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Leer Evolución Rota (Novela) Capítulo 2 online gratis en español

A solo unos minutos de la vibrante Cali, se encontraba el pueblo de Jamundí. Pequeño y con escasos recursos, contrastaba fuertemente con la capital. Allí, el edificio del Ministerio de Medio Ambiente se alzaba discretamente junto a la comisaría de policía, que dominaba la plaza como una fortaleza, reflejando la desigualdad de presupuestos en cada ladrillo. Alejandro empujó la puerta del ministerio. El vestíbulo, silencioso bajo el zumbido del aire acondicionado, apenas albergaba a dos recepcionistas que charlaban sin interés. Nadie se inmutó al verlo. No importaba. Su objetivo estaba en el segundo piso. El director no estaba. Con un suspiro, Alejandro llamó a la puerta del subdirector. — ¡Pase! — respondió una voz apagada. Al entrar, se encontró con un hombre de mediana edad, de complexión regordeta, ojeras marcadas y el rostro enterrado en documentos. Ni siquiera levantó la vista. — ¿En qué puedo ayudarle? — Soy un amigo de Sebastián. Él vino ayer con un grupo de trabajo a una inspección y no ha regresado a casa y el teléfono está apagado ¿Sabe a dónde fueron? El subdirector levantó por fin la cabeza. La sorpresa cruzó su rostro rápidamente como si cayera en cuenta de algo. — ¿No ha vuelto...? Espera, déjame hacer una llamada. Se levantó, con el teléfono temblando en la mano. El sudor le corría por la frente mientras hablaba. Cuando se sentó de nuevo, su rostro había perdido todo color. — Ayer después del mediodía tu amigo, el supervisor Jorge y dos policías se adentraron en el bosque. Ya deberían haber regresado. — ¿Intentaron llamarlos? ¿Es posible que se desviaran o están perdidos? Alejandro sintió un escalofrío. Algo no estaba bien. — Lo mejor ahora es avisar a la policía y preguntar si alguno ya regresó a casa. — ¡Sí, sí! ¡Vamos! ¡Acompáñame! — respondió el subdirector, levantándose con súbita urgencia. Unos minutos después, llegaron a pie a la estación de policía y entraron directamente en lo que parecía la oficina de alguien a cargo. El subdirector explicó la situación con rapidez. El hombre que parecía tener un rango importante en la estación de policía, se levantó de inmediato. — ¿¡Veinticuatro horas y apenas se dan cuenta!? — Reclamo, enojado. Luego suspiró, más frustrado que molesto — Déjenme hacer una llamada. Salió de la oficina y regresó poco después, el gesto sombrío. — Enviaré un equipo al bosque. Haremos todo lo posible por encontrarlos. — Confiamos en usted, inspector — dijo el subdirector nervioso. Pero Alejandro no podía conformarse con esperar. — Señor, quiero ir con ustedes. — Es demasiado peligroso. No tenemos personal para cuidarte. — Es mi amigo. No puedo quedarme sin hacer nada. No seré una carga, prometo seguir instrucciones y ayudar en lo que pueda, entre más personas ayuden con la búsqueda mejor ¿no?. El Policía lo analizó con detenimiento. Alejandro era alto, atlético, claramente acostumbrado al ejercicio. Asintió con lentitud. — Muy bien. Pero debes obedecer órdenes. Sin excepciones y no apartarte del grupo. — ¡Lo prometo! El inspector volvió a marcar en su teléfono. — ¡Capitán, reúna tres agentes y venga a mi oficina ahora! Apenas colgó, un hombre de rostro endurecido y piel tostada por el sol entró en la oficina. — ¿Señor? — Capitán, deje lo que esté haciendo. Tenemos un asunto urgente. Cuatro personas han desaparecido en el bosque: dos empleados del ministerio y dos policías. Organice una operación inmediata. — Entendido. ¿Algo más? — Sí. Este chico se llama Alejandro irá con ustedes. Es amigo de uno de los desaparecidos. El capitán lo miró un instante y asintió. — Vamos. En el pasillo ya los esperaban tres oficiales: dos hombres y una mujer, todos menores de treinta. Alejandro se fijó primero en ella: piel clara, cabello negro liso, ojos oscuros e intensos. El