Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 12 online gratis en español
🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
—¿Qué hace ahí, capitán? —preguntó a su superior, que estaba medio apoyado contra la pared, observando el patio trasero del estadio.
Estierne, el único Gran Duque del Imperio de Arbonis y también superior de Ban, entrecerró los ojos con una sonrisa.
—Creo que por fin encontré al ladrón del broche.
—¿El ladrón del broche?
Ban se apresuró a acercarse y asomó la cabeza junto a él. Había una persona de pie bajo el gran árbol del patio trasero del estadio, pero no tenía pinta de ladrona. Mientras miraba de un lado a otro con expresión confusa, Ban frunció el ceño.
—¿Dónde está el ladrón? Yo no veo nada.
Estierne suspiró con fuerza al ver a Ban.
—Si ni siquiera puedes ver a alguien que está de pie ahí, ¿cómo vas a ver una espada volando hacia ti?
Estierne habló en tono burlón, y la expresión de Ban se torció en disgusto.
—... Siempre lo digo, si no fuera por su habilidad con la espada, capitán, ya habría muerto hace mucho.
—Y yo siempre digo que, si quieres, puedes desafiarme cuando quieras, Ban.
Ante ese comentario, Ban tosió para aclararse la garganta y frunció los labios con gesto molesto.
—De verdad no estoy bromeando. Le digo que no veo a ningún ladrón. ¿A quién se refiere exactamente?
Solo entonces Estierne señaló con la mirada a la mujer que estaba en el patio. Siguiendo su mirada, Ban se volvió de nuevo, y soltó una risa incrédula.
—¿Ella? ¿Está hablando de esa persona?
—¿La conoces?
—¿Quién en Arbonis no la conocería?
Ante la pregunta que parecía increíble, la cabeza de Estierne se ladeó con desdén. Con una mirada que parecía decir: “¿Acaso no está frente a ti alguien que no conoce a esa persona en Arbonis?”, Ban carraspeó torpemente y añadió unas palabras.
—Sé que el capitán no se interesa por las mujeres, pero no pensé que no la conocería a ella.
—...
—Viendo esto, entiendo por qué el señor Randolph se preocupa tanto por su matrimonio, capitán...
—Creo que ya te lo dije hace unos días, Ban.
—¿El qué?
—Que tienes la lengua muy larga. Si quieres, puedo cortártela.
Al ver a Estierne llevar la mano a la empuñadura de su espada con una sonrisa, Ban dio un par de pasos hacia atrás apresuradamente.
Claro que, aunque se alejara un poco, no era como si estuviera a salvo de alguien que manejaba su aura libremente. Pero al menos para su salud mental, sí que ayudaba. Apresurándose antes de que la espada saliera volando, Ban habló rápidamente.
—De todos modos, no sé por qué ha hecho tal suposición, pero esa señorita no es ninguna ladrona. Seguro que ha sido un malentendido, capitán.
—¿Y por qué estás tan seguro?
Al ver a Estierne preguntar con sincera curiosidad, Ban respondió como si fuera lo más obvio.
—El Monte Balt está cerca de la frontera y es muy escarpado. No es un lugar al que pueda subir una joven noble cualquiera. Además, mientras entrenábamos, el mago Lev, que pertenece a nuestra orden, estaba de guardia cerca. Y no detectó ninguna energía mágica. Así que tampoco pudo haber usado piedras mágicas o pergaminos para infiltrarse.
—...
—Y además, si quisiera, esa señorita podría tener joyas mucho más valiosas que su broche, capitán. ¿Qué necesidad tendría de subir hasta el Monte Balt solo para robar algo así?
—Das demasiadas vueltas, Ban. Entonces, ¿quién es esa mujer?
—Es la hija del marqués de Aidellis. Llamada la flor de Arbonis.
Ante la inesperada respuesta, Estierne entrecerró los ojos y luego esbozó una amplia sonrisa.
