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Leer Exilio en el espacio (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

El corredor hacia el sector de entrenamiento era más largo de lo que recordaba. No porque la distancia hubiera cambiado, sino porque ahora caminaba sin prisa. Observando. Escuchando. Las luces incrustadas en el suelo se encendían bajo sus pasos, líneas azuladas que recorrían el metal como si el piso respondiera a su presencia. Las paredes no eran simples placas ensambladas; entre las juntas corrían filamentos luminosos por donde fluía el Éter Nexo en pulsos suaves, casi orgánicos. La nave no estaba muerta. Respiraba. No con aire. Con energía. Kael apoyó la palma en una de las paredes por un instante. Sintió una vibración sutil, constante. (Está viva… o al menos lo suficientemente cerca.) La puerta de la sala de entrenamiento se abrió con un siseo hidráulico. El sonido lo envolvió antes que la imagen. Impactos secos. Respiraciones controladas. El zumbido grave de los campos gravitacionales. El olor a metal caliente y sudor. La sala era enorme. Más grande de lo que había imaginado cuando la vio de pasada. Varios sectores divididos por campos invisibles que distorsionaban el aire, como espejismos suspendidos. En una sección, la gravedad parecía duplicada. Los cuerpos se movían pesados, cada paso dejando pequeñas vibraciones en el suelo. En otra, fragmentos de plataforma flotaban en suspensión parcial, permitiendo saltos amplificados y trayectorias largas. Veteranos. No necesitaba que nadie lo explicara. No eran musculosos de forma exagerada. Tampoco espectaculares. Pero había algo en la manera en que se movían. No desperdiciaban energía. Cada giro estaba medido. Cada golpe terminaba exactamente donde debía. Un hombre de espalda ancha y cabello corto grisáceo lo observó desde el borde de un campo activo. Tenía una cicatriz que atravesaba su mandíbula y desaparecía bajo el cuello del uniforme. —Nuevo —dijo simplemente. Kael sostuvo su mirada un segundo. —Sí. El hombre lo evaluó de arriba abajo. —¿Vienes a mirar o a intentar? Kael dudó apenas un segundo. —A intentar. El veterano sonrió levemente. —Bien. Ven. Lo condujo hacia una plataforma circular delimitada por una línea luminosa en el suelo. —Nivel uno primero. No seas idiota. El campo se activó. Kael no sintió nada durante el primer segundo. Luego el peso cayó sobre él. No fue brutal. Pero sí suficiente para que su postura cambiara involuntariamente. Sus rodillas se tensaron. Sus hombros descendieron. Respirar tomó un poco más de esfuerzo. —No luches contra la presión —dijo el veterano—. Ajusta tu centro. Kael intentó hacerlo. Se movió. Un paso. Luego otro. El suelo parecía más sólido, más presente. Pero su equilibrio no era perfecto. Al tercer paso, su pie se arrastró apenas. El veterano no dijo nada. Solo observó. Kael inhaló profundamente. (Solo es peso. Nada más.) Activaron nivel dos. El cambio fue inmediato. La presión aumentó y su cuerpo respondió más lento. Sus músculos no estaban preparados para esa resistencia constante. Intentó avanzar. Dos pasos. Al tercero, su rodilla cedió ligeramente y tuvo que apoyar una mano en el suelo. Un golpe seco. Nada grave. Pero suficiente. El humano atlético que descansaba cerca soltó una risa corta. —Ahí está. El enano, sentado en una caja de equipo, negó con la cabeza. —Subió demasiado rápido. Kael apretó los dientes. Se levantó. El veterano desactivó el campo. —Eso no es debilidad —dijo con voz tranquila—. Es falta de adaptación. No estás acostumbrado. Kael asintió. No discutió. (Claro que no estoy acostumbrado.) Salió del campo sintiendo las piernas ligeramente temblorosas. No era dolor. Era fatiga. Mientras se acercaba al área de descanso, notó que el grupo lo observaba con distintos niveles de interés. El enano fue el primero en hablar. —Tres veces la gravedad en tu primer intento habría sido estupidez. Dos ya fue suficiente. Su voz era grave, áspera, pero no burlona. —No lo calculé bien —respondió Kael. El humano sonrió. —Eso es obvio. La joven humana le dio un codazo al chico. —Cállate. El elfo de cabello plateado habló por primera vez. Su voz era baja, controlada. —No falló por fuerza. Falló por distribución. Su centro se desalineó cuando intentó compensar la presión. Kael lo miró con atención. (Observador.) La joven elfa de ojos verdes añadió: —No respirabas correctamente. Contenías el aire al cambiar