uniforme ceñido delineaba su figura. Era imposible no notarla. “Supongo que esto es lo que llaman fetiche por los uniformes…” pensó, antes de apartar la vista. ![](/api/get-image/1469b42c-a3a2-490e-853a-c555e6ad3436.webp/chapters/false) Uno de los hombres, con rostro lleno de cicatrices y actitud relajada, parecía más pandillero que policía. El otro, joven y nervioso, era sin duda nuevo. — ¿Qué tenemos hoy, Capitán? ¿A quién vamos a patear? — preguntó el primero con sorna. — Cambien sus zapatos por botas. Vamos al bosque. Juan, busca unas para Alejandro también — ordenó el capitán. — ¡Sí, señor! — respondió el novato — Ven conmigo, seguro calzas igual. — Gracias. No tengo problema en usar las tuyas — dijo Alejandro. Ya en el vestuario, mientras se cambiaban, el policía con aspecto de matón entró y le dio una palmada en el hombro. — Podrías pasar por uno de nosotros. ¿De dónde eres? ¿Qué haces aquí? — Soy de Cali. Mi amigo desapareció en el bosque. Soy Alejandro. ¿Y tú? — Llámame David. ¿Y tu amigo que hacía en el bosque? — Trabaja con los del Ministerio de Medio Ambiente — respondió Alejandro. Luego se dirigió a Juan — ¿Crees que pueda llevar algo para defenderme? He oído que el bosque está peligroso. — No puedo darte un arma. Está prohibido — negó Juan. — No me refiero a una pistola, ¿qué tal un machete al menos?. Juan dudó, pero luego asintió. — Eso sería útil. Déjame preguntar por uno. Minutos después, Juan lo condujo a un almacén lleno de armas blancas decomisadas. Alejandro buscó con atención y eligió un machete robusto, de mango negro. Lo sintió equilibrado, letal. — Identificar — susurró en un tono muy bajo para que no lo escucharan. Objeto: Machete afilado Rareza: Blanca común Peso: 1 kg Daño: 8–10 — Esto servirá — dijo. — Perfecto. Vamos, el capitán ya espera. Al salir, el resto del equipo ya estaba abordando la patrulla. Alejandro subió con ellos y partieron rumbo a las afueras. Conforme se alejaban de la ciudad, la carretera se estrechaba y los campos verdes se extendían hasta donde alcanzaba la vista. — ¿Son tierras de cultivo? — preguntó Alejandro. El paisaje era un mar de maleza. Las hierbas superaban los 3 metros de altura, agitándose como olas con el viento. — Esto no era así hace unos meses. Las plantas están creciendo demasiado rápido — comentó la joven policía. — Si esto es lo que hay aquí, ¿cómo estará el bosque? — dijo David, intentando bromear, aunque su voz tembló ligeramente. — Dos compañeros nuestros también desaparecieron allí, no me imagino la discusión que está teniendo el jefe en la estación con el resto por no darse cuenta antes. — añadió el capitán, sombrío. La mujer suspiro — Si, no quiero imaginar los gritos que deben estar recibiendo allí ahora, por eso quise venir con ustedes — — Tiene razón, es mejor pasar el día en la selva que estar en la estación ahora mismo. — Bromeo el capitán entre risas. Se volvió hacia Alejandro. — ¿Listo para esto? — Por supuesto — respondió, con firmeza. No tenía otra opción. Si no completaba la misión, no subiría de nivel. Y si había algún indicio de que Sebastián seguía con vida, no lo dejaría atrás. Treinta minutos después, el vehículo se detuvo en una aldea remota. Alejandro bajó, observando el bosque que se alzaba frente a él como una pared de vegetación densa. La entrada estaba a menos de cien metros. Oscura. Silenciosa y con un aura intimidante.
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Evolución Rota (Novela) Capítulo 2

Estás leyendo el capítulo 2 de Evolución Rota (Novela), un novela. El mundo cambió para siempre el día en que la naturaleza se rebelaron. Plantas y animales comenzaron a mutar en depredadores imposibles, convirtiéndose en monstruos gigantes con habilidades sobrenaturales. Plantas que… Este capítulo tiene publicado el 31 de julio de 2026. Evolución Rota (Novela) tiene 30 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.