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Leer Esclavo de las Sombras (Novela) Capítulo 3222 online gratis en español

🏴 Grupo: Ramirez✍️ Traducción: Ramirez
Una figura cayó del cielo sin luz, surcando su oscura extensión como una estrella tejida con oscuridad impenetrable. Colisionó contra una imponente duna de polvo de obsidiana y la desintegró, enviando innumerables toneladas de arena negra al aire. Mientras una ondulante nube negra se extendía, devorando una vasta franja de la tierra desolada, el rugido del terrible impacto resonó hacia afuera. Sin embargo, poco después, reinó el silencio una vez más. El polvo ondulante se asentó lentamente, revelando un cráter poco profundo. Sombra yacía allí, con su cuerpo maltrecho y cubierto de heridas espantosas. A pesar de esto, ni una sola gota de sangre brotó de ellas sobre el polvo de obsidiana. Exhaló lentamente. Mientras varias chispas de luz se desprendían de su cuerpo hacia el éter oscuro, se puso de pie, tambaleándose levemente, y miró a su alrededor. Ante él yacía la interminable extensión del Reino de las Sombras. Un mar de dunas negras descansaba en la oscuridad, con el cielo tenebroso iluminado por el distante resplandor de tormentas de esencia errantes. Aquí y allá, se podían ver figuras oscuras caminando a través del páramo desolado en una sola dirección. Esas eran las sombras de los muertos, aventurándose en su último viaje. Mientras caminaban, el Reino de las Sombras los destruía lentamente; aun así, las sombras persistían, como si estuvieran vencidas por una determinación insuperable para acercarse lo más posible al corazón de esta tierra sin luz. Sombra permaneció inmóvil durante un rato, contemplando. Era divertido que no sintiera la misma compulsión... y amargo también. Después de todo, era otro recordatorio de que se le negaba el derecho inalienable que todos los demás seres parecía que disfrutaban. Estoy aquí. Por fin había llegado al Reino de las Sombras. Sombra se había preguntado cómo se sentiría una o dos veces... incluso había acariciado la idea de que entrar al reino del Dios de las Sombras se sentiría como regresar a casa. Pero no sentía nada. Nada excepto el dolor en su cuerpo maltrecho. El Abismo no había sido amable con él. Allí, cegado y privado de sus sentidos, cayó durante lo que pareció una eternidad; en algún momento, el concepto del tiempo mismo pareció perder significado, y todo lo que quedó fue la sensación de precipitarse sin fin. Eso y la sensación de no estar solo en la oscuridad. Sombra todavía no sabía con qué se había encontrado en el Abismo, pero sabía que la fuerza que había soportado —un ser, tal vez, o una legión de seres— era hostil. Había sido atacado ferozmente, con un poder invisible intentando despedazarlo, drenarlo, devorar la esencia de su ser por completo. Allí, en el Abismo, no había tenido más remedio que esconderse dentro de su recipiente corpóreo, sin atreverse a desatar su verdadero ser en las fauces de la oscuridad. Sin embargo, su cuerpo humano no era débil. Sombra había luchado ferozmente, vencido por una malicia implacable. No se había dado cuenta de cuán agotadora había sido la promesa dada a Snuggle... a Sonrisa del Cielo. Pero ahora que estaba liberado de sus grilletes, era como si la intención mortal que había estado suprimiendo durante tanto tiempo estallara de golpe, encendiéndolo con una ira asesina. Al final, había sobrevivido al Abismo, aunque no sabía si eso se debía a su voluntad de perdurar o por pura suerte. Y ahora, estaba allí, en el reino del Dios de las Sombras. Sombra inhaló profundamente. Permaneció quieto un momento, contemplando el oscuro paisaje del Reino de la Muerte, y luego echó a andar. Caminó y caminó. A veces, caminaba solo. En otras ocasiones, las sombras de los muertos le hacían compañía. Pero al cabo de un rato, ninguna de ellas quedaba, borradas de la existencia por la misericordia del Dios de las Sombras; solo remolinos de chispas radiantes se elevaban hacia los cielos oscuros, desapareciendo pronto de la vista. Eventualmente, Sombra se encontró completamente solo. Hasta donde alcanzaba su vista, no quedaba ni una sola sombra. Detrás de él