de nivel. Kael parpadeó. No se había dado cuenta. El enano soltó una pequeña risa. —¿Ves? Aquí todos miran. Kael permaneció en silencio unos segundos. Luego preguntó: —¿Cuánto tiempo llevan entrenando? El humano respondió: —Un par de semanas. Algunos más. No somos veteranos, pero tampoco turistas. La joven humana extendió una botella hacia Kael. —Bebe. Si no hidratas, mañana no caminas. Kael dudó un instante antes de aceptarla. (Extraño…) No esperaba ese gesto. Bebió. El enano se puso de pie. —Inténtalo otra vez. Pero quédate en nivel uno hasta que no tambalees. Esta vez, cuando el campo se activó, Kael no intentó avanzar rápido. Se quedó quieto primero. Sintiendo. Ajustando. Movió un pie. Luego el otro. Respiró como la elfa había indicado. Lento. Constante. El peso seguía allí. Pero ahora no lo sorprendía. Dio diez pasos sin tropezar. Nada impresionante. Pero estable. El humano dejó de sonreír. El elfo asintió apenas. El veterano observó con aprobación silenciosa. Después de varios minutos, Kael salió por voluntad propia. Sudor frío recorría su espalda. Sus piernas dolían. Y su núcleo… vibraba muy levemente. No con poder. Con reconocimiento. Como si estuviera registrando el esfuerzo. (Así que respondes bajo presión…) El entrenamiento continuó un rato más, pero Kael no intentó subir el nivel otra vez. Aprendió a moverse bajo carga básica. Aprendió a no bloquear la respiración. Aprendió que observar era tan importante como actuar. Cuando finalmente decidió retirarse, el ambiente ya no era incómodo. El humano levantó la mano. —Oye. Kael se detuvo. —No estuvo mal para alguien que no sabía respirar. La joven humana rodó los ojos. El enano habló: —Mañana sube medio nivel más. No antes. El elfo simplemente dijo: —Corrige la alineación de caderas. La elfa de ojos verdes lo miró directamente. —No apresures el despertar. El cuerpo debe soportarlo primero. Kael asintió. (No son débiles.) Eran distintos. Pero no débiles. Salió de la sala. El pasillo hacia los dormitorios estaba más silencioso ahora. La nave parecía haber reducido su intensidad conforme el sector activo quedaba atrás. El pulso del Éter seguía presente, pero más tenue. Mientras caminaba, sus pensamientos regresaron. (No soy el más fuerte aquí.) No todavía. Y eso no lo molestaba. Lo preocupante sería creer que ya lo era. Al girar la esquina final, se detuvo. Ella estaba allí. Frente a su puerta. La iluminación suave delineaba su silueta con sombras largas. No parecía sorprendida. Como si supiera que él aparecería. Sus miradas se cruzaron. No fue incómodo. Fue medido. Evaluación mutua. Kael notó algo distinto ahora. No en su postura. En el ambiente. El aire entre ambos tenía una ligera tensión energética. Sutil. Casi imperceptible. (¿También lo siente?) Ella no habló. Ni él. Después de unos segundos, ella abrió su puerta. Entró. La puerta comenzó a cerrarse. Justo antes de que desapareciera por completo, sus ojos se movieron ligeramente. No hacia su rostro. Hacia su pecho. Hacia donde el núcleo latía. La puerta se selló. El pasillo quedó en silencio. Kael permaneció inmóvil unos segundos más. Su núcleo vibró apenas una vez. No fuerte. No poderoso. Solo… presente. (Está más adelantada que yo.) No era una conclusión amarga. Era un hecho. Caminó hasta su puerta. El panel reconoció su identificación. La puerta se deslizó. Antes de entrar, miró el corredor vacío. Mañana entrenaría otra vez. Mañana soportaría más. Paso a paso. Sin saltos. Sin arrogancia. Entró en la habitación. Oscuridad. Silencio. La puerta se cerró tras él con un susurro definitivo. Kael se recostó contra la pared unos segundos. Sus piernas aún resentían el peso. Su respiración todavía no era completamente estable. Pero por primera vez desde que subió a la nave, no sentía incertidumbre. Sentía dirección. El portal estaba cerca. Y él aún no estaba listo. Pero lo estaría. Poco a poco.
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Exilio en el espacio (Novela) Capítulo 10

Estás leyendo el capítulo 10 de Exilio en el espacio (Novela), un novela. Cuándo la humanidad conquistó el viaje estelar, también llamo la atención de existencias inmortales que le otorgaron poderes sobre naturales. Con ellos llegaron los portales de invasión, conectando planetas desconocidos… Este capítulo tiene publicado el 18 de febrero de 2026. Exilio en el espacio (Novela) tiene 10 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.