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Leer Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 101 online gratis en español

🏴 Grupo: Bariubal116✍️ Traducción: Bariubal116
Cuando los ruidos del subsuelo desaparecieron, las personas que llevaban todo ese tiempo esperando arriba finalmente comenzaron a moverse. Con mucho cuidado, cada una se pegó varios talismanes de papel en el cuerpo. Eran talismanes capaces de impedir que los cadáveres de bebé se acercaran. Mientras bajaban, Li Qiang seguía refunfuñando y culpando a Li Huilan. «De verdad que tú también… De todas formas, si las dejábamos ahí, tarde o temprano iban a morir. O alguien se las habría llevado para convertirlas en novias.» «Pero tú tenías que soltar a esas cosas fantasmales y meternos en todo este problema.» Li Huilan no respondió. Ya había conseguido lo que quería. Lo que Li Qiang dijera ahora le daba igual. Desde la entrada del agujero, Li Qiang observó el fondo. «¿Por qué no se ve ni rastro de ellas?» Li Huilan soltó una risa fría. «Seguro que ya se las comieron hasta no dejar ni los huesos.» Li Qiang frunció el ceño. «Tampoco están esas cosas.» Al escuchar que los cadáveres de bebé tampoco estaban allí, Li Huilan sintió una mala premonición. Se asomó por la abertura. Realmente habían desaparecido. «¿Cómo puede ser…?» Su mente quedó en blanco. Solo entonces Li Qiang se enfureció. «Algo salió mal.» La ira del hombre surgió sin previo aviso. En condiciones normales, una vez roto el sello, aquellas cosas no regresaban fácilmente. Había que esperar hasta el día del sacrificio para poder obligarlas a volver al fondo del río. Precisamente porque aquello era tan problemático, Li Qiang había considerado que Li Huilan estaba haciendo un escándalo innecesario. Pero Li Huilan era la mujer con la que vivía. Normalmente era obediente y no armaba problemas como otras mujeres. Así que había decidido dejar pasar el asunto. Pero ahora estaba claro que algo había salido mal. No solo habían desaparecido las forasteras. También habían desaparecido las cosas fantasmales del Río de los Bebés Enterrados. Si el jefe de la aldea se enteraba, Li Qiang inevitablemente recibiría un castigo. Así era la gente. Incluso entre marido y mujer, no necesariamente les importaba el otro. Mientras el desastre no les cayera encima, daba igual lo que hiciera la otra persona. Pero en cuanto las consecuencias los alcanzaban, de repente sí les importaba. Y también se volvían violentos. Li Qiang extendió una mano, agarró a Li Huilan del cabello y la arrastró brutalmente hacia él. «¡Eres una maldita fuente de problemas!» «¡Te dije que no actuaras por impulso! ¡Te lo dije una y otra vez y no me hiciste caso!» «¡Ahora mira! ¡Algo salió mal! ¡Tenemos un problema!» «¡La gente desapareció, las novias desaparecieron y hasta esas cosas fantasmales desaparecieron!» «¡Cuando el jefe de la aldea venga a ajustar cuentas, como me caiga aunque sea un solo regaño por tu culpa, te juro que te mato!» «¡¿Me oíste?!» La fachada de hombre estable y tranquilo de Li Qiang no resistió ni la más mínima prueba. Tironeaba a Li Huilan de un lado a otro, haciéndola gemir de dolor. Pero la mujer parecía estar acostumbrada. Solo dejaba escapar sonidos cuando el dolor físico se volvía imposible de contener. Sin embargo, justo en ese momento, los cadáveres de bebé ocultos en la oscuridad se reunieron a toda velocidad. Con un impulso imparable, comenzaron a apilarse hacia arriba. Formaron un río que ascendía hasta el cielo. Todo ocurrió demasiado rápido. Y era demasiado aterrador. «¡Mierda!» «¡Corre!» Li Qiang rugió y salió corriendo de inmediato. Era evidente que había olvidado por completo a su esposa detrás de él. La enorme sombra formada por los cadáveres infantiles rompió las restricciones del subsuelo. Por primera vez… alcanzaron la superficie. Aquella gigantesca masa negra ejercía una presión sofocante. Parecía un río celestial descendiendo desde el cielo nocturno. Li Huilan ya estaba aturdida. Al contemplar una escena que jamás había visto antes, sintió que se le erizaba hasta el cuero cabelludo. Quiso escapar aterrorizada. Pero las piernas se le habían vuelto completamente blandas. No podía moverse. «Ah… ah…» Ni siquiera era capaz de hablar. De su garganta solo salían sonidos simples. Frente al miedo absoluto, una persona podía convertirse inconscientemente en un cordero esperando el sacrificio. Aquello le hizo recordar la vez en que la golpearon hasta casi matarla. Cuando aquel «río» de bebés se abalanzó hacia ella, las lágrimas de Li Huilan comenzaron a salir por puro terror. Al final solo pudo cerrar los ojos, cubrirse la cabeza y gritar. Pero los cadáveres pasaron de largo. Fueron directamente tras Li Qiang. Li Qiang estaba aterrorizado. Pero en cuanto comprendió que aquellas cosas no eran más que los cadáveres de las bebés, dejó de tenerles miedo. Se detuvo de inmediato. Señaló los talismanes pegados a su cuerpo y les gritó: «¡Malditas sean, vengan!» «¡Mátenme!» «¡Cómanme!» «¿Ven estos talismanes que llevo encima?» «¡Son justamente para contenerlas a ustedes!» «¡Atrévansé a acercarse