se extendía la vasta extensión de dunas de obsidiana; frente a él, una cadena montañosa titánica parecía emerger del suelo en la distancia. Finalmente, se detuvo y bajó la mirada, con su rostro destrozado lleno de sombría fatiga. Con un pesado suspiro, Sombra se dejó caer al suelo y se sentó con las piernas cruzadas. Sacando a la pequeña muñeca de su bolsillo, la colocó con cuidado sobre la arena a su lado. Luego, contempló la distancia. Recordaba el pasado... no los fragmentos interminables de sus innumerables vidas pasadas, sino los largos años de esta. Recordaba el tiempo en que el mundo era joven. Recordaba la tranquilidad del reino primigenio a su alrededor. Recordaba a la pequeña niña que una vez había llegado a su cueva, llena de un entusiasmo desenfrenado y pasión por la vida. Recordaba haberse despedidos de la anciana en la que la niña se había convertido también. Sonrisa del Cielo, Noctis... e incluso Hope. En comparación con el resto, esta vida en particular parecía especialmente agridulce. Pero en ese momento, sentía que había sido un poco más dulce que amarga. Ah... he vivido demasiado. Sombra inhaló profundamente, luego miró a la fea muñeca que yacía inmóvil a su lado. —...No estés triste nunca más. Con eso, se adentró profundamente en su alma y convocó todas las sombras atrapadas allí. Al instante siguiente, fue como si un océano de oscuridad escapara de su pequeña figura, devorando la arena a su alrededor. Luego, innumerables figuras se levantaron de ella, todas mirándolo en silencio. Algunas de ellas eran pequeñas. Algunas eran gargantuescas. Algunas eran humanas, mientras que otras eran monstruosas. Tantas de ellas... Vio muchos rostros familiares. El viejo tratante de esclavos estaba allí. El esclavo de hombros anchos también estaba allí. El rey justo que había sucumbido a la duda lo miraba con cinco ojos ciegos. La duda que lo había consumido también estaba allí, con sus alas oscureciendo el cielo. Los legionarios malditos de la Orilla Olvidada descansaban bajo las ramas de un árbol colosal. Una flor fantasmal hecha de seda flotaba en las corrientes de viento. Un hombre que parecía un rey se encontraba hombro con hombro con una mujer radiante cuyo rostro guardaba un parecido sorprendente con el suyo, ambos carentes de emoción. La gente de la Tribu de las Sombras también estaba allí, mirándolo con una acusación silenciosa. Y así... Tantos más. Sombra podía sentir una conexión sutil e insuperable entre él y estas sombras. Porque le pertenecían. Porque eran una parte de su Dominio. ...Pero ya no quería ser su amo. Con un suspiro, sonrió débilmente. —Adelante. Encuentren la paz. Sean libres. Dicho esto, se adentró en su alma y rompió la conexión. Le dolió terriblemente, tanto que apenas pudo reprimir un grito. Las sombras no se movieron. Permanecieron inmóviles, todavía mirándolo. Pero pronto, más y más chispas comenzaron a elevarse sobre el vasto mar de sus oscuras figuras. Hubo un puñado al principio, luego un centenar. El mundo, que se había estado ahogando en la oscuridad, se iluminó de repente con una luz radiante. Y entonces, el resplandor se volvió cegador. De repente, la oscuridad fue vencida, y Sombra se encontró en un mundo lleno de nada más que luz brillante. Innumerables sombras a su alrededor se derritieron lentamente en esa luz, y un torbellino de chispas hizo erupción en los oscuros cielos del Reino de la Muerte. Con los ojos muy abiertos, Sombra miró hacia la luz con asombro. Qué radiante... Finalmente, tras eones pasados en la oscuridad, se encontró rodeado de luz. El viento se fortaleció, convirtiéndose en un huracán. Y la gran masa de esencia del alma desatada por la destrucción de la legión de sombras se expandió, convirtiéndose en una tormenta de esencia. Oculto en el corazón de la tormenta, Sombra sintió que su carne era erosionada por su poder feroz. Era como si cada una de las muchas chispas fuera una pequeña cuchilla que lo cortaba, arrancándole la piel, borrando su carne poco a poco. Pero Sombra no se movió, ni siquiera cuando sus huesos quedaron al descubierto en medio de las espantosas heridas. Se limitó a bajar la mano para proteger a la pequeña muñeca