Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
Mariadna... Incluso desde que su cuerpo y mente no eran más que los de un infante y vivía plenamente su infancia e inocencia como cualquier otro crío, ella siempre fue consciente de un punto bastante curioso y un tema que en general los críos no tendrían que tener idea mínima, porque no es algo de su "interés" o, vaya la redundancia, algo que fuese divertido. Eso mismo es un referente a que Mariadna, constantemente, en palabras de su madre y padre, se le fue muchas veces repetido que las familias nobles eran... O más bien, son exigentes. A un grado que en ocasiones roza la locura. Pese a estar "preparada" mentalmente para lo que conlleva tener un trabajo pendiente y exclusivo con los Dararam, la familia noble del reino extranjero del norte jamás se esperó que todo esto empeorara de una manera muy abrupta.
¿Por qué?
Ah, para ello he de regresar a unos cuantos días atrás, a su encuentro con Kulios y esa rana que ella misma catalogó como fea.
Más concretamente, cinco días después del encuentro.
⁂
Por el pueblo de las estrellas, el sol deslumbra en una mañana tranquila; el fresco viento resopla con calma, trayendo paz a las aves que canturrean por los cielos. Los perros, gatos, ardillas y un sinfín de animales despiertan y el resplandor dorado del cielo encandila tenuemente las calles del pueblo de las estrellas. Mariadna, quien hacía ya unos momentos que despertó de su letargo descanso tras una larga jornada cumpliendo con sus pendientes, se encontró con una sorpresa. No, no una sorpresa, llamarle sorpresa a esto sería mentir; inclusive, apodarle como un milagro es directamente la mentira de la humanidad.
Entonces... Uhm, ¿cómo se le puede llamar a esto? He, un infortunio.
Porque es justo lo que Mariadna piensa esta mañana en su cama, con el pijama y el cabello revuelto, observando a aquel "infortunio" en su vida.
—W-Woah...—Los ojos y mirada de Mariadna, puestos firmemente en el extremo derecho de su habitación, en donde justo adorna un bulto de prendas que ella aún no ha recogido ni limpiado. No por falta de tiempo; bueno, seguramente un poco, sin embargo, también de un tanto de pereza. Su madre le recalca ello, aunque en simpleza le da mucho igual. Ya lo hará un día de estos. De la montaña de camisas, pantalones y un par de ropajes interiores... Adorna algo más.... Un bulto, claro es, un bulto más. Pero, ligeramente más redondeado, prominente y con un moño que simula la corona de un rey.
He, si no es suficiente. Justo al lado de aquel bulto se encuentra algo más.
No, no algo.
Si no alguien. Y ese alguien no es más, ni nada menos que Kulios. Sí, el propio dios del abismo. —Buenos días⁓— Canturreo con esa serenidad absurda y ese tono juguetón y coqueto característico de él mientras observa a Mariadna, quien aún le mantiene esa mirada desconcertada. Al igual que un poco inacostumbrada aún al comportamiento de este "dios". —¿Qué haces aquí?— Pregunto ella, a lo cual Kulios solo bufó. —He, de hecho, esta vez fue más curioso.—
—¿Curioso?
—Sí, curioso. Bueno... Es que, deja que te cuente...
Y tras un momento de explicación....
—¡MAMA!— Su grito retumbó por toda la casa; incluso Kulios se cubrió los oídos. —¿¡Qué sucede, que son las siete de la mañana!?— Se escuchó desde un extremo de las otras habitaciones... Su madre, que despertó tras ese potente y furtivo grito que dejaría como tonto a cualquier bardo de las tierras orco.
Para resumir, Kulios, esta vez realmente no miente. Oh, al menos no mucho. Digamos que, eh, todo es un tanto absurdo. Comencemos con un par de horas atrás; aún por la madrugada, Kulios, sin mucho que hacer a esas altas horas de la noche, sereno y "tranquilo" entre comillas, le llegó una grandiosa idea de la nada a su gran cerebro de dios autoproclamado por la historia del mundo de los siete continentes, y esa idea no era más que haberse decidido por jugarle una broma a Mariadna mientras observaba las estrellas recostado tranquilamente en la cima de una montaña sin hacer un mal a nadie. Sin embargo, ¿por qué se le ocurrió de la nada querer molestar a la joven costurera Mariadna de Lordtta? Eh, pues porque sí.
¿Se necesitaba más explicación? Claramente no.