y las mato!» Cuando vio que los cadáveres realmente se detenían, escupió con desprecio hacia ellas. «¡Puf!» Soltó un par de risas desdeñosas y comenzó a caminar alrededor del grupo. Los ojos de las bebés lo seguían fijamente. Li Qiang incluso levantó una mano y le dio unas palmaditas provocadoras en la cara a una de ellas. «Basuras que tuvieron vida para nacer, pero no para vivir.» «¿Están resentidas?» «Pues sigan resentidas.» «¿Quién les mandó nacer mal?» «Tenían que nacer con el sexo equivocado.» «Y tampoco me culpen a mí.» «No crecieron porque jamás habrían podido crecer.» «Sí, lo admito.» «En esta aldea preferimos a los hijos varones.» «¿Y qué?» Señaló en dirección a Li Huilan con el mismo desprecio con el que señalaría a un animal. «¿Ven a esa mujer?» «Yo ya puedo considerarme bastante bueno con ella.» «Si la tratara mal de verdad, después de terminar todo el trabajo del día ni siquiera le permitiría salir de la casa.» «En esta aldea nadie aprecia a las mujeres.» «Trabajar, cocinar, mantener la casa… todo se lo dejamos a ellas.» «Y si estoy de mal humor, también puedo pegarle.» «Como quiera.» «Antes, ¿qué era lo que trabajaba, cocinaba y mantenía una casa?» «Una vaca.» «Un caballo.» «Un animal de carga.» «¿Y ahora?» «Estas mujeres.» «No solo pueden trabajar como vacas y caballos.» «También pueden parir hijos.» «Así que tampoco nos culpen.» «Han pasado cientos de años.» «Esta aldea lleva cientos de años siendo así.» «Todo el mundo hace lo mismo.» «¿Creen que sus padres realmente las odiaban tanto?» «No.» «A sus padres también les dolía, ¿entienden?» «Si hubieran sido niños, al crecer habrían conseguido una novia.» «Pero ustedes eran niñas.» «Y ser niña aquí es sufrir.» «¿Qué futuro puede tener una niña nacida en esta aldea?» «Cuando crezca, tendrá que convertirse en novia y casarse.» «Y ni siquiera estoy hablando de si cuesta dinero mantenerla o no.» «Aunque crecieran y se convirtieran en novias, seguirían teniendo una vida de animales de carga.» «¿Qué padre quiere ver a su propia hija convertida en un animal?» «Antes que ver algo así…» «Antes que verla vivir peor que muerta…» «es mucho más fácil fingir que nunca nació.» «Por eso las esposas de esta aldea se consiguen capturándolas de afuera.» «Las traemos de otros lugares.» «No dejamos crecer a las niñas que nacen aquí.» «¡Porque sufrirían!» «¡Lo hacemos por su bien!» Li Qiang no se consideraba una buena persona. Pero así era aquella aldea. Allí no había gente buena. Matar a las niñas en la cuna nada más nacer… para ser sinceros, allí incluso podía considerarse una especie de «conciencia». No se trataba únicamente de preferir a los hijos varones. También era no querer traer una hija al mundo y contemplar cómo, paso a paso, avanzaba hacia el destino que aquella aldea ya había decidido para ella. Las niñas de esa aldea jamás tendrían un buen final. Por mucho que sus padres las amaran o sufrieran por ellas, ¿de qué servía? Aunque decidieran que su hija jamás se casaría… ¿qué cambiaría? Se convertirían en una anomalía. En enemigos de toda la aldea. ¿Acaso no sabían que las niñas sufrían? ¿Acaso no sabían que aquello era injusto? Claro que lo sabían. Lo sabían demasiado bien. Y precisamente porque lo sabían demasiado bien… sentían que tenían que matar a sus propias hijas. Habían pasado cientos de años. En ese tiempo hasta podían caer dinastías y países enteros. Entonces… ¿por qué aquel sistema seguía existiendo? Porque había personas que querían seguir disfrutando de sus beneficios. Si intentabas romper las reglas, estabas tocando la parte del pastel que otros consideraban suya. Y ellos estarían dispuestos a matarte antes que renunciar a ella. Las personas eran egoístas. Nadie quería convertirse en quien se quedara sin su parte del pastel. Y mucho menos terminar convertido en un plato sobre la mesa de los demás. Así que nadie decía nada. Todos aceptaban el proceso en silencio. ¿Nació una hija? Mátala. Así no tendrá que sufrir cuando crezca. Cuanto más blando seas de corazón… cuanto más llegues a quererla… menos podrás soportar que su futuro esté destinado a ser completamente oscuro. ¿Faltan esposas? Secuestra algunas de afuera. Al fin y al cabo, no son familia. No hay sentimientos de por medio. Todos vivían así. ¿Importaba si había amor? No. Lo importante era que no podían cambiarlo. Y tampoco querían hacerlo. Así era la Aldea de las Ovejas Dolientes. Así era el mundo. Antes que sufrir, mejor volverse insensible.
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Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 101

Estás leyendo el capítulo 101 de Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela), un novela. El primer día después de quedarse sin trabajo, una misteriosa aplicación aparece de la nada en el celular de Li Wu. Los trabajos que ofrece son fáciles y están demasiado bien pagados. A simple vista, una estafa de… Este capítulo tiene publicado el 25 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Bariubal116. Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) tiene 170 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.