de la furia de la devastadora tormenta. Continuó mirando fijamente la luz, hipnotizado por ella. A su alrededor, las sombras colapsaron una tras otra, convirtiéndose en torrentes de esencia. Cada vez había más ausentes. Cientos, miles... demasiados para contar. Hasta que solo quedó una de ellas. Era la sombra de la solitaria sacerdotisa de la Guerra que no sabía cómo rendirse. Ella miraba a Sombra, con su figura destragada disipándose lentamente en la luz. Sombra la miró a ella también. Para entonces, la mitad de su rostro había desaparecido, revelando el cráneo blanco oculto debajo. Recordaba la vida de esa mujer. Una sonrisa suave y luctuosa retorció lo que quedaba de sus labios. —Está bien. Ya has soportado bastante... puedes descansar ahora. Adiós. La sombra andrajosa lo miró por última vez. Y entonces, finalmente, se convirtió en un torbellino de esencia, elevándose alto hacia el cielo. Desapareciendo para siempre. Sombra bajó la mirada y de repente se echó a reír. No había alegría en su risa, solo envidia. —¡Esto... esto es la misericordia de la Sombra! Los vientos huracanados rugieron, ahogando su voz. Transportada por el viento, la gigantesca tormenta continuó su marcha, partiendo a vagar por la desolada extensión del Reino de las Sombras. La luz pronto se atenuó. Y entonces, la oscuridad se arrastró para rodear a Sombra una vez más. Se han ido. En ese momento, Sombra lo sintió... Sintió que podría haber absorbido las sombras en lugar de liberarlas. Y que consumir su Dominio lo habría hecho mucho más fuerte. Pero a estas alturas, era lo suficientemente viejo y sabio como para saber que no todo poder era una bendición. Había encrucijadas y callejones sin salida incluso en el Camino de la Ascensión... y aquellos que elegían el giro equivocado solo terminaban condenados. Sombra había liberado a sus sombras, como Tatal habría querido. Esperaba sentirse débil y vacío... pero, curiosamente, fue todo lo contrario. Él también se sentía libre. —Ya está hecho, entonces. Un pesado suspiro se escapó de sus labios. Haciendo una mueca, Sombra levantó la cabeza y miró a la distancia. Allí, muy lejos... El cegador resplandor que había convocado en el mundo parecía haber atraído la atención de alguien. La cadena montañosa titánica que se asomaba a lo lejos se movió. Al principio, Sombra pensó que sus sentidos le estaban jugando una mala pasada, pero no había duda: las crestas negras parecían fluir como un río, y toda la cadena montañosa se deslizaba a través del mar de dunas de obsidiana, empequeñeciéndolas. Luego, una parte de ella se elevó, desapareciendo en la oscuridad de arriba. Fue solo entonces que Sombra reconoció la cadena montañosa por lo que era... Una serpiente inconcebible, insondablemente colosal, cuyo cuerpo de obsidiana debía de estar enrollado alrededor del mundo entero. Estremeciéndose, retrocedió instintivamente y alzó la vista. Una cabeza serpentina se reveló lentamente desde la oscuridad sobre él, oscureciendo el cielo. Su tamaño desafiaba la razón, y Sombra no pudo juzgarlo correctamente debido al hecho de que la magnitud de su aterrador rostro distorsionaba la perspectiva. Todo lo que sabía era que no podía moverse bajo la mirada de sus ojos negros, sin luz, inmóviles e insondables. Pero entonces, apretó los dientes con ira. Forzándose a moverse, Sombra se puso de pie, se tambaleó, luego se enderezó y se encontró con la mirada de la serpiente colosal con desafío. Una sensación ardiente bullía en su corazón. —¿Por qué? Apretó los puños. —¡¿Por qué?! Sombra señaló con un dedo acusador al Dios de las Sombras. —¡¿Por qué me has abandonado?! ¡Qué crimen tan terrible cometí para merecer esto! Vivir, vivir, vivir... ¡¿por qué a todos se les permite el consuelo de la muerte, pero a mí no?! Ardiendo de ira, gritó: —¡¿No se suponía que ibas a dar la bienvenida a todos, a traer paz a todos?! ¡Pues aquí estoy! ¡¿Dónde está mi consuelo, dónde está mi paz?!?! ¡Dámelo! ¡Lo exijo! Su voz decayó y bajó la cabeza con cansancio. Sombra suspiró. —Estoy tan cansado. Ya no puedo soportarlo más. ¿Por qué no puedo morir? Por favor, Muerte... muéstrame misericordia. La serpiente titánica lo miró en