A lo cual, tras unos cortos momentos de reflexión, pensando en otras ideas para fastidiar a la pobre costurera, tomó su primera acción. Qué sería asustarle con arañas falsas. Sí, como un niñato, y lo acepto en dichos momentos. Por ende, le dio completamente igual. Kulios hace lo que quiera, se había dicho a sí mismo. Sin más que decir, Kulios fue que llegó a la casa de Mariadna a altas horas de esta madrugada con claramente una sonrisa en los labios. La humilde morada de Mariadna decoraba frente a él, a lo cual en esos instantes Kulios pensó: «¿Cómo puedo entrar?» Pues, sencillo. Solo atravesó la puerta. Para él, y como tendría que ser, todos a estas horas han de estar durmiendo en sus casas, descansando de un día largo. Por ende, entrar a la humilde morada de Mariadna... Tendría que haber sido sencillo; solo era caminar de por aquí por allá, robar alguna fruta y asustar a Mariadna en su habitación, ¿qué no? Y bueno, técnicamente, ese era el punto "sencillo"....
Ya... Sencillo...
Sencillo fuera, en caso de no haberse encontrado con la madre de Mariadna bebiendo un té tranquilamente, apenas se adentró a la cocina de la casa. Curioso, ambos frente a frente. Ninguno había dicho nada en aquel momento; la madre de Mariadna solo se le quedó mirando fijamente. Kulios también.... Miradas intensas por unos segundos. Hasta que... A la mujer se le ocurrió decir lo siguiente: "¿Mariadna te metió a la casa en secreto?" He, Kulios, ante todo pronóstico, respondió con lo siguiente: "Sí, solo quería un poco de agua, ya sabe, es muy energética". El silencio se repitió.
Pero fue en aquel momento que la madre de Mariadna ejerció un grito que pudo haber despertado a toda la cuadra: "¡Mi hija no es una maldita quehacerada! ¡Tiene novio, tiene novio!" Éh, sin mayores opciones... Kulios se vio en la necesidad de actuar como el novio de Mariadna por un buen rato de la noche, hasta que su "suegra" le ganó el sueño tras largas horas de charla sobre cómo se "conocieron" él y Mariadna, así, como un par de mentiras de por medio y un nombre falso. Ya que "Kulios", quiera o no, es un nombre un tanto conocido como desconocido. Ah, y por si no fuera menos, Kulios, o bien "Richard", recibió una copia de las llaves de la casa.
—Ya, te dije que no fue completamente mi culpa.— Repitio Kulios, mientras Mariadna, se sujeta la cabeza con vergüenza. —¡N-NO! ¡Es completamente tu culpa! ¿Venir a hacerme una broma? ¿Eres un niñato o qué? ¡Además! ¿¡Q-Q-Qu-QUE-Que er-eras mi.... Mi.... Mi novio!? ¡Eres un completo idiota!— Canto a los cuatro vientos. Al mismo tiempo que Kulios esquivaba los objetos que Mariadna le arrojaba a la cara.
—¿Y lo malo? Tu madre hace un buen té, mejor que el de mi secretaria.
—¡Ese no es el punto!
He aquí, tras un largo momento de gritos e insultos. La madre de Mariadna llega a la habitación. —¿¡Qué está pasando aquí!? ¿Por qué tanto grito?— Dicto desde la lejanía, aunque, bueno. La escena que se encontró justo en el momento en que ejerce fuerza, abre la puerta y lo primero que mira es a Kulios muy cerca del rostro de Mariadna, quien, de su rostro, maquilla un fuerte sonrojo. No fue de mucha ayuda, que digamos, para desacreditar esa "historia" de novios que Kulios esparció en la mente de la madre de Mariadna.
—Uepa, lo siento.
—¡M-Mama!— Dijo Mariadna de prisa en el momento justo en que los ojos de ella y su madre se encontraron, y la mujer se dio vuelta para regresar por donde vino. Deshaciéndose del agarre de Kulios y corriendo rápidamente a donde su madre. —¡Que este tipo solo es un idiota!
—¿Un idiota?— repitió su madre, mientras Mariadna le sujeta firmemente de los hombros. —¡Si, un idiota!— Sin espera, su madre deja caer su cabeza a un costado de su hombro derecho. —No creo que sea idiota, es un buen chico, tiene una cara de malo, pero. Eh, me gusta. Sacaste un buen partido, cariño. Tienes mis dieces.—
—¡En serio que te odio, Kulios!
