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Leer Exilio en el espacio (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

El silencio dentro de la sala de pruebas no era natural. No era el silencio de un lugar vacío ni el de una habitación sellada. Era un silencio denso, pesado, como si algo invisible se hubiera asentado sobre los hombros de todos los presentes después de la formación del núcleo. Los candidatos permanecían de pie, algunos tambaleándose ligeramente, otros con la respiración agitada, y unos pocos completamente inmóviles, como si aún estuvieran intentando entender qué acababa de ocurrir dentro de sus propios cuerpos. Kael no se movió. Sentía su pecho extraño, pero no dolorido. Era una presión constante, profunda, como si algo nuevo hubiera ocupado un espacio que antes estaba vacío. No latía como un corazón, ni quemaba como energía pura. Era más parecido a la sensación de estar siendo observado desde dentro, como si algo esperara… el momento correcto para despertar completamente. El profesor caminó entre los candidatos con las manos cruzadas detrás de la espalda, observando reacciones, tomando notas en un dispositivo translúcido que flotaba a su lado. Su expresión era neutra, pero sus ojos analizaban cada pequeño gesto, cada respiración irregular, cada temblor involuntario. No parecía sorprendido por nada de lo que veía, y eso, por alguna razón, resultaba más inquietante que cualquier reacción exagerada. Algunos candidatos ya estaban siendo retirados por personal médico de la nave. No gritaban ni hacían escándalo. Simplemente no podían mantenerse en pie. Sus rostros estaban pálidos, y sus ojos tenían esa mirada vacía de quienes habían intentado algo más grande de lo que su cuerpo podía soportar. Nadie explicó qué pasaría con ellos, y nadie preguntó. Todos entendían, de forma instintiva, que no todos estaban destinados a avanzar. Una voz mecánica, suave y femenina, sonó desde el sistema de la sala, indicando el final oficial de la sesión. Los candidatos fueron liberados en grupos, guiados hacia distintos sectores de la nave según su estado físico y estabilidad energética. Kael salió sin mirar a nadie, manteniendo el mismo ritmo tranquilo que había tenido desde que entró. No había emoción visible en su rostro, solo una calma oscura que parecía haberse vuelto aún más profunda después de la prueba. Los pasillos de la nave parecían distintos ahora. No físicamente, pero sí en sensación. El aire vibraba ligeramente, como si el Éter que recorría la estructura respondiera de forma distinta a los candidatos que acababan de formar su núcleo. Las líneas de luz azul que recorrían las paredes metálicas pulsaban con una cadencia lenta y constante, recordando demasiado a un latido vivo. Mientras caminaba, Kael comenzó a notar más detalles que antes había ignorado. Técnicos humanos trabajaban junto a figuras más bajas y robustas, de piel ligeramente grisácea y ojos pequeños pero extremadamente enfocados. Sus manos eran gruesas, pero se movían con precisión quirúrgica mientras manipulaban paneles abiertos de la nave. Más adelante, figuras altas y delgadas caminaban con movimientos silenciosos, sus ojos brillando levemente al pasar cerca de los conductos principales de energía. Nadie parecía sorprendido por la presencia del otro. La cooperación era normal aquí, como si la supervivencia hubiera obligado a olvidar viejas diferencias. Kael siguió caminando sin detenerse. Observaba, registraba, aprendía. No necesitaba hablar para entender el peso del lugar en el que se encontraba. Esta nave no era solo transporte. Era una ciudad. Una base militar. Un santuario. Y también, probablemente, un ataúd para muchos. El comedor principal estaba más lleno que antes. La prueba había terminado hacía poco, y la mayoría de los candidatos necesitaban comer, hidratarse o simplemente sentarse en un lugar que no les exigiera nada. Kael tomó una bandeja sin mirar el menú proyectado y eligió comida basada más en necesidad que en sabor. Su cuerpo pedía nutrientes, y eso era suficiente. Mientras buscaba un lugar para sentarse, notó pequeños grupos formándose de manera natural. Algunos hablaban en voz baja sobre lo que habían sentido durante la prueba. Otros estaban completamente en silencio, mirando sus manos como si esperaran verlas cambiar en cualquier momento. Un chico de cabello corto reía demasiado fuerte mientras aseguraba que no había sentido nada especial, pero sus manos temblaban al sostener el vaso. En una mesa cercana, una figura femenina estaba sentada sola. Su postura era recta, controlada, y su expresión completamente tranquila. No parecía afectada por la prueba, al menos no externamente. Sus ojos observaban la sala con calma calculada, como si evaluara a cada candidato presente. Kael la vio solo un segundo antes de sentarse en una mesa vacía en el extremo opuesto del comedor. No había interés social en su mirada. Solo reconocimiento. Registro. Y después, nada. Terminó de comer sin prisa, ignorando las conversaciones, los nervios, las falsas bravatas. Cuando