—Nunca escuché que la hija del marqués fuera una bruja.
—¿B-bruja? ¿Acaba de decir bruja?
—¿No se les llama brujas a las mujeres que logran cosas imposibles?
—¡Ella no es una bruja, es una ninfa! ¡Una ninfa! ¡No por algo siniestro, sino por su belleza! ¡Es admirada por su apariencia encantadora!
A pesar de los gritos exaltados de Ban, Estierne se limitó a sonreír con calma.
—Bueno, da igual si es una bruja o una ninfa. Lo importante es que ya sé dónde está, así que tengo que recuperar lo que es mío.
—Le he repetido varias veces… eso no puede ser suyo…
Ban, que ya estaba agotado de repetir lo mismo, se frotó el rostro con cansancio y finalmente cerró la boca. Decidió que ya no le importaba lo que su superior dijera a partir de ahora.
Después de todo, no tenía forma de convencer a un superior que había cerrado los oídos.
—Piense lo que quiera. Bueno, no es como si yo fuera alguien de la casa del marqués...
—Entonces, como ya sé dónde está el broche, lo recuperaré.
—¿Perdón?
Ban, que refunfuñaba, se sobresaltó al ver a Estierne comenzar a caminar de repente. Sus palabras de que iba a recuperar el broche lo pusieron nervioso.
«¡¿Qué demonios estará pensando?!»
Siguiendo a Estierne con ansiedad, Ban no pudo contenerse más y al ver la entrada del estadio a lo lejos, alzó la voz.
—¡Un momento, capitán! ¡El torneo de combate está por comenzar! ¿Adónde va?
—...
—¿No me diga que ha olvidado las palabras de Su Majestad?
Ante la pregunta urgente de Ban, Estierne respondió con desgano.
—No recuerdo que Su Majestad me haya dicho nada.
—… Le ordenó claramente que, aunque no participara, debía mantenerse en su asiento durante el evento.
—Ahora que lo mencionas, creo que sí escuché algo así.
«Creo que escuché algo así...»
Ante esa respuesta tan vaga, Ban soltó un suspiro seco. Pensó que, si Estierne tuviera un rango un poco más bajo, si no fuera tan habilidoso con la espada, o si no hubiera contenido las invasiones de los extranjeros para aliviar las preocupaciones del emperador, ya habría recibido un castigo severo por parte de Su Majestad. Pero claro, Estierne no tenía ni idea de esos pensamientos y soltó una pequeña risa.
—Pero, siendo sincero, ¿crees que tiene sentido que alguien que ni siquiera participa en el torneo de combate tenga que quedarse sentado allí?
—¡Pues eso es porque Su Majestad le pidió que al menos se quedara, ya que el capitán no iba a participar en el torneo!
La actitud de Estierne, que parecía disfrutar provocarlo, hizo que Ban sintiera una rigidez incómoda en la nuca.
Llevaba siete años sirviendo bajo Estierne, así que empezaba a entender por qué el emperador se frustraba tanto.
—Hasta yo, que soy un simple caballero, me hierve la sangre cada vez que escucho el rumor de que no participa en el torneo porque teme perder contra el joven marqués Aidellis. ¡Imagine cómo se sentirá Su Majestad!
Desde hacía años, Estierne se negaba a participar en el torneo, y eso había llevado a muchos a susurrar que lo hacía por miedo a ser derrotado por el joven marqués Aidellis.
Como resultado, se empezó a decir que la orden de caballería de Estierne, la Orden de Elle, era inferior a la Orden Adelin, perteneciente a la casa del marqués.
Era casi natural que surgieran esas comparaciones, pero el propio Estierne, que era el blanco de esa comparación, no mostraba el menor interés en los rumores, lo que desesperaba a quienes lo rodeaban.
—No entiendo el sentido de esas comparaciones. Al final, sobrevivir no tiene nada que ver con el rango de habilidades.
Viendo la respuesta despreocupada de Estierne, Ban gruñó como si masticara palabras amargas.
