía que arrastrarme como un animal hasta donde me dejaban la comida. Igual que una oveja masticando pasto, tenía que bajar la cabeza y acercar toda la cara para poder comer.»
«Ya ni siquiera recuerdo en qué momento pasé de ser una persona a convertirme en una oveja. Tal vez me convertí en una desde el mismo día en que me trajeron atada.»
«Pensé en resistirme. Pensé en dejarme morir de hambre. Pero ¿sabes una cosa? Morirse también requiere valor. Ni siquiera morir depende siempre de uno mismo.»
«Me arrodillé y golpeé la frente contra el suelo hasta dejarla ensangrentada. Me negué a comer hasta que apenas podía pensar con claridad. Pero a Li Qiang no le importaba nada de eso. A nadie de esta aldea le importaba.»
«Aunque yo ya estuviera medio muerta, Li Qiang seguía violándome como si yo no fuera más que una herramienta. Día y noche...»
«¡Lo odiaba! ¿Cómo no iba a odiarlo? Pero el instinto de supervivencia de una persona viva hizo que terminara cediendo ante aquella comida rancia, que abriera la boca y comiera.»
«Hizo que bajara la cabeza.»
Al llegar a ese punto, se rio.
Luego volvió a apretar los puños.
«Después logré escapar una vez.»
«Ahora que lo pienso... quizá no debí haber escapado.»
Levantó la cabeza.
Durante aquel instante de silencio, ya no pudo contener el dolor que le traían los recuerdos. El rostro se le contrajo y se cubrió los ojos con una mano mientras las lágrimas escapaban.
«Tal vez no sea solo en esta aldea donde abandonar a una mujer se considera algo perfectamente normal. Afuera pasa lo mismo.»
«No... No es “tal vez”. Estoy segura.»
«Cuando escapé, descubrí que todos se habían esforzado muchísimo por buscarme. Me puse muy feliz. Pensé que, cuando volviera a casa, por fin encontraría consuelo después de todo lo que había sufrido.»
«Pero el día en que realmente volví... nunca voy a olvidar sus miradas.»
«Estaban sorprendidos. No podían creerlo. Incluso estaban genuinamente felices de verme.»
«Pero eso cambió muy rápido...»
«Yo no podía adaptarme a la vida de afuera. Tampoco podía acostumbrarme a que los demás me miraran preocupados ni a que se preocuparan por mí. Tenía pesadillas todo el tiempo.»
«Luego empezaron a llegarme los comentarios de otras mujeres. Decían que yo ya estaba “sucia”. Se ponían a imaginar todo lo que me habrían hecho. Se burlaban preguntándose si habría contraído alguna enfermedad rara.»
«La pena que antes sentían por mí se convirtió poco a poco en rechazo y burlas.»
«Cuando me acercaba, se apartaban. Si comíamos en la misma mesa, evitaban los platos de los que yo había comido.»
«Hasta mi papá y mi mamá...»
«Ellos también decían que ya nadie querría casarse conmigo. Que no podía quedarme toda la vida en casa. Me insultaban, decían que era una vergüenza, una carga inútil.»
«Pero ¿acaso yo quería que me secuestraran?»
«¿Fue culpa mía?»
«¡¿Fue culpa mía?!»
«¡¿Qué tenía que ver conmigo?!»
«¡La víctima era yo!»
«Quise buscar trabajo, pero no tenía estudios ni conocimientos básicos. Y durante aquellos años el mundo de afuera había cambiado demasiado, demasiado rápido. En ningún sitio querían contratar a alguien como yo, que no entendía nada.»
«Con mucho esfuerzo conseguí algunos trabajos pesados, pero entonces la gente de alrededor empezó a hablar a mis espaldas.»
«Decían que era una mujer echada a perder.»
«Sin darme cuenta... parecía que ya no encajaba en el mundo al que alguna vez había pertenecido.»
«Cobarde.»
«Ignorante.»
«Sucia.»
«Todas esas cosas se convirtieron en una especie de olor animal pegado a mi cuerpo, un hedor que no podía quitarme por más que intentara lavarlo.»
«Y parece que de verdad...»
«Terminé convertida en una oveja.»
«En una cabra.»

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Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela)
Capítulo 104
Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 103
Estás leyendo el capítulo 103 de Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela), un novela. El primer día después de quedarse sin trabajo, una misteriosa aplicación aparece de la nada en el celular de Li Wu. Los trabajos que ofrece son fáciles y están demasiado bien pagados. A simple vista, una estafa de… Este capítulo tiene publicado el 25 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Bariubal116. Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) tiene 170 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.