—¿K-Kulios? No que era ¿Richard?— Pregunto su madre, confusa, a lo cual Mariadna se dio cuenta rápidamente de todo esto. Teniendo que morderse los labios para no volver a insultarlo. —S-Si, Richard. ¡Richard, eres un completo idiota!— Repitio, su madre esta vez no preguntó, solo suspiró.
—Hey, no digas eso, es muy cruel. Ten más respeto por el hombre que te dará hijos.— Esto es absurdo. —¡Ya basta tú también, mamá!— Para colmo, Kulios suelta un suave "pff" que termina por descolocar los claves de Mariadna.
—....—
Tras un buen rato de insultos, gritos y reflexiones, el escenario cambia abruptamente. Ahora, por la cocina de la casa.
—Oh, así que solo son amigos... Eh...— La madre de Mariadna recibió una breve y corta explicación con mentiras para olvidar este malentendido. Y ahora... Le resulta un poco decepcionante para ella. —¿Por qué esa cara?— Pregunta Mariadna. Su madre sonríe. —Hija, ¿te gustan las mujeres?— La habitación de pronto manifestó un silencio de penumbra.
—¿A-que viene esa pregunta, mamá?
—Ya, bueno... Creí que por fin traías un hombre a casa, pero resulta que no. Y además, una vez te miré muy melosa con una de tus amigas. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí. Jarka... Incluso, creo que escuché alguna vez cómo le llamaste "cariño". ¿Eso es algo nuevo de estas generaciones? Pues qué raro.—
El nivel de absurdidad escala cada vez más rápido. Kulios no mencionó nada; él solo se muere de la risa internamente, mientras Mariadna... Ah.... —¡Que solo eran bromas! Tenemos esa forma de tratarnos por más y mero cariño. ¡No es porque me guste ni nada de eso! Además.. ¿¡Qué más da si no traigo a un chico a casa!? Tengo cosas más importantes que hacer.—
—Incluso la hija de la vecina ya se casará esta próxima semana...
—¡Ugh!— Con suave y profundo respiro que terminó con un suspiro, Mariadna se deja caer sobre la mesa. —Me ha dado hambre con todo esto... Además, tú. ¿Qué era cosa redonda que tenía moño?— En esta ocasión, Mariadna preguntó directamente a Kulios, quien, ya hace un rato, tiene al gato de la familia sobre sus piernas en el momento en que se apareció cuando Mariadna y su madre discutían. —Telas, hilos y todo eso. Los traje de camino por la madrugada antes de llegar; se me pasó decir eso.— Eso descolocó un poco a Mariadna. Pero no dijo nada.
Respiro y agradecio. Kulios solo asintió; no obstante, por su cabeza cruzó una idea espontánea. ¿Esto tenía que ver con aquella mano dorada? O… ¿Simplemente fue porque realmente a Kulios le apeteció regalarle todo esto porque sí? Después de todo, los hilos, las telas y más materiales eran justo por lo que suplicaba días antes y ahora… De la nada, los tiene, Mariadna, suspira una vez más agitando la cabeza en silencio; mientras tanto, su madre en silencio se colocó de pie, yendo a la cocina. Y del piso de arriba, el padre de Mariadna bajando, con sueño y el cabello desordenado. Bostezando un poco, aun sin mirar y darse cuenta de que... Hay una cuarta persona en la casa. —Mi amor...— Llamo el a su mujer. Avanzando tranquilamente para tomar una taza de barro, servir un poco de agua en su interior, ir a la cocina... Tomar asiento, observar a Mariadna. Y justo cuando su mirada se posa a su lado.... Kulios o bien "Richard" lo saluda con la mano izquierda....
Y por cuarta o quinta... Quizás sexta vez consecutiva en esta mañana, un silencio sepulcral inunda la cocina de la casa. El viejo, observando a Kulios, para luego observar a Mariadna y repetir el proceso unas tres veces más. Para, por último, dar su mirada a su esposa y esta negara con la cabeza.... Agachando la mirada, un tanto decepcionado.
—¿¡Tu también!?
Bufó Mariadna ante la reacción de su padre....
⁂
—Ahh...
Una hora después de aquel curioso momento por la casa de la joven Mariadna, ahora, dentro de su estudio, yace suspendida mirando al techo. Con el trasero puesto sobre la silla de madera que usa para no "lastimar" su espalda y mantener la espalda recta. Aunque, ahora, luzca más como un camarón derrotado. Kulios a su lado, observándola en silencio. Maradna, por la cabeza, rememora la carta de la Familia Dararam sobre el vestido para la princesa Furinta de Dararam. La princesa más joven entre el linaje, quien desea un vestido exclusivo y único en el mundo que solo ella pueda presumir a sus amigas.
Un diseño tan complejo.... Que, pese a las especificaciones que la carta colocaba escritas, la mente de Mariadna... Aún no puede bocetear de buena forma. —¿En problemas?— Comento Kulios de pronto y Mariadna asintió. —Si.... No tengo ni idea de cómo hacerlo, y solo tengo un par de meses para terminar con el trabajo—
—Pues... "Un par de meses" es bastante tiempo.
—Lo es si no fuera porque a esta gente, a los nobles, no les gusta cualquier cosa. Especialmente si se trata de una princesa caprichosa.
—Ya... Tienes razón en eso, Mariadna.— Y con un suspiro, Mariadna deja caer sus hombros al escuchar el comentario de Kulios. —No sé qué hacer...— Murmuro, Y no es para menos. Mariadna, desde entonces y cuando el tiempo le permitió un descanso, investigó un poco sobre los Dararam, dándose cuenta y una idea de que no cualquier cosa los convencería. Principalmente porque los Dararam, desde los comienzos de los cimientos de los reinos extranjeros, fueron considerados una familia.... Muy excéntrica y devota de su religión. —¿Un vestido con forma de rana? Esos tipos tienen una obsesión por las ranas.—
Comento Kulios, a lo cual Mariadna rio. —Ya, y si lo hago mal, me decapitan ahí mismo por creer que me burlo de eso mismo.—
—Eh, equivocada no estás.— Y nuevamente, otro suspiro se le escapa a Mariadna. —Cada reino extranjero tiene su propia "devoción", ¿que no? Mi gente alaba mucho al gran padre protector, el reino del este venera mucho al "pavo" y el norte, pues ya sabes. Las ranas.— Comento Mariadna. Kulios asintió y entonces dijo: —He visto cómo los reinos han crecido desde sus comienzos. Cada religión creció por las esperanzas. Y los Dararam... Es el más absurdo de todos.—
—¿Por qué?— Pregunta, curiosa. A Mariadna, en ocasiones, le agrada escuchar a Kulios cuando este deja las tonterías de lado.
—Historia larga... Pero para resumirlo, su amor por las ranas viene del primer ministro de los Dararam, a quien le salvó una rana gorda de morir por la punta de una lanza tras la traición de uno de sus hijos. Comenzando a venerar la "suerte" al mismo modo de atribuir a las ranas como la propia suerte tras haber rescatado al primer ministro de la familia.—
—W-Woah... Eso no lo sabia
—Ya, cada familia tiene sus secretos...— Kulios Tiene razón. Fuera de la imagen que los reinos extranjeros venden, tienden a guardar un par de secretos. Algunos más turbios y otros más cómicos, como el caso de los Dararam. Que, tras largas décadas, han mantenido en secreto. No por vergüenza. Sí no por la creencia de que contarlo al mundo hará que la "suerte" de su pueblo desaparezca.
Aunque para Kulios, solo es una tonta excusa para ocultar esa vergüenza.
¿Pero qué puede hacer él al respecto? —Antes eran cuatro reinos extranjeros, ¿verdad? O eso decían en la academia del pueblo.— Solto Mariadna, a lo cual Kulios asintió. —Correcto. En comienzo, eran cuatro reinos. El reino del norte, el reino del sur, el reino del este y el reino del oeste. Pero este último, por malas decisiones y acuerdos con personas que no tenían que hacer ese tipo de tratos y agregado de una inmensa avaricia por el poder, terminó siendo derrocado, vaya la redundancia, por los Dararam. Quedándose ellos con gran parte de aquel territorio. Aunque, bueno, actualmente solo usan esas tierras para fines comerciales y políticos.—
Mariadna asiente. —Entiendo..
El reino del oeste... Un reino que, para la historia que conforma los reinos extranjeros, queda suspendida en el olvido. Y que solo sigue siendo recordada por los sucios actos que su rey cometió durante su reinado. He agregado cómo terminaron sus tierras; sin contar la parte tomada por los Dararam, el resto solo es una zona baldía muerta sin un dueño legítimo. Pues a nadie le apetece tomar las tierras donde más sangre de inocentes se derramó. Por ello, lo Dararam, tras haber derrocado al reino del oeste en aquellos tiempos, solo se hizo de propiedad de las tierras donde ellos lucharon y exactamente en donde menos sangre, como se dijo, se derramó.
Un reino que en palabras sencillas jamás hubiese florecido por las propias decisiones de su gente. Y que, el corto tiempo que relució y presumió de su existencia solo costó la profanación de esas tierras.
—Me pregunto qué podría haber sido del reino del oeste hoy en día..— Dice Mariadna, Kulios suspira. —No creo que mucho, en realidad. Sí o sí, su caída estaba escrita por el destino.—
¿El destino? Eh, otra vez con eso.
Sin embargo... Cuando Mariadna estaba por preguntar al respecto, alguien toca la puerta del estudio. —Cariño.... Alguien te dejó una carta-— Se trata de su madre. Mariadna notó al instante la mala expresión que en su rostro su madre dibujaba al momento de abrirse paso por la habitación. Esto, la descolocó un poco. Kulios, se mantuvo en silencio. —¿Una carta? ¿Quien?— Pregunto, su madre; suspiró. —Los Dararam. Su mayordomo o algo así, todo fue muy de prisa.—
¿Su mayordomo? Mala señal y Mariadna lo sabe. Ideas cruzaron por su mente de forma repentina. ¿Tal vez algún retraso que le dará más tiempo? ¿Una cancelación del pedido? O en todo caso... ¿La buscan para usarla como sacrificio para una rana o tradición del reino? ¡Dios mío! Nah, ella cree que solo exagera. Seguramente y solo sea alguna clase de comunicado cualquiera.
Sí... Debe serlo; no, en serio, tiene que serlo por el bien a su salud mental y física. Si no, está jodida. Y muy metida en problemas. —Uh...— Cruzando los dedos, Mariada se coloca de pie. Avanza hacia su madre por la puerta, quien le extiende la carta y Mariadna la toma entre dedos. Sintiendo la rigurosidad del papel. Observando el sello real de la familia y con lentitud abriendo la carta. Percibiendo que en esta ocasión la carta es más ¿ambigua? O echa con menos esfuerzo.
Principalmente por la ortografía de la carta. Que pareciera que una niña escribió esta cosa. ¿Una niña? Oh...
Sin más preámbulos, Mariadna termina leyendo lo escrito en ella:
¡HOLA!
¡Mi cumpleaños se adelantará por motivos reales! Nah, solo nos iremos de vacaciones un largo tiempo o algo así dijeron mi papi y mi mami. ¡No sé! No me importa. Hehe, bueno. Ellos tendrían que haber escrito esto, pero yo me adelanté. Así que, señora, apúrese. ¡QUIERO UN VESTIDO MUY BONITO! ¿Está bien? Si no me gusta, les diré a mamá y papá que la usen como alimento para las monturas de las tortugas de tierra. ¿Me oyó? No es una amenaza. Solo es un consejo. Uno muy bueno. Así que...
¡Haga su mejor esfuerzo!
El vestido tiene que estar en mi habitación a partir de esta semana para próximamente en el destello dorado, como indican nuestras tradiciones.
¡Yo creo en usted! ¿A que sí? Si no, ya sabe las consecuencias.
¡Adiositooooo! ㄟ(≧◇≦)ㄏ
(Lo digo en serio, las tortugas de tierra tienen mucha hambre.)
Mariadna.... Traga saliva.
¿Esto es enserio? No, no, no. La mejor pregunta es. ¿Una niña de a lo mejor unos cinco o seis años de edad la está amenazando de vida o muerte por un vestido? Realmente suena como una muy buena broma que ha estado en elaboración por un tiempo considerable. En todo caso, Mariadna desearía que fuera así. Porque esto no parece ser el caso y realmente una niña la ha amenazado si no cumple con sus expectativas. Una cosa más... Aunque la letra de no es la mejor escrita en la carta... La pequeña, que Mariadna supone que es Furinta, sabe expresarse bastante bien.
¿Será consecuencia de las altas enseñanzas nobles? Ni idea. Aunque seguro que también reciben clases para manipular y amenazar a las personas con demasiada naturalidad. Los nobles dan miedo.
Qué absurdo.
Además... ¿Una semana? A partir del próximo destello dorado. Desconoce el término, pero, como se indicó dentro de la carta, ha de tratar de alguna festividad que ella desconoce. En cualquier caso, esto empeora los planes que tenía ya previstos. —Mamá, creo que me despido desde ahora...— Dice, cabizbaja. Su madre suspira. —Tú puedes, cariño.— Y kulios, en silencio, solo observa la carta desde la lejanía. Mariadna lo nota.