—Sobrevivir puede no depender del rango, pero la probabilidad de sobrevivir sí que tiene mucho que ver con él, ¿no cree?
Ante la respuesta de Ban, Estierne lo miró de reojo y soltó una risa.
—Siempre lo digo, tu lengua es demasiado larga.
—¡Es por tener a alguien como usted como superior que mi lengua se alarga tanto!
—¿Y no te he dicho que, si lo deseas, con gusto te la corto yo mismo?
Al escuchar la respuesta de Estierne, que se encogía de hombros con tranquilidad, a Ban le empezó a doler la cabeza. Cada vez que discutía con él, le parecía más admirable que el emperador soportara tenerlo como subordinado.
¡Lo más increíble es que haya tolerado durante tanto tiempo que la orden de caballería bajo su mando sea considerada inferior a la de un noble cualquiera!
Por supuesto, cualquiera que hubiera empuñado una espada alguna vez sabría que la habilidad de Estierne no era inferior a la de Heron.
Pero los ciudadanos comunes del imperio, que llevaban una vida cómoda y tranquila en la capital, no podían saber cuán feroz era la lucha en las fronteras ni el nivel de habilidad necesario para sobrevivir allí.
Así que lo que están insinuando es que Su Alteza el Gran Duque, quien hace poco regresó tras poner fin a la guerra de invasión de los pueblos extranjeros, tiene menos habilidad que Aidellis, el joven marqués que ganó el torneo de combate.
De todos modos, lo importante es que, debido a la falta de cooperación de Estierne, ya van varios años en los que tanto el emperador como su orden de caballeros no han podido hacer más que observar cómo Heron se lleva la victoria en el torneo de combate.
Claro que había formas de obligarlo por decreto imperial a participar, pero lamentablemente Estierne era del tipo que, si se le forzaba, no dudaría en rendirse en cuanto subiera al escenario.
Así que este año, el método que el emperador eligió fue hacer que Estierne, conocido por su fuerte espíritu competitivo, asistiera como espectador al torneo para despertar su deseo de luchar.
Mostrarle la habilidad del joven marqués Aidellis y hacer que deseara enfrentarse a él.
Siguiendo esa orden directa del emperador, Ban había logrado arrastrar hasta el torneo a un Estierne visiblemente molesto.
—¡Ni siquiera le piden que participe, solo que se siente a observar! ¿Por qué tiene que ser tan obstinado? ¡A menos que quiera terminar en prisión por desobedecer órdenes, sería mejor que regresara a su asiento ahora...!
La voz de Ban, que había ido subiendo por la frustración, se desmoronó. Había pensado que Estierne salía del estadio y lo había seguido apresuradamente, pero al ver que se dirigía hacia los caballeros apostados en la entrada, frunció el ceño de forma instintiva ante aquel comportamiento extraño. Y como si se burlara de su desconcierto, de los labios de Estierne salió una frase difícil de creer.
—¿Aún se aceptan inscripciones para el torneo?
—¡Sí! ¡Todavía está abierta la inscripción!
—Entonces, apúntame, por favor. Mi nombre es: Estierne Kaician.
—¿Q-qué está haciendo?
Ban, incapaz de creer lo que acababa de oír, lo miró atónito. Estierne señaló con la barbilla a los caballeros que estaban anotando nombres y dijo.
—¿No lo ves? Me estoy inscribiendo para participar en el torneo.
—¿Eh? P-pero... ¿¡por qué de repente!?
—Te lo dije, ¿no? Voy a recuperar el broche.
—¿¡Ehhh!?
—Nos vemos luego, Ban.
Ban se quedó mirando, completamente pasmado, cómo Estierne seguía a los caballeros hacia el área de espera para los participantes.
No tenía ni idea de qué estaba pensando.

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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela)
Capítulo 13
Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 12
Estás leyendo el capítulo 12 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 22 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.