silencio. Luego, desde todas partes a su alrededor, un silbido horrible resonó de repente, penetrando las profundidades más oscuras de su alma y haciendo que su espíritu se estremeciera de pavor. —¿De verdad quieres morir? La serpiente bajó la cabeza, como si quisiera estudiar a Sombra más de cerca. Él se enderezó, intentando no temblar mientras se encontraba con la mirada del dios. Sombra casi pudo ver su reflejo mutilado y pálido en los ojos colosales y sin luz de la gran serpiente. Entonces, el silbido volvió a resonar desde la oscuridad, como si el mundo mismo estuviera hablando. —Puedo conceder tu deseo, hijo. Solo tienes que decirlo... La serpiente colosal permaneció inmóvil. —Di que realmente quieres morir. Dilo en voz alta. Entonces, te concederé la paz. Sombra se congeló por un momento, atónito... lleno de alegría. ¿Eso es todo? De repente, su corazón se encendió de júbilo. Con una esperanza tentativa y endeble. ¡Por fin! Después de todos estos años, sus plegarias serían respondidas. Por fin podría morir. Todo lo que tenía que hacer era proclamarlo. Los ojos de Sombra se abrieron de par en par y abrió la boca. ...Sin embargo, no salió ningún sonido de ella. ¿Q-qué? Se congeló, sin lograr entender lo que estaba pasando. Intentó hablar de nuevo, pero no salieron palabras de su boca. Era como si algo le impidiera hablar. N-no... Un dolor extraño y familiar invadió lentamente su ser. Cuanto más intentaba Sombra hablar, más dolor sentía. —¡No! ¡No! Se enfureció contra el dolor, obligándose a hablar, a decirlo. A demostrarle al Dios de las Sombras que lo que más deseaba en el mundo era morir. ¡Sí quiero! ¡Por favor! Pero por mucho que Sombra lo intentaba, ningún sonido salía de su boca. Al final, cegado por el dolor, se tambaleó y cayó de rodillas. ¡Dilo! ¡Dilo! Su lengua se negaba a obedecer y sus labios permanecían sellados. La serpiente colosal lo estudió un rato más. Y entonces, en silencio, comenzó a retirarse hacia la oscuridad. ¡No! Un gemido torturado se escapó de los labios de Sombra. Pero para entonces, el Dios de las Sombras ya se había dado la vuelta. Su horrible silbido resonó una vez más: —La muerte no puede morir, hijo. ¿Acaso no querías fastidiarlos a todos? Pronto, la cabeza de la serpiente desapareció en la oscuridad. La cadena montañosa fluyó como una marea oceánica, retrocediendo. Un eco del horrible silbido fue transportado por el viento. —No desperdicies mi bendición. Al final, Sombra se quedó solo, arrodillado sobre la arena de obsidiana. La tierra a su alrededor era desolada y vacía. Se inclinó, presionando su frente contra el suelo. No, no, no... —¡No! Su grito no tuvo respuesta. Sombra permaneció inmóvil durante un largo rato. Entonces, una risa amarga e indescriptible resonó en el silencio. Sombra rió, y rió, y rió, mientras lágrimas ardientes fluían de sus ojos. Ninguna de sus preguntas había sido respondida. Ninguna de sus plegarias había sido respondida tampoco. Había venido desde muy lejos para encontrar a la Muerte, pero aun así, la Muerte lo rechazaba. No había paz. No había consuelo. No quedaba esperanza, ni salvación. ¿Por qué no podía simplemente decir lo que el Dios de las Sombras le había mandado decir? ¡Esa era la parte más dolorosa de todo, la más amarga! Sombra no había podido decir nada... porque no podía mentir. E incluso si no lo hubiera sabido antes, en lo más profundo de su ser, una parte diminuta y desconocida de él todavía quería vivir. Se negaba a morir. Ah... No podía dejar de reír. La verdad... era muy cruel.
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Esclavo de las Sombras (Novela) Capítulo 3222

Estás leyendo el capítulo 3222 de Esclavo de las Sombras (Novela), un novela. Habiendo crecido en la pobreza, Sunny nunca esperó nada bueno de la vida. Sin embargo, ni siquiera él esperaba ser elegido por el Hechizo de la Pesadilla y convertirse en uno de los Despertados, un grupo de élite dotado… Este capítulo tiene publicado el 23 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Ramirez. Esclavo de las Sombras (Novela) tiene 3225 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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