salió del comedor, la iluminación del pasillo principal había cambiado a un tono ligeramente más oscuro, simulando un ciclo nocturno artificial para mantener los ritmos biológicos humanos estables. Más adelante, pasó por una zona de entrenamiento gravitacional variable. Dentro, soldados veteranos entrenaban con movimientos precisos, sus cuerpos reaccionando a cambios bruscos de peso y orientación espacial. No gritaban ni mostraban esfuerzo exagerado. Solo se movían. Eficientes. Letales. Adaptados. La nave tembló levemente en ese momento. No lo suficiente para causar alarma, pero sí lo suficiente para recordar que estaban en movimiento constante a través de regiones del espacio donde la física no siempre obedecía reglas simples. Un anuncio sonó suavemente en todos los niveles habitables. No era una alarma. Era información. “Ajuste de ruta completado. Estabilización energética en proceso. Todos los candidatos deben permanecer en sectores asignados durante las próximas seis horas.” Kael siguió caminando hasta llegar a una sección con ventanales gigantes que mostraban el espacio exterior. No había estrellas normales allí. Solo nubes de energía, distorsiones leves y zonas de oscuridad demasiado absoluta para ser natural. Permaneció de pie mirando sin expresión. Dentro de su pecho, la presión del núcleo se mantuvo estable, pero por un momento creyó sentir algo más. No dolor. No energía. Algo más cercano a una expectativa silenciosa, como si su propio cuerpo supiera que esto solo era el inicio de algo mucho más grande. Horas después, los candidatos fueron convocados a una sesión de evaluación pasiva. No era otra prueba física, sino una revisión de estabilidad mental y energética. Sentados en filas dentro de una sala circular, fueron conectados a interfaces que medían la actividad del núcleo sin interferir directamente con él. Los resultados no fueron anunciados públicamente, pero el ambiente cambió después. Algunos candidatos fueron reasignados a secciones médicas. Otros recibieron permisos limitados de entrenamiento. La separación ya había comenzado. Cuando la sesión terminó, la iluminación general de la nave cambió otra vez. Un tono rojizo suave recorrió los pasillos por unos segundos antes de volver al azul estándar. No era una advertencia. Era una señal de transición operativa. Los veteranos comenzaron a moverse más rápido. Los técnicos revisaban paneles con más frecuencia. Incluso las especies aliadas parecían más concentradas, como si todos supieran que algo importante se acercaba, aunque nadie lo dijera en voz alta. Kael regresó a su sección asignada sin hablar con nadie. Su habitación era simple. Funcional. Una cama, una terminal de datos, un panel de observación pequeño que mostraba el espacio exterior filtrado para no afectar la estabilidad mental de los ocupantes. Se sentó en la cama y cerró los ojos. Sintió su respiración. Sintió su cuerpo. Sintió el núcleo. Era estable. Silencioso. Pero definitivamente presente. En algún lugar profundo de su mente, una sensación apareció. No era una voz. No era un recuerdo. Era más parecido a la certeza instintiva de que ya no podía volver a ser quien era antes de subir a esta nave. Horas después, el sistema de la nave anunció el cambio a ciclo nocturno completo. Las luces se atenuaron. Los sonidos mecánicos se hicieron más suaves. Pero el pulso profundo que recorría toda la estructura nunca desapareció. Antes de dormir, Kael miró una última vez el espacio exterior. La oscuridad parecía moverse allí. No físicamente. Pero definitivamente… viva. Justo antes de que el ciclo nocturno entrara en modo profundo, un último anuncio sonó en toda la nave. “Tiempo estimado para llegada a zona de portales activos: 72 horas.” En distintos puntos de la nave, las reacciones fueron completamente distintas. Algunos candidatos celebraron en voz baja, emocionados por la idea de obtener poder real pronto. Otros se quedaron en silencio absoluto, comprendiendo que ese número no era una promesa… era una cuenta regresiva. Los veteranos no reaccionaron. Simplemente continuaron trabajando. Kael apagó el panel de observación y se acostó sin hacer ruido. El núcleo dentro de su pecho permanecía quieto, estable, esperando. Y en algún lugar dentro de la nave, sistemas antiguos, demasiado complejos para ser comprendidos completamente por humanos modernos, comenzaron a prepararse para algo que ocurriría muy pronto. Algo que separaría definitivamente a quienes sobrevivirían… De quienes solo habían llegado hasta aquí.
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Exilio en el espacio (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de Exilio en el espacio (Novela), un novela. Cuándo la humanidad conquistó el viaje estelar, también llamo la atención de existencias inmortales que le otorgaron poderes sobre naturales. Con ellos llegaron los portales de invasión, conectando planetas desconocidos… Este capítulo tiene publicado el 18 de febrero de 2026. Exilio en el espacio (Novela) tiene 10 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.