—¿Qué?— Pregunta tan pronto sus miradas se encuentran. —Conozco a alguien que puede ayudarte. — ¿Conocer a alguien? Ya, ayuda justo ahora es lo que mejor le viene en cuenta a Mariadna. —No sé si sea de fiar esa gente que conoces.— Respondio con total sinceridad, a lo cual Kulios rodó los ojos. —Se trata de un Medd artesano. No es mi amigo, solo un conocido que me debe un par de favores. Puede ayudarnos.—
Un Medd artesano. No suena mal.
Mariadna conoce un poco de la tribu artesana de parte de la especie de los Medds, mas nunca ha convivido con alguien de la tribu, a excepción de los enanos herreros que conviven en un mismo territorio. No porque sean una especie que se esconda del mundo o etc., nada de eso. Simplemente, los Medds artesanos son muy fieles a sus tierras. Hay muy pocos que las abandonan, incluso ya sea para fines de comercio. Por ende, Mariadna, en toda su vida, solo ha conocido a un Medd artesano y no entablaron palabras, mucho menos un saludo.
Aunque, si ese enano es alguien que Kulios menciona, es porque sí o sí debe ser de confianza o, en todo caso, solo es otra de sus bromas. Lo cual ya sería el colmo.
—En circunstancias normales me negaría, pero está bien. Vamos.
Con su respuesta, Kulios asintió. —Bien, entonces prepara tus cosas. Esta vez, iremos a pie.—
—¿Ah pie? ¡P-Pero! ¡El territorio enano y Medd esta lejisimos!
—Ya, te sirve para hacer un poco de ejercicio; he notado que eres un poco sedentaria.— La madre de Mariadna, que aún seguía ahí, rio un poco. Aunque pronto guardo silencio cuando Mariadna le miró a los ojos. —Ya... Como sea, da igual. ¡Vamos!— Kulios, con una sonrisa, avanzó, aunque pasó de Mariadna, quien ya se encontraba preparando sus recursos más útiles para esta "aventura", porque, aunque fuese por trabajo, en realidad tiene ganas. Visitar el territorio enano no es algo que se haga todos los días.
Mucho menos, ir a las tierras de la tribu artesana. Según Mariadna, ha escuchado que son tierras únicas entre la región Medd y enana.
Y especialmente alguien como ella, que muy pocas veces ha salido de sus tierras, es una experiencia que no puede perderse por nada en el mundo. Mucho más si su primera vez, a excepción de su niñez, se le presentó extraña, pero, a fin de cuentas, una oportunidad de haber pisado un nuevo continente y aunque no fuese de la mejor forma, fue grandioso. He todo, gracias a Kulios. Y de alguna forma, este viaje podría ayudarle a distraerle un rato, aunque seguramente no sea el mejor momento para "distraerse" cuando una niña te tiene sujeta del cuello. ¿Pero qué más da? Siempre puede huir del continente y hacerse pasar por una identidad nueva.
Otra cosa más es que, en lo más profundo de ella, de su corazón y mente... Siente una pizca de curiosidad por pasar un poco de tiempo a solas con Kulios. ¿Extraño? Lo es, pero tampoco es desagradable; le gusta estar con él, aunque sea mayormente un idiota gran parte del tiempo cuando lo tiene a su lado y, pese a ello, no le desagrada, le gusta. Lo mejor es que incluso parece que Kulios comparte un sentimiento mutuo o, en todo caso, eso espera Mariadna.
Kulios, que avanzó, se colocó frente a la madre de Mariadna; ambos se observaron.
—La cuidaré— Comentó él; su madre asintió. —Procuren tener cuidado, especialmente por las noches. —Ya saben.— Mariadna escuchó eso. —¡Mama, por el gran padre protector!—
—¡Y-Ya! Yo solo digo, tu padre y yo en nuestra juventud éramos muy... Sí, intensos. Ya ves, de eso saliste cariño.
—¡No me interesa qué hicieron papá y tú en su juventud! ¡Ya te dije que K- R-Richard y yo solo somos amigos!
—Eso decía yo a tu edad....
—¡Mama!— He Kulios como siempre... Suelta su risita de idiota.
Ahhh...
Qué tan raros son a veces los caminos del